El peso de la belleza

Por: | 26 de abril de 2013

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          En su ensayo póstumo “La Cámara Lúcida”, Roland Barthes (1915-1980) anotaba la naturaleza enormemente compleja de la fotografía, por su carácter indicial –el vínculo causativo entre la realidad y el signo- e irreversibilidad. La cámara es un instrumento de constatación, existe una conexión existencial entre la cosa necesariamente real que ha sido colocada ante el objetivo y la imagen fotográfica, pero ello no garantiza nada en el ámbito del significado. Lo que la fotografía afirma es la abrumadora verdad de que aquello estuvo allí, una especie de realismo retrospectivo cuyo significado inconsciente debe ser siempre "la presencia de la muerte". Para Barthes, la imagen que el observador percibe es la de una máscara mortuoria, el signo de una realidad perdida.

     Lo que de verdad es real es lo que hace que la copia fotográfica sea algo más que un soporte, que tenga un significado. Hay artistas que con su trabajo nos recuerdan constantemente que la existencia de una fotografía no es garantía de un existente prefotográfico. Y aún más, la fotografía es una técnica que puede estar al servicio de la ficción, incluso de la manipulación. Como escribe Joan Fontcuberta en “El beso de Judas” (1997),  “la verdad se ha vuelto una categoría escasamente operativa; de alguna manera, no podemos sino mentir. El viejo debate entre lo verdadero y lo falso ha sido sustituido por otro entre mentir bien y mentir mal. Toda fotografía es una ficción que se presenta como verdadera… Pero lo importante no es esa mentira inevitable, sino cómo la usa el fotógrafo, a qué intenciones sirve. Lo importante, en suma, es el control ejercido por el fotógrafo para imponer una dirección ética en su mentira. El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad”.

     El artista barcelonés (1955), galardonado recientemente con el Premio Internacional Hasselblad, es además un teórico cultural. Ya durante los ochenta, cuando la jerarquización de las prácticas fotográficas –desde los aficionados hasta la capa profesional de artistas, periodistas, editores, críticos y hasta criminólogos- comenzó a depender de las tensiones y conflictos del desarrollo de una nueva esfera cultural sometida a la colonización de nuevos mercados, Fontcuberta era consciente de que lo que de verdad estaba en juego era el poder, sus formas, relaciones y efectos que se aplican a las prácticas de representación y que son la base de sus condiciones de existencia. Así lo explica: “A menudo las imágenes se han hecho completamente aisladas del mundo y de sus particularidades... como si estuvieran destinadas a ser meros ejercicios de estilo. Pero, ¿estilo de qué?. Pues de la ceguera más absoluta (...). La política que rige el planeta se basa en imágenes. La imagen es sustancia politica. No es que las imágenes sean un arma política, es que la política está constituida por imágenes, su materia más íntima son las imágenes".

 

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     Las fotografías que exhibe en las salas de Àngels Barcelona, tituladas “Ficcions (Visita Guiada)”, resumen todos aquellos aspectos contradictorios de la evolución de la fotografía; la serie “Ensanche” (2009) muestra grandes formatos en color de subterráneos y alcantarillas de la ciudad, lugares en su día ciegos e invisibles que aparecen ahora rutilantes, con gran detalle realista; el proceso de construcción de la fotografía se vuelve oculto, interno a la imagen misma, sin fisuras. Un nuevo pictoricismo.

     Otra serie, “Paisajes industriales, años 80”, agrupa escenografías en blanco y negro de espacios periféricos de la gran ciudad; son formatos más vinculados a las tradiciones de la fotografía pero que también producen una tensión pictórica generada por el tratamiento de la luz. Un tipo de estetización del mundo industrial, como ocurrió con la fotografía alemana de los años veinte. El mundo es bello.

     Con un sentido radicalmente diferente, la pequeña sala de La Taché descubre las fotografías que durante los años sesenta tomó Tom Sharpe (Wilt y secuelas) en Cambridge mientras era profesor de Historia. Hoy, recluido en el pueblo gerundense de Llafranc, el escritor inglés ha decidido desempolvar un centenar de fotografías en blanco y negro -obra única, firmada en el anverso con rotulador (¡)-, de las que se han seleccionado una teintena. Se trata de imágenes que describen e inscriben socialmente. Al contrario de las de Fontcuberta, son un adorno, retratos que se presentan a ellos mismos como Realidad.

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 “Ficciones (Visita Guiada)”. Joan Fontcuberta. Galería Àngels Barcelona. Carrer Pintor Fortuny, 27. Hasta el 10 de mayo

 “Fotografias Cambridge 60’ s”. Tom Sharpe. La Taché Gallery. Consell de Cent, 292. Barcelona. Hasta el 11 de mayo

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay 2 Comentarios

Roland Barthes acierta en que la fotografía muestra algo que ya fue.
Para mí, fija un momento del pasado, aunque la haya tomado hace un minuto.
Probemos a darle vida mediante la luz, tratemos a través de diferentes técnicas de que el momento permanezca.
Lo lograremos interactuando con lo que fotografiamos, y lo que es más importante, logrando que todos quienes las miren interactúen con ellas.
Propongo fotografías movilizadoras. En lo opuesto, las catalizadoras.

Artículo muy interesante

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