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Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

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Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

Eskup

La financiación de partidos en Euskadi

Por: Juan Mari Gastaca | 25 jul 2013

05-07-´13- JOSU ERKOREKA FERNANDO DOMINGO-ALDAMA
La financiación de algunos partidos en Euskadi se ha convertido involuntariamente en uno de los efectos colaterales del tsunami Bárcenas. Ha bastado que Josu Erkoreka hurgara con aviesa intención en la herida de los ingresos del PP vasco para que los populares le replicaran, muy ofendidos, con la intencionada pregunta "¿y de lo vuesto qué"?, que extiende la sombra de duda sobre las cuentas del PNV.

A las divergencias partidistas que han dejado sin Presupuestos al Gobierno vasco en el año más duro de la crisis, a los encontronazos cada día más frecuentes sobre cómo encarrilar la paz y la convivencia, ahora se pone en funcionamiento el peligro ventilador de la financiación de los partidos, el tema tabú por excelencia, el dueño de los silencios mejor guardados.

La nueva dirección del PP vasco se siente indefensa. Se sabe objeto de la permanente mirada inquisitorial desde que Luis Bárcenas abrió ante el juez Ruz una de sus carpetas, aquella en la que supuestamente hablaba de los pagos irregulares de empresas para ayudar a la causa. Para combatir estas acusaciones han articulado con reconocida inmediatez la medida que entienden más profiláctica: enseñar todas sus cuentas, desnudar su financiación oficial, ponerla a disposición de quien las quiera escrutar. Pero se lamentan que el esfuerzo caiga en saco roto. Por eso, cuando Erkoreka les mete el dedo en el ojo, los populares no dudan en moderle la mano al exigir que el PNV explique cómo financia sus numerosos batzokis (sedes del partido).

En Euskadi,sin embargo, los ciudadanos no se sienten tan alarmados como refleja la media española por el elevado índice de corrupción y del consiguiente descrédito político. En realidad, hasta que llegue el juicio del denominado caso De Miguel, que afecta a una parte de la anterior esctructura orgánica del PNV de Álava supuestamente relacionada con irregularidades urbanísticas y apropación indebida, no hay políticos bajo sospecha.

Sin embargo, con sus acusaciones Bárcenas y Erkoreka han movido el avispero en un momento especialmente convulso. Lo han hecho de manera bien distinta pero el eco de sus repercusiones adquiere el suficiente volumen para que no pase desapercibido. Al devolver el guante, los populares han sembrado la duda sobre la financiación del PNV. ¿Tiene alguna sospecha sobre supuestas irregularidades financieras? ¿El PNV se ha dado por aludido o también va a enseñar su contabilidad oficial como han hecho los populares? Salsa de chipirón.

Aún hay desacuerdo sobre las víctimas...

Por: Juan Mari Gastaca | 15 jul 2013

Quiro13
Después de décadas soportando el dolor, en Euskadi los partidos son incapaces de consensuar quiénes son las víctimas. A la ingente tarea que supone allanar el camino para abrazar, pero de verdad, la paz y la convivencia se vienen cruzando las distintas posiciones políticas  para retorcer más la salida. Los partidos vuelven a parapetarse tras dos muros que se resisten a confluir como si respondieran a tácticas intransigentes.

En un rápido golpe de vista a las iniciativas sobre la paz se acumula el escepticismo. La ponencia en el Parlamento sobre Paz y Convivencia ha pedido un receso hasta septiembre, posiblemente porque le falta oxígeno para continuar ante el desacuerdo incluso en el punto de partida. Más allá del inicial ejercicio de buena voluntad, ha bastado que los partidos empezaran a posicionarse para que se advirtiera que aún dista mucho para alcanzar un mínimo común denominador. Al menos, así lo ha entendido el PSE-EE que ha ido sintiendo el vértigo a medida que escuchaba los posicionamientos de EH Bildu.

Tampoco la izquierda abertzale ayuda a recuperar la confianza perdida después de sus años de compartiendo las tesis de ETA. Su ausencia en el homenaje a Miguel Ángel Blanco confirma que le queda todavía mucho recorrido. Con este distanciamiento táctico de Bildu, que tiene grupo municipal en el Ayuntamiento de Ermua, es más fácil de entender que la presidenta del PP vasco, Arantza Quiroga, aprovechara para recordar que un concejal de HB de Éibar facilitó a la banda terrorista los datos suficientes para que secuestrara al concejal popular.

Tampoco Bildu contribuyó a deshacer equívocos cuando se resistió en las Juntas Generales de Gipuzkoa a reconocer el trabajo de Gesto por la Paz, ahora que este grupo ha decidido disolverse porque entiende que su objetivo ya está cumplido. Su intencionada abstención actualiza aquel alejamiento crítico y virulento muchas veces que la izquierda abertzale siempre ha ido mostrando a las concentraciones populares de repulsa contra los atentados de ETA.

Nadie parece moverse un ápice de sus posiciones. Tampoco el PP cuando se resiste a entender que en Euskadi también ha habido víctimas por la violencia policial y que, en ocasiones, ha salpicado a estructuras del Estado. Su reconocimiento sería una muestra de compromiso con la auténtica verdad.

Así las cosas, pasa el tiempo y  la conquista de un consenso sobre las víctimas se antoja una quimera ante la incredulidad general. ¿Tan difícil resultará? Es una cuestión de voluntad, pero se hace dominante el empeño de justificar el inmovilismo de uno mismo pidiendo primero explicaciones a quien está enfrente. Y así que siguen pasando los días.

Mayoría nacionalista que no suma

Por: Juan Mari Gastaca | 06 jul 2013

Urkullu11
El PNV, más en concreto Iñigo Urkullu, se ha propuesto que Euskadi no se mire en el espejo soberanista de Cataluña. Y no se está saliendo del guión. A pesar de que la mayoría nacionalista en el País Vasco dispone de una holgada capacidad de maniobra para acelerar cualquier iniciativa identitaria que intentara, el lehendakari no quiere seguir los pasos de Artur Mas. La lección Ibarretxe se la tiene aprendida a fuego.

Mientras en Cataluña ERC aviva el fuego y consigue una presión efectiva sobre un Gobierno absolutamente dispuesto a abanderar la independencia como proycto existencial de futuro, en el Parlamento de Vitoria EH Bildu se desespera porque sus incitaciones al PNV son de corte similar, pero apenas van más allá de un titular periodístico. En realidad, es que ahora no toca.

En Euskadi, la mayoría nacionalista no suma. Con el último Euskobarómetro en la mano, el poder autonómico y en los tres territorios es una cuestión del PNV o de EH Bildu, pero no de ambos al mismo tiempo.Ha bastado que transcurra el primer período de sesiones de la legislatura para que sobren dedos de la mano que reflejen acuerdos trascendentales que estos dos grupos parlamentarios más allá de tumbar la idea socialista de considerar el aniversario del Estatuto de Gernika como día festivo.

Urkullu no encuentra química alguna con el ideario de la izquierda abertzale. Agobiado por la reducida capacidad resolutoria ante el alcance de la crisis, el lehendakari busca alternativas que en ningún caso se fijan en el recetario de EH Bildu. Aunque Sortu y el PNV acaban de mantener su primera reunión oficial y con esmerada escenografía después de anteriores esporádicos contactos que alcanzaron su máxima expresión antes de la llegada del proceso de paz, las diferencias estratégicas siguen siendo palmarias. Pero no deja de ser un guiño para consumo interno que, de paso, refuerza la normalidad en las relaciones entre partidos que aún dista mucho de superar las excepciones.

Más allá de este alejamiento parlamentario, es cierto que cuando se avecinen los debates del nuevo estatus político, PNV y EH Bildu coincidirán en el punto de partida de que es imprescindible superar las cotas de autogobierno. Ahora bien, sera efímero porque a partir de ese momento volverán a discrepar, previsiblemente, en las velocidades que cada uno imagina para encarrilar el proceso.

Hasta entonces les queda perseverar en la exigencia al Gobierno central de un desbloqueo del proceso de paz. Ahí se puede tejer una unidad de acción en cuanto a los objetivos, pero lo explicitarán sobre dos modeos diferentes, consecuencia directa de su propia razón de ser. Sin embargo, PNV y EH Bildu están urgidos por similares necesidades. Al Gobierno vasco para cumplir con su compromiso de que la paz y la convivencia es un objetivo de esta legislatura; a la izquierda abertzale porque necesita serenar los ánimos internos.

Así las cosas, PSE-EE y PP se ven obligados a buscar su cuota de protagonismo en ámbitos bien distintos, acuciados, además, por unas expectativas electorales que les vuelven la cara. Paradójicamente, ellos son quienes más rentabilizan que en Euskadi la mayoría nacionalista no sume. Si lo hiciera, y en un escenario sin violencia, su suerte temblaría.

Hablar de paz en Euskadi, una pelea

Por: Juan Mari Gastaca | 02 jul 2013

Urkullu11
En Euskadi cuesta demasiado ponerse de acuerdo sobre la paz. Al menos, así se advierte en la incapacidad de los partidos políticos. Quizá sea una consecuencia indeseada para un pueblo tantos años prisionero del terror, de una violencia que se había instalado en el uso diario de una convivencia entre dos bandos. Incluso, es posible que el tiempo transcurrido desde el cese definitivo de ETA sea todavía hoy insuficiente para encarar con la debida entereza moral cuestiones tan sensibles. Podría ser.

A este debate que debería zanjarse con una simple mirada ética no se le adivina, en cambio, un pronto entendimiento. Mientras la inmensa mayoría de la sociedad comprometida dispone en su fuero interno de su propio relato, y sobre el que no parece dispuesta a introducir elementos correctores sensibles, la clase política -incluidos los gobiernos- se afana en procurar un consenso que ahora mismo se antoja pura voluntariedad, pero que es necesario.

Para acometer este debate de semejante profundidad sigue sin alcanzarse la suficiente serenidad. Es verdad que nunca ha sido posible, pero en estos momentos debería procurarse porque existen las condiciones democráticas suficientes. ¿Acaso, entonces, falta voluntad? Algunos prefieren sospechar que, simplemente, no interesa. Otros lamentan que existe por los extremos una calculada resistencia a aceptar siquiera un denominador común. Y ese punto de partida es imprescindible para que el proceso posterior sea creíble y prenda sobre bases sólidas.

Para disponer de más elementos de juicio no debería descartarse que en Euskadi se ha asociado fácilmente la idea de que el final de la violencia ha suturado las heridas del terror. Un apriorismo que a renglón seguido explicaría los escenarios que se van agolpando bajo el propósito de articular el horizonte de la paz. Pero los hechos han acabadado muy rápido con tal augurio: todavía es pronto para que cicatrice el desgarro.

En ese escenario es fácil entender que se haya pospuesto la ponencia parlamentaria sobre la paz y la convivencia, que el plan del lehendakari, Iñigo Urkullu, corra serios riesgos, y que no haya consenso suficiente siquiera para admitir cuándo se pisotea el derecho de un ser humano. Un panorama descorazonador, lamentablemente. Por si fuera poco y para avivar la convulsión resurge la polémica sobre el estado clínico del preso etarra Bolinaga y ni siquiera hay avenencia acerca del Instituto de la Memoria.

Y así, ¿hasta cuándo?

 

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