Antonio Estella

Sobre el autor

es Catedrático Jean Monnet de Gobernanza Económica Global y Europea y Profesor Titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Es doctor en derecho por el Instituto Universitario Europeo y posee un master en Derecho Europeo por la Universidad Libre de Bruselas. Es promotor y miembro del Grupo de Trabajo 'Plan B', dedicado a realizar propuestas alternativas a las salidas de la actual crisis económica.

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Eskup

Game Over

Por: | 24 de julio de 2012

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En lo que queda del año en curso, España tiene que financiar (entre nuevas emisiones y vencimientos) una parte importante de los 85 mil millones de euros que tenía previsto emitir. Especialmente difícil será Octubre, mes en el que hay vencimientos por valor de unos 30 mil millones de euros. Poner fecha al rescate o a nuestra suspensión de pagos es algo maquiavélico, pero será por tanto en Octubre cuando el Reino de España tendrá muy difícil atender a esos vencimientos, y si lo hace lo hará a precios completamente exorbitantes, con lo que pondrá en cuestión todavía más su solvencia como país. A partir de ahí, es importante tener en cuenta algunos datos:

1)      ¿Cuánto debe España?

España debe aproximadamente unos 2 billones y medio de euros, entre deuda pública y deuda privada. Por supuesto no todo ello tiene que pagarse inmediatamente, pero es conveniente tener en cuenta que ese es el montante total de todo lo que debemos. Si hacemos suspensión de pagos, gran parte de ese dinero no podrá pagarse. Por tanto, aunque a priori es difícil calcular cuánto dinero debemos pedir al Fondo Europeo de Rescate, es importante tener en cuenta esa cifra para poder hacernos una idea. Los cálculos que están saliendo estos días, en virtud de los cuales España debería pedir medio billón de euros, son realmente muy optimistas, y están pensando en los vencimientos de deuda más inmediatos. El montante total puede estar situado en alrededor del billón de euros, siendo también bastante generosos

2)      ¿Tiene fondos la UE para atender a ese rescate?

Claramente, no. El montante total del Fondo de Rescate equivale a alrededor de 700 mil millones de euros (FEEF: 780 mil millones de euros; MEDE: 700 mil millones de euros). Por tanto, el Fondo solamente debería ocuparse de España a partir de ahora, lo que lo dejaría descapitalizado. Por supuesto el BCE tendría que actuar, lo que sería paradójico, ya que no ha querido actuar hasta la fecha. También intervendría el FMI (con una capacidad de préstamos de aproximadamente 1 billón de euros), pero sus recursos quedarían, asimismo, fuertemente mermados. Por eso se dice que España es irrescatable, porque realmente, se necesita una cantidad ingente de fondos para rescatarla (salvo que solamente se quiera hacer eso, y recordemos, detrás de España va Italia, con lo que habría que dejar recursos también para este país)

3)      Al ser irrescatables, ¿qué podemos hacer?

Hay varias opciones: una la sugería este fin de semana Draghi, que es la de dejar de pagar nuestras deudas, es decir, hacer una quita importante, y no permitir, una vez más que sean los ciudadanos los que paguen el pato. Pero a los mercados financieros esta solución no les va a gustar nada, con lo que reaccionarán cerrándose todavía más y por más tiempo.

La otra es salir del euro, recuperar nuestra moneda, devaluarla un 15% (a lo que se añadiría la devaluación de salarios que ya hemos ido realizando), y por tanto recuperar la capacidad de inyectar dinero en la economía por nosotros mismos. Hay muy buenos argumentos para no despreciar esta opción, pero todos ellos están en este excelente artículo. Es lo mismo que estamos haciendo ahora a través de la deflación de sueldos, pero de golpe y porrazo. Es decir, se sufre mucho, pero se sufre mucho de una tacada, no paso a paso.

Nótese que ni menciono la que sería la mejor opción, y es que la UE hiciera las reformas que tiene que hacer en materia de gobernanza económica: ya he perdido toda la esperanza de que ello pueda ocurrir. En estos momentos, creo que salir del euro es la única alternativa realmente viable, la que nos permitirá recuperar parte de nuestra soberanía financiera y rehacernos dependiendo algo menos de los demás.

4)      ¿Hay algo más?

Sí, hay mucho más. Pase lo que pase, creo que cuando lleguemos a este punto (impago/rescate/salida del euro) debemos, sobre todo, hacer una cosa: establecer todas las garantías necesarias, (constitucionales, legales, institucionales, económicas), para que nunca jamás vuelva a ocurrir lo que ha ocurrido. No dejaremos a nuestros hijos una buena herencia económica; pero al menos si que podemos dejarles un buen patrimonio institucional. Ello equivale a decir que debemos establecer todos los límites necesarios y algunos más para evitar la endogamia y corrupción de la nueva clase dirigente que salga de esta crisis.

Es decir, España ha llegado hasta aquí a lo largo de los últimos 30 años. Ahora toca volver a jugar, desde el inicio.

 

Sin protesta muere la democracia

Por: | 19 de julio de 2012

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(El grito, Edvard Munch, 1893)

 

La protesta es el primer derecho ciudadano. Sin él no pueden existir los demás, “porque si esto falta hay razones para pensar que todo lo demás puede caer. En el núcleo esencial de los derechos de la democracia está el derecho a protestar, el derecho a criticar al poder público y privado. No hay democracia sin protesta, sin posibilidad de disentir, de expresar las demandas. Sin protesta, la democracia no puede subsistir”.

No lo digo yo. Lo dice el filósofo, jurista, intelectual, además de amigo, Roberto Gargarella, en su libro “El derecho a la protesta, el primer derecho” (Ad-Hoc, 2005).

Creo que Gargarella está cargado de razón. Y vale recordarlo todavía más hoy, cuando sindicatos y diversas asociaciones han convocado una gran manifestación en España contra los recortes. Si no protestamos, nada de lo demás será viable.

Vengo advirtiendo desde hace unos meses en este blog de la diabólica estrategia argumental que el gobierno está empleando para que aceptemos los recortes. Es la narrativa del “lo que está pasando, nos lo merecemos”, es la narrativa de la culpabilización. Con ello el gobierno pretende hacer una cosa muy clara: eliminar las pocas resistencias que existen en estos momentos contra la aplicación de sus planes. ¿Y cuales son esas resistencias? Solamente pueden venir de la ciudadanía. Es el último dique de contención al que se enfrenta el gobierno. Ya es bastante obvio que la clase política está arrasada, perpleja, deprimida, sin capacidad de reacción en definitiva: demasiado tiempo anestesiada. Este hubiera sido otro dique de contención en otras circunstancias: pero se ha roto. El último que queda es, como digo, la ciudadanía. Con ese por ahora podemos contar.

De ahí que la narrativa del gobierno se haya desplazado del “la culpa la tiene el gobierno de Zapatero” de sus primeros meses a “adoptamos estas decisiones porque os lo merecéis” de las últimas semanas. Porque saben que ya no hay oposición, y que la única resistencia que pueden encontrar está en la calle. Se trata de mermar esa resistencia, de aniquilarla, de extenuarla, de cansarla, de frustrarla, de dividirla. Ejemplo de lo último: rescatar a los funcionarios mileuristas de la quema de la paga extraordinaria, para que unos funcionarios se enfrenten a otros. Divide y vencerás.

Protesta, ¿contra qué y contra quien? Contra qué: contra todas las decisiones que se están adoptando, por injustas, desproporcionadas, criminales, estúpidas, ineficaces. Contra quién: contra el gobierno, por supuesto. Contra la clase política, que todavía no ha pedido perdón por no haber cumplido su misión fundamental, que era “vigilar” que todo esto no ocurriera. Contra las entidades financieras, por los desmanes cometidos. Y contra la Unión Europea, no el proyecto, pero sí la forma que está adoptando ese proyecto en estos momentos. Se lo aseguro, por mi profesión me ha tocado conocer a muchos de los que están tomando decisiones en las instituciones europeas: no les dejaría a mis hijos ni para cruzar una calle vedada al tráfico rodado.

Protestemos. Es la base de todo lo demás.

 

Una narrativa diabólica

Por: | 16 de julio de 2012

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(El triunfo de la Muerte, de Pieter Brueghel, el Viejo)

La semana pasada hemos asistido al mayor atentado económico perpetrado contra nuestro país en los últimos 30 años. Por dos razones: por las decisiones que se tomaron, que fueron terribles; y por la narrativa que les sirvió de justificación. Se ha dicho mucho en las últimas horas sobre lo primero, por lo que no insistiré en ello. Pero se ha dicho algo menos sobre lo segundo. Voy a ello en este post.

La historia que nos contó Rajoy primero y alguno de sus ministros después fue la siguiente: España es un país que no ha hecho lo que tenía que hacer en los últimos (sobre todo) ocho años. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Somos vagos, indolentes, vividores. Nos gusta demasiado la buena vida y poco el esfuerzo. Estamos en la situación que estamos, fundamentalmente, por cómo somos, y no por las decisiones que hemos tomado recientemente, o al menos, no sólo por ello. Por tanto, debemos cambiar. Debemos cambiar profundamente para poder re-direccionar nuestro destino. Yo os voy a ayudar a cambiar, a ser diferentes, a encontrar un nuevo ser y a vivir de otra manera. Y ello nos ayudará a recuperarnos.

Doy varios ejemplos de que lo que estoy diciendo era lo que estaba detrás del discurso del Presidente. Primero, la ya consabida referencia a los parados: “los parados se ponen a buscar activamente trabajo cuando se les está acabando la prestación”. Es mentira. Cualquiera que tenga un parado entre sus filas, sabe perfectamente que, teniendo en cuenta la coyuntura por la que atravesamos, se ponen a trabajar en buscar trabajo desde el minuto uno: desde el minuto menos tres, en realidad, ya que hay mucha gente que, temiendo que la despidan, se pone a buscar trabajo incluso antes de que llegue esta contingencia.

La segunda es la manera en la que se refirió a los funcionarios: “ha habido un ajuste tremendo en el mercado laboral; sin embargo, el número de funcionarios ha seguido creciendo durante la crisis. Por tanto, ellos se tienen que ajustar también”. Menudo argumento: mal de muchos, consuelo de tontos: es lo primero que me vino a la cabeza cuando oí ese comentario del Presidente. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que esa forma de plantear las cosas hace fácil conectar con la consabida monserga de que los funcionarios son vagos, se limitan a leer el periódico cuando están en sus trabajos, y están constantemente mirando el reloj para irse a “tomar el cafelito”.

En síntesis: culpabilización, culpabilización, culpabilización. Estamos así porque nos lo merecemos. Estamos así porque somos como somos. Estamos así cuando podríamos haber estado de otra forma. Y tenemos que tomar estas medidas porque “son necesarias”, como el tránsito por el purgatorio: o pasas por él o no hay redención posible.

Lo peor de todo, es que veo a muchos de mis conciudadanos de brazos caídos. Aceptando directamente esa narrativa de la culpa y el castigo. Hoy, sin ir más lejos, este diario publica un artículo en el que se abunda en el “nos lo merecemos”.

¿Sólo nos queda esperar a ver cómo nos pasan a cuchillo? ¿Tenemos que recordar que muchos de los supuestos desmanes que han ocurrido han ocurrido con dinero alemán? ¿Es posible que seamos tan bisoños que, una vez más, vamos a aceptar lo que venga de fuera como bueno simplemente porque viene de fuera? Me resisto a creerlo; pero si seguimos así, entonces sí que nos mereceremos sufrir el destino que otros están trazando por nosotros mismos.

 

Trampa 37

Por: | 11 de julio de 2012

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Catch-22 (trampa 22) es el libro que en 1961 publicó el escritor americano Joseph Heller. Fue un éxito sin precedentes. No solamente por su tono antibelicista, sino por lo bien que reflejaba lo que es una paradoja, o si queremos, un callejón sin salida.

Relato el argumento de manera breve. En catch-22 el protagonista es el Escuadrón 256, que está destinado en la isla de Pianosa, situada en la parte occidental de Italia. El Escuadrón 256 es un equipo de combate aéreo, liderado por el capitán Juan Yossarían. En principio el Escuadrón está preparado para subirse cuando sea necesario a su bombardero y desarrollar la misión de combate que les sea encomendada por el Alto Mando Aliado.

Sin embargo, en realidad todos los miembros del Escuadrón 256 están aterrorizados con la misión de combate que se les encomiende, y no quieren volar. De acuerdo con el reglamento que rige las situaciones de baja en combate en el ejército americano (la regla catch-22), pueden darse alguna de estas dos situaciones:

1)      El que quiere dejar de volar puede notificar a su mando que desea una revisión médica en la que se certifique la mala salud psicológica del miembro del Escuadrón. Sin embargo, una notificación de estas características es prueba precisamente de racionalidad, de que la persona que supuestamente está en mala forma psicológica en realidad no lo está: ergo puede volar

2)      Por tanto, la manera de demostrar que estás loco, es no solicitar la revisión médica, y mostrar tus deseos de volar, incluso en misiones muy peligrosas; pero si no solicitas la revisión médica, no obtienes la baja, con lo cual, al final el resultado es el mismo: tendrás que volar.

El libro tuvo tantísimo éxito en su momento que el título ha pasado a convertirse en una expresión coloquial en inglés. Estar en un catch-22 es estar en una situación circular de la que no hay salida lógica.

Pues bien, el Memorándum con 37 puntos que se aprobó ayer para el rescate español es precisamente eso: una situación circular que deja a España en una situación sin salida. Es, como en el libro de Heller, una trampa mortal. Me explico.

Lo que tenemos el Memorándum, hasta el punto 28, son lo que podíamos llamar un conjunto de medidas de “condicionalidad limitada”, es decir, las condiciones que se le aplica al sector financiero español para recibir la ayuda solicitada. Se pueden discutir algunos de sus detalles, pero con carácter general, hasta ahí, todo correcto. Eso es lo que nos había dicho el gobierno hasta ahora, que la condicionalidad sería limitada y que solamente se aplicaría al sector financiero.

Pero eso no es cierto, y el Gobierno nos vuelve a mentir gravemente sobre este punto, porque el Memorándum incluye 3 puntos más (puntos 29, 30 y 31), que son lo que podríamos llamar de “condicionalidad ampliada”. Es decir, las condiciones que se imponen, por el rescate al sistema financiero español, al Estado español, y con él, a todos los ciudadanos españoles. Me referiré brevemente a ellas:

1)      Se requiere que España siga comprometida con su senda de reducción del déficit, que acaba de ser revisada. De acuerdo con ello, Rajoy acaba de presentar el mayor ajuste de la historia española, un ajuste de unos 60.000 millones de euros para el período que va de este año a 2014

2)      Se recuerda que España debe hacer las siguientes reformas, llamadas estructurales, esencialmente dos (que en realidad son recortes, no reformas):

a. Subidas de impuestos

b. Reducción de funcionarios y recorte de su estatuto (lo que a su vez repercutirá de manera negativa en el mercado “privado” de trabajo, dejemos de analizar función pública y mercado de trabajo como compartimentos estancos: lo que pasa en el primero solamente anticipa lo que acaba pasando en el segundo)

 

Por tanto, nos encontramos en un catch-22 (en este caso, en un catch-37). Si no haces las reformas que te digo que tienes que hacer no te ayudo y por tanto te caes por el abismo. Pero si las haces, te pones la soga al cuello, porque nunca serás capaz de crecer. Por tanto, como en el libro de Heller, al final tendrás que volar, lo que en este caso se traduce en que al final te despeñarás por el precipicio.

 

El País

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