Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

Sobre el blog

Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

Eskup

López arroja la toalla

Por: Juan Mari Gastaca | 21 ago 2012

WEB LOPEZ
Patxi López ha comprendido que no puede seguir nadando en solitario contra la corriente de la crisis y arroja la toalla: convoca elecciones y nadie se sorprende en  Euskadi. El primer lehendakari socialista acorta así en más de tres meses una legislatura que siempre será recordada porque coincidió con la llegada de la paz, o, al menos, con el anuncio del fin de la violencia de ETA. Un punto y final precipitado para una experiencia insólita que se antojaba impensable de entrada: un Gobierno  vasco sin nacionalista.

¿Ha merecido la pena? Simplemente por el sano ejercicio democrático que supone la alternancia, y más allá del interesado debate partidario, por supuesto que sí. Incluso, habrá quienes desde las sensibilidades socialista y popular consideren que el mero hecho del final del terrorismo justifica el cambio que jamás perdonó el PNV, ganador con holgura en aquellas elecciones autonómicas de 2009 y que se sintió arrojado del poder por un acuerdo entre PSE-PP de difícil comprensión ideológica. Pero es ahí donde se abre el enésimo desencuentro entre quienes apoyaron de entrada al actual Gobierno y quienes se situaron beligerantemente enfrente: la paz, dicen desde esta orilla, ha llegado por un esfuerzo compartido y no por un cambio de signo político.

¿Gana o pierde el PSE? Sin duda, los socialistas vascos se han dejado muchos jirones en este viaje. Atrapados por la incomprensión mayoritaria de su pacto con el PP, vacilantes desde el Gobierno en el desenlace de la paz -el lehendakari no apoyó la Conferencia de Aiete y el cese de ETA coincidió con su viaje a EE UU-, sometidos al marcaje asfixiante del PNV y azorados en muchas decisiones por el miedo reverencial al nacionalismo sociológico, el PSE-EE solo se ha sentido cómodo desde que rompió amarras con los populares. Es a partir de entonces, después de encajar dos sonoros sopapos electorales, cuando los recortes de Mariano Rajoy rescatan el discurso social de Patxi López en el que se siente cómodo y rearman una contestación que, sobre todo, irrita en Moncloa.

¿Y ahora? Precisamente en este escenario sin violencia, cuando desde el Gobierno vaso se exprime la oposición a un debilitamiento intencionado del estado de bienestar, va López y se planta. ¿Por qué? Lo hace porque sabe que la caída de la recaudación, también en Euskadi, le obligaría a elaborar un próximo prespuesto carcomido en sus recursos y abocado a erosionar la política social, el santo y seña de su polítca de gestión. Ahí estaba la línea roja y no en su soledad parlamentaria. El lehendakari podría ser prisionero de su propio mensaje. Para evitarlo, y consciente de las angustias que se adivinan, llama a las urnas sabedor de que el futuro pasa por un acuerdo entre diferentes para ganar la partida a la crisis. Otra cosa es que el debate identitario se apodere de la campaña electorial con la disculpa de que la marca España ha arrastrado a Euskadi y entonces las medidas contra la crisis tendrán que esperar, como mínimo, hasta el año que viene.

El largo pulso entre Interior y los 'abertzales'

Por: Juan Mari Gastaca | 18 ago 2012

Josu

El tercer grado por razones humanitarias al preso etarra Iosu Uribeetxeberria Bolinaga prolonga el pulso al que Interior y el abertzalismo parecen abocados en el actual escenario de paz. Ahora bien, supone, sin duda, una pugna sobre el asunto más nuclear que se deriva del cese de la violencia: la posible adecuación de la política penitenciaria. Y en su contexto no debería despreciarse tampoco el análisis sobre los comportamientos exhibidos por cuantos se han sentido directa e indirectamente concernidos en esta exigente puesta en libertad de uno de los secuestradores de Ortega Lara.

Sería un error objetivo que la izquierda abertzale entendiera como una victoria la decisión de Instituciones Penitenciarias. Muy al contrario, al dilatar intencionadamente su decisión cuando era consciente de que le avalaba la jurisprudencia de una norma creada en tiempos del ministro Jaime Mayor Oreja, Interior envía un claro mensaje de que no se ha movido un milímetro. El Gobierno Rajoy explicita así que tiene metabolizado el efecto de la protesta radical.

Este pronunciamiento tan firme como indicativo, recibido en la mayoría del País Vasco como una muestra de inmovilismo insensible, es entendido como una cesión, en cambio, por las voces más intransigentes en el resto de España, precisamente desde los sectores que realizan un marcaje implacable al PP en una cuestión tan electoralista, creen, como el final de ETA. Vaya, un ejemplo más de la torticera interpretación de la justicia en base al interés de la realidad política.

En su implacable presión a favor de Uribeetxeberria, la izquierda abertzale, muy cuidadosa en las formas con la deplorable excepción del ataque a la sede del PP de San Sebastián, ha perdido la oportunidad de admitir, siquiera una sola vez, el dolor humano que supuso el penoso cautiverio de Ortega Lara. Al exhibir tamaña insensibilidad alienta las dudas de su apuesta sincera por la convivencia. Al igual que se reconocen sus evidentes esfuerzos para contener las tradicionales algaradas que en épocas recientes generaban este tipo de reivindicaciones también es obligada una exigencia moral para avalar una petición que mayoritariamente ha entendido el resto de la clase política.

Con todo, es indudable que la izquierda independentista ha vuelto a rentabilizar el verano en una demostración más de su tacticismo. Como botón de muestra del rédito, sirva la contrariedad exhibida por el PNV, crítico al comprobar cómo la postura de Interior alentaba el victimismo del entorno de Bildu-Amaiur, desde donde se ha procurado contener el radicalismo para proyectar mediáticamente una cuidada imagen de protesta institucional. Ahí es donde, posiblemente, hayan cogido con el pie cambiado a un Gobierno central que se imaginaba una reacción violenta en las calles mientras retrasaba la decisión sobre Uribeetxeberria y así retratar la inmadurez de la transformación soberanista. Ahora ya es distinto: detrás de la pancarta en favor de la libertad de un preso de ETA enfermo aparecen diputados, senadores y alcaldes.

España preocupa a Azkuna

Por: Juan Mari Gastaca | 02 ago 2012

WEB REAL

Iñaki Azkuna, asentado como alcalde de Bilbao en la única mayoría absoluta ahora existente en Euskadi, no se mira en el espejo político cuando toma una decisión. Lo hace porque entiende que es necesario, porque le incumbe. Ya es suficiente. Ni siquiera rompe esta norma cuando solicita una audiencia privada al Rey, en un gesto que, como bien sabe, provoca hilaridad en las bases del PNV, su partido, y que alimenta, de paso, las fáciles críticas del entorno abertzale, donde su figura tradicionalmente siempre aparece como un icono endemoniado.

Su reciente encuentro fue, sin duda, mucho más que una visita de cortesía. Más de allá de su duración -45 minutos dan para mucho-, posiblemente el foco más certero para interpretar la entrevista debería ponerse en el momento en que se produce. En sus frecuentes discursos a ras de suelo, Azkuna ya ha evidenciado que se siente concernido por la deriva económica de España. Y lo proclama con la misma frecuencia con la que le acechan en su gestión las consecuencias de este incierto devenir, consciente de que Bilbao y Euskadi, sobre todo en su pequeña y mediana empresa, se sienten excesivamente dependientes del latido industrial del resto del Estado. 

Lejos de incorporarse al discurso nacionalista de que la marca España arrastra fatídicamente a la economía vasca al precipicio, Azkuna ha evitado las lecturas políticas en un escenario tan tétrico. Sabedor de su predicamento social ha vuelto a elaborar un mensaje en el que proyecta popularmente la gravedad del momento para así procurar una mayor sensibilización, pero sabe que el debate político es mucho más voraz. Claro que la recesión fluyó sobre la audiencia del Rey al alcalde de Bilbao, pero probablemente lo hiciera desde la inquietud, palpable por evidente, que supone la contribución de esta crisis al fomento del espíritu independentista. También aquí, Cataluña y País Vasco van de la mano.

El Rey, al igual que el Príncipe, conocen el posicionamiento ideológico de Azkuna, que arropa, además, de un reconocido poso enciclopédido de difícil comparación en el resto de la clase política vasca. Favorecido posiblemente por esta condición, pero comprometido desde su cargo institucional con la razón de Estado, nunca ha extrañado que el veterano alcalde de Bilbao contextualizara más de un gesto, a presente y a futuro, de la monarquía española. En este clima, no le resultará complicado arrancar de la Corona el respaldo a la proyección internacional de la capital vizcaína que supondrá, en el próximo mes de noviembre, el Foro Internacional de Alcaldes, que hasta ahora jamás ha salido de Singapur. Pero, desde luego,para cuando surgió este asunto ya se habían consumido los tres cuartos de hora de la cita.

 

El País

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