Original y copias (a propósito de Hirst)

Por: | 03 de abril de 2012

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"La Carnicería", de Annibale Carracci

 

En 1583, un joven pintor boloñés de apenas 23 años se atrevió a llevar al lienzo el taller de un maestro carnicero rodeado de piezas de ganado abiertas en canal. La tabla de carnicero no era un tema habitual en la pintura italiana; sí en Flandes, donde los artistas acostumbraban a representar la sencilla vida de artesanos, campesinos, pescadores y amas de casa. Hasta ese momento, Bolonia La Docta -también apodada La Grassa ("la Gorda") por su opulencia y prosperidad administrada en aquella época por los Estados Pontificios-, sólo exhibía en sus palacios pintura poblada por seres celestiales, diosas y santos tocados con colores suaves y luminosos.

Pero a partir de Annibale Carracci -y de Caravaggio,  claro-, la pintura italiana cambió su rumbo. Desde el estudio, que compartió con su hermano (Agostino) y su primo (Ludovico, que antes de ser pintor había sido matarife), Carracci dignificó la vida de la calle para trasladar a sus coetáneos la crueldad de la vida presente y de paso recordarles que el fundamento de la existencia humana no era muy diferente al de un animal despellejado y hecho cuartos. Otra lectura de su obra tiene que ver con la fruición de la vida. “¡Viva la carne!” era el lema del taller donde los Carracci y sus alumnos pintaban a personas desnudas o semidesnudas, animales, frutas o cualquier cosa que procediera del entorno inmediato. En "La Carnicería", un ternero y un cordero aparecen abiertos en canal; mientras los carniceros organizan su trabajo, a la izquierda un personaje viejo y sombrío -un miembro de la Guardia Suiza- saca con muy poca destreza su dinero de la bolsa.

En contra de las leyes gremiales, los Carracci formaron su propio círculo artístico, que bautizaron como la Academia degli Incaminati. Era su manera de desvincularse de los maestros establecidos, que veneraban casi de forma servil las lecciones de los renacentistas. Annibale polemizaba de esta forma con sus colegas mayores: “El tonto de Vasari no se da cuenta de que los maestros de toda la vida pintaban las cosas de toda la vida”. Su defensa del modesto “hombre corriente” no estaba reñida con la pulcritud y meticulosidad con que representaba las escenas más crueles y desagradables. En “La Carnicería” no vemos una gota de sangre, ni en el delantal de los carniceros ni en el suelo. No hay ni un hilillo que deje entrever lo sanguinario del proceso, ni siquiera en el macho cabrío que agoniza en el suelo.

El rey Carlos I de Inglaterra compró el cuadro después de 1627, y en 1765 la pintura llegó a las cocinas del Christ Church College de Oxford, donde durante décadas acabó casi sepultada bajo una capa de grasa y hollín. En 1965, con motivo de una gran exposición de Carracci celebrada en Bolonia, la pieza fue restaurada. Hoy es el objeto más admirado de esta iglesia oxoniana.

 

Chaïm Soutine - Boeuf écorché 1924 "Boeuf écorché" (1924), de Chaim Soutine

 

 

 

 

 

También Rembrandt, Goya, Chagall, Soutine y Delacroix representaron en sus obras animales muertos o descuartizados. Y más recientemente, el inglés Damien Hirst; o el chino Xu Zhen, con su réplica de un gran reptil gigante, el titanosaurus artisticus.

 

 

 

Dino 1

Dino

 "Untitled" (2007). Xu Zhen. Fibra de vídrio y metal. Galería Long March. Pekín.

Damien Hirst
4 Abril – 9 Septiembre 2012
Tate Modern. Londres

 

 

"Los secretos de las obras de arte". Rose-Marie & Rainer Hagen.

Taschen. Ed. original 2000

  9783822847886

 

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