Lo mejor no es siempre lo más visitado

Por: | 23 de diciembre de 2013

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Cada año, al final del año, nos vemos obligados a pensar en las exposiciones, los libros, las películas o las óperas que más nos han gustado. A mí no se crean que me divierte mucho la práctica porque siempre tengo la impresión  de que en el último momento se me olvida algo esencial que pasó hace meses. Ya sé lo populares que son las listas, pero piensen por un instante si en realidad son tan justas. ¿Estás las mejores exposiciones? ¿O están las que nos costaron menos esfuerzo de ver, la que hablaban de los artistas más mediáticos? El caso de Dalí en el Reina Sofía es paradigmático, me parece, y que conste que se trata de un artista que a mí me interesa, aunque sólo sea por su relación con Gala.  Parece que el furor surrealista –desde Dalí al objeto surrealista del Pompidou, muy desigual- es internacional y apela a la fascinación que el sueño y el escándalo tienen sobre todos nosotros –aún.

En cualquier caso, una lista que todavía no se ha propuesto es la del museo que haya tenido más exposiciones interesantes a la vez. Esa sí que sería una lista estupenda… y corta, porque buenas muestras las hay aquí y allá, pero todas buenas muestras a un tiempo resulta más complicado. Y, sin embargo, ha sido el caso de la Tate Modern este otoño. Al lado de la muestra mítica de Klee se podía ver a  Mira Schendel y a la libanesa Saloua Raouda Choucair – si se tenían a disposición casi 40 libras, o por ahí, dado que si la colección permanente del museo inglés sigue siendo gratuita, las visitas a las temporales son caras, carísimas.

Dejen que les hable de los visitantes primero, que parece que el número de los mismos es lo que prima ahora. Mientas que las salas de Klee eran imposibles de visitar incluso un día entre semana por la afluencia de público, las otras dos artistas expuestas mostraban unos espacios casi vacíos, a pesar de lo poético de Schendel y lo inesperado y fascinante de Saloua Raouda Choucair en su primera muestra en Europa.

Qué extraño… Quién hubiera dicho que el delicado maestro de la Bauhaus iba a atraer a tales masas, si bien parece que lo mismo ocurrió con la muestra de la Fundación March de Madrid, muy sofisticada y casi científica, donde el número de visitas superó con creces lo esperado. ¿Qué ocurre? ¿Será que los “nuevos viejos maestros” de la modernidad tienen ahora “más tirón” que los “viejos viejos maestros” de la tradición? Lo pensaba durante mi visita a la Tate Britain, en el recorrido de una muestra que se anunció mucho y que prometió todo lo que no cumpliría: Art under Attack. Estaba casi sola en mi decepcionante visita –eso que los periódicos  habían hablado de la exposición mucho antes de que se abriera.  Así que una exposición buena y llena, la de Klee, y otra no tan buena  y vacía, la de la Tate Modern. Adecuada elección de los visitantes más allá del hecho innegable de la moda del arte moderno.

Pero ¿y qué pasaba con  las exposiciones  de Mira Schendel –quien se pudo ver en el Reina Sofía tras su paso por el MoMA- y Saloua Raouda Choucair? ¿Por qué tan pocos visitantes comparadas con Klee, además de tener que sopesar el gasto a la hora de tomar las decisiones de qué ver? En la muestra de la primera,   organizada con la Pinacoteca do Estado de Sao Paulo, la artista judía nacida en Zurich que se fue a Brasil en la Segunda Guerra Mundial, desarrollando allí su carrera, mostraba algunas obras delicadas y personalísimas como Objeto Gráfico (1967-68), de la Colección Patricia Phelps de Cisneros (en la foto abajo), letras fantasmagóricas que dialogaban con pensadores y filósofos, desarrollando, junto con nombres como Oiticica y Clark, la modernidad brasileña.

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En la exposición de la segunda, Saloua Raouda Choucair, la artista libanesa  que combina los primeros trabajos figurativos de los 40, como su Autorretrato de 1943 (en la foto que abre el texto) con  obras abstratizantes como Composición en azul de 1947-48, (en la foto abajo) -ambas procedentes de su Fundación- y esculturas de los años 60, se descubre a una artista increíble que recoge la tradición no figurativa y casi concreta de muchas mujeres de los años 40 y 50, quienes han sido negadas por la historia sólo por el hecho de ser mujeres, dado que las artistas debían  ser figurativas, o dicho de otro modo, incapaces de retar al espacio al uso.

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La pregunta es inevitable comparando las masas en una y la escasez de visitantes en otras: ¿eran “peores” estas exposiciones que la de Paul Klee? ¿Era ésa la causa de que estuvieran más vacías? Podemos ser más perversos si cabe: ¿qué hubiera pasado con el maravilloso maestro de la Bauhaus si se hubiera expuesto a la vez que Dalí?  La cuestión es cómo, si nos vemos forzados a elegir qué ver por problemas de tiempo o de dinero, solemos escoger lo que nos suena, así que nos perdemos sensaciones especiales. Qué le vamos a hacer. Sea como fuere, esas tres muestras, distintas pero extraordinarias cada una a su modo, han colocado a la Tate Modern en el número uno de los museos con buenas muestras compartiendo espacio y tiempo. Se trata de una lista nueva, ya ven, pero puestos a hacer listas… ¿por qué no? Eso, sí, la próxima vez no dejen de pararse un momento antes de toma a decisión de qué ver. No sea que se pierdan algo que merezca mucho la pena guiados por lo que más suena.

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Aunque es virtual, pero en este caso si coincide lo mejor y lo más visitado: http://xurl.es/9ik46

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