Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

Sobre el blog

Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

Eskup

Mucho más que un abrazo

Por: Juan Mari Gastaca | 23 nov 2013

22-11-13- HOMENAJE A JOSEBA BENGOETXEA FERNANDO DOMINGO-ALDAMA
El recuerdo a un
ertzaina asesinado ha proporcionado una imagen sumamente trascendente para proyectar con reconocida intención política cuál podría ser uno de los escenarios de convivencia en Euskadi. Se trata de de reunir en un cuadro a una exetarra, a la viuda del policía abertzale de corazón que la persiguió durante sus años de pistolera, a políticos hostigados por la violencia y a otros que tardaron demasiado tiempo en darse cuenta de que jamás la sangre derramada acercará la independencia.

Todos se juntaron en Bilbao conscientes del paso adelante que daban. Lo hicieron convencidos de que ha llegado el momento de ofrecer una apuesta inequívoca para restañar hasta el límite del perdón las profundas heridas que el terrorismo ha causado dentro y fuera del País Vasco. Y la imagen, insólita pero sugerente, obliga a digerirla en dosis. Ocurrió con absoluta naturalidad: la exetarra Carmen Gisasola, en la calle tras renegar de su pasado violento y expulsada de la banda terrorista por renegar del tiro en la nuca, abrazó a la viuda del sargento de la Ertzaintza que siempre la consideró una enemiga de la vida en paz. Quienes presenciaron mudos pero esperanzados la escena entendieron que había empezado, sin duda, un nuevo tiempo. ¿Sobre bases sólidas?

El PNV ha sabido manejar con reconocida habilidad el homenaje al ertzaina Joseba Goikoetxea. Desde la sombra, cediendo hábilmente el protagonismo a los amigos del agente asesinado hace veinte años por ETA y a su viuda comprometida con abolir la distinción entre víctimas de la violencia, los nacionalistas han adecuado en silencio y con pragmatismo una réplica al brote irascible engengrado mientras decenas de etarras aprovechan la doctrina Parot para recuperar su libertad.

Ha llegado este homenaje póstuma a otra víctima de ETA en un momento especialmente delicado con demasiadas aristas. En plena eclosión mediática de la derogación de la doctrina Parot, , a la que se ha abonado el propio Gobierno del PP, desde Euskadi el Ejecutivo de Iñigo Urkullu se ha visto obligado a reconducir la hoja de ruta de su Plan de Paz y Convivencia consciente de la insalvable dificultad de convenir voluntades encontradas.Sabedor de esta adversidad, el PNV ha enseñado su propuesta de que víctima y victimario son capaces de convivir.

Ya coexisten, por tanto, dos escenarios para entender la nueva realidad de la ausencia del terrorismo. Hay quienes, de un lado, han optado por la convivencia desde el dolor compartido sin preguntar su origen ni la causa que desgraciadamente lo motivó. Es el grupo que engloba a quienes entienden que el odio no puede seguir tiñiendo el futuro en paz de las nuevas generaciones. Pero hay quienes siguen sangrando por la herida, retroalimentando su tragedia mediante las exigencias de la disolución de ETA o cuestionando también la legitimidad de los tribunales que han decidido, conforme a Derecho, acortar la estancia en prisión de quienes apostaron por el terrorismo como sinrazón de su existencia. Ante posiciones tan encontradas, ¿será posible idear una vía intermedia de aproximación? Que, al menos, nadie lo impida a sabiendas.

Las secuelas políticas de Fagor

Por: Juan Mari Gastaca | 17 nov 2013

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La sacudida socioeconómica que ha supuesto en Euskadi dejar el incierto futuro de Fagor Electrodomésticos en manos de sus acreedores expande también sus efectos hacia los dos principales partidos, PNV y Bildu. La pérdida de algo más de mil empleos en el grupo cooperativo y de casi el doble, previsiblemente, entre las 200 empresas de la industria auxiliar que irán tocando fondo en los próximos meses convulsiona los tres territorios vascos, desde el epicentro del Alto Deba guipuzcoano. Una tensión que supera la capacidad de las instituciones, pero que las compromete sobremanera en el intento a sus marcas políticas.

Todavía en EE UU, durante su primer viaje al exterior como lehendakari, Iñigo Urkullu inoculó en el ámbito vasco la preocupación por el futuro de Fagor días al admitir en su tono severo que asistía desde el mes de diciembre al problema más importante de su mandato. Y aún quedaban días para el preconcurso de acreedores. Pero el Gobierno vasco ya temía el alcance del desastre que se cernía y, sobre todo, había detectado una inesperada reticencia de la Corporación Mondragón en el compromiso financiero que, finalmente, ha resultado letal.

En el PNV hay un profundo malestar con la cúpula del cooperativismo vasco. No les ha gustado su comportamiento en la búsqueda de una solución que evitara el abismo de la liquidación. Jamás se había asistido a las exigentes apelaciones públicas de un lehendakari, respondidas con un intencionado silencio que conformaba una patética imagen. Se ha producido, desde luego, una sima inédita entre un Gobierno y quienes encarna(ba)n el modelo vasco de la industria. Ahora bien, nada comparable con el patético desenlace del cierre de Edesa. Dos semanas después sigue sin saberse cuál fue el auténtico diagnóstico sobre la salvación de esta empresa vizcaína que hizo al diputado general del territorio, José Luis Bilbao (PNV), digerir su peor pesadilla reciente: su aval de tres millones quedó en papel mojado en cuestión de horas. Más de dos centenares de familias siguen esperando una respuesta digna y creíble.

Fagor desgastará a PNV y Bildu. El fracaso económico de la cooperativa socava la estabilidad de un territorio de abrumador dominio de la izquierda abertzale y ensombrece, de paso, el balance del Gobierno vasco.Gipuzkoa se apresta a sufrir una sensible pérdida de su poder adquisitivo en una zona que ha servido más de una vez para proyectar las cifras más bajas del paro en España. No se puede descartar ahora que este declive provoque la tentación de convertirse en un arma arrojadiza en los próximos exámenes electorales.

Jamás se había encontrado la coalición soberanista ante tamaña indigestión de la que, paradójicamente, no se atreve, de momento, a culpabilizar a sus responsables. La esencia del cooperativismo, su dinámica de gestión atrapan la voluntad de Bildu en los los ayuntamientos del Alto Deba y en la Diputación de Gipuzkoa que gobierna en solitario. En el Ejecutivo vasco, la sombra de Fagor se proyectará como una pesadilla constante. Supone, sin duda, el auténtico reto de esta legislatura. Y dejará secuelas.

 

 

Hacer política con las víctimas

Por: Juan Mari Gastaca | 11 nov 2013

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Ha bastado que llegue la conmemoración del Día de la Memoria en recuerdo a las víctimas (¿todas?) para evidenciar que la política hace imposible el consenso sobre un reconocimiento unitario. Y así desde el primer año de su celebración. Una multiplicación de actos escalonados, incluso durante tres días seguidos por distintas instituciones vascas, han proyectado esta dispersión del afecto que enfría las expectativas de una acción concertada en una cuestión tan nuclear para la convivencia.

No es de recibo esta proliferación de celebraciones a sabiendas de que responde al desacuerdo político de su convocatoria. Tampoco resulta aleccionador para un futuro en paz comprometida que quienes acudieran, por ejemplo, al acto de Vitoria, impulsado por instituciones que gobierna el PP, no tributaran el mismo reconocimiento a las víctimas que en las Juntas Generales de Gipuzkoa. Sin avenirse al reconocimiento de un suelo ético por todas las sensibilidades políticas por extremas que se sitúen es imposible imaginarse el avance necesario hacia la concordia.

Pero ha bastado el acto unitario del Ayuntamiento de Bilbao para que afloren las dudas sobre las auténticas razones de quienes resquebrajan el consenso. Bastó que en la capital vizcaína, donde se ha hablado genéricamente de víctimas, no se leyera texto alguno para que PP participara. ¿Por qué no lo hizo en Gipuzkoa si también se lo habìan garantizado? Posiblemente porque entienden que la motivación de quien impulsa el acto es muy diferente.

A Bildu le ocurrió lo mismo al ausentarse del acto promovido por la Diputación de Álava, donde pesó sobremanera el eco de las recientes excarcelaciones de presos de ETA a raíz de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la denominada doctrina Parot. Y así va pasando el tiempo en este país que es incapaz de prender la ocasión que le supone vivir desde hace ya más de dos años sin la violencia de una banda terrorista.

Con la catalogación de víctimas se está haciendo política y quienes así actúan, bien que lo saben. No debería permitirse, sin embargo, que también se hiciera con su sentimiento. La sociedad viene dando suficientes muestras de este respaldo afectivo a quienes han sido víctimas de una injustificable violencia y ese gesto inequívoco le carga de razón para vetar juegos interesados.

¿Tan difícil es compartir un suelo ético para quienes han vivido la misma realidad social aunque fuera desde posiciones antagónicas? Ahora mismo, parece que sí. Basta una mirada desapasionada para comprobar cómo se ha embarrado de tal manera el terreno de juego que se antoja complicado alcanzar  este imprescindible denominador común entre la clase política. Es palmario que sigue siendo una asignatura pendiente, camino de enquistarse endemoniadamente si acaba provocando la desidia social. Y ahí está el riesgo.

El País

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