Urkullu castigó el 'caso De Miguel'

Por: Juan Mari Gastaca | 11 mar 2015

Urkullu parla
Tiene razón Iñigo Urkullu en defender su diligente actuación al estallar el caso De Miguel. Puede jactarse, con razón y a diferencias de otros políticos, de la rotundidad de su inmediata reacción como presidente del EBB tras conocer el alcance de las primeras detenciones que golpeaban de lleno una imagen muy visible de su partido en Álava. No le tembló la mano en sus contundentes decisiones, encaminadas a delimitar con ejemplaridad que aquella trama incipiente no respondía a la marca PNV en la gestión institucional.

Hubiera sido de desear que otros burukides como Joseba Egibar, estrechamente vinculado a la sensibilidad política que los detenidos defendían, reaccionaran con la misma rotundidad que su presidente entonces. Resultó poco edificante que el portavoz parlamentario del PNV respaldase a aquella cohorte de imputados, alineados con el soberanista Iñaki Gerenabarrena, en su pulso rebelde para mantener su carné de afiliados, que finalmente acabaron entregando a regañadientes.

Por eso Urkullu está legitimado ahora para interpretar el auto judicial del caso De Miguel, que le enrabieta personal y políticamente. Ya lLe desagradó sobremanera el olor que desprendían las imputaciones y por eso no le tembló el pulso para encargar a Xabier Agirre que se procediera a una urgente renovación del ABB, excesivamente contaminado por los efectos de tan magno escándalo.

Desde entonces, el PNV se ha ido buscando políticamente en un territorio que, sin duda, no admite el mínimo resbalón debido a las exiguas diferencias electorales entre los partidos. Por eso ahora que las encuestas le sitúan con serias expectativas de gobierno es fácil comprender su lamento por el adverso golpe de efecto que entrañan los 180 folios de las supuestas ilegalidades cometidas por varios de sus dirigentes, afiliados y simpatizantes.

Nadie le podrá negar al PNV su resquemor sobre el momento político en el que se publica el contundente auto judicial. Pero tampoco es menos cierto que se ha asistido durante demasiado tiempo a una sucesión de trabas que han dilatado en exceso una instrucción de por sí enrevesada.

Con todo, haría bien el PNV en exhibir ante la sociedad -y en especial, la alavesa- la actuación de profunda higiene democrática de Iñigo Urkullu y, de paso, desmarcarse con absoluta claridad de quienes crearon su propia empresa y tejieron su red clientelar en beneficio propio utilizando la influencia que les proporcionaba su condición política. Y a partir de ahí simplemente que decida la justicia.

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Sobre el autor

Juan Mari Gastaca

, delegado de El País en Euskadi. Se abre aquí un hueco para intercambiar opiniones sobre la vida política que en esta tierra vasca no deja a nadie indiferente y mucho menos cuando llegan unas elecciones.

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