Leopoldo Pomés: "Nunca dejo de hacer fotos"

Por: | 06 de julio de 2012

Leopoldo pomes

El fotógrafo Leopoldo Pomés. Foto: Jose Maria Tejederas

Con Leopoldo Pomés se podría hablar de publicidad, de cine, de arte... pero sobre todo de fotografía. Pomés (Barcelona, 1931) pertenece a esa generación de fotógrafos hechos a sí mismos, autodidactas, en una España franquista poco permeable a las influencias exteriores. "Pomés mira y hace mirar, y el efecto es casi hipnótico", escribe Eduardo Mendoza en la presentación de libro dedicado a su obra en la colección Photobolsillo. "Pero es, naturalemente, en los retratos donde se hace más evidente: la fisonomía, la postura, la luz y la sombra, todo está al servicio de la mirada". 

La exposición Más allá de la mirada,dentro de PhotoEspaña, reúne sus fotografías más características en la Galería Fernández Braso, excusa para entablar una conversación sobre el retrato, sus inicios y la bellaza, su gran obsesión.  

Pregunta. ¿Cuál fueron sus influencias inciales?

Respuesta. Cuando estaba empezando cayó en mis manos el libro Subjektive Fotografie (1953) de Otto Steinert [uno de los máximos representantes de la fotografía subjetiva], y allí vi una cantidad de cosas que me influyeron. También tuvieron una fuerte influencia en ese momento gente que pertenecía al grupo del Dau al Set: los pintores Tàpies, Ponç, Cuixart y el gran poeta Joan Brossa. Fui muy amigo de ellos. Tenían 15 años más que yo, y cuando tienes 20 esta diferencia marca mucho. Les hizo mucha gracia que un tipo joven hiciera fotografías y tuviera interés por el arte. Me dieron un vapuleo impresionante. De hecho el libro de Steiner me lo proporcionó otro miembro del grupo, Luís María Riera Riera, que también hacía fotos. Ellos renegaban del arte convencional imperante en la España franquista.

Bailarina 1954

Pregunta. - ¿Ha sido la fotografía una excusa para convivir con la belleza?

R. Quizá. Las cosas bellas siempre me han estimulado. La belleza es compleja y subjetiva. Hay una cosa que me impresiona, que son las piezas objeto de regalo. Están pensadas para ser bellas, y a mi me horripilan. Yo siempre me he preocupado de no tener alrededor cosas feas.

P.- Tal vez la belleza se defina a partir de la fealdad…

R. Un ejemplo está en las casas de la gente. En los años 50, 60, la alta burguesía catalana tenía unas casas lujosas. Todo era perfecto, las fotos de familia todas en marquitos de plata, y encima de la chimenea el mismo bodegón de flores; una era el calco de la otra… Sin embargo, intelectuales y artistas tenían unas casas muy sencillas pero llenas de belleza.

P.- ¿Cómo llega hasta la publicidad fundando Studio Pomés?

R. Lo hice porque necesitaba dinero. Mi padre me daba una paga de cinco duros a la semana. Hice una exposición en  la Galería Layetana, ahora desaparecida, que era una de las más atrevidas y reconocidas por la intelectualidad. Fui recomendado por el grupo Dau al Set. Me sentí realizado. Tuve críticas estupendas, como la de Cirici Pellicer, Néstor Luján, que me pusieron por las nubes. Pero por otro lado, desde el sector de la gente que se dedicaba a la fotografía, los más clasicones, fue muy mal vista. "Mira este desenfoque…¿pero cómo se lo han permitido?", y cosas en el mismo sentido. Acabada la exposición me creía el rey del mundo pero de encargo fotográfico, nada. Recuerdo que por una portada del semanario más prestigioso de aquel entonces pagaban 10 duros. Mi padre estaba muy preocupado conmigo; todos los hijos de sus amigos estudiaban carreras y yo, hijo único, pésimo estudiante y solo motivado por un trabajo con poco porvenir. La única manera de ganarme la vida era probar en publicidad. Me fui a una de las agencias más importantes de Barcelona, donde conocía al director creativo de visionados clandestinos de películas prohibidas como el Acorazado Potemkin. Le pedí trabajo. "Lo tuyo está muy bien, pero no es lo que hacemos aquí", me contestó. Le pedí que me dejará hacer una prueba y me dio un anuncio de bañadores, que ellos no terminaban de hacerlo bien. A mi me salió tan bien que a partir de ese momento me encargaron todo lo que tenía la agencia. Mi vida pegó un vuelco, porque pasé a tener dinero y a poder comprarme todo lo que quería.

P.- ¿Cuál fue el papel de su compañera Karin Leiz?

R. Importante en todas las etapas, salvo en la época de la exposición de la galería Layetana que aún no la conocía. Fue muy importante en el tema de la publicidad porque ella era una persona muy ordenada, todo lo contrario que yo, e intelectualmente muy armada. Y empezamos esas aventura juntos que llamamos Studio Pomés, que me permitió andar por la vida con más de los cinco duros que me daba mi padre a la semana.

P. Usted siempre ha manifestado una gran admiración hacia el reportaje…

R. En estos momentos caigo de rodillas delante de Gervasio Sánchez. Me alucina. Tu estás buscando la belleza mientras ellos están en medio de un campo de minas fotografíando piernas amputadas. En el encuentro anual de Albarracín conocí hace unos años el trabajo de Lurdes Basolí, una joven metida de lleno en temas muy duros Sudamérica. Les confesé entonces que si volviera a nacer y tuviera los ovarios o los cojones que tienen ellos me metería a hacer ese tipo de reporterismo. Porque tienes que ser muy valiente y muy generoso. También tengo amigos que se dedican a la fotografía de prensa, como Pedro Madueño que hace grandes retratos. Me contaba el otro día que cuando va a hacer un retrato tan solo le conceden cinco minutos. Hay que quitarse el sombrero porque tienen una presión que no me gustaría tener.

P. Usted ha trabajado más relajado en sus retratos…

R. El relajamiento en los retratos es complejo. El retrato es un enfrentamiento entre el retratado y el retratista. Yo tengo un miedo, quizá un respeto exagerado a este enfrentamiento. Pretendo sacar de esa persona algo que le defina, que es mucho decir. Hay algo que notas cuando haces el retrato si lo has conseguido.

ulio Cortázar, 1973

P. ¿Y qué se consigue?

R. Entramos en el terreno del misterio. La anécdota es una cosa que no me atrae nada ni en el arte ni en las fotografías. En una obra me interesa la intensidad que se hace duración al verla. Eso que logra que el arte terminado no se acabe, que perdure. Cuando hago un retrato es lo que busco.

Lo del enfrentamiento se produce porque el que el va a retratar tiene miedo a quedar mal. Hasta el mayor de los intelectuales quiere que le saques guapo. Una vez retrate Julio Cortázar. Tenía un físico interesantísimo, algo infantil, una persona bastante tímida... Tenía unas manos grandes. Yo quería que sus manos fueran las protagonistas, una forma de marcar terreno. Puse una mesa blanca de dos metros donde el se pudiera sentar y apoyar las manos. Usé dos maquinas, una con la que empecé y otra ya cargada para no tener que andar cambiando el carrete. La dejé aparcada al lado de él, sin que entrara en el encuadre. Con la primera máquina, a mitad del rollo, me dí cuenta que la había conseguido. Y le dije: "Mire, ya la he hecho, ya hemos terminado". Entonces él, de una forma inesperada, cogió la segunda maquina y empezó a ametrallarme de fotos de la tensión que tenía. Es una comparación muy burda, pero es como cuando Nadal acaba un partido y descarga la tensión tirándose al suelo. Esto mismo le pasaba a Cortázar. El retrato tiene esta especie de situación dramática, que es el antagonismo entre uno y otro, que hay que vencerlo…

La maldad puede ser también excitante, puede seducirte. Recuerdo un retrato que cayó en mis manos de los años 60, de Richard Avedon sobre el gobernador Wallace, un personaje siniestro, purísimo, con muy mala leche, con actuaciones de ultra. El retrato era impresionante, porque la belleza era muy extraña, porque veías una animal política con muy mala leche y esto es lo que a veces buscas, sacar al personaje su yo, o si quieres su yo más yo.

Mantilla 1984

P. Al hilo de la excitación, ¿ante sus desnudos siente lo mismo? ¿ Intenta sacar ese otro yo del modelo?

R. El desnudo es muy difícil. La anécdota sería caer en lo fácilmente excitable, en lo porno. El desnudo se ha hecho tanto que es muy difícil que las propiedades del desnudado sean muy obvios, que el misterio se quede fuera. Esto es una cosa muy íntima, pero cuando he hecho fotografías de desnudo y me he excitado como hombre, 'malamente'. Las fotografías que hemos visto de Playboy están muy bien hechas, porque busca una cierta excitación en el contemplador, pero se acaba aquí. No me interesa. El desnudo tiene el peligro de caer en una belleza completamente vacía

P. ¿Los toros tienen también belleza?

R. Tienen una gran belleza trágica. Yo los traté porque me encargaron un libro. Mi padre era un aficionado muy sensible, que veía los problemas y los defectos de los toros. Ahora en Barcelona están prohibidas, pero hubo hasta tres plazas con las carteles más importantes del país. Cuando hice el libro, me lo encargó una editorial dirigida por el pintor Lluis Marsans. El texto tenía que ser de Hemingway, porque creían que en España no había ningún escritor que pudiera escribir con la atmósfera, sobre la intimidad y los duelos de las corridas. Yo retrate una especie de relación entre el toro y torero de amor y muerte, que es una cosa, no diré interesante, pero si dramáticamente atrayente. No me interesaba la anécdota, la cogida, que, si estaba la hacía, captando al torero por los aíres, pero no es lo que buscaba. Buscaba los detalles, la tensión de los personajes, la iconografía abarrocada de los trajes s en la plaza. La soledad trascendente del torero y el toro en este tu a tu con la muerte. La luz también la busqué, situándome en el tendido de sombra, que me iba muy bien para buscar el dramatísmo, un poco como los grabados de Goya.

Culo-2-2-1123-6

 

P. ¿Cómo vive la profusión de imágenes en esta era digital en la que vivimos?

R. Es desesperante. Me indigno yo mismo.

P. ¿Se ha devaluado el trabajo del fotógrafo?

R. Casi me preocupa más personalmente. No siento devaluado mi trabajo. Siento devaluado el trabajo a partir de ahora. Hace unos días una nieta mía me hizo una foto con un iPhone [retrato que cierra esta entrevista]. Me quedé alucinado ¡Una fotografía impresionante hecha por una niña de 7 años!  Cualquiera puede hacer fotos impresionantes. Luego reproducirlas en papel es otra cosa, pero de momento en ese visor en miniatura, que es como una pantalla mágica…¡Una maravilla! Estamos en una época con un exceso de imágenes. Si ahora naciera Velázquez, Goya o Man Ray no sé cómo reaccionarían ante este proliferación de imágenes. La imagen está tan en la calle, en nuestra vida, que cualquier revista, periódico…de entrada imprimen mejor. Y luego hay unas chicas preciosas, unas situaciones, decorados, unas luces, todo está tan bien impreso, bién fotografiado que es alucinante. Estamos inmersos en esto. Ver televisión, por ejemplo, es no tener reposo. Es casi pornográfico. Por fuerza este exceso incesante comporta una frivolidad universalidad.

P. ¿Y Por ello falso?

R. Es una falsedad absoluta todo. Todo es impecablemente perfecto. El otro día compré un ELLE porque me gustó la portada. Y todo estaba correctísimo. No hay una página que no esté bien. Cada página es un momento de tentación en varios casos, con un grafismo perfecto, imágenes perfectas de los artículos. Quizá lo que asoma es una frialdad absoluta. No hay contenido, no hay emoción, pero hay una perfección, que caray, sin alma pero es muy potente.

P. ¿Es usted una fotógrafo clásico?

R. Pienso a menudo en esto. Descubrí un fotógrafo a través de Colectania que es Paco Gómez. Quedé impresionado. Me hubiera gustado conocerlo, porque habríamos compartido bellezas. Me vi yo en ese libro…¿Es este hombre un clásico? Es importante los años en los que has hechos las cosas. Hay fotos mías que son del 53 que en aquel momento no se interpretó así…Asistí a una conferencia en MadridFoto, donde el conferenciante era Juan Manuel Bonet, un hombre entendísimo en fotografía, y empezó con una proyección sobre las vanguardias de los años 60, y proyectó unas fotografías mías. Y esto ya no es vanguardia ahora. Sigo haciendo lo mismo. Yo no he roto con lo que hacía; no se he producido un avance en mi obra; si se ha producido un avance no le he intentando…Quizá si, soy un clásico, y a mucha honra.

Leopoldo Pomés retratado por su nieta

P. ¿En qué está trabajando ahora?

R. He preparado la exposición de Madrid, que me ha dejado exhausto, porque tienes que tener todo perfecto, cada cosa con su pie, bien distribuido. En otoño tengo una exposición en París. Colectania, junto a La Fábrica, está haciendo un libro del 57 sobre Barcelona que no se publicó porque mi editor consideraba que no había suficientes jardines. Juan Manuel Bonet se ha movido para que se hiciera el libro, y esto es un gran regalo para mi, que se edite después de tantos años. Pero ahora mismo no tengo un proyecto en concreto.

Nunca dejo de hacer fotos. Yo también he caído en el digital. Llevo conmigo siempre una maquinita pequeña. No quiero estas máquinas grandes, importantes, réflex, no quiero caer en ello. La mía me cabe en el bolsillo. En la exposición en Madrid hay tres fotografías gracias a esto de llevarlo en el bolsillo. El año pasado hice una foto a mi médico de cabecera, que me lleva desde hace 30 años. Es un hombre muy protocolario, serio, que tiene todas las cosas buenas de la burguesía. Llevaba más de un año sin verle. Somos muy amigos. Cuando le vi en su despacho, la luz entraba por la ventana detrás de él y a su izquierda tenía un crucifijo. Se puso en pie al verme, porque es muy formal, pero la mirada le brillaba de cariño; un momento mágico. Llevaba la maquina en el bolsillo; le prohibí que se moviera. Y hice un gran retrato. Estaba explicado todo. Esto no lo pudiera haber hecho si no hubiese llevado una cámara en el bolsillo.

P. ¿Siempre en blanco y negro?

  No, este último era en color, pero el blanco y negro por lo general me puede. Creo que lo que me atrae más es lo que tengo delante y me reclama. En las cámaras digitales la foto sale en color. Yo la trasformó, casi siempre, a blanco y negro y me sube todo.

Leopoldo Pomés. Más allá de la mirada. Galería Fernández Braso. C/ Villanueva, 30. Madrid. Hasta el 14 de julio de 2012. PhotoEspaña

Hay 1 Comentarios

Es magnifico el trabajo de este artista. Enhorabuena por la entrevista , que le define tal y como es.

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