Muntadas traduce Venecia

Por: | 17 de octubre de 2013

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     Afincado en Nueva York desde hace décadas, Antoni Muntadas (1942) ha desentrañado a través del vídeo los mecanismos de manipulación que se esconden en los noticieros de las televisiones comerciales y en otras redes, especialmente en una época, los setenta, en que la contracultura se ejercía a través de manifiestos, panfletos, libros y todo tipo de publicaciones. La gran metrópolis norteamericana era en aquellos años un manantial de apasionados vídeo-activistas, escépticos con la memoria histórica (Bruce y Norman Yonemoto, Frank Gillette, los colectivos Ant Farm y Raindance) que con sus acciones ponían en evidencia la hipocresía de los medios de comunicación y de las instituciones gubernamentales. El inconsciente político.

     Ya en los noventa, Muntadas decidió cambiar su enfoque crítico al poner a prueba al espectador (serie On Translation) en un intento de describir el modelo de audiencia ideal que la obra de arte parecía definir y que ya no sería la del observador que se distancia de su entorno para encontrar la autenticidad y el placer estético, sino la del individuo/miembro de una comunidad orgánica preparado para afrontar la alteridad y decodificar los discursos intelectuales. Disciplinas como la lingüística, la antropología, la filosofía, la sociología y loa estudios culturales empezaban a dar respuestas parciales o interpretaciones a nuevas cuestiones creativas, de manera que el artista pasaría a convertirse en un traductor, un “constructor” de los puentes de comprensibilidad, capaz de sustituir el punto de vista único del racionalismo por otro tipo de conocimiento más consciente de ocupar una posición de poder específica. Traduttore, traditore, (traductor, traidor), dice un proverbio italiano.  Con Muntadas, vivir es traducir.

     Esta visión omnímoda de la cultura como “traducción” es la que ha dado sentido a todo el trabajo de Muntadas. Hoy, cuando las tecnologías mass media ocupan un lugar seminal en nuestras vidas, cuando temas como la identidad, la lengua, el nacionalismo y el internacionalismo han permutado y reconfigurado una post-modernidad totalmente alejada de los ideales revolucionarios del siglo XVIII, es necesario volver a hacer visibles los marcos y convenciones sociales en los que se crea el significado y el valor.

     Lo que vemos estos días en las salas de la Joan Prats no son las grandes instalaciones y circuitos cerrados de televisión, performances y vídeos con que solía trabajar el artista barcelonés durante los últimos años; al contrario, se trata de una serie de obras más enfocadas al circuito comercial: fotografías de gran tamaño y de impecable factura realizadas en Venecia y que conforman la primera entrega de la serie “Protocolli Veneziani”. Son obras más previsibles y de menos ambición intelectual, pero siguen el mismo flujo crítico y deconstructivo del medio urbano.

      En sus constantes visitas a la ciudad, Muntadas presta atención a una serie de formas –identificadas como “protocolos”- que consisten en sistemas y técnicas de reparación en los espacios y edificios de una ciudad asediada por las grandes masas turísticas. Documenta en imágenes las marcas que quedan después de “arreglar” la arquitectura, en el pavimento, los pozos, las puertas y fachadas. Son escrituras y trazos idiosincrásicos que pasan desapercibidos o que dejan impresiones y recuerdos, pero que nunca serán una postal turística. Esta urbe escapista, con sus calles “sconte” (escondidas), donde el viandante busca siempre el camino más corto y rápido, es percibida por el artista como un espacio de acupunturas e interrupciones. En la ciudad de las máscaras y las góndolas, los caminos pueden acabar inesperadamente en el agua o en un campo donde todos lo ven todo. El panóptico veneciano.

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     En la galería Àngels Barcelona, Marcelo Expósito (Puertollano, 1966) presenta tres vídeo-instalaciones sobre la memoria histórica y las transformaciones de las metrópolis. La más reciente y compleja es “Sinfonías de la ciudad globalizada”, un vídeo en tres canales con imágenes tomadas en Bilbao y Valparaíso, entre 1995 y 2012. El documento se inspira en las sinfonías urbanas que el cine de vanguardia produjo en la década de los veinte, cuando autores como Walter Ruttmann o Dziga Vertov retrataron magistralmente en la pantalla las ciudades de Berlín y Moscú. Por contraste, Expósito ilustra el declive de la industrialización y el futuro de incertidumbre en la globalización. Otra buena traducción. 

“Protocolli Veneziani I”. Muntadas. Galería Joan Prats. Rambla Catalunya, 54. Barcelona. Hasta el 25 de noviembre.

“No reconciliados”. Marcelo Expósito. Galería Àngels Barcelona. Carrer Pintor Fortuny, 2. Barcelona. Hasta el 5 de diciembre.

 


 

Hay 2 Comentarios

will all very nice

No creo que Muntadas traduzca, ilumina para que no se nos escape nada de lo que realmente hay; en cada traducción, se escapa lo mejor, intraducible: el rumor de cada lengua. Como sea, hay que ver todo eso, también a Expósito, darse una vuelta por Barcelona, otra ciudad en transformación acelerada. ¡Oh, tiempos!

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