Maroto prende la mecha

Por: Juan Mari Gastaca | 11 ago 2014

El alcalde de Vitoria, Javier Maroto, sabe que decenas de miles de sus vecinos critican en voz baja las ayudas sociales a los inmigrantes. Consciente de este malestar, ha decidido hablar en su nombre provocando una viva polémica en la clase política pero no en el ámbito ciudadano. ¿Es lícita esta postura que se ha entendido como oportunista mirando a las próximas elecciones? ¿O simplemente es la expresión inmediata de un sentimiento prendido en amplios sectores de una sociedad agrietada por la crisis? Con su lenguaje crítico, Maroto se aproxima a los dogmas xenófobos. Posiblemente no le importe porque siente el apoyo de muchos ciudadanos y así considera que se siente fortalecido. Pero no debería perseverar más allá de la rentabilidad política que le suponga porque en su condición de alcalde se olvida de quienes no piensan igual.

Es así como está abriendo una inquietante brecha más propia de otros regímenes nada solidarios. En Vitoria, y en el resto de Euskadi, las ayudas sociales son ahora un elemento de fricción. Desgraciadamente se ha instalado una venenosa corriente de opinión alentada por los efectos del paro y de las desigualdades que compromete las conquistas del Estado de Bienestar alcanzado. Y no debería propagarse más allá porque solo responde a prejuicios sobredimensionados a partir -y es verdad- de algunas realidades injustas. A ras de calle se conocen beneficiarios del sistema de ayudas sociales que en nada contribuyen a su digna justificación.

Es ahí donde debería aplicarse un control exhaustivo para fortalecer la razón de existir de este método compensatorio que aplacaría la creciente intranquilidad ciudadana. Incluso, siempre desde una acción coordinada de los grupos parlamentarios, podría escrutarse la idoneidad de su marco legislativo para afinar su aplicación más justa posible. No resulta edificante que las hirientes críticas de Maroto se vean correspondidas por unas histriónicas descalificaciones desde el PNV, como ha ocurrido, o desde otros partidos.

La acción y la reacción resultan estériles. Las lógicas diferencias de criterio se deberían llevar únicamente al cauce de un sereno debate institucional que comenzara sin apriorismos y procurara la idoneidad del reparto equitativo. Bien es verdad que en puertas de la precampaña municipal se antoja quimérico, incluso resulte iluso, apelar al diálogo sereno en una materia tan sensible y proclive a la demagogia. Pero que no sea por intentarlo. No vaya a ser que prenda la mecha en la calle.

Hay 1 Comentarios

Yo digo lo que le dijo Claudio Sánchez Arbornoz al presidente del gobierno vasco (en el exilio los dos, claro): "hablen el vasco, si es que pueden, porque la mayoría no lo saben, pero a pagar impuestos como todos los españoles". Ya está muy vista esa gente que echa la culpa a los de fuera de los males que ellos mismo provocan. Hace poco era Basagoiti quien decía "primero los de casa". Desgraciadamente, no sólo es cosa del PP. Azcuna (q.e.p.d.) dejó perlas como que •“los chinos duermen y procrean en sus tiendas. No sé dónde se mueren, pero son competencia“. Luego apoyaba al lobby de las grandes superficies... En el País Vasco hay xenofobia y con estos discursitos se rebañan buenos votos.

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Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

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Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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