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Valencia y la independencia de Cataluña

Por: | 06 de mayo de 2014

El cantante Raimon ha expresado en una entrevista sus dudas y su incomodidad acerca del proceso independentista que vive Cataluña. Su sinceridad, desmarcándose del frente que defiende esta opción, objetando la desinformación que la envuelve y mostrando su inquietud por las consecuencias que tendría para los valencianos, ha suscitado algunas incomprensiones en su clientela sociológica, cuando no una reacción cataplásmica no exenta de paternalismos. Y no es para menos porque la de Raimon es una opinión demasiado cualificada como para someterla al veredicto de la caricatura.

Pero aparte de la pesadumbre o regocijo que haya podido causar su observación entre propios y extraños, su opinión marca un punto de inflexión en un debate cuyos bordes parecían tan bien definidos como persistentes y no lo son en absoluto. Por lo demás, Raimon apunta un asunto crucial al recelar del impacto que la hipotética independencia catalana tendría sobre la Comunidad Valenciana. Más allá del aliento que el proceso está dando al anticatalanismo local, que la derecha ha glorificado como un dogma por sus beneficios electorales, y de cómo lo intensificaría una frontera dura, la independencia de Cataluña en situación de confrontación supondría seguramente un desastre para la Comunidad Valenciana.

Raimon, en la exposición sobre su trayectoria en l'Arts Santa Mónica de Barcelona (JOAN SÁNCHEZ).

Buena parte de los logros del Consell frente al Gobierno central (en financiación, en infraestructuras…) lo han sido gracias al empuje de Cataluña y a su papel decisivo en el debate autonómico. Desaparecida esa referencia y liderazgo, y conocida la docilidad de socialistas y populares valencianos ante Ferraz y Génova, a la Comunidad Valenciana, a menos que se sustanciara un radical vuelco electoral con otras siglas, solo le cabría la vía muerta o el arrastre en un despersonalizado pelotón de cola. Por no hablar del alcance de la fracturación cultural, social y comercial y la consagración de la Comunidad Valenciana como árido de relleno del nuevo Estado autonómico. ¿Qué clase de materia ocuparía ese vacío en el debate autonómico español? ¿Dónde se sustentaría la estrategia territorial y económica mediterránea que se ha ido articulando en los últimos años por encima de los prejuicios?

Aunque puede que, después de todo, Cataluña tampoco esté interesada (habría que preguntárselo) en otro tipo de relación con España que no sea la independencia (planteada como remedio universal a todos los males), ni mucho menos en la suerte de la Comunidad Valenciana, puesto que siempre ha sido más determinante su frustración ultrapirenaica y su sugestión bipolar (Madrid-Barcelona) que su posición en la dorsal mediterránea, que es donde debió hacer pie. Cataluña siempre estuvo tratando de fugarse hacia arriba, incluso después de haberse dado de bruces con la realidad en la batalla de Muret, en 1213, mientras Castilla ya había conquistado media España. Hasta que no tuvo la puerta de los Pirineos en las narices no miró hacia Mallorca y Valencia, pero solo le duró hasta la primera guerra mundial, cuando la abstracción de las potencias en el desastre la convirtió en el puerto y el centro de producción de Europa. Entonces, crecida sobre sí misma, descubrió a Madrid y esa paranoia hizo que, en contra de lo que patrocina para su conveniencia el anticatalanismo valenciano, se olvidara de Valencia y Mallorca.    

Fabra se monta su Ucrania-Rusia

Por: | 01 de abril de 2014

El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, decidió hace unos días no asistir a la Feria de Turismo de Moscú como desplante a Putin por su comportamiento con Ucrania y la anexión de Crimea. Fue un gesto ciertamente insólito (nadie en España ha tenido una ocurrencia similar, aunque su singularidad no superó los ecos locales). Incluso hubiese podido parecer gratuito si no fuera porque los hoteles de la costa de la provincia de Alicante esperan a 100.000 rusos este verano y Rusia ya se ha convertido en el principal comprador extranjero de vivienda en la Comunidad Valenciana. Y porque, como era de esperar, cabreó a los empresarios del sector, a los  que abandonó en el viaje, por haber generado un alarmismo contraproducente para la economía valenciana.

Alberto Fabra en la Romeria de les Canyes de Castellón (ÀNGEL SÁNCHEZ).


No es el único caso en los últimos días en el que Fabra ha hecho pie sobre Putin y la situación que viven Ucrania y Crimea. Y no por una súbita propensión a moverse y significarse en el tablero internacional, sino porque en el fondo, el presidente de la Generalitat no está haciendo sino un simbolista juego de espejos para tratar de secuestrar el debate hacia donde le conviene, que es más allá de la realidad de su jurisdicción. En ese sentido, en una de sus prolijas entrevistas falleras, el presidente de la Generalitat aludió sin ningún rubor al “espíritu expansionista” de Cataluña (Rusia) y a la “barrera” que supone la Comunidad Valenciana (Ucrania) mientras él esté al frente para frenarlo. Y, como si se estuviese desgarrando nuestro hipotético istmo de Perekop, previno del riesgo de que puedan llegar al poder “los partidos que coquetean con el afán expansionista catalán”, que no son otros que los que según todas las encuestas pueden apear al PP de la Generalitat tras 20 años.


Para Fabra, Cataluña (Rusia) es el principal problema de la Comunidad Valenciana (Ucrania), un territorio en trepidante retroceso económico y social (Funcas), cuyo Producto Interior Bruto per cápita, en paridad del poder adquisitivo, está 15 puntos por debajo de la media de la Unión Europea (Eurostat) y que tendrá que recortar otros 1.000 millones por haber incumplido el objetivo de déficit. Hasta el extremo de que el punto suculento de su conferencia-mitin ‘Mi visión de Europa’, que estos días representa por varias ciudades, es que la presunta independencia de Cataluña pone en riesgo una infraestructura básica para los valencianos como el corredor ferroviario mediterráneo. Fabra es incapaz de hablar de la Comunidad Valenciana sin la apócrifa amenaza de Cataluña y Artur Mas (Putin). Huye de la realidad. Se monta su teatrillo.

La mochila de Ximo Puig

Por: | 28 de enero de 2014

Uno de los mensajes más contundentes de la presentación en sociedad de la candidatura de Ximo Puig a las primarias del PSPV ha sido, sin duda, el elenco que revoloteó junto al candidato durante los primeros fogonazos de los fotógrafos. La fotografía de José Jordán, siendo certera, solo muestra una parte de la cara oculta de Puig, o lo que se conoce como “la mochila”. A ese panal de rica miel que se supone que es la nueva oportunidad de poder que representa Puig ante el hundimiento del PP acudieron muchos más de los de siempre, empujando y haciéndose sitio para ese momento supremo por el que han estado hibernando y que parece ya inaplazable. ¿Pero acaso Puig no es también uno de ellos, de los de siempre? ¿No forma parte de la mochila?

Ximo Puig es aclamado en la presentación de su candidatura (JOSÉ JORDÁN)

El principal reto de Puig es afrontar el futuro con los pies en el pasado y con personajes pretéritos (en algunos casos, amortizados; en muchos otros, obsoletos). ¿Lo podría hacer de otra forma sin traicionar su propia naturaleza? Complicado. ¿Lo logrará? Cosas más imposibles se han sustanciado. La situación a la que se enfrenta el PSPV se parece mucho a la historia del socialismo valenciano. El partido ha pasado 20 años en la oposición sin haberse sometido a una catarsis, sin haber renovado de forma sustancial el paisaje y con el drama, en consecuencia, de no resultar atractivo para los jóvenes. Los viejos actores se maquillan para una nueva obra. ¿Resultará convincente? Irene Papas supo que solo podía representar a Hécuba cuando no tenía edad para hacer creíble el papel de Helena, aunque la tragedia también era su mochila.

El PP y el tabú identitario del 'trencadís'

Por: | 15 de enero de 2014

La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, ha instado a los valencianos a no hablar del desprendimiento del trencadís que recubre el Palau de Les Arts “porque no nos beneficia”. En ese mismo tono, en una entrevista al periódico Levante, el exconsejero Alejandro Font de Mora, hombre de letras que se postuló para escribir la letra del pasodoble dedicado a Francisco Camps, sermoneó a los valencianos con la parábola de que la torre Eiffel también  tiene partes oxidadas pero a ningún francés se le ocurre sacarlo en los medios de comunicación. Así están las cosas. Si poner de relieve los errores para corregirlos y evitar su repetición es la base de la superación y del progreso, ¿por qué hay que mirar hacia otro lado en el caso la pifia de Santiago Calatrava en el Palau de Les Arts de Valencia?

Trencadís

¿A quiénes “no nos beneficia” que se llegue hasta la médula de un problema que acarrea graves consecuencias económicas y cuya gestión chapucera supone una tomadura de pelo a los valencianos? ¿A qué clase de patriotismo masoquista se está apelando desde el Partido Popular y con qué objeto? Y lo que es peor: el uso patrimonial del colectivo. ¿Qué concepto se tiene de los valencianos para disponer lo que es o no conveniente para ellos en función de los intereses de las siglas? Lo cual nos lleva a la última pregunta: ¿qué pretende el PP que sea ser valencianos? ¿Seguir a rabo borrego los preceptos que dicta el partido? Es decir, ¿un pack de pasividad, sumisión, estrépito festivo, inflamación centrípeta, odio a Cataluña, repugnancia hacia la diversidad política e incontinencia reverberante de la insubstancialidad?

Fabra se cae a trozos, como el trencadís

Por: | 10 de enero de 2014

El presidente Alberto Fabra jugando a pelota.El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, ha marcado un nuevo suelo en su inapelable desplome político. Tras darse de bruces  con la pretensión de que el Gobierno central aplicara el nuevo sistema de financiación con carácter retroactivo a fecha de uno de enero,  puso en marcha la indicación del comité de sabios de pedir un aportación extraordinaria de 1.500 millones de euros para evitar el colapso financiero de la Generalitat. Incluso presumió de que el ministro Cristóbal Montoro, con quien dijo haberse reunido, estaba trabajando para conceder este fondo de nivelación.  Sin embargo, el Ministerio de Hacienda, del que es titular Montoro, emitió un comunicado horas después descartando estas aportaciones extraordinarias que Fabra ya celebraba.El fogonazo de esta desautorización proyecta sobre el muro gótico del Palau de la Generalitat el exacto tamaño que tiene Fabra en su partido: cero. Y por desgracia para los valencianos, el que tiene la Generalitat en la mesa de decisiones del Estado. Si la situación económica de Generalitat es insostenible (además de la soga al cuello de los 30.000 millones de deuda, no puede hacer frente al mantenimiento de los servicios sanitarios y educativos), la situación política del presidente no lo es menos. Fabra ha marcado un mínimo histórico al frente de la institución y en su propio partido, a tono con la descomposición sistémica que sufre la gestión y la obra de los Gobiernos populares y la metástasis judicial que los mortifica. El presidente, sin embargo, no se da por aludido ni se siente interpelado, arrastrando en su caída, como el trencadís del Palau de les Arts, a la Generalitat y a su partido.  

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Sobre el blog

La Comunidad Valenciana es el resultado de un proceso acumulativo en el que lo que nunca parece terminar se superpone a lo que nunca acaba de llegar, y viceversa. Pero esa tensión entre la marcha atrás y la directa, entre la fosilización y la vanguardia, libera una gran energía que solemniza nuestras incongruencias y aciertos en sumarios judiciales o tratados de estética. Este blog centra comentarios sobre lo que convulsiona ese territorio.

Sobre el autor

Miquel Alberola

. Nací en Valencia (El Carme) en 1958, aunque soy de pueblo (Quatretonda). Estoy en esto desde casi siempre y no he podido sacudirme todas las dudas del principio. Soy subdelegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana.

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