Antonio Estella

Sobre el autor

es Catedrático Jean Monnet de Gobernanza Económica Global y Europea y Profesor Titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Es doctor en derecho por el Instituto Universitario Europeo y posee un master en Derecho Europeo por la Universidad Libre de Bruselas. Es promotor y miembro del Grupo de Trabajo 'Plan B', dedicado a realizar propuestas alternativas a las salidas de la actual crisis económica.

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El cuadro macro-político de Rajoy

Por: | 30 de abril de 2012

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El análisis del cuadro macro-económico de nuestro país quedaría incompleto si no le sumáramos el del cuadro macro-político con el que el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuenta. Hace unas semanas Rajoy nos sorprendió a todos diciendo que “la cuestión del déficit no se cierra hasta Junio”. Su alusión al “semestre europeo” (el procedimiento a través del cual la Comisión Europea controla y coordina, fundamentalmente, la elaboración de los respectivos presupuestos de los Estados Miembros) no es sino una mera formalidad que no convence a nadie (cuando el Gobierno ha querido, se ha saltado la obligación de presentar un proyecto de presupuestos en tiempo y forma). ¿Por qué, pues, en Junio, y no en otro momento?

Ahora ya empezamos a tener más pistas para entender por qué el Presidente del gobierno indicó esa fecha. La canciller alemana, Angela Merkel, nos ha sorprendido a su vez a todos este fin de semana al defender la necesidad de que Europa adopte una “Agenda de Crecimiento”. ¿Ha sufrido la Canciller una epifanía? En realidad, no. Creo que lo que está pasando se parece bastante a lo que voy a relatar a continuación.

Todos recordaremos que uno de los primeros viajes oficiales que hizo Rajoy una vez que fue investido Presidente del Gobierno fue a Alemania. Trascendió bastante poco de esa reunión, simplemente, que Rajoy estaba comprometido con un intenso programa de reformas estructurales en nuestro país que, bajo la égida de la austeridad, nos conduciría a ir cumpliendo el objetivo de déficit marcado en nuestro Plan de Estabilidad. Merkel dio la mano a Rajoy como forma de escenificar el apoyo alemán a esa línea de actuación. ¿Y nada más, nos preguntamos los demás?

Si, hubo algo más, debió haber algo más. Lo que hubo fue un calendario concreto de actuación. Lo que hubo fue, además de un compromiso explícito por la austeridad, un pacto implícito por el crecimiento.

Hubo un calendario. Ambos mandatarios sabían perfectamente que la crisis se ha convertido en una engulle-gobiernos, sobre todo para los países del sur, que son los que más problemas están experimentando en estos momentos. Merkel y Rajoy sabían que el Gobierno español sufriría un desgaste de la máxima intensidad como consecuencia de las reformas que Merkel quiere que España haga. Seis meses parece un plazo razonable. “Tú, Mariano, haz el máximo de reformas que puedas hacer en ese tiempo; yo, Angela, acudiré en tu ayuda hacia la segunda parte del año. Pero para poder hacerlo, necesito demostrar que estás firmemente anclado a tu compromiso con la austeridad. Si no, no te podré ayudar”. De ahí, que el Presidente del gobierno se haya visto impelido a adoptar una Ley de Estabilidad Presupuestaria en la que se consagra el déficit cero.

Hubo, también, un pacto implícito. El pacto implícito, no anunciado, pero sí acordado, es que Merkel empezaría a hacer guiños hacia la segunda parte del año a una cierta flexibilización de su hasta ahora intransigente postura en relación con la austeridad: el paquete va desde la asunción de los eurobonos, el impuesto de transacciones financieras, la flexibilización del MEDE con objeto de que pueda realizar rescates a sectores específicos, la flexibilización de los objetivos de déficit de los Estados Miembros, la adopción de medidas para expandir la demanda alemana (aumento de salarios y pensiones) hasta, quizá, la reforma de los Estatutos del BCE para que esta institución pueda convertirse en prestamista de última instancia.

Por tanto, el supuesto “giro de Merkel” no es tal. Todo estaba calculado y hasta pactado. Pactado sobre todo con España e Italia, que son los puntos negros de la zona euro en estos momentos (too big to fall). La previsible victoria de Hollande en Francia no es lo que ha hecho variar de planes a la Canciller, ni siquiera adelantarlos: era evidente que, siendo el pronóstico electoral favorable a Hollande, este era el momento de anunciarlo, de tal manera que si gana, Francia no pueda escenificar que le ha torcido la mano al gigante alemán.

Rajoy cuenta con este cuadro macro-político desde el primer minuto de juego. Teniendo en cuenta las nada halagüeñas perspectivas macro-económicas de nuestro país, como recientemente nos ha recordado el FMI en su World Economic Outlook de Abril 2012, si las cosas no cambian, será imposible no ya solamente volver a revalidar mayoría en 2015, sino incluso mantenerse toda la legislatura en el gobierno. Rajoy depende de que el cuadro macro-político que hemos relatado aquí se cumpla. Si se cumple, tendrá opciones de sobrevivir. Si Merkel incumple lo implícitamente pactado, adieu, Rajoy.

 

Hollande y la Reforma del “Fiscal Compact”

Por: | 23 de abril de 2012

Foto Hollande

Si se confirma la tendencia que marca la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, el próximo 6 de Mayo tendremos un Presidente socialista en el Elíseo. Tuve la fortuna de conocer a François Hollande el pasado mes de Marzo, en un acto organizado por varias fundaciones socialdemócratas europeas y auspiciado por FEPS, la Fundación de los Socialistas Europeos. El encuentro estuvo enteramente dedicado a Europa, y ya el nombre, Renaissance pour l’Europe (Renacimiento Europeo) lo dice todo. Parece que los socialistas franceses se han vuelto a tomar el serio la “cuestión Europea” y están completamente decididos a retomar la iniciativa, perdida a lo largo del último decenio, en este terreno.

El discurso que François Hollande pronunció en el emblemático Cirque d'Hiver con motivo del encuentro al que me refiero me sorprendió de manera muy positiva. Fue una mezcla de realismo y de optimismo. Hollande huyó, por un lado, de pedirle a Europa cosas que todos sabemos que la Unión es incapaz de ofrecer por lo menos en estos momentos; pero por otro lado, trazó una hoja de ruta de reforma institucional y de políticas muy interesante, destinada a que la Unión empiece a hacer lo que sí que puede hacer: dar respuesta a las demandas más importantes de sus ciudadanos.

Uno de los aspectos más polémicos del discurso de Hollande fue su anuncio de no ratificar el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria, el llamado Fiscal Compact, y de renegociarlo si legaba al Elíseo. Como parece que esto es  en estos momentos algo más que una mera posibilidad, creo que tiene sentido que nos detengamos un instante en analizar en qué situación se encuentra esta pieza fundamental de la Gobernanza Económica europea, cómo podría articularse su renegociación y qué aspectos podrían y deberían adicionarse a lo que ya tenemos.

Por el momento, 25 Estados han firmado el Fiscal Compact, pero solamente el Parlamento de uno de ellos lo ha aprobado con vistas a la ratificación, Portugal. Los demás Estados Miembros han sido más cautos que nuestro vecino luso, y ante el anuncio de Hollande, y la posibilidad real de que éste gane las elecciones, han ralentizado sus respectivos procedimientos de ratificación del Fiscal Compact. Actualmente, recordemos que el Fiscal Compact establece un límite del 0,5% del PIB de déficit estructural que puede ampliarse hasta el 1% cuando las circunstancias económicas sean especialmente críticas. Por otro lado, aunque el Tratado menciona el crecimiento y el empleo, lo hace de una manera meramente circunstancial. No hay ninguna medida concreta en estos dos ámbitos en el Fiscal Compact.

Precisamente por ello, el Fiscal Compact ha sido muy criticado por parte de fuerzas progresistas y también de un determinado sector de la academia. No se le critica tanto por su compromiso con la austeridad (aunque mucho habría que decir sobre los límites que específicamente se establecen) sino por su carácter incompleto. Faltan medidas concretas sobre crecimiento y empleo. Y sería bueno que esas medidas figuraran en el propio Fiscal Compact, y no en otro texto o en otro programa, como forma de escenificar que la lucha por el equilibrio de las balanzas fiscales en Europa solamente es un instrumento (y no un fin en sí mismo) para recuperar el crecimiento y crear empleo.

 

De manera muy específica, el Fiscal Compact debería incluir, por tanto, los siguientes elementos:

 

  1. Debería establecer un Fondo específico para estimular el crecimiento de la Economía de la Unión Europea, de acuerdo con la Estrategia 2020. Este Fondo provendría enteramente de los recursos propios de la Unión Europea, y se financiaría en parte a través del establecimiento de un Impuesto sobre las Transacciones Financieras y de un impuesto sobre las emisiones de Co2 al medio ambiente.
  2. Debería establecer, adicionalmente, un Fondo específico para la lucha contra el desempleo, sobre todo de larga duración, y también de acuerdo con la Estrategia 2020. Como ya hemos mencionado en una entrada anterior en The Screwdriver, este Fondo contribuiría no solamente en la parte “activa” de la lucha contra el desempleo (esencialmente, formación de parados) sino que también debería estar implicado en atender la parte “pasiva” (esencialmente, pago de prestaciones por desempleo) con lo que parte de la factura que pagan determinados Estados Miembros –como el nuestro- como consecuencia de los profundos shocks de ajuste de sus respectivos mercados laborales sería compartida por todos los Estados Miembros y descontada de la contabilidad nacional a efectos del cálculo del déficit.

 

La reforma del Fiscal Compact para incluir estos dos aspectos que menciono es posible: como se trata de un Tratado intergubernamental (internacional), basta para enmendarlo un acuerdo entre los 25 Estados Miembros que en su momento lo firmaron. Solamente el Parlamento portugués debería re-aprobar el Fiscal Compact. Por eso aconsejo a los gobiernos nacionales, entre otros al nuestro, que esperen a ver qué pasa el 6 de Mayo antes de ratificar el Fiscal Compact.

Por un Pacto Socio-Económico en España

Por: | 19 de abril de 2012

Handshake
Esta primera entrada en The Screwdriver quiere ser una apelación a la responsabilidad de todos los actores políticos, sociales y económicos de nuestro país. La situación económica que estamos viviendo en estos momentos exige que todos y cada uno de nosotros trabaje a favor de que España consiga salir de la crisis económica cuanto antes y de manera reforzada. Cada vez hay más voces que, abandonando la trinchera ideológica de cada cual, piden a gritos que todos nos pongamos a remar en la misma dirección. A que busquemos nuestro particular “equilibrio de Nash”, es decir, aquella situación en la que intereses particulares y generales salen reforzados, al mismo tiempo. España necesita ahora más que nunca un Pacto en materia socio-económica. Situaciones como las que hemos vivido la semana pasada, en la que los dos grandes partidos de este país han sido incapaces de ponerse de acuerdo en la fundamental Ley de Estabilidad Presupuestaria, no pueden volver a repetirse.

¿Cuáles son, más concretamente, los argumentos a favor de esta propuesta? Fundamentalmente, dos. Primero, aunque no lo digamos en público, en privado todos sabemos que gobernara quien gobernara, PP o PSOE estarían haciendo cosas muy similares. Y muy similares, en casi todos los sectores: recomiendo a todos los que no lo hayan hecho, la lectura del excelente artículo de Guillermo de la Dehesa (no precisamente un azul convicto y confeso)  apuntando argumentos a favor de la reforma laboral que ha implementado el PP.  La realidad es que nuestra política económica está dirigida hoy en día por variables exógenas y actores internacionales que apenas casi dejan margen de maniobra para que los gobiernos hagan cosas diferentes. Esto es así, no hay una conspiración neo-liberal de proporciones planetarias para estrechar los márgenes del Estado del Bienestar, beneficiar a los ricos y crear más desigualdad. La izquierda debería tomar nota de ello.

Pero, por otro lado, una cosa es el diagnóstico y otra la receta que se aplique para que el enfermo salga del hospital. Basta con mirar lo que se está haciendo en Estados Unidos y en la Unión Europea para combatir a la crisis. Se trata de la misma música de austeridad y contención, pero la letra es algo diferente. Mientras en Estados Unidos se está llegando a una fórmula algo más equilibrada entre ambas, en la Unión Europea se está apostando sobre todo por la primera y casi nada por la segunda. La derecha debería tomar nota de ello.

La aplicación de una fórmula más equilibrada solamente puede venir de Europa, los Estados Miembros no tienen ya margen para hacer casi nada por sí solos. Para situarnos en ese estrecho margen que se llama Europa, España necesita un Pacto en materia económica y también en materia social. Ningún partido podrá por si solo convencer al resto de los socios europeos de que la situación española es diferente a todas las demás y de que necesitamos hacer algo más de lo que estamos haciendo para que España no caiga, y con ella, posiblemente el euro.

 

El Pacto que propongo en estas líneas debería girar en torno a los cinco ejes siguientes:

 

  1. Solicitar a la autoridades de la Unión Europea, del Euro-grupo, y al eje franco-alemán, que aumenten el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) hasta 1 billón de euros; solicitar que se dote a este mecanismo de la mayor flexibilidad posible para ayudar a aquellos países que, como España, tengan graves problemas en sus respectivos sectores financieros como consecuencia del pinchazo de la burbuja inmobiliaria
  2. Promover una reforma de los estatutos del Banco Central Europeo que incluya dos medidas: primera, que el BCE pueda asumir directamente el papel de prestamista de última instancia; y segundo, que se otorgue al BCE el mandato adicional de luchar contra el desempleo
  3. Que se reorienten los presupuestos comunitarios de tal manera que se cree un Fondo Especial para la Lucha contra el Desempleo a favor de países como España, Grecia, Portugal (…) que están sufriendo profundos shocks en sus mercados de trabajo. Dicho Fondo estaría compuesto de una parte pasiva (prestaciones por desempleo, ayudas a la reconversión) y activa (invertir, de acuerdo con la Estrategia 2020, en formación de parados de larga duración)
  4. Que se acuerden aquellos aspectos de nuestro sistema de educación y sanidad públicos que pueden ser objeto de futuros recortes, y aquellos que en cualquier caso se mantendrán, independientemente de cual sea el momento del ciclo económico en el que nos encontremos. Esta dimensión del Pacto Socio-Económico que se propugna debería tener reflejo constitucional, y luego debería ser desarrollada por una ley específica.
  5. Pactar, en su trámite de discusión de enmiendas en el Senado, la Ley de Estabilidad Presupuestaria.

Creo que todos tendríamos mucho que ganar con un Pacto de estas características. El PSOE, porque ello reforzaría su visibilidad y su credibilidad. El PP, porque le permitiría frenar el desgaste político que está sufriendo como consecuencia de la acción de gobierno. Y el país porque el Pacto sería un elemento más (uno más, lo sé: pero uno fundamental) que permitiría alejarnos de un rescate financiero a gran escala. Y ese es el objetivo nº 1 en estos momentos.

 

El País

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