Una vista de los Escaravox, del arquitecto Andrés Jaque en Matadero Madrid. Foto: Miguel de Guzmán
¿Alguien se acuerda de esa explanada imposible de Matadero donde no hay quien pare por las tardes de la solanera que cae? Bien, pues esta misma semana he estado a eso de las seis, con todo el calor, y he visto gente sentada leyendo en unas sillitas colocadas sobre una grada para ese y otros muchos usos. El milagro lo han operado ciertos artefactos raros, a medio camino entre grandes sombrillas y bichos con un toque playero, los Escaravox, del siempre sorprendente estudio de Andrés Jaque, quien en sus proyectos anda persiguiendo cada vez unos fines y usos de la arquitectura que puedan contribuir a transformar la cotidianidad. Dicho de otro modo: busca subvertir ese “proyecto moderno” poco propicio a los cambios. Se trata de crear situaciones -a la manera Situacionista, valga la redundancia- y animar a la gente a disfrutar de esas situaciones. Es la meta: que la arquitectura propicie las situaciones y no que las situaciones dependan de los espacios que impone la arquitectura.
Los Escaravox son, además, baratos –y ahì también está el punto-, pues se han utilizado materiales industriales de un modo “indisciplinado”, dice Jaque, quizás porque el uso de lo industrial desubicado es otra forma de oponerse, desde las periferias, a ese “proyecto moderno de la arquitectura” y su despliegue tecnológico -una forma clara de ejercer el poder, by the way .
Si la propuesta concreta ha surgido de la necesidad de hacer habitable el espacio de la terraza, para tal fin se han proyectado unas estructuras móviles que, al funcionar como sombra, invitan a las actividades –incluyen hasta unas plantitas colgadas. La gracia añadida de los Escaravox reside, pues, en que son móviles y, por lo tanto, no condicionan el espacio en su ductilidad y todos los posibles usos. Las estructuras se mueven sin problema y se me ocurre que, como sombrillas, igual pueden ir buscando los cambios del sol a medida que avanza el verano. Aunque la flexilidad de las estructuras no se reduce a algo tan banal, sino que, además de las gradas donde ayer estaba sentada la señora leyendo, los bichos están equipados con mesas de sonido, altavoces... y se complementan con el resto de mobiliario preciso para las actividades colectivas que, manos a la obra, no han tardado en idear.
El colectivo Ja, durante una de sus acciones en loe Escaravox, en Matadero. Foto: Miguel de Guzmán
Porque si con este juego de prestidigitación se ha convertido un espacio inhóspito en un lugar habitable, lo único que faltaba era darle marcha. Los maestros de ceremonias para abrir el baile son el colectivo ¡Ja!, formado por Chrisitian Fernández Mirón, Rocío Ballesteros y Nuria Hernández Herrera. Es su primer proyecto grande en un marco institucional, dicen, pero tienen mucha experiencia en las "exposiciones espontáneas" para las cuales, comentan, bastan un local vacío, las ganas y buenos colaboradores. Lo que han programado para este verano es muy variado, todo loquísimo y prometedor –desde copla, hasta verbena, sesión de sonidos a cargo de 12 o'clock Shadows , una “gymkana para frustrados”, instalaciones sonoras reunidas por Negocios Raros o "Cine-Exit"
, con Roberto Vidal presentando un diálogo entre el videoclip y el cine, partiendo de secuencias muy conocidas de películas y clips.
Aunque, como decía, esto es para abrir boca y animar a la gente a que participe en otra propuesta más ambiciosa que plantea Matadero y cuya info aparece en la página Web: Escaravox Populi, la convocatoria abierta para que cualquiera pueda programar durante los viernes y abrir de este modo el espacio a la todo el mundo, que es sobre todo lo que busca Jaque con sus propuesta arquitectónicas.
Así que ya ven, mientras nos interviene Europa hay gente en la ciudad que, con poco, cualquier noche de verano hace cosas éticas. ¿O es que acaso no les parece ético hacer del mundo un lugar algo más habitable, más divertido, en medio de tanta mala noticia?
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