Pintar sobre Rothko: ¿hay que blindar las salas?

Por: | 15 de octubre de 2012

 

Rothko dañado.foto
Cuadro de Rothko dañado

 

Hace escasos días, ante la mirada atónita de los visitantes tranquilos –parecería-,  un tipo  en busca de sus quince minutos ponía los dedazos en forma de supuesto graffiti  sobre un Rothko, sutil y maravilloso, de la Tate de Londres. Luego decía, para llamar más la atención si cabe –que no hacía falta, de verdad-, que su ridícula “acción” – y que me perdonen los artistas de acción- haría que la obra del Expresionista abstracto americano pasara a la historia, se revalorizara.

No hay mucho que comentar sobre el asunto, salvo una cuestión clave: los límites, eso tan complicado de definir cuando se habla de lo que, en un delirio interpretativo, sus autores pueden entender como “acciones artísticas” y el vandalismo. ¿Hasta dónde se puede modificar una obra -un edificio- con fines de “acto político de protesta” y en qué momento las cosas empiezan a ser una gamberrada sin sentido y, peor aún, sin gracia? No lo digo sólo este caso concreto, destrozando a Rothko que es, por si fuera poco, un pintor sin connotaciones políticas, un artista al borde del misticismo, en otra onda muy diferente con sus cuadros bellos. Esto me hace reflexionar también sobre acciones como la que tuvo lugar hace un par de bienales en Sao Paulo, cuando unos graffiteros tomaron el recinto de la Bienal para apropiarse del mismo, levantando una polémica en contra y a favor.

Picassoguernica

Se trata, claro, de dos actos radicalmente distintos en intenciones y naturaleza, pero relacionados con la discusión que algunos ponen sobre el tapete desde ciertos foros: el uso y las apropiaciones de los espacios públicos y sus implicaciones con los que no quieren ver “eso” ahí.  Y hasta el gasto que se genera cuando se tiene que limpiar una pared, por ejemplo. Y otra vez aparecen las viejas categorías, también en un arte en principio “fuera del sistema”: en algunos casos la cosa se limita a firmas sin mayor interés, mientras que en otros son trabajos estupendos. Ahí radica la diferencia para mí –otra vez el concepto de “la calidad”, pero algún graffitero  pensará que quién soy yo para trazar  la frontera.

Sea como fuere, no es lo mismo pintar una pared que pintarrajear un Rothko, al menos desde mi punto de vista. Sobre todo porque si el espontáneo de la Tate buscaba la novedad  en su agresión al cuadro se ha equivocado de medio a medio. Ya en el XIX una mujer, harta del uso que la historia del arte ha dado el desnudo femenino a lo largo de los siglos,  rajaba La venus del Espejo de Velázquez –aún no existía el spray.



Venus espejo velazquez.gorka lejarcegi


Años más tarde otra mítica acción de protesta tenía lugar en el MoMA neoyorquino. Era el año 1974 y uno de los miembros de AWC, Tony Shafrazi, decidía grafitear el Guernica de Picasso como acto de protesta política. Se suponía que era otra acción que completaba uno de los cuadros más políticos de la historia del arte, pero personalmente no veo el significado conceptual a estas agresiones. Duchamp, padre de las transgresiones y los actos políticos de descontextualización, no pintó bigotes a la  auténtica Gioconda -y a lo mejor tampoco le hubiera resultado tan difícil hacerlo.

En todo caso, lo   interesante de esta última anécdota londinense –truculenta, a pesar de que parece que el cuadro podrá ser restaurado- es el problema de siempre: la seguridad en los museos y las posibles agresiones- robos, etc- de sus visitantes. Cómo ha podido pasar esto, se preguntan muchos. ¿ Y cómo se puede evitar? ¿Se puede evitar? Una solución sería blindar las salas, poner cordones de seguridad a las obras para que nadie pudiera acercarse, pero no parece la solución ideal, pues privaría a muchos, por culpa de unos pocos, de saborear las obras con la proximidad que requieren. La decisión no es fácil desde luego y vuelve a poner sobre el tapete los viejos límites del arte, como se anunciaba. ¿Sigue siendo cierto que arte es lo que los artistas dicen que es arte? Igual me estoy haciendo vieja pero para mí graffitear un Rothko no es arte ni tampoco política. Son ganas de llamar la atención de la forma más obvia y menos sofisticada porque, como dijeron los dada, una broma –acto subversivo- repetida ha dejado de tener gracia. Pero que no blinden las salas ni las obras, por favor, que la gran mayoría de los visitantes somos menos “creativos” –menos mal.

Hay 5 Comentarios

El problema es que dañar una obra maestra se ha convertido en otro acto artístico, y el siguiente paso de los espacios expositivos será 'blindar' sus piezas.
@aglaecultura

°°°°¿Sueñas con PERDER °PESO?? ¡¡Deja de soñar!! Este VIDEO te muestra COMO LOGRARLO de manera FACIL: http://su.pr/1xuU15

Estos actos vandálicos suelen ser producto de mentes enfermas. Son un pequeño porcentaje sobre quienes visitamos museos y galerías. Evidentemente Rothko es un artista que no deja indiferente a nadie, como ha pasado antes con otros cuadros estropeados de grandes genios...es un riesgo que se corre, pero es mejor correr riesgos que hacer aún más elitista la escena del arte. Es bueno que las visitas a museos y centros de arte crezca, vayan a más. ¿no?

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sin Título

Sobre el blog

Pero, ¿qué es el arte contemporáneo? Hay tantas respuestas como artistas. Por eso Sin título (Untitled) es un espacio abierto para informarse, debatir y, sobre todo, apreciar el arte de todos los tiempos y lugares, con especial énfasis en el latinoamericano. Un blog colectivo de contenidos originales y comentarios sobre la actualidad.

Sobre los autores

Es un blog colectivo elaborado por periodistas especializados de EL PAÍS y otros colaboradores.

Coleccionarte
Arte 40

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal