ETA, ¿así hasta cuándo?

Por: Juan Mari Gastaca | 23 feb 2014

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¿Qué habrán pensando los presos de ETA sobre las últimas 72 horas, las transcurridas entre la mediática irrupción de los verificadores avalando el sellado de un ínfimo arsenal fuera de uso y la sorprendente revelación de que los cartuchos y los cuatro detonadores han vuelto a las manos de sus propietarios? Si han dispuesto siquiera de un minuto de lucidez habrán interiorizado con desazón: "Qué larga se nos va a hacer la condena".

Imaginarse por un momento que desenlaces como los vividos en estos tres días pueden conmover a Mariano Rajoy es vivir de espaldas a la realidad. Quizá en esa burbuja sigue ETA. Después de semanas alentando un clima de expectación, avivado como siempre por esas fuentes tan próximas a ETA que acaban pegándose en Madrid y en Euskadi un tiro en el pie de su credibilidad, volvemos donde estábamos aunque con algunos jirones de más por el suelo.

El gesto innegable que supone comprometerse a un desarme gradual, dentro de una voluntad unilateral e incondicionada, no debería desparramarse por el desagüe tan fácilmente. Pero hay que convebir en que ETA, la justicia y el PP han coincidido en hacerlo posible en esas 72 horas que bloquean hasta el límite cualquier mínima esperanza de desbloqueo de una situación ya cansina.

Al saberse que ETA se lleva para casa el simbólico cajón de su arsenal, y más allá de que se admita su imposible utilización, el Gobierno central ve rearmada su permanente desconfianza sin mover un dedo. Además, refuerza lamentablemente a esas voces del PP que embarran el campo a sabiendas de que no dicen la verdad, pero que les permite cumplir su objetivo partidario. Y en el medio, una justicia ensanchando sus labores con el preludio de una investigación policial jamás conocida en otros procesos de semejante enjundia.

Así, entre voluntades enfrentadas, con lenguajes tan opuestos, ante tanta desconfianza, ¿hasta cuándo se puede seguir? Mientras la inmensa mayoría de la sociedad vasca entiende en su vida diaria que ETA ya es historia pasada porque sabe que la violencia jamás volverá, la clase política tiene la evidente responsabilidad de encauzar debidamente el proceso hacia un escenario estable de paz y de convivencia. Pero, ¿dónde está ese común denominador que lo haga posible un día, y que, aunque lejos ahora, debería llegar antes de caer en el desestimiento?

Iñigo Urkullu, con su apoyo explícito a los verificadores allí donde tiene valor la imagen, ya ha dado el paso, consciente del compromiso que contrae. No parece lógico pensar que el lehendakari vaya a inmolarse sin haber comprobado previamente que el trabajo de esta comisión internacional va mucho más allá del vídeo de la BBC o del cajón que vuelve al zulo. Ahora bien, ¿hasta dónde llega la credibilidad que Urkullu le merece a Rajoy cuando hablan sobre paz y presos?

 

 

Hay 4 Comentarios

"El gesto innegable que supone comprometerse a un desarme gradual, dentro de una voluntad unilateral e incondicionada, no debería desparramarse por el desagüe tan fácilmente".
Tal vez sea la hora en la que escribo o tal vez es que estoy espeso, pero, sr. Gastaca, le aseguro que he leído tres veces el artículo y no sé exactamente qué nos quiere decir, adónde nos conduce.
La frase que extraigo entrecomillada me parece tan extraña que me sigue causando perplejidad el artículo al que da contenido.
Si ETA informa a los autodenominados "verificadores" de que en tal sitio hay un hermoso zulo repleto de armas, explosivos y utensilios propios de la actividad terrorista para que avisen a la policía correspondiente al lugar de ubicación, ellos se presentan junto con los agentes, vacían el agujero, lo filman todo y luego la citada policía expone el resultado de la incautación, entonces sí que nos hallamos ante un gesto que no hay que desparramar por desagüe alguno.
Pero, sinceramente, ¿entiende Vd. que este primer fascículo de una entrega que puede hacerse eterna (y que, incomprensiblemente, no es una entrega) es presagio de algo real? ¿pretende convencernos de ello y de que, en consecuencia, el pueblo ignorante ha perdido una ocasión de oro de entender semejante gesto que, frívolamente, lo ha desparramado por el desagüe?
Después de ver el programa de Évole, creo que es ya tarde para pretender que nos sigamos creyendo lo que ya no se creen ni ellos mismos.

El País o el propio autor de este blog debiera tomar medidas contra transtornados mentales como este casas viejas y eliminar sus ofensivos comentarios hacia la mayoría de vascas y vascos. Es solo una sugerencia

Bastante de acuerdo con Gastaca. Solo puntualizar que ese desinterés en el que se ha instalado la sociedad vasca en el nuevo escenario post-ETA incluye a las víctimas del terrorismo, que también provocan desidia y aburrimiento a pesar de su sobreexposición mediática. Me gustaría saber cuanta gente reuniría hoy una manifestación de Covite o AVT en Bilbao.

El articulista habla de la inmensa mayoría de la sociedad vasca. Y que piensa que ETA es historia. De acuerdo, puede que sea historia. Pero historia tan podrida como las nueces que esa misma sociedad ha recogido durante 40 años y mirando para otra parte mientras asesinaban por la espalda. Niños incluidos. Es triste pero la puta realidad es que todo lo que suene a vascongado es sinónimo de cobarde. No hoy que olvidar ese 78% de vascongados con el gen cobarde. Dato confirmado en un documento secreto, el denominado K-26, por antropólogos y sociólogos de prestigio. Otro equipo de especialistas en antropología llevan tiempo trabajando sobre el déficit en reclamo masculino de la mujer vascongada. Ahí puede estar la clave de muchas cosas. Seamos realistas, hay que tener estomago para "meterle" mano a ese 46% del 78% citado de féminas vascongadas. Y en es plan. Ninguno.

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Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

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Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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