Todos chinos (pero no todo a cien)

Por: | 17 de septiembre de 2012

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Purification Room (200-2012), de Chen Zheng (Shanghai, 1955) en la exposición Art of Change, en la Hayward Gallery de Londres

China se ha puesto de moda, aunque la China que se venera en estos momento nada tiene que ver con la de “todo a cien” que, a través de sus particulares droguerías y tiendas de ropa barata, ha ido invadiendo las calles de nuestras ciudades desde  años atrás. Ni siquiera está relacionada con la China que ha ido organizando barrios enteros en ciudades occidentales, las Chinatowns de Nueva York, San Francisco o Liverpool, llenas de farmacias con cataplasmas milagrosas -doy fe. La China que ahora fascina es elegante, sobre todo exclusiva, vestida con bolsos Hermès y ropa de Shangai Tang; es una cultura de restaurantes distiguidos con menús exquisitos; una China inesperada de aeropuertos impresionantes, como el construido por Foster en Pekín, o con increíbles rascacielos en Shangai que se levantan a toda velocidad, de un mes para otro, y de los cuales, dicen las peores lenguas, nadie baja hasta que no están terminados, pasando arriba incluso las noches para sacar más partido al tiempo en una sociedad del trabajo ilimitado, secreto último del éxito, comentan.

Esa nueva China de economía en expansión –casi la única en estos momentos de crisis, la que vende lo barato y compra lo caro, es la que despierta un interés creciente en nuestro entorno que ha pasado de conocerla mal y verla como cuna de objetos de factura deficiente y bajo coste, a venerarla como la productora real de casi  todo-sin calidad y con calidad- y, más aún, como el socio que conviene tener cerca. El país está presente, de hecho, en la políticas y los protocolos  de inversores y agentes culturales que quieren, incluso a cualquier precio, buscar alianzas con el país. Estos últimos, los agentes culturales, han visto medio aturdidos, medio interesados, cómo artistas clásicos chinos ocupan puestos clave en las salas de subastas internacionales, a veces desplazando a creadores de la talla de Picasso, debido al mayor poder adquisitivo de los nuevos coleccionistas locales que van surgiendo y que empiezan a querer coleccionar “lo suyo” y debido también a  cierta moda, indiscutible, que poco a poco se ha empezado a interesar por la  producción tradicional de este país –ejemplos claros son Qi Baihi y Zhang Daqian.

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In Just a Blink of an Eye (2005-2012), performance de Xu Zheng (Shanghai, 1977), en la exposición Art of Change

China lo llena todo: las etiquetas de cualquier producto, el puente de Rialto en Venecia – a través de ese nuevo turismo que empieza a aflorar en las ciudades europeas- y los mercados internacionales de arte, a la vez que se va abriendo museos, espacios expositivos y hasta tímidamente alternativos, que muestran lo clásico y lo occidental -hasta hace poco muy apartado de los centros culturales del país-, junto a  un arte actual que va tomando posiciones también en Europa y América. Pese a todo, las cosas no son tan sencillas como pudiera parecer a primera vista: algunos dicen que ciertos artistas chinos actuales, disidentes, son excluidos de forma sistemática de las representaciones oficiales. El caso paradigmático, Ai Weiwei, es el más conocido: destruido su estudio, acusado de evasión de impuestos, encarcelado mientras la comunidad internacional pedía su libertad, es un personaje que parece dejar claro cómo  las cosas no son tan idílicas como se podría pensar, como se necesita creer para que funcione la nueva y creciente “China passion” .

De hecho, si es ya complicado presentar cualquier “arte nacional”, sobre todo contemporáneo, como algo compacto, sin fisuras, sin lados oscuros, ¿cómo hacerlo desde un lugar, China, donde, según algunos, existe una censura férrea que no permite que los verdaderos problemas políticos puedan ser tratados de forma abierta, dicen los más criticos?

Esta es la polémica que ha levantando la exposición inaugurada hace unos días en la Hayward Gallery de Londres y en la cual se  exponen artistas dedicados a la performance y la instalación desde los años 80 a la actualidad. Arte de la transformación: nuevas direcciones desde China , reúne a nueve artistas que hasta cierto punto se han mantenido al margen de los grandes nombres, lo de más éxito –sobre todo los artistas casi popizantes y hasta cierto punto ligados a Saatchi y aquella mítica muestra de ate chino contemporáneo.  Entre los expuestos en la Hayward el visitante de la muestra se da de bruces con creadores  tan especiales como  Yingmei Duan, que enfrenta al espectador inesperadamente y le hace temblar en su posición segura, o con el muy occidentalizado Chen Zhen y  sus raíces “povera”.

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Silkworm /Nature Series Nº 98 (2006-2012), de Liang Shaoji (Shanghai, 1945), en la exposición Art of Change

¿Es esto el “arte chino”? Más aún ¿cómo debe ser el “arte chino”, qué sabemos, esperamos, buscamos en él y qué nos ofrece? Sobre todo, ¿puede haber un arte actual genuino en un país con censura, denuncia Ai Weiwei en un artículo publicado en The Guardian a propósito de la exposición? Porque si estos artistas son chinos –muchos de ellos además son artistas que han luchado contra las restricciones impuestas por el régimen-, ninguno afrontan en última instancia cuestiones clave para el país sino que, igual que ocurre con los restaurantes chinos en Occidente -que no tienen nada que ver con la comida que se come en Pekín-, crean una serie de plato standard para satisfacer las demandas del gusto europeo,  sigue diciendo Ai Weiwei en su curiosa comparación.

Así que, una vez más, la polémica está servida de la mano del conocido artista. ¿De verdad se pueden presentar las “nuevas direcciones” del arte chino a través de un número reducido de artistas, excluyendo a alguien como el propio Ai Weiwei, por citar caso claro?  Es verdad que los organizadores se apresuran a hablar de esa transformación como algo menos político y más ligado a los principios “orientales” del mundo organizado como continuo cambio, nunca quieto, pasado, presente y futuro inscritos en un mismo instante.

“El arte chino es un producto”, aclara Ai Weiwei. Esfuerzos del gobierno por presentar una cara amable del país y su arte que nada o poco tienen que ver con la realidad, sigue diciendo.

Pues eso. La polémica está servida y yo diría incluso que, hasta en países menos ambiguos respecto a sus políticas culturales y hasta políticas sin más, cada vez que se trata de exportar el arte de un determinado país, a la hora de exportar se acaba por construir un producto de mercado que poco o nada tiene que ver con la realidad, En el fondo, ¿no es cierto que a la hora de (re)presentarnos tendemos a  borrar lo incómodo y, más aún, lo que molestaría a la imagen que el otro espera de nosotros? Merece la pena reflexionar sobre la cuestión, sea o no verdad lo que comenta Ai, porque en las prácticas culturales al uso, cuuando son un poco de mercado, se da a veces gato por liebre o, lo que igual, todo a cien.

Hay 5 Comentarios

Me parece que el concepto de un arte Chino es imposible, China es tan grande que no puede existir un arte Chino, propondrìa el tèrmino de Escuelas de arte Chino , para presentarlos del alguna manera y tratar de agruparlos para construir un poliedro de muchas caras.

En efecto, como dice el gran Ai Weiwei, "Given this, and their lack of self-identity, there is no reason to expect a show of Chinese art created in the west to critique the system effectively. But any show curated without respect for the people's struggle, without concern for an artist's need for honest self-expression, will inevitably lead to the wrong conclusion."
Me da a mí la sensación de que esto recuerda tanto a cuando el franquismo quería dar sensación de modernidad en las bienales más importantes y se trataba de exportar Miralles, Tàpies, Miró... como algo genuinamente español.

Nakosina

"En el fondo, ¿no es cierto que a la hora de (re)presentarnos tendemos a borrar lo incómodo y, más aún, lo que molestaría a la imagen que el otro espera de nosotros?"

¿Y no sería eso precisamente lo más alejado de algo a lo que pueda llamarse arte?

El arte no es mas que una visión particular del artista. En estas imágenes vemos el resultado de una occidentalización del pueblo chino.

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