Barcelona 92 (columna en Pantallas del 31 de diciembre de 2011)

Por: | 18 de enero de 2012

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Es imposible no asociar el ritual de frases hechas, tópicos sonrojantes (solo desde el masoquismo o la idiotez ilimitada se pueden escuchar las retransmisiones del fútbol en Telemadrid), impunes barbaridades contra el diccionario, la comunión absoluta entre los cretinos interrogantes de los entrevistadores y las siempre previsibles y huecas respuestas de los entrevistados, con el tratamiento mayoritario que recibe el deporte en la televisión. En la seguridad por parte de los directivos de esa grotesca forma de retratar el deporte de que el nivel mental de los receptores no solo es vulgar sino que está emparentado con la oligofrenia.

Un individuo foráneo llamado Michael Robinson, que a pesar de hacerse líos muy cómicos en frases y palabras puntuales con el idioma español siempre se expresa con inteligencia, ironía, calidez y gracia, demuestra desde hace mucho tiempo que hablar del deporte puede hacerse con arte, conocimiento, originalidad, penetración, estilo y sentimiento. Su programa Informe Robinson es un lujo progresivo, abordando historias individuales o colectivas, revelando lo que nunca se ha contado, haciendo hablar a gente que siempre ha sido parca o secreta, cuidando las imágenes. Su última entrega, dedicada a los Juegos Olímpicos de Barcelona, era modélica. Recogiendo el testimonio de políticos que olvidaron sus diferencias en nombre del interes común, el suspense de esa flecha legendaria buscando su objetivo, los recuerdos de deportistas que conocieron al menos una vez en su vida ese momento de éxtasis que les va a acompañar hasta el último día, el abandono del subdesarrolismo y los justificados complejos en el deporte español, la sensación de haber visto y sentido algo irrepetible observando lo que era capaz de hacer el Dream Team de los Jordan, Bird, Johnson y demás.

Esta noche me deja sin argumentos ni ganas de maldecir a la casi siempre bochornosa televisión. La biografía del cardenal Tarancón, que ha dirigido Antonio Hernández, es muy digna. Hay cosas que chirrían, pero son pocas. José Sancho está muy creíble componiendo a aquel admirable malabarista de la política, a ese cura que comprendió que todo debía cambiar, a alguien rocoso, sensato y valiente que se convirtió en la pesadilla del dragón.

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Territorio Boyero

Sobre el blog

Las películas, las series, las canciones, los libros, la comida y la bebida, el sexo y sus selvas, los viajes y sus imponderables, los festivales, la gente, la vida... este es el ancho mundo en el que se incrusta el 'Territorio Boyero': una exhaustiva amalgama de lo escrito y dicho por el más corrosivo de nuestros cronistas...

Sobre el autor

Carlos Boyero es crítico de cine y de televisión en las páginas de EL PAÍS. Cada jueves, su encuentro digital y su videochat son seguidos por decenas de miles de lectores.

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