La otra historia del “exotismo” vanguardista

Por: | 13 de enero de 2014

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 Hannah Höch, Cabezas , 1919-20. Colección IFA, Stuttgart

En el relato que más circula, el encuentro de la modernidad con lo “exótico”, impuesto como el modo de acercarse al mundo entre los hombres de las vanguardias de los 1910-20, empieza con  el hallazgo picassino de las máscaras del Trocadero. El pintor malagueño se las encuentra allí y cuenta a los cuatro vientos lo que esas máscaras tienen en común con las mujeres: “Estaban en contra de todo -en contra de los espíritus desconocidos y amenazantes. Yo también estoy en contra de todo. Yo también creo que todo es desconocido, que todo es un enemigo.... las mujeres, los niños... todo. Entendí para qué usaban los negros sus esculturas... Todos los fetiches... eran armas. Para ayudar a la gente  a no caer bajo la influencia de los espíritus, para ayudarles a ser independientes. Espíritus, el incosnciente... se trata de la misma cosa. Entendí por qué soy pintor. (...) Las Señoritas de Avignon  debieron nacer ese día.", recuerda uno de esos textos reconstruidos que a menudo se ponen en boca de Picasso.

 

Eso sucedía hacia 1907, narra la historia que más circula. Pero Picasso no era entonces el único que miraba encantado los objetos “tribales”, como tampoco fue el único que hizo llorar a las mujeres. Entonces, en esos años 1906-07, un grupo de jóvenes de Dresde intercambiaba libros, colecciones, visitas a esos museos donde los objetos de otras culturas se exponían bajo la curiosa denominación de "éxótico", término hoy sometido a discusión, ya que en el duro camino de la Modernidad hemos aprendido que todos, irremediablemente, somos un poco exóticos. No depende de qué se muestre sino de dónde y para quién se muestre.

 

En cualquier caso, el término era moneda corriente en los años 10 del siglo XX y reunía cosas de procedencias variopintas y a menudo organizadas con fines que se podrían ver a mitad de camino entre cientifismo e ironía, lecturas críticas sobre todo. Untitled-from-the-series--1929. Lo muestra uno de los casos más emblemáticos, el conocido Museo de Dresde, al cual la maravillosa Hannah Höch dedica una serie completa, fascinante en sí misma porque muestra a través de la propia técnica, el collage , la forma en que hacia 1910 se construye en Alemania la noción de lo exótico y lo primitivo: con mucho de pastiche cultural. Los cuerpos de Höch, cuerpos de mujeres desnudas y modernas mezclados con máscaras “primitivas”, como muestra la foto  de la izquierda, S. T.  de la serie Museo etnográfico   (bpk/Kupferstichkabinett, SMB/Jörg P Anders), muestran una dimensión del trabajo de esta mujer excluida de Dada y tachada de “pintura degenerada” por Hitler. Fuera siempre de lugar, como ocurre con algunas de las artistas más radicales de la vanguardia, Hannah Höch llama la atención por su forma modernísima de enfrentar una realidad  a mitad de camino entre el exotismo el momento y la contemporaneidad de las revistas ilustradas. Sin embargo, mucho de lo que se ha apreciado en Max Ernst por todos, pasa en Höch desapercibido por muchos.

 

Pero volvamos un momento a los museos que sirven de inspiración a la artista, museos como el que podría haber resultado de la propia colección de Osthaus, el Folkswang Museum en Hagen, que seguía una tradición del Jugendstil en ese insistente deseo de rescatar las formas no occidentales por su propia esencia decorativa.  Los planes para el museo datan de hecho de 1896 y ya en 1898 Osthaus había empezado la colección de objetos etnográficos por su valor, dice textualmente, como "rareza y científico".

 

Allí, en 1902, se expusieron en una muestra textiles indios, japoneses y de Java y pese a que su especialización fue hasta 1912 en el Lejano y Cercano Oriente, ya en 1902 aparecen los primeros objetos decorativos de Africa, comprando escultura a partir de 1914. Si esta tesis de Lloyd fuera cierta, si fuera verdad que los miembros de El Puente hubieran estado en contacto con la colección de Osthaus, tal vez fue no Picasso el primero o único en fijar su mirada moderna sobre los objetos primitivos, como cuenta la historia que más circula.

 

Sea como fuere, lo que interesa más de estas aventuras es el propio término "exótico" tan menudo utilizado entonces y que incluía a Egipto y Japón, inclusiones que desde nuestra perspectiva actual parecen inverosímiles. En todo caso, quisiera recordar cómo aún en los 50 del XX, en el clásico libro de Forman, se usa el término para denominar una variedad de artes que incluyen a América, Egipto, Oceanía, Africa...

 

Japón, Africa... Se suele ver ese cambio de Japón -de lo oriental en suma- a Africa como la propia progresión de los gustos occidentales, pero el asunto es mucho más complejo, pues se trata más bien de yuxtaposiciones entre lo tribal y lo moderno , algo que el mismo Osthaus hace en su museo al mostrar a Gauguin -que tanto impacto tiene en los jóvenes de Dresde- entre los objetos de lo “exótico”. Se trata, así, de una construcción de lo primitivo como collage, lo primitivo plurisignificante porque ha sido releído, adaptado a las necesidades del momento; lo primitivo como escenografía urbana, esas danzas africanas o de Samoa que en 1910 tuvieron ocasión de ver en los jardines zoológicos de Dresde.

 

Es la pasión que desvela la muestra de Höch que dentro de unos días abrirá  en la Whitechapel Gallery de Londres -cuyo programación es cada vez más fatástica, por cierto. Es una rareza deliciosa donde se mostrarán piezas que se tiene ocasión de ver pocas veces por la delicadeza de los collage. Una vez más será posible  observar la radicalidad de esta mujer asombrosa que supo entender cómo la modernidad de consumo y la invención de lo primitivo son, en el fondo, constitutivas también de nuestra mirada hoy. Quizás si Höch no hubiera sido una mujer fuera de toda norma su fortuna crítica hubiera sido aún más resplandeciente si cabe, pero ya se sabe que  a cada paso hay que volver a narrar la historia. Tal vez la pasión “exótica”  no sea sólo parisina. Desde luego, merece la pena la reflexión.

Hay 5 Comentarios

Ya no basta con acertar en la diana del mercado.Necesitamos regular la cantidad de luz y evitar que el falso destello artístico... http://eskup.elpais.com/1329408550-9b9ebcb5bfd5ae66d755552b51693dae

Magnifico articulo.

Por supuesto que para la historia del Arte, la cronología si importa, estamos hechos de espacio/tiempo a través del cual nos realizamos y vale aclarar quién es quién, en el Arte sobre todas las cosas... interesante develar que aquellos primeros pobladores nos han enseñado mucho de camino...y que, quien se preció original no lo fue tanto y más bien, guardo de reconocer a sus prestatarios anónimos.

Todavía, parece, seguimos con la vieja querencia "vanguardista" según la cual lo importante no es hacer las cosas bien, sino hacerlas antes, y que llevó por ejemplo a más de un poeta (Huidobro es un buen ejemplo) a antedatar libros suyos. Consta que no fue Shakespeare el primero en escribir una obra de teatro sobre Hamlet, ni Goethe el primero en hacerlo sobre Fausto. ¿Importa eso algo? Yo creo que poquísimo, y sólo a los eruditos. Una y otra valen por lo que son, no por su fecha. No confundamos el arte con el periodismo.

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