Controvertido Ai Weiwei

Por: | 04 de febrero de 2013

Weiwei

Era el año 2009, el mes de mayo, y la Galería Ivorypress de Madrid proponía la que, si no me equivoco, era la primera exposición del artista chino en España. La prensa se hizo eco el acontecimiento, pero habría que esperar un par de años más para que su popularidad fuera incontestable por doquier. De pronto y tras precederle su fama sobre todo de disiente bloguero, las autoridades chinas demolían  su estudio, argumentando incumplimiento de la normativa municipal, y el artista era detenido por supuesta evasión al fisco, permaneciendo largo tiempo detenido.

Poco antes este poeta, artista, cineasta, arquitecto, sobre todo activista con el citado blog que durante tiempo muchos seguimos como a un iluminado, había sido portada de la prensa internacional por su instalación en la sala de Turbinas de la Tate: millones de pipas de porcelana pintadas a mano una a una, metáfora a través de la cual llamaba la atención sobre la labor de unos artesanos que la modernización del país había dejado sin empleo. La instalación permitía moverse libremente y tocar las pipas hasta que saltó la alarma: había algo nocivo en la pintura que obligaba a “vallar” la obra. Cada cosa que Weiwei hacía resultaba ser noticia –quizás por esa razón muchos le llaman el "Warhol chino".  Por eso, cuando demolieron su estudio, alguien lo subió en directo y a los cinco segundos estaba en las redes, igual que el artista bailando Gangman Style –con algo de Rodolfo Chiquilicuatre, con perdón- en un video loquísimo, pero que no es sino una llamada de atención política.  Todos mis amigos anti-Weiwei me lo echan en cara, como me echan en cara las “cosas de Andy”: “vaya tipos te gustan”.

Pero no se trata sólo de una gamberrada, se advertía,  muy en la línea de tantas de sus acciones que desde la ironía proponer reflexionar sobre cosas serias. Por ejemplo ha pintado anuncios de Coca-Cola en vasijas neolíticas o ha destruido antigüedades en mil pedazos en la acción de 1995 Tirando una urna de la dinastía Han, para denunciar el modo en el cual todos los países –y el suyo en particular- usan el patrimonio con fines turísticos a pesar de la devastación sistemática del mismo.  Ai Weiwei es autor el del diseño del gran estadio olímpico en Pekín, conocido como El Nido y que ha realizado en colaboración Herzog y De Meuron, a cuya inauguración se negaba a asistir por estar en desacuerdo con la política de los altos dignatario. Y, más aún, “el mejor arquitecto de China”, el único”, en palabras del arquitecto japonés conocido por sus diseños de “arquitectura de urgencia” después de terremotos o tsumanis, Shigeru Ban, quien al viajar  a China se quedó fascinado con esa  estructura que el artista había diseñado en una tarde.

Ahora Ai Weiwei, ya famoso, famosísimo, vuelve al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Volverá a ser noticia, seguro, pero no olvidemos además es un artista cuyo compromiso nadie puede poner en tela de juicio .

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