Antonio Estella

Sobre el autor

es Catedrático Jean Monnet de Gobernanza Económica Global y Europea y Profesor Titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Es doctor en derecho por el Instituto Universitario Europeo y posee un master en Derecho Europeo por la Universidad Libre de Bruselas. Es promotor y miembro del Grupo de Trabajo 'Plan B', dedicado a realizar propuestas alternativas a las salidas de la actual crisis económica.

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Atrapados sin salida

Por: | 30 de mayo de 2012

Atrapado

Ya podemos hacer una reconstrucción aproximada de lo que ha pasado estos últimos días en la crisis de Bankia.

El gobierno de Mariano Rajoy pensó que con la inyección de deuda pública en Bankia directamente, sin pasar por los mercados, se podría resolver o amortiguar la precaria situación que vive esta entidad. Cuando nos enteramos todos por los periódicos el fin de semana de esta jugada, muchos pensamos que Rajoy había pactado con el Gobernador del BCE, Mario Draghi y Alemania, que el BCE le descontaría a Bankia una parte importante del papel recibido a través del gobierno. Hoy esas dudas se han disipado: no hubo (según ha señalado el propio Ministro de Guindos hoy) ninguna petición formal en este sentido. Informalmente puede que sí, pero en este caso, de haberla habido, es evidente que la respuesta ha tenido que ser negativa. Simplemente esta falta de previsión le debería valer a Rajoy su dimisión, por poner contra las cuerdas a nuestro país.

De ahí que el gobierno haya tenido que recular: hoy el Ministro de Guindos ya no habla de la opción de inyectar deuda pública en Bankia sin pasar por los mercados financieros, sino de hacer lo ortodoxo, que es emitir deuda pública pasando por los mercados financieros. Pero si el agujero de Bankia es de 23000 millones de euros, esto implica emitir un volumen de deuda para tapar el agujero amplio no, amplísimo. Además ello va a llevarle bastante tiempo al gobierno, no se coloca deuda soberana en los mercados financieros todos los días así como así.

Por tanto, el gobierno se encuentra, estos momentos, atrapado y sin salida, siempre que siga insistiendo en que no quiere hacer uso del FEEF para recapitalizar el sistema bancario español. Los cantos de sirena que han hablado hoy sobre la reforma del Acuerdo Marco del FEEF, para que los bancos puedan acudir directamente a su financiación, son solo eso, meros cantos de sirena. No hay que hacerles caso, porque todos sabemos que eso no llegará, y si llegara, sería dentro de algún tiempo, el suficiente como para que si no se toman medidas antes, el país colapse por completo.

España, su gobierno, debería hacer un ejercicio de responsabilidad histórica y pedir, de una vez por todas, la intervención del FEEF en nuestro sistema bancario, como remedio para evitar el default de nuestro país, la caída del euro y con ello el final del proyecto europeo.

 

¿Eurobonos? Depende

Por: | 25 de mayo de 2012

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El Consejo Europeo informal del pasado miércoles 23 de Mayo ha encallado en un tema muy específico: los eurobonos. Esto me lleva a presentaros las primeras intuiciones de una investigación académica en la que estoy trabajando en estos momentos, precisamente sobre este tema, los eurobonos.

La cuestión de si la Unión Europea debería emitir o no eurobonos es un tema aparentemente técnico; pero solamente en apariencia. Detrás del debate técnico se plantea una discusión de muy amplio calado político. En realidad, hay pocas cuestiones que toquen tanto la esencia política de la Unión, en estos momentos, como la de los eurobonos. Cuando nos planteamos el problema de los eurobonos en realidad nos estamos planteando qué queremos ser, qué tipo de Unión quiere ser Europa. Si avanzáramos decididamente hacia los eurobonos no podríamos estar mandando un mensaje más claro de que lo que queremos es, definitivamente, unirnos desde una perspectiva política. Porque los eurobonos se convertirían en el principal mecanismo de solidaridad entre los Estados Miembros.

En efecto, emitir eurobonos implicaría que los problemas de riesgo moral derivados de la emisión de deuda soberana serían compartidos por todos y cada uno de los Estados Miembros. Dicho de otra manera: implicaría que Alemania estaría garantizando el pago de, por ejemplo, la deuda soberana de España, Portugal, o Grecia. No hay ningún otro mecanismo en estos momentos en la UE que exprese tan bien como lo harían los eurobonos aquello de “E Pluribus Unum”: de muchos, sale solamente uno. La unidad definitiva de Europa.

Sin embargo, sí que tenemos que reparar en algunos aspectos técnicos. Porque no todas las propuestas que hay encima de la mesa equivalen a lo mismo. Refino: no todas las propuestas son equivalentes para países como, por ejemplo, España. Aquí hemos asumido muy rápidamente (y creo que sin pensarlo demasiado) por ejemplo la propuesta de Delpla y Von Weizsäcker de un sistema de eurobonos azules y rojos. El mecanismo sería el siguiente: los eurobonos azules serían los bonos comunitarios, a través de los cuales los Estados Miembros se podrían endeudar hasta el 60% del PIB que permiten los Tratados comunitarios. A partir de ahí los Estados Miembros podría emitir, individualmente, bonos “rojos”: es decir, España, por ejemplo, podría endeudarse por su cuenta, una vez alcanzado ese 60%.

¿Se imaginan lo que ocurriría de implantarse esta propuesta? Sí, lo han adivinado: que España sería incapaz de endeudarse más allá del 60% (o lo podría hacer pero a precios inasumibles, mucho más altos incluso que los actuales). Lógicamente, teniendo los bonos azules, el mercado no querría apostar por determinados países una vez traspasada la frontera del 60%. Dicho de otro modo: con este sistema, se pondría, ahora sí, una chaqueta de fuerza metálica a un país como el nuestro, que perdería cualquier soberanía fiscal para poder actuar de manera contra-cíclica.

Cuidado por tanto con los eurobonos. No todos los modelos que se están discutiendo ahora mismo tienen el mismo efecto para según qué país. Solamente un modelo que introdujera la flexibilidad necesaria para actuar con amplitud en períodos de recesión sería un modelo aceptable para países como el nuestro. Y es ahí precisamente donde está el problema: cuanto más flexible el modelo para países como el nuestro, menos interesados estarán los alemanes en apoyar este sistema. De ahí que en la cumbre del pasado miércoles, Alemania volviera a decir a esta interesantísima propuesta: Nein!

 

Sr. Presidente, pida ayuda ya

Por: | 21 de mayo de 2012

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Señor Presidente, pida ayuda al Fondo de Rescate para recapitalizar nuestro sistema financiero ya mismo. Tanto Ud. como yo sabemos que tarde o temprano tendrá que hacerlo: más vale por tanto más temprano que más tarde. Yo le cuento en este post cómo debería hacerlo.

Para empezar, hay que recordar que precisamente el verano pasado, el Consejo Europeo decidió hacer un cambio en las reglas que gobiernan el FEEF que pasó probablemente desapercibido, pero que no por ello tuvo menos trascendencia. Se acordó que el actual FEEF, es decir, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, que originalmente se ideó para intervenir Estados que ya no podían pagar sus deudas, pudiera ser empleado no solamente para eso, sino también para recapitalizar al sistema financiero de un país sin necesidad de rescatarle.

En efecto, el actual FEEF puede hacer ambas cosas: 1) rescatar a países; 2) recapitalizar sus sistemas financieros, sin que ello comporte un rescate al país. Ello figura en el “Acuerdo Marco” del FEEF, es decir, en la norma que regula su funcionamiento. El artículo clave es el 2,1º c) de dicho Acuerdo:

“To improve the effectiveness of EFSF and address contagion, Financial Assistance Facility Agreements to a euro-area Member State may consist of precautionary facilities or facilities to finance the re-capitalization of financial institutions in a euro-area Member State by way of a loan to the government of such Member State (whether or not it is a programmer country).  If a Financial Assistance Facility Agreement covers such Financial Assistance, the nature and terms of such agreement, including as to pricing, conditions to and procedures for disbursement or utilization, compliance with policy conditionality, administration, documentation and monitoring of compliance with policy conditionality shall be in accordance with guidelines to be adopted by the board of directors of EFSF acting with unanimity.”

Cuatro puntos a destacar:

1)      Se trata de “medidas preventivas” implementadas a través de un préstamo

2)      Por tanto, no estamos ante rescates, sino ante ayudas a un sector específico de la economía de un país

3)      El objeto principal de estas “medidas preventivas” es recapitalizar el sistema financiero de un país

4)      Con la finalidad última de evitar los contagios financieros a otros países

Es decir, verde y con asas: aunque no se cite, es una norma pensada para el caso español, una especie de traje cortado a medida para nosotros. Ahora viene la segunda parte, ¿cómo se activa el mecanismo del artículo 2.1ºc)?

Este aspecto se encuentra regulado en el artículo 2.1º a) del “Acuerdo Marco”. Omito su transcripción aquí porque es largo, complejo y detallado hasta el extremo. En esencia los pasos que hay que dar son los siguientes. Primero, el Estado Miembro que desee la ayuda tiene que realizar una petición formal al Euro-Grupo. Segundo, el Euro-Grupo autoriza a la Comisión Europea a que negocie con el Estado Beneficiario los términos del acuerdo. Y tercero, una vez se produce un acuerdo, el mismo es aprobado, por unanimidad, es decir, por todos y cada uno de los miembros del Euro-Grupo.

¿En que podría consistir el acuerdo en el caso español? Del lado del FEEF, en hacer una inyección de capital (a través de un préstamo que habría que devolver, no lo olvidemos, aunque en condiciones más ventajosas a las de mercado) al sistema financiero español de unos 150 mil millones de euros (en realidad se necesita más pero parte de lo que se necesita lo pondría el Estado español); y del lado español, el gobierno se tendría que comprometer a una re-estructuración definitiva de nuestro sistema financiero, de tal manera que al final solamente quedaran 3, a lo sumo cuatro, grandes entidades financieras en nuestro país. Por tanto, el coste para España en términos de lo que habría que hacer sería relativamente pequeño, porque las sucesivas reformas que se han ido adoptando en España sobre el sistema financiero español ya van en esa dirección. A finales de año el sistema financiero español volvería a estar saneado, drenaría crédito de nuevo a empresas y familias, y España tendría una oportunidad de volver a crecer.

En definitiva, en la foto de Rajoy y Merkel en barco de este fin de semana, faltaba una persona, que me habría gustado ver: Hollande.

 

Salir del euro: Grecia sí, España no

Por: | 16 de mayo de 2012

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Agradezco a todos los que habéis participado en el debate sobre Grecia: cómo salir del euro vuestras reflexiones y análisis. Ello ha motivado este segundo post, en el que trato una de las cuestiones que más me habéis preguntado y que más habéis comentado en vuestras entradas: si sale Grecia, ¿sale luego España del euro?

Muchos mensajes han ido en esa dirección. Pero de todos ellos, permitidme que seleccione uno, el de Isanova, quien me dice (cito textualmente su entrada):

“No sé si lo de ilustrar esta noticia con una dracma emporitana, esto es una acuñación de la colonia griega de Emporiton (Ampurias, España) va con segundas...”

Isanova expresa de manera metafórica y a mi juicio muy acertadamente la preocupación que muchos de nosotros tenemos, más en el día de hoy con la prima de riesgo rebasando la frontera psicológica de los 500 puntos: ¿caerá también España? Soy, sin embargo, más optimista que gente como Krugman, y que alguno de vosotros, porque creo que a diferencia de Grecia, España no saldrá del euro, siempre y cuando se haga lo siguiente. Primero, se emplee ya mismo el Fondo de Rescate (FEEF, el precursor del MEDE) para recapitalizar a la banca española; y segundo, el BCE pase a comprar deuda española, tanto privada como pública, ya mismo.

Lo primero es más sencillo que lo segundo, por eso en otros posts he privilegiado siempre esta opción. La razón es sencilla: el FEEF ya contempla esta posibilidad. En efecto, su artículo 2.1c) del “Acuerdo Marco” del FEEF, se pueden establecer medidas “preventivas” para, sin rescatar a un país, recapitalizar su sistema financiero, y evitar posibles contagios, siempre y cuando se cumplan toda una serie de condiciones. Recordemos que el FEEF tiene una potencia de fuego de 780 mil millones de euros, que no serían suficientes para rescatar a España, pero sí para recapitalizar su sistema financiero (se entiende que nuestro sistema financiero necesita unos 200 mil millones de euros de recapitalización).

Lo segundo, ampliar las capacidades de intervención del BCE, en lo tocante a los mercados de deuda soberana, es sin embargo más complicado. Desde un punto de vista regulatorio, fijémonos en lo que dice el art. 123 del TFUE (Tratado de Funcionamiento de la UE):

“Queda prohibida la autorización de descubiertos o la concesión de cualquier otro tipo de créditos por el Banco Central Europeo y por los bancos centrales de los Estados miembros, denominados en lo sucesivo «bancos centrales nacionales», en favor de instituciones, órganos u organismos de la Unión, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, así como la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el Banco Central Europeo o los bancos centrales nacionales”

Por tanto, para que el BCE pudiera hacer eso, tendría que operarse previamente una reforma de los Tratados, lo que es difícil y costoso, y a lo que en principio Alemania se opone. Todos estamos de acuerdo en señalar que este es uno de los mayores agujeros del sistema de gobernanza económica europea, que está causando innumerables problemas. El BCE puede, sin embargo, actuar de forma mucho más decidida en la compra de deuda de las entidades privadas (vid. el segundo párrafo de ese mismo artículo que acabo de citar) y lo que no entiende nadie es por qué no lo está haciendo de manera mucho más agresiva en relación con España, sobre todo cuando Alemania ya ha declarado que acepta “algo más” de inflación.

Si (insisto en el si) el FEEF actúa recapitalizando al sistema financiero español ya mismo (antes de que Grecia caiga), el BCE compra de forma masiva deuda emitida por los bancos españoles, y se opera una reforma del art. 123 TFUE que permita comprar al BCE deuda soberana, entonces España se salvará. Si no, tendremos problemas para mantenernos en el euro.

 

Grecia: cómo salir del euro

Por: | 14 de mayo de 2012

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Es un secreto a voces que nadie se atreve a decir en público pero que todos comentamos en privado: Grecia saldrá del euro a lo largo del año. Primero, la situación económica del país se hace cada día más insostenible. Segundo, la situación política, tras el resultado de las elecciones del pasado 6 de Mayo, ha complicado todavía más las cosas. Y tercero, desde un punto de vista social, el país ha llegado probablemente al punto de no retorno. Es imposible pedirles más sacrificios a los griegos. Pero sin más sacrificios el rescate financiero del país no tendrá continuidad. Ergo habrá salida del euro.

El problema que se plantea, como es bien conocido, es que más allá de las consideraciones económicas que tendría la salida de Grecia del euro, no está claro cómo, desde un punto de vista regulatorio e institucional, se hace para salir del euro. Los redactores del Tratado de Maastricht y su saga no previeron esta opción. Quizá fue un acto de ingenuidad: pensaban que el euro sería, siempre, una historia de éxito. Quizá fue un acto voluntario: nada mejor para dar credibilidad a la nueva moneda que no prever situaciones de abandono de la misma. Quien sabe. El caso es que, desde un punto de vista jurídico, no existe un procedimiento legalmente tasado que indique cómo se sale del euro.

Para empezar, tenemos un primer problema: un Estado, ¿se sale del euro o le sacan del euro? Lo primero es posible, como argumentaré ahora. Pero lo segundo es legalmente imposible. La UE no puede “sacar” del euro a nadie, formalmente al menos. Puede, eso sí, hacer todo lo posible para que un Estado se vea abocado a esa situación. Pero “echar” del euro no es posible, en función de un viejo principio general del derecho: las medidas de carácter sancionatorio (y esta lo sería, supremamente) tienen que estar expresamente previstas en una norma jurídica. Como esta medida no está prevista ni en los Tratados, ni en su legislación de desarrollo, no hay manera de expulsar a ningún Estado Miembro del euro.

Por tanto, se sale del euro, no te sacan de él. Pero incluso una vez sentada esta idea, ¿cómo se hace para salir del euro? De nuevo, no hay un procedimiento establecido. Algunos autores acuden al artículo 50 del Tratado de la Unión Europea. Así lo hace, por ejemplo, Hannes Hofmeister, quien en un excelente artículo (18 Colum. J. Eur. L. 111), de obligada lectura, explora esta conexión. Como sabemos, el art. 50 del TUE prevé la posibilidad de que un Estado Miembro decida retirarse de la Unión; pero nada dice de retirarse de una política específica de la Unión, como es la Unión Monetaria, y menos todavía sobre la retirada del euro. Bajo mi punto de vista, el art. 50 del TUE es un “take-it-or-leave-it”: o te retiras de la Unión o sigues en ella, pero no puedes estar en la Unión y retirarte de aspectos específicos de ella, sobre la base de esa disposición al menos.

¿Qué se puede hacer, por tanto? Grecia se podría salir unilateralmente del euro. Pero ni es lo más responsable, ni es lo que más reputación internacional daría a este país. Por tanto, mi recomendación es que se saliera pero respetando lo más posible la legalidad comunitaria. Para ello, Grecia debería hacer lo siguiente. Primero, manifestar de forma clara y expresa a las autoridades comunitarias que quiere abandonar el euro. Segundo, debería solicitar al Consejo la inaplicación de la Decisión del Consejo, de 19 de junio de 2000, que fue la que confirmó su entrada en el euro. Tercero, el Consejo emitiría otra decisión similar a la anterior en la que indicaría que Grecia ya no cumple los criterios de adhesión al euro y que en consecuencia, y a petición propia, se establece su abandono de la moneda común. Por supuesto, en esa misma decisión, o en otras normas conectadas con la anterior, se establecería un protocolo de salida y cómo queda el nuevo dracma en relación con el euro.

No me gusta, no le gusta a nadie. Pero Grecia saldrá del euro. Esperemos que al menos lo haga bien.

 

Hollande, el último cartucho europeo

Por: | 07 de mayo de 2012

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François Hollande se ha convertido en el vigésimo quinto Presidente de la República francesa, en el octavo Presidente desde que se instaurara la V República. Como hemos señalado en numerosas ocasiones desde The Screwdriver, uno de los elementos que han galvanizado el perfil político de Hollande ha sido su propuesta de renegociar el Fiscal Compact, e introducir un Pacto por el Crecimiento en Europa. Hollande ha sido muy inteligente al plantear su posición sobre Europa desde esta perspectiva. Al hacerlo ha escenificado, en pocas palabras y de manera simbólica, tres tipos de rechazos: su rechazo a la Alemania de Merkel, su rechazo al curso que está tomando el proceso de integración europeo y su rechazo a la actual estructura de gobernanza económica de la Unión. Todo ello, en cuatro palabras: no al Fiscal Compact.

Este ha sido uno de los elementos que le ha servido para ganar estas elecciones. Pero ahora empieza lo verdaderamente complicado, gobernar para, entre otras cosas, relanzar Europa. ¿Qué debería hacer Hollande?

En realidad no se trata de elaborar un gran diseño, un gran master plan con el que darle la vuelta por completo a la Unión. Con tocar tres o cuatro elementos el cambio será de alcance. Esos elementos deberían ser bajo mi punto de vista los siguientes.

En lo político, se trata de frenar el creciente proceso de intergubernamentalización que está experimentando la Unión Europea. Es cierto que el super-democrático y complejísimo proceso de toma de decisiones de la Unión es uno de los elementos que explica la actual deriva comunitaria hacia un mayor papel de los gobiernos nacionales: en Europa se habla mucho y se decide poco. Pero ello no hace válida la intergubernamentalización de la Unión (insisto, sólo la explica). Por tanto, se trata de frenar este proceso, sin por ello proponer reformas que hagan más democrática la Unión pero ingobernable completamente. Ya he propuesto, en otro contexto, que una de las claves, en este sentido, está en reforzar la conexión que actualmente existe entre la mayoría en el Parlamento Europeo y el Presidente de la Comisión, de tal manera que los partidos políticos europeos concurran con una cabeza de lista que, de ganar las elecciones, se convierta en el Presidente de la Comisión. Con ello, la Comisión dejaría ser esta especie de Frankestein técnico-administrativo-político que es ahora y pasaría a ser un auténtico gobierno europeo, con color político, y por tanto respaldado directamente por la cámara europea de diputados. Una Comisión reforzada podría contrarrestar la actual tendencia al intergubernamentalismo que actualmente sufrimos. Y es una propuesta que ya va incluida en el programa del Partido de los Socialistas Europeos para 2014. Por tanto, no son necesarios cambios en los Tratados para llevarla acabo.

Dos,  hay que diluir el eje franco-alemán. Europa es Francia y Alemania, por razones que he explicado también en este blog. Pero es mucho más que Francia y Alemania. El hecho de que con la victoria de Hollande se quiebre el tándem Merkozy no es suficiente: Francia y Alemania tienen que seguir jugando el papel de motores de la integración, pero dentro del marco comunitario, no fuera de él. Para diluir el eje franco-alemán bastaría con integrar en las reuniones que se vayan produciendo entre estos dos países a otros como Italia, España, Polonia, y por supuesto el resto de los socios fundadores de la Unión, a los que es indispensable incluir al Reino Unido. Es decir, transformar el bilateralismo fuera de la Unión en una suerte de multilateralismo dentro de la misma. Y ello solamente como paso previo hasta conseguir el verdadero objetivo, que es el de volver a darle la primacía a las instituciones supranacionales, Comisión, Parlamento europeo, y Consejo.

Tres, incluir un Pacto por el Crecimiento. No entro en el debate (vid. los blogs de Torreblanca y Ortega) de si ello implica la renegociación del Fiscal Compact o simplemente la adición de un nuevo Pacto por el Crecimiento, aunque simbólicamente creo que es mejor hacer lo primero que lo segundo, porque ello pondría de relieve que la austeridad no es un fin en sí mismo, sino un medio al servicio de otros objetivos, el crecimiento y el empleo. Pero lo importante es, en cualquier caso, que se ponga en marcha esa Agenda del Crecimiento. Y en este punto, espero que el nuevo Presidente francés haga caso omiso a los cantos de sirena que estamos oyendo todos desde que hace unas semanas se levantara el pedal y, ante la inminente victoria de Hollande, incluso Alemania empezara a hablar de crecimiento; cantos que hablan de la supuesta capacidad taumatúrgica del BEI (como si el BEI no estuviera funcionando ya) y de las reformas estructurales como pilares de la nueva agenda de crecimiento. No, sin dinero fresco no habrá estímulo. Y ello solamente se podrá hacer aumentando la capacidad de endeudamiento y de ingreso de la Unión, como Hollande sin duda sabe perfectamente bien.

 

¿Cómo entra en vigor el “Fiscal Compact”?

Por: | 04 de mayo de 2012

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Para responder a la pregunta que encabeza esta nueva entrada de The Screwdriver, hay que partir de la lectura del artículo 14.2º del Fiscal Compact:

“El presente Tratado entrará en vigor el 1 de enero de 2013, siempre que doce Partes Contratantes cuya moneda es el euro hayan depositado su instrumento de ratificación, o el primer día del mes siguiente al depósito del decimosegundo instrumento de ratificación por una Parte Contratante cuya moneda es el euro, optándose por la fecha que sea anterior”

Por tanto, y en primer lugar, basta con que doce de los 25 Estados que han firmado el Fiscal Compact (FC a partir de ahora) lo ratifiquen, cosa que ninguno ha hecho hasta la fecha, con buen criterio bajo mi punto de vista. ¿Cómo es esto posible, si para aprobar Tratados de rango constitucional (y este lo tiene debido a su importancia) se suele requerir la unanimidad de los 27 Estados que forman la Unión? Pues porque el FC no es un Tratado comunitario, sino un Tratado internacional más, es decir, su establecimiento se ha “extraído” del proceso comunitario habitual. Está fuera de la Unión Europea, por decirlo de manera sencilla, aunque los Estados firmantes sean la mayor parte de los Estados que componen la Unión.

Este artificio legal se ideó precisamente para hacer posible la entrada en vigor del Fiscal Compact por mayoría, y no por unanimidad. Por tanto, desde un punto de vista legal, bastaría, como digo, con que doce Estados parte en el Tratado ratificaran el FC para que éste entrara en vigor.

Hasta aquí, el análisis legal. Pero para entender bien las sutilezas del proceso de integración europeo, sobre todo en su dimensión constitucional, no basta con los análisis técnico-jurídicos. Es necesario superponer al análisis estrictamente legal un análisis de tipo político, en un ejercicio de lo que la escuela de pensamiento a la que yo pertenezco denomina “contextualismo”.

Pues bien, y en segundo lugar, aunque técnicamente sería posible que el FC entrara en vigor sin Francia, en la práctica un Tratado semi-comunitario como este estaría abocado al más estrepitoso fracaso sin que uno de los dos pilares que forman la Unión (Francia y Alemania) lo aprobara. En efecto, por más que nos cueste entenderlo desde una perspectiva mediterránea, la Unión está forjada con el hierro de un pacto fundacional de carácter constitutivo entre sus dos socios más importantes. Nada verdaderamente crucial se hace en la Unión sin que ambos países (por lo demás, los mayores contribuyentes netos de la Unión) estén involucrados.

Por tanto, si el Domingo ganara Hollande, y provocara la revisión del FC para introducir un Pacto por el Crecimiento, al lado del Pacto por la Austeridad que el FC ya contiene, habría que esperar a ver qué da de si este proceso negociador. Porque si finalmente la inclusión de un Pacto por el Crecimiento en el FC no llegara a buen puerto, y Francia, en línea con las promesas de Hollande, no lo ratificara, el FC nacería muerto, sería un instrumento inservible, por mucho que otros doce Estados Miembros (incluida Alemania) lo hubieran ratificado. Por tanto, como decía el emperador romano Octavio, Festina Lente: avancemos por ahora en este terreno lentamente, con cautela.

 

¿Quién ha ratificado el Fiscal Compact? Una aclaración

Por: | 03 de mayo de 2012

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Con ocasión del debate que se está produciendo en Francia sobre la re-negociación que Hollande hará, si gana el próximo Domingo, del Fiscal Compact, he leído en varios medios de comunicación informaciones contradictorias sobre los Estados Miembros que han ratificado este Tratado. He realizado una pequeña investigación sobre el particular que os traslado en este post.

La verdad, y como ocurre en muchas ocasiones, la información que nos proporcionan las instituciones europeas sobre esta cuestión no es la más completa. Lo más preciso que he podido encontrar ha sido el siguiente link.

Si uno entra  en él, y escribe en la casilla “Title” el nombre del Tratado, lo que figura es que ningún Estado Miembro de los firmantes ha ratificado el Fiscal Compact. Pero no da más información sobre la situación en la que concreta y específicamente está cada Estado Miembro.

Esta información es correcta: desde un punto de vista legal, hasta que no se deposita el instrumento de ratificación de la forma especificada por el Tratado de que se trate, no se puede entender que un Tratado haya sido ratificado. Lo que ocurre en realidad es que hay países que han aprobado el Fiscal Compact pero todavía no lo han ratificado, es decir, no han depositado sus respectivos instrumentos de ratificación. En esta situación se encuentran Portugal, Grecia y Eslovenia. A esta última nunca se la cita al respecto.

La información más completa que he conseguido sobre el “state of play” del proceso de ratificación del Fiscal Compact os la pongo aquí. Se trata de una página web del irlandés Institute of International and European Affairs en la que de manera gráfica se muestra, creo que bastante claramente, en qué situación se encuentra cada país a este respecto. Espero que os sirva.

Este debate es importante porque si Hollande ganara las elecciones y forzara la renegociación del Fiscal Compact, desde un punto de vista técnico sería más sencillo si ningún Estado Miembro hubiera depositado el instrumento de ratificación. Antes de hacerlo, si el Tratado se renegocia, habría que firmarlo, aprobarlo de acuerdo con los procedimientos constitucionalmente establecidos al efecto en cada Estado firmante, y luego depositar el instrumento de ratificación. Después de ratificar habría, primero, que denunciar el Tratado, y luego vuelta a empezar; es decir, habría que activar un procedimiento mucho más engorroso. De ahí mi recomendación, una vez más: ¡todo el mundo quieto hasta el resultado de las presidenciales francesas!

 

El País

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