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Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

Sobre el blog

Hablaremos sobre el día a día de la vida política que afecta a Euskadi, dentro y fuera de la casa común vasca.

Eskup

El PNV se expone en Kutxabank

Por: Juan Mari Gastaca | 29 nov 2014

Mario villalabeitia

La despedida, más abrupta que planificada, de Mario Fernández de la presidencia de Kutxabank ha señalado demasiado al PNV por su lógica exposición. Incluso, más de lo necesario y quizá hasta conveniente en un contexto donde se viene procurando mitigar desde la asfixiante reestructuración bancaria el efecto determinante de los partidos polìticos en la suerte de las entidades financieras, o en este caso concreto de las caja de ahorro mayoritaria de los clientes vascos.

A nadie le sorprende que el PNV determina por su evidente peso específico en Euskadi quién dirige Kutxabank, incluso el entramado de las tres cajas fusionadas, Vital incluida. A esta capacidad determinante se ha venido asociando la elección sucesiva de cada uno de los presidentes más significativos desde José Ignacio Berroeta en los tiempos de Xabier Arzalluz hasta el propio Mario Fernández pasando por la incorporación al escenario económico del País Vasco de una figura de referencia estatal como Xabier de Irala. Por eso es asumible por hábito y sin réplica que desde Sabin Etxea se haya señalado con el dedo a Gregorio Villalabeitia para acabar con los quebraderos de cabeza que empezaba a causar Mario Fernández y su permanente posesión de la verdad.

Al pilotar este trasvase, coincidiendo además con un momento financiero de especialidad singularidad en el contexto europeo, el PNV se arriesga. Al relevar a Mario Fernández emite un mensaje al sistema financiero de que no desea por innecesaria la incorporación de inversores a una caja como Kutxabank absolutamente saneada, robustecida por encima de los avatares de la crisis y de las turbulencias de mercado, aunque previsora ante los azotes de una estabilidad a veces volátil.

Al descartar, por tanto, la opción preferida del anterior presidente -a quien a buen seguro le hubiera gustado aplicarla en el último acto de su mandato, el PNV marca con nitidez una posición pero, en paralelo, necesita del refrendo del Banco de España para despejar las incógnitas que habían fundamentado la pretensión de una aireada por necesaria salida a Bolsa.

Si lo consigue, y es muy posible, mientras Gregorio Villalabeitia apuntala sin demasiada dificultad en el desarrollo de su incipiente presidencia una hoja de ruta volcada en la persistencia de un negocio bien estructurado, el PNV habrá salvado la exposición a la que se siente sometido por este relevo en Kutxabank, mucho más inesperado del que se quiere proyectar. Además, lograría aplacar con solvencia y en medio de una precampaña electoral los incesantes llamamientos que desde la izquierda abertzale y desde los sindicatos mayoritarios se van a suceder al calor de un relevo que propicia estas reivindicaciones.

No es una cuestión de revisar la fusión. Es una exigencia de apuntalar un modelo de solvencia en un nuevo marco regulado del que es imposible sustraerse. Vaya, el tiempo oportuno para que los profesionales marquen el rumbo.

El modelo de Urkullu

Por: Juan Mari Gastaca | 22 nov 2014

Urku24


Iñigo Urkullu
ya ha dado un paso más en el objetivo requerido de perfilar los rasgos de su modelo de autogobierno para Euskadi. Lo ha hecho en el marco más mediático, quizá no el de mayor trascendencia efectiva, que supone una audiencia con el Rey Felipe VI, la primera entre ambos.

El lehendakari se ha decantado por facilitar, siempre mediante el diálogo y una acción política sin subordinación alguna, el encaje de las nacionalidades históricas con el Estado español a partir de la superación del actual marco jurídico, considerado ineficaz. Se dispone, por tanto, de un punto de partida. Y al formularlo,el presidente del Gobierno vasco ha aportado una precisión de hondo calado: "no es necesaria una reforma constitucional".

Cuando ahora mismo la única solucion alternativa a la reivindicación soberanista de Cataluña se reduce a la propuesta socialista del federalismo y la previa reforma constitucional, Urkullu no la considera en absoluto como prioritaria en la recomposición del modelo de autogobierno. Curiosamente, este descarte posicional del lehendakari ha coincidido con la visualización del acuerdo presupuestario que sitúa al PSE-EE como aliado preferente. La líder socialista, Idoia Mendia, no ha cejado en el empeño de incorporar a los nacionalistas a la propuesta de la reforma constitucional. Ahora ya sabe que el PNV no lo considera prioritario para alcanzar su propósito.

Urkullu ha radiografiado ante el Rey un postulado político en el que se mantiene imperturbable desde el inicio de la legislatura y sobre la que basa la impronta de su gestión. No por disponer de un mayor calado informativo el lehendakari antepuso la reivindicación del modelo de autogobierno. Volvió a priorizar su preocupación por la salida de la crisis y el mantenimiento de los servicios públicos, coincidiendo con el sentir mayoritario de la sociedad vasca.

Tras el encuentro, Felipe VI ya sabe que Euskadi no desafiará al Estado, pero que tampoco olvide que su mayoría política de hondo calado identitario va a ser implacable en la exigencia de una nueva relación jurídica. Y que, además, inserta en Europa la proyección de sus aspiraciones convencida de que es ahí el nuevo marco para que las autonomías participen de un proyecto político de futuro.

Por tanto, ya hay materia para el debate en la ponencia del autogobierno aunque, de mometo, asome el vértigo cuando se piensa en cómo alcanzar el consenso. Desde la simple reactualización del Estatuto hasta el reconocimiento nacional de Euskal Herria mira que si hay recorrido.

ETA mira a Estrasburgo

Por: Juan Mari Gastaca | 16 nov 2014

Preso6
ETA
ha vuelto a asomar. Lo han hecho sus presos, su auténtica razón de ser. Y al hacerlo se han vuelto a multiplicar con tanto eco las interpretaciones sobre la intención de su gesto que hasta los propios abogados de los internos etarras se han sorprendido. Fuera de las prisiones se entendía con cierto alborozo que el colectivo EPPK se había decantado por las vías judiciales y que así se evitaba la cronificación de su inmovilismo, siempre exasperante. Los letrados ya sabían que en las cárceles no se querían ir tan lejos y de ahí la sorpresa por el alboroto.

Hay un indisimulado deseo de las fuerzas nacionalistas para que ETA no diluya las expectativas sobre la auténtica razón de su rechazo a la violencia. EH Bildu y PNV quieren que la banda terrorista se aproxime a las exigencias que propician la vía Nanclares, la vía Zaballa. Que tome la vía judicial, sí, pero que respete los códigos exigibles para que las peticiones individuales de un acercamiento a las cárceles vascas sean atendidas.

Pero ETA vive en su mundo y sobre esta realidad endogámica ha trazado su estrategia. Quizá en un golpe de candidez se había creído desde que este lado de la orilla democrática que el segundo intento de decenas de presos por acabar con una dispersión -ahora mismo difícil de justificar- conllevaría un ejercicio de la lección aprendida. Craso error.

No habrá ejercicio alguno de resignación ni de reconocimiento del daño causado. Otra oportunidad perdida. En su debate interno, el EPPK y con ellos el colectivo de abogados que pasan a limpio sus reflexiones consideran que ya han hecho esta contricción. Nada mejor que crearte tus propios códigos para cumplirlos con más facilidad. Así se explica más fácilmente que los defensores de muchos presos se sorprendieran por la atención informativa prestada a esta nueva oleada de peticiones individuales.

ETA no piensa en la fase de Instituciones Penitenciarias como una solución viable. Más al contrario, entiende que el Gobierno central ya es una oportunidad agotada para apurar sus exigencias. Por eso, al elegir la vía judicial -que representa todo un ejercicio de reconocimiento del Estado de Derecho- proyecta su auténtica apuesta: mirar al límite, agotar el recorrido que le lleve al Tribunal de Estrasburgo, donde algunas reivindicaciones que no les han sido ajenas han conseguido sacar los colores democráticos a España en más de una ocasión.

Por lo tanto, ETA sigue jugando su propio partido, escenificando su suerte por una vía propia, sin esperar a la suerte del difícil entendimiento entre los Gobierno vasco y central sobre una flexibilización del régimen penitenciario. La banda terrorista lo hace, además, desde una posición de sujeto paciente como evidencian las denuncias que acompañarán a las peticiones individuales del fin de la dispersión. Y en el Parlamento vasco hablando de paz y convivencia.

Se sabía: hay que hablar

Por: Juan Mari Gastaca | 09 nov 2014

La foto (3)
El pulso soberanista de Cataluña
antes de llegar a las mesas improvisadas del 9-N era un partido del que se sabía su resultado de antemano. No podía existir otro desenlace que el diálogo, al que ahora se ven abocadas las dos partes, pero en medio de una desconfianza mutua y jaleados por el antagónica interés de sus enconados seguidores. Solo la ceguera intencionada de Mariano Rajoy -mucho más presionado ahora que antes en medio de una incómoda situación interna de su partido- ha servido para retrasar el previsible marcador final. Ha sido desafortunadamente el tiempo suficiente para caldear el ambiente y anteponer en cada minuto de espera la pasión a la razón.

La reivindicación mayoritaria en Cataluña del derecho a decidir, primero, como paso previo a conocer, después, la voluntad sobre una posible independencia no debería distraerse con valoraciones numéricas ni legalistas. Por encima del dato resultante -que tiene su peso, por supuesto- cuenta la imagen de una magna expresión libre y democrática que supera toda táctica escapista a la que Madrid tendrá la tentación de enrocarse con alegatos alejados de una realidad palmaria.

Que empiece el diálogo mejor hoy que mañana. Y que al hacerlo nadie se siente a la mesa con la intención oculta del regate corto, del interés apremiante. Hay demasiado en juego como para porfiar un desenlace que todavía estresaría mucho más el desafecto acumulado después de tantos meses de irritación política, mediática y social.

Claro que el mañana de esta democrática jornada del 9-N, felizmente sin incidentes ante tanta provocación previa, llega condicionado. Cataluña y España ya no se miran igual; quizá para ser más precisos, se sienten más ajenos. Por eso, del grado de sensatez de quienes hasta ahora han preferido driblar la realidad depende sobremanera conseguir una recomposición tajante del diálogo bajo el horizonte permanente de que es imprescindible buscar una salida al acuerdo.

Es cierto que la legítima aspiración del pueblo catalán a pronunciarse sobre su marco jurídico no debió expresarse por medio del sonrojante simulacro que representa una votación sin censo electoral. Por contra, era la única forma menos lesiva para no trasgredir el mandato constitucional, pero, en cualquier caso, no es de recibo. Ahora bien, con la misma severidad debe concluirse que jamás se pudo imaginar una fórmula menos agresiva para resolver la mínima duda sobre cuál es el sentimiento mayoritario que impera en Cataluña, el clamor por decidir.

Ha servido este ensayo democrático para proyectar un expresivo mensaje a quienes siempre cuestionaron el músculo político de la reivindidación soberanista catalana. De paso, confirma también el pulso firme de un presidente de la Generalitat que ideológicamente jamás pensó hace dos años que lideraría un proceso histórico suficiente para descoser el armazón constitucional por medio de una incuestionable y necesaria reforma. Y todavía queda el refrendo de las elecciones plebiscitarias.

El País

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