Maroto sube el volumen

Por: Juan Mari Gastaca | 13 oct 2014

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El alcalde de Vitoria, Javier Maroto, ha enarbolado la bandera de las ayudas sociales para sacudir con estruendo la próxima campaña de las elecciones locales en Euskadi. Lo ha hecho con mucha antelación pero con absoluta intención. Sin inmutarse por la lupa de la Justicia sobre sus palabras contra algunos inmigrantes, se siente reforzado porque le asiste su conexión con la inquietud de un amplísimo sector de la calle -especialmente en la capital alavesa, su plaza- donde anida una admitida preocupación. Ahora bien, el caldo de cultivo de esta denuncia ya permanente de las principales autoridades de este territorio debería ser debidamente controlado para no caer en riesgos impropios por parte de una sociedad madura y, por tanto, racional.

Con su propuesta de recoger firmas de portal en portal para cambiar en el País Vasco la estructura de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), Maroto ha subido el volumen de su particular campaña. Se ha servido, además, de un escenario mediático inigualable como es el encuentro con el lehendakari, Iñigo Urkullu, a quien, por cierto, le ha indignado el calado de la propuesta.

Sin haber cruzado el umbral del Parlamento, sin haberse presentado iniciativa alguna de calado más allá de un puntual debate, el alcalde de Vitoria lleva su propuesta a pie de acera. Bien sabe que al hacerlo altera intencionadamente el orden del propio marco jurídico. Y es ahí donde Maroto corre el fundado riesgo de que su propuesta sea concebida sencillamente como electoralista.

Ninguna fuerza parlamentaria debería ser reacia a abordar con carácter extraordinario si fuera preciso el análisis profundo de las esencias de la RGI y su viabilidad. Incluso, hacerlo antes de que el actual consejero vasco Juan Mari Aburto tenga que abandonar esta responsabilidad para entrar en la campaña por la alcaldía de Bilbao. A partir de entonces, solo si el PP obtuviera un portazo a esta iniciativa podría legitimarse la recogida de firmas que se propone Marot oy que, dicho sea cuanto antes, a buen seguro que supera el nivel exigido para su admisión reglamentaria. Mientras tanto, no estaría mal que algún cualificado representante de su partido terciara para aclarar las justas intenciones.

Es innegable que el riesgo de caer en debates xenófobos en el espinoso asunto de las ayudas sociales surge latente, sobre todo en tiempos de crisis como el actual. La difusión real e intencionada de algunas irregularidades en el cobro de la RGI, que las hay, no puede trasladarse en un análisis de la parte por el todo. Hay cobros indebidos, pero la tasa de denuncias es sensiblemente inferior a la alarma social que provocan iniciativas de regate corto como las de Maroto.

Es innegable que el alcalde de Vitoria habla por los casos que conoce. Pero sería deseable que desde su responsabilidad contribuyera a exprimir la rigurosidad de los controles en el Ayuntamiento que preside. Y junto a él, el resto de las fuerzas concernidas para exhibir ante el contribuyente una política social fundamentalmente justa.

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Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

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Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

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