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Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

Sobre el blog

Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

Eskup

Ahora se explica el silencio del PNV

Por: Juan Mari Gastaca | 26 nov 2012

Urkullu
Bajo el frío dato de la amarga victoria de CiU resulta ahora compresible el sorprendente silencio mantenido por el PNV sobre la apuesta soberanista de Artur Mas. Como si fuera un argumento más del ideario de campaña, Iñigo Urkullu nunca avaló entusiásticamente a su partido de referencia en Cataluña. Incluso, cuando ambos candidatos se reunieron el pasado mes de octubre en la sede de la Generalitat, el presidente del PNV prefirió que se diera un bajo perfil a la visita.

Desde una óptica resultadista podría decirse que en campañas electorales las apuestas independentistas contenidas rentan mucho más que los abrazos enfervorizados a las consultas secesionistas. Y, sobre todo, en aquellos partidos a quienes se les reconoce una nítida opción de gobierno. Quizá por eso, el PNV siempre tuvo muy claro que el aliento desmendido de la apuesta soberanista agitaba el voto de EH Bildu, una coalición asociada a la independencia de Euskadi como principal razón de su existencia. Quizá por el mismo motivo, la monotemática proclama electoral de Mas en favor de la ruptura con España ha galvanizado súbitamente la resurrección electoral de ERC, una formación que ve así resuelto para mucho tiempo sus sangrantes luchas intestinas y, de paso, consolidado a su actual líder, Oriol Junqueras.

Urkullu siempre ha marcado distancias con la desaforada reivindicación de Mas. De entrada para que nadie confundiera la situación económica tan antagónica entre las Administraciones vasca y catalana que sirve para aminorar el impacto de los temidos recortes sociales.Para ello se ha hecho valer del Concierto Económico, la figura que ahora añora Cataluña y que Jordi Pujol desdeñó en su día. Además, este distanciamiento táctico permite al PNV dibujar con sentido propio su proyecto identitario, concluyente con CiU en el alma soberanista, pero menos explícito en su proyección, menos desafiante para la legalidad y menos excluyente para la percepción social.

Al nacionalismo vasco le valía con recordar su ADN para que nadie de sus votantes temiera ante las urnas del 21-O por la solidez de sus esencias patrióticas. Por eso, refugiándose en su pragmatismo tradicional abogó por priorizar un discurso ligado al latido de la calle, por anteponer la preocupación por la crisis a las ansias de una nueva relación con España, que ya vendrá. Y la apuesta les dio el resultado que buscaban, sobre todo por la distancia que les separa de la izquierda abertzale. A Mas, que apenas tuvo tiempo para explicar los múltiples recortes ni la humillación del rescate, le ocurre todo lo contrario. Gana, sí, pero sus males no encuentran remedio.

Mientras metabolizan ahora el disgusto, en CiU acabarán comprendiendo el porqué del silencio que les ha dispensado el PNV como frío apoyo casi insolidario en toda la campaña catalana. Ya se intuía que transitaban por dos modelos alejados conceptualmente desde aquella desbordada Diada donde el nacionalista vasco rebajó el grado de su representación. Efectivamente, Urkullu sí tenía un plan para no dar oxígeno a sus rivales; Mas, es evidente que no: posiblemente pensó que nunca le podría ocurrir. Le toca pagar la osadía.

La paz en un Parlamento vasco inédito

Por: Juan Mari Gastaca | 21 nov 2012

Para ahora
La décima legislatura arranca en la Euskadi democrática bajo un escenario inédito. Jamás el Parlamento vasco ha reunido a todas sensibilidades políticas sin la amenaza terrorista de ETA. Se trata de un contexto que condicionará  el juego de las obligadas mayorías, agitará positivamente, por tanto, la búsqueda de consensos y proyectará dos grandes bloques, izquierda y derecha, en cuestiones nucleares como la política económica y la presión fiscal, y otros dos en el debate permanente entre los autonomistas y los soberanistas.

Pero, de entrada, supone la recuperación del poder real por parte del PNV. Los nacionalistas vuelven a asegurarse la presencia del Parlamento (Bakartxo Tejería) y del Gobierno vasco. Lo hacen, además, en un momento especialmente comprometido porque el futuro lehendakari, Iñigo Urkullu, va a sustentar inicialmente su acción de gobierno tan solo sobre 27 de los 75 escaños. Una posición en teoría demasiado débil y, desde luego, condenada a la búsqueda permanente de aliados para evitar revolcones sonados ante la oposición. De ahí que adquiera una especial importancia el color político de la presidencia del Parlamento, hasta ahora en manos del PP (Arantza Quiroga) como compensación del PSE-EE por haber elevado a Patxi López a lehendakair en la pasada legislatura.

Tejería no ha tardado en enviar los primeros mensajes más allá del obligado protocolo institucional. En concreto ha enmarcado con meridiana claridad una de las funciones de esta Cámara legislativa al reivindicarla como el único escenario para debatir cuál debe ser el camino hacia la paz. Lo ha hecho intencionadamente en paralelo al intento indisimulado de la órbita abertzale para seguir internacionalizando la solución del denominado conflicto vasco mediante la revisión de los acuerdos de la Conferencia de Paz de Aiete. Curiosamante, la constitución del nuevo Parlamento vasco coincidió el pasado martes con el contacto entre uno de los mediadores internacionales, Jonathan Powell y varios partidos y organizaciones, en San Sebastián. En ambos casos se abogó por la paz pero los tiempos y realidades de cada mensaje no fueron coincidentes. El interés del PNV por descafeinar este foro alternativo se ha llevado por delante el interés mediático. En realidad, ya nada es igual en Euskadi un año después de la retirada activa de ETA y hay muchos interesados en recordarlo para que nadie se distraiga en otras reivindicaciones.

Con todo, la consolidación de la paz sobrevolará permanentemente en el latido del Parlamento vasco. Bien es cierto que lo hará sobre ritmos y planteamientos diferentes. EH Bildu no permitirá que nadie se relaje. Ya lo ha dicho desde el primer día, precisamente la fecha que conmemoraba el aniversario de los asesinatos de los dirigentes de Herri Batasuna Santi Brouard y Josu Muguruza, al proclamar su compromiso de contribuir a la negociación política para consolidar el actual contexto sin violencia. El PNV, desde el otro lado, enmarca la paz sin agitar los ritmos porque antepone la responsabilidad de gobierno que se intuye atenazada por la exigencia de dar soluciones a la crisis económica. Los tiempos tienen su importancia en el tránsito diario de un Parlamento. Por eso es tan importante asegurarse la presidencia.

 

¿Aiete 2 o vale con 1?

Por: Juan Mari Gastaca | 17 nov 2012

Powell
En paralelo a la constitución del nuevo Parlamento vasco, precisamente el que reunirá por primera vez en democracia a todas las sensibilidades políticas en una situación de paz, la izquierda abertzale, sobremanera, tiene especial interés en que tome cuerpo la segunda edición de la Conferencia de Aiete. Se trataría, en esencia, de revisar, un año después de su redacción y tres días antes de la renuncia de ETA a la violencia, el grado de cumplimiento -realmente escaso- de los puntos acordados por distintas sensibilidades sociales y políticas de Euskadi para buscar una salida al denominado conflicto vasco.

Con habilidad, el grupo de contacto asociado a Brian Currin retrasó la convocatoria de Aiete 2 por su coincidencia con las elecciones autonómicas del 21-O en Euskadi. Ahora, con los datos de las urnas en la mano, que dibujan, como ya se preveía, una holgada mayoría nacionalista en la Cámara vasca, quienes impulsaron la Conferencia por la Paz hace un año entienden que es el momento idóneo para impulsar la acción política que comprometa directamente a los gobiernos de España y Francia hacia un escenario de diálogo del que rehuyen bajo el pretexto de que es imprescindible la disolución de ETA.

Pero la celebración de Aiete 2 no ha provocado en Euskadi abiertas pasiones. Sin duda, el interés por esta revisión crítica que se pretende, y a la que Jonathan Powell se ha volcado durante los últimos días, dista mucho del clima expectante que consiguió la primera edición, abonado, además, por la polémica sobre el nulo interes que le prestó el lehendakari Patxi López, mucho más interesado en liderar una delegación empresarial vasca en Estados Unidos.

Más allá de la intencionada designación de Bayona como sede, la capacidad alternativa de la que pretende rodearse Aiete 2 como centro de gravedad sobre el que pivotar el diálogo político sobre el futuro de la paz y la convivencia de Euskadi alerta especialmente al PNV. Iñigo Urkullu, futuro lehendakari y activo referencial en la búsqueda de las soluciones políticas pendientes, no siente la necesidad especial de este foro paralelo al Parlamento vasco.

La insólita dimensión alcanzada ahora por la Cámara vasca donde ningún ciudadano se siente ya excluido políticamente oscurece la virtualidad de Aiete 2. Es, a partir de este reconocimiento plural, cuando toma cuerpo la reflexión de que quizá ya no son necesarios habilitar ámbitos reivindicativos en paralelo al ejercicio democrático de las instituciones. Por contra, quienes inspiran y alientan esta actualización de las exigencias aprobadas en octubre de 2011 en San Sebastián desconfían de la capacidad exigente e inmediata del Parlamento hacia las partes concernidas. Para ellos, guiados por la experiencia, nada más eficaz que internacionalizar las reclamaciones del conflicto. Así, la llama sigue viva.

El gesto de Kutxabank

Por: Juan Mari Gastaca | 12 nov 2012

EGAÑA JUAN MARI
Pocas campañas de marketing aportarán mayor rentabilidad de imagen a Kutxabank que la decisión de su presidente, Mario Fernández, de paralizar temporalmente las ejecuciones hipotecarias. Nunca podrá desgajarse, claro, la sombra del oportunismo en la adopción de la medida al producirse un día después del suicidio de una mujer -la exedil socialista Amaia Egaña- que iba a perder su vivienda en Barakaldo (Bizkaia), pero no es menos cierto que la orden encierra una indiscutible sensibilidad social, provoca la reacción contagiosa en buena parte del sector bancario y encarrila una solución de alivio largamente reclamada.

Posiblemente la conjunción reconocida en Mario Fernández entre su olfato político -miembro del PNV y primer vicelehendakari del Gobierno Garaikoetxea- y su experienca bancaria facilitaron la aplaudida decisión de Kutxabank, a quien nadie ha regateado su acierto. Además, el nuevo banco da este popular paso adelante en el mercado hipotecario y ante el resto de la competencia sobre la tranquilidad serena que le aporta su saneado estado financiero. Resultante de la suma de las tres cajas vascas después de la adquisición de la endeudada Cajasur, y envuelto en un proceso de renovación interna que llevará por primera vez a la izquierda abertzale hasta su consejo de administración, Kutxabank ha aprovechado, sin duda, la ocasión más pedagógica para proyectar el servicio que siempre se ha exigido a una caja.

Dominando seis de cada diez hipotecas que se firman en el País Vasco, este nuevo banco asume inmediatamente una responsabilidad comprometida para su propia marca porque lo hace en un contexto de indignación social ante la sucesión interminable de desahucios. Precisamente por esta presión incisiva en medio de los azotes de la crisis, resulta más fácil de entender decisiones inéditas como la adoptada con tacto y habilidad por Fernández.

Todo ello surge desde una comunidad, Euskadi, vanguardista en la concienciación de dar una respuesta social, económico y jurídica a los desahucios. Es aquí donde se ha producido una conjunción de idénticas voluntades preventivas entre el Gobierno vasco, la Justicia y el sector financiero para adecuar un plan de mediación que palie los efectos devastadores para la dignidad humana que representa la pérdida de tu propia vivienda. Más de un juez, más de un magistrado, el propio presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV), Juan Luis Ibarra, han venido uniendo sus voces desde hace ya tiempo para interpretar un mismo guión sobre cuál debe ser la aplicación de la ley ante el drama personal que encierran los desahucios.

Mientras el duelo por el suicidio de Amaia Egaña ha elevado la lógica indignación contra el sistema bancarios, medidas como las de Kutxabank y valores jurídicos como los generados en los escalones de la magistratura, alientan afortunadamente la esperanza de que existe una conciencia social cada vez más pujante, capaz especialmente de activar una acción política hasta ahora paquidérmica y, eso sí, permanentemente jaleada por la implacable presión de la calle.

Sortu fija plazos para la independencia

Por: Juan Mari Gastaca | 08 nov 2012

Barrena1
Sortu, la marca legal que actualiza los principios ideológicos de Batasuna en tiempos de paz, prepara su desembarco en el mapa político. Lo hará por medio de un congreso constituyente, fijado para el próximo 23 de febrero, y hasta entonces se adentra en la elección piramidal desde los barrios y pueblos de sus candidatos y en la adecuación de sus principios que toman como razón de ser su propia consideración de "motor político para llevar a Euskal Herria a la independencia".

Precisamente el proceso gradual que Sortu ha establecido para la transformación del pueblo vasco en "una nación europea con estructuras de Estado" constituye el sesgo más innovador jamás conocido hasta ahora en el rupturista lenguaje de la izquierda radical. En su hoja de ruta de la aspiración independentista, este partido que se dice aglutinador del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) viene a situar una insólita estación término: la creación de un Estatuto para el País Vasco y Navarra. Leído así podría decirse que solo la deducción inmediata por parte de los abertzales de la realidad sociopolítica explicaría esta graduación de la exigencia soberanista. Al tiempo, la aspiración lleva implícito un nítido mensaje porque ensancha el ámbito de la demanda identitaria como una auténtica apuesta de patria vasca y supera el proyecto territorial que el PNV pretende con su nuevo estatus político. No obstante, parece entenderse que la independencia, esa nación vasca que incluye siete territorios, se antoja lejana aunque se cuela en el debate con toda la esencia de aspiración soberanista. Así, ante una aspiración de máximos (Euskal Herria) se ofrece un planteamiento de conquista progresiva (Estatuto para cuatro de los tres territorios). Pero ya hay sobre la mesa una propuesta concreta y a sus inspiradores les permitirá medir el alcance de las que vayan llegando.

En el discurso abertzale, la izquierda aglutinada en la antigua Batasuna gana siempre por puntos al resto. Constituye sencillamente su ADN y quizá, de paso, sirva para explicar uno de los motivos que aconsejeron sabiamente a Iñigo Urkullu no adentrarse en este tipo de disquisiciones durante la reciente campaña electoral del 21-O. Bajo este planteamiento soberanista, que EH Bildu hará suyo por lógica, la ponencia sobre el futuro del autogobierno que el PNV pretende en los dos primeros meses de funcionamiento del nuevo Parlamento hará imposible un mínimo consenso. Son dos marcos referenciales distintos. Los nacionalistas, de entrada, no van tan lejos en su lenguaje identitario dentro de las instituciones.

Con su incorporación al marco democrático, Sortu rompe definitivamente con esa imagen de permanente ilegalidad asociada a Batasuna, recompone orgánicamente una sensibilidad que se antojaba en ocasiones clandestina, pero que, sin embargo, nunca le ha impedido disfrutar de una proyección mediática envidiada por muchos partidos. Y con ello, en su recorrido por el juego político e institucional, exhibirá, ante la lógica expectación del resto de fuerzas, cuál es su modelo de integración en ese conglomerado abertzale que con astucia ha contribuido a dinamizar sobre los mimbres democráticos que en su día le ofrecieron EA y Alternatiba. De momento, todos juntos.

El PSE busca credibilidad

Por: Juan Mari Gastaca | 01 nov 2012

PSE COMITE JUAN MARI
Patxi López
consume sus últimas semanas como lehendakari atormentado por la necesidad de rearmar el discurso y el ánimo del PSE-EE que dirige tras la dolorosa derrota electoral del 21-O, donde perdió el respaldo de 100.000 votos, traducido en 9 escaños menos. Como secretario general lo intenta exigiendo una renovación de ideas y de personas en un congreso previsto para el próximo mes de febrero, consciente de la pérdida imparable de respaldo social, iniciada en los anteriores comicios locales, y de la pírrica rentabilidad de su histórico por inédito Gobierno vasco.

Los socialistas corren el serio riesgo de quedarse en tierra de nadie, paradójicamente ahora que el fin del terrorismo abona la teoría de la transversalidad. De hecho, una vez el PNV recupere el poder autonómico, el PSE-EE se verá relegado a una patética orfandad institucional, despojado de toda capacidad de influencia en las Diputaciones y las capitales vascas, pero, sobre todo, sin músculo político suficiente para asentar un mensaje creíble ante una situacion socioeconómica que parece repudiar al socialismo como terapia.

Consciente de este vértigo de rodar por la pendiente, Patxi López apela a conectar de inmediato con la calle como medida reparadora para ganar en credibilidad y en confianza. Lo exige desde su responsabilidad orgánica a un partido que se resiste a interpretar como debacle y batacazo la sonora derrota del 21-O que les relega a la tercera fuerza en un escenario donde el protagonismo parece sustanciarse en un mano a mano entre PNV y EH Bildu. Existen posiciones proteccionistas en el PSE-EE que atribuyen a causas exógenas el nuevo retroceso en las urnas. Para ello construyen un discurso preventivo para argüir que todavía no ha desaparecido el pernicioso recuerdo del desgobierno Zapatero ante la crisis y que los socialistas parecen extraños cuando Euskadi se pone a discutir sobre su identidad. Y así, hasta la siguiente derrota.

Como alternativa de choque, López insta a proyectar ante la sociedad medidas concretas que revaloricen su discurso  porque está convencido de que la resistencia desde la socialdemocracia es la única alternativa real al liberalismo que se extiende sin fronteras. El lehendakari en funciones cree que el PSE-EE se ha opuesto a los recortes porque sabe defender el estado del Bienestar y  proteger el sistema público, pero la urgencia de soluciones que apremian en esta crisis resta confianza al valor político que ahora mismo representa su partido en Euskadi. Está necesitado de credibilidad.

Sin opción real ahora mismo de aspirar a un gobierno de coalición con el PNV, los socialistas inician una complicada travesía del desierto. Lo harán, además, preocupados por los efectos secundarios de un PSOE depauperado y asediado por las intrigas, absorto ante el inmediato debate del marco referencial del Estado y donde Patxi López seguirá constituyendo una alternativa. En el camino, el PSE-EE deberá buscarse a sí mismo con un ropaje ideológico que suponga una alternativa real, precisamente ahora que el Parlamento vasco va a visualizar claramente políticas de izquierda y de derecha, y que sea encarnado por voces que inspiren confianza dentro y, sobre todo, fuera de las puertas de su organización interna.

 

El País

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