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Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

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Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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El PNV tropieza con EiTB

Por: Juan Mari Gastaca | 27 feb 2013

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El PNV ha sufrido el primer traspié serio desde su vuelta al Gobierno vasco donde menos se lo esperaba: en EiTB. Precisamente en el feudo mejor conocido por el presidente del partido -Andoni Ortuzar fue su director general durante 10 años- ha encallado su propuesta de mayor calado político hasta ahora al encontrarse con la inesperada renuncia de su candidato Mikel Agirre (Amberes, 1955) a ocupar el cargo de máxima responsabilidad de este ente de radio y televisión pública.

Aunque se trata de una propuesta que formalmente realiza la consejera de Cultura, Cristina Uriarte, la elección de Agirre para dirigir EiTB tuvo la directa inspiración de Ortuzar, con quien trabajó en su equipo directivo. Prercisamente por ello la sorprendente huida de este candidato nacionalista bien considerado por la izquierda abertzale y que ya había arrancado el apoyo del PSE-EE martiriza sobremanera al presidente del EBB en el estreno de su cargo.

Agirre tira la toalla en la víspera de su nombramiento en el Parlamento vasco porque no se ve con la fuerza suficiente para digerir la aguda poda interna a la que estaría obligado por el recorte aplicado en el contrato programa que el Gobierno otorga para la financiación de EiTB. Bien es cierto que se imaginaba la magnitud del reajuste de gastos y de plantilla y así se lo fue transmitiendo a los partidos de la oposición con quienes habló para hablarles de su proyecto, pero al final le ha vencido el miedo escénico de abanderar una impopular reconversión.

Por si fuera poco, Agirre ha sabido a última hora que le sería imposible contar con la determinante colaboración del jefe de programación de ETB Pello Sarasola, su mano derecha y con quien comparte responsabilidades ejecutivas en la actual dirección. El inicio de un tratamiento médico aleja a Sarasola de la primera línea de combate a la que estaba predestinado como futuro responsable de la televisión vasca.

En este escenario, el PNV trata de reponerse con rapidez de un sonado golpe que le ha dejado en evidencia y con rasponazos. De un lado, partido y Gobierno vasco tienen que encajar el lógico fracaso que representa la renuncia de un hombre de su plena confianza para un puesto siempre estratégico. De otro, mientras la interinidad nada favorable toma cuerpo en el día a día de EiTB por este vacío de poder, la plantilla de trabajadores asume como inapelable la proximidad del reajuste y así se avivan las tensiones.

A su vez, más allá de la identidad del nuevo candidato a dirigir EiTB -el ramillete de opciones reales aparece reducido con el paso de las horas- se agolpan las incertidumbres sobre el futuro de una sociedad pública que necesita buscar su propio rumbo en unos tiempos de crisis económico y del propio sector mediático. Tras el rechazo de Agirre ya nadie duda, claro, de que el reajuste presupuestario para este grupo es un hecho palmario, pero quizá no se habría ganado un paso para encarrillar su futuro si no quedara un hueco para el debate sobre cuál debe ser el modelo a seguir.
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Entre Sortu y Txeroki

Por: Juan Mari Gastaca | 19 feb 2013

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La izquierda abertzale se legaliza esta sábado, en Pamplona. Lo hará por medio de Sortu, su nuevo partido que representa el punto de encuentro de la antigua Batasuna con la apuesta política articulada sobre el rechazo a la violencia. Así se llegará al cierre de una semana agitada casualmente por la enésima visita a Euskadi de los verificadores internacionales, del intencionando discurso del etarra Txeroki ante el Tribunal francés y del suave aterrizaje sobre cómo imaginar cuál será la fecha del desarme de ETA.

En la hábil mercadotecnia de la izquierda soberanista cada gesto se antoja hilvanado. O, al menos, suficientemente alimentado por la sutil provocación del interés. Así ocurre con la fundación de Sortu, que cierra para su constitución un largo período de debate asambleario iniciado a finales del pasado año, pero que ha sabido mantener vigente mediante un puntual goteo informativo de cada uno de sus acuerdos, a los que han contribuido los presos de ETA desde las cárceles. Por eso, cuando ya es sabido que dejarán vacante la secretaría general para que la ocupe un día Arnaldo Otegi, que sus referentes ideológicos cubrirán el estado mayor de las decisiones y que su apuesta por la independencia, el socialismo y la lucha social serán su ADN como partido, la izquierda abertzale quiere hablar de lo que más le preocupa: la negociación por la paz definitiva.

En su estrategia bien podría creerse que ha incorporado en el tiempo a los verificadores internacionales, otra vez en Euskadi para transmitir ahora la información más reciente sobre el análisis de situación que maneja la cúpula de la banda terrorista sobre su tránsito hacia el desarme que no llega y su incesantel llamamiento desesperado a los gobiernos de Madrid y París. El lehendakari, Iñigo Urkullu, y los partidos ya saben cuál es la baja temperatura de este proceso. Así las cosas, y como ya advirtió la izquierda abertzale, la ansiada entrega del arsenal no va a ser inmediata, ni mucho menos. Es decir, quedan desmentidos de raíz todos los cantos lanzados desde el Gobierno vasco, el PNV y hasta el PP de que se avecinaban movimientos estratégicos por parte de la banda terrorista. En realidad quien tenía razón era Maribi Ugarteburu cuando advirtió de que ETA se estaba cansando de esperar tanto tiempo en un lado de la mesa.

En esencia, la noria sigue dando vueltas desde hace ya mucho tiempo. El Ministerio del Interior no quiere ni encuentra razones para cambiar de opinión sobre la política penitenciaria. Incluso, cuando escucha soflamas como las del etarra Txeroki ante el Tribunal que le juzga junto a otros compañeros de armas, mucho menos porque cree que le asiste la razón. Los cantos de este etarra hacia el diálogo fueron inmediatamente abrazados por Sortu para proyectar así una unidad de discurso global de toda la izquierda abertzale, encaminado a evidenciar que ya no hay excusas para aceptar la negociación pendiente. Pero el alegato cobijaba una cruenta categorización de víctimas que ha indignado por su injusticia al resto de la clase política. Y por si fuera poco, en las vísperas de su estreno ha colocado en una comprometida posición al nuevo partido independentista porque le sigue complicando la visibilidad de su apuesta por la convivencia. Otra cosa distinta es que lo considere menos prioritario que la negociación.

El PSE-EE busca su sitio

Por: Juan Mari Gastaca | 10 feb 2013

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Alejado del poder, aislado del juego de mayorías en Diputaciones y Ayuntamientos, tercera fuerza en el Parlamento vasco, el PSE-EE busca su sitio imperiosamente. Lo ha hecho, de entrada, con un Congreso Nacional donde más allá de la lógica reelección de Patxi López como secretario general -aunque con menos apoyo que hace cuatro años- ha fijado su hoja de ruta sobre todo en dos cuestiones nucleares: el modelo de Estado y la defensa de las prestaciones sociales.

En presencia de Alfredo Pérez Rubalcaba, los socialistas vascos han querido mostrar sus credenciales hacia el resto del PSOE. De una manera especial, hacia el PSC al rechazar con contundencia (más de un 90% de votos de los delegados) el derecho a decidir mediante consulta. El PSE-EE no quiere adentrarse por los vericuetos de sus compañeros catalanes ni dejarse atrapar por el discurso soberanista que en Euskadi impulsa sobremanera EH Bildu y a medio plazo, el PNV. Para demostrarlo, exhiben una defensa articulada de un modelo de estado federalista que, eso sí, exprima al máximo la capacidad autonómica de cada comunidad y desde el respeto escrupuloso a sus competencias sin interferencias jacobinas.

López entiende que está obligado a disponer de un perfil propio cuando se avecine el inevitable debate sobre el marco jurídico de Euskadi. El PSE-EE ya ha puesto pie en pared respecto al derecho a decidir y, con ello, marca una sideral distancia ante un eventual entendimiento con EH Bildu en el ámbito de las políticas de izquierda. Para la coalición soberanista, toda su estrategia socioeconómica se sustenta sobre el pivote de la autonomía de gestión para acomodar un nuevo sistema que solo puede construirse desde la base de la capacidad de la propia decisión como país.

Con su planteamiento de corte autonomista en un escenario federal, el PSE-EE marca la raya y se somete a la prueba de fuego que supondrá el debate en ponencia en el Parlamento sobre el futuro del autogobierno en el País Vasco. Además, el contundente respaldo obtenido en el Congreso Nacional anula escenarios tan convulsos como los exhibidos por la afiliación del PSC.

Pero más allá del modelo de Estado, los socialistas vascos necesitan recuperar el músculo perdido en las urnas tras sucesivos mazamos electorales. Lo quieren hacer regenerando la vida interna del partido, muy abandonado durante la etapa de Gobierno por la escasez de cuadros, y proyectando un mensaje socialdemócrata que parte de la defensa férrea del estado de bienestar con el consiguiente rechazo a los recortes sociales y la firmeza ante la corrupción.

Emparedado entre la vuelta al poder del PNV y la proyección mediática adherente a cada movimiento de EH Bildu, el PSE-EE persigue la rehabilitación desde su propia casa. López, volcado a reanimar el pulso de un partido abatido por la pérdida de su influencia, se ha propuesto recuperar unas señas de identidad que se desfiguraron seriamente por el acuerdo político con el PP. Ahora, sin ataduras como las que arrastró en el Gobierno pero con menor proyección, tiene el reto de encontrar el sitio perdido. Se juega su supervivencia.

Bárcenas se acuerda de Euskadi

Por: Juan Mari Gastaca | 05 feb 2013

Luis Bárcenas siempre se interesó por los concejales del PP atacados por ETA en Euskadi y en Navarra. Cuando sufrieron atentados, nunca les faltó el dinero para atender sus primeras necesidades. Los propios afectados lo reconocen y sus dirigentes, también. Pero esta comprensión, lógica desde un punto de vista solidario, se ha vuelto incómoda porque aparece envuelta entre lacerantes entregas de sobresueldos que embarran la imagen de quienes se han sentido objeto permanente de la banda terrorista. A esta relación con Euskadi contribuyen, a su vez, dos empresas constructoras como Bruesa y Urazca, con intereses comerciales en el resto de España, que entregaron sus respectivas aportaciones al PP en Madrid.

Posiblemente estas turbulencias sean la última gota que colme el vaso de la paciencia de Antonio Basagoiti, muy desanimado después del estallido del denominado caso Bárcenas. Por si algo faltara, la mediática irrupción del concejal de Galdakao (Bizkaia) David Pasarin solicitando una baja temporal en el partido, que no contemplan los estatutos del partido, ha elevado el desasosiego del presidente de los populares vascos. El edil, economista universitario y de reciente afiliación, interpreta un sentimiento que engarza socialmente con facilidad: "mis valores son otros" viene a decir con asiduidad mientras recuerda el calvario que supone para los cargos de este partido en Euskadi la cruz de la amenaza.

Bárcenas no dudó en conceder dos millones de pesetas a Santiago Abascal cuando conoció que el consorcio de seguros no cubría la totalidad del siniestro causado por una bomba de ETA en el comercio de este dirigente alavés en Amurrio. Fue la misma reacción que tuvo con Pío García Escudero cuando su casa sufrió desperfectos tras un atentado, aunque el presidente del Senado prefirió la fórmula de un crédito, ya devuelto, de cinco millones de pesetas. En el caso de las 500.000 pesetas a fondo perdido entregadas por el gerente a Jaime Ignacio del Burgo, se repitió la escena. La entonces concejal de UPN en Villava, Elena Murillo, sufrió un atentado que destrozó su vivienda. Del Burgo lo trasladó a Génova y recibió el dinero de inmediato.

En paralelo, la cuota vasca en este escándalo se completa con las aportaciones económicas que Antonio Pinal, por parte de Bruesa, e Ignacio Ugartetxe, desde Urazca, hicieron en favor de la financiación del Partido Popular. A Pinal le atribuye un pago de 24.000 euros en 2006 y a Ugartetxe uno de 100.000 euros en 2007.

Mientras, en el PP vasco siguen el rastro de las anotaciones contables aunque, de momento, sus dirigentes niegan irregularidades. Lo hacen conteniendo la rabia interna que les supone arrastrar con la imagen manchada por Bárcenas por un camino ya de por sí intrincado dentro de la política vasca. La aparición de Jaime Mayor Oreja como uno de los receptores habituales de los sobresueldos de Bárcenas golpea el ánimo de la actual dirección, precisamente en los momentos de mayor dureza del envite terrorista, rescata viejos fantasmas con los que la actual dirección parece condenada a convivir.

El País

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