Antonio Estella

Sobre el autor

es Catedrático Jean Monnet de Gobernanza Económica Global y Europea y Profesor Titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Es doctor en derecho por el Instituto Universitario Europeo y posee un master en Derecho Europeo por la Universidad Libre de Bruselas. Es promotor y miembro del Grupo de Trabajo 'Plan B', dedicado a realizar propuestas alternativas a las salidas de la actual crisis económica.

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Eskup

¿Nos “liberamos” del euro?

Por: | 25 de abril de 2013

Clavel_4

 

Hoy se celebra el 39 aniversario de la revolución de los claveles; hoy España ha alcanzado su cifra record de desempleados. Puede parecer una ironía de la historia que estos dos hechos se produzcan al mismo tiempo. Pero quizá no lo sea. Los portugueses se levantaron contra una dictadura, al grito de democracia y libertad. La pregunta es si los españoles se levantarán frente a una cifra de desempleo tan insoportable. En realidad, también en este caso, se trata de democracia y libertad. La única diferencia entre el 25 de Abril portugués de hace 39 años, y este 25 de abril, es que entonces el “enemigo” a batir estaba bastante claro: la dictadura iniciada por Salazar. Ahora para muchos la situación es insoportable, ¿pero de quien habría que liberarse? Aparentemente, vivimos en una democracia, y hay libertad. Por tanto, aunque no nos guste el actual estado de cosas, nadie sabría muy bien contra quien dirigir su ira.

Ello es sin embargo pura apariencia. En realidad estamos sometidos a una dictadura quizá peor que la portuguesa o la española de hace cuarenta años, porque es más sutil, y funciona de manera casi invisible. Y podemos personificarla, también, quizá no en una institución o en una persona, pero sí en un símbolo: el euro. En realidad estamos así porque formamos parte del euro. Por tanto, ¿nos liberamos de la moneda única?

Hay muchas razones para pensar que España no saldría tan mal parada si saliera de la moneda única. Para analizar esta cuestión hay que tener en cuenta al menos tres cosas: primera, cual es el perfil de los países que han tenido más tendencia a salir de uniones monetarias (o arreglos similares); segundo, qué nos dice la evidencia empírica en relación con los países que efectivamente han salido de uniones monetarias; y tercero, cuales son los condicionantes no solamente económicos sino también de tipo social que hay que tener en cuenta para tomar una decisión en este sentido.

Primero, ¿cuál es el perfil de los países que han tenido tendencia a salirse de uniones monetarias? De acuerdo con un estudio de Andrew Rose, hoy ya un clásico moderno, los países que han tenido más tendencia a salirse han sido, tradicionalmente, países grandes, desarrollados económicamente, y con democracias bien asentadas. En esos tres aspectos España puntúa alto, a pesar de la recesión actual, y por tanto, se conformaría con el perfil de los países que han solido tomar este tipo de decisiones. Segundo, ¿qué nos dice la evidencia empírica? Según el FMI, que nadie ha podido hacer consolidaciones fiscales sin una mezcla de ajustes, reformas estructurales, y políticas monetarias. Más concretamente, podemos comparar, en este sentido, los casos Argentino y Coreano. Argentina se salió de la paridad con el dólar en 2002. Aunque inicialmente la economía argentina sufrió una fuerte recesión, al año de la vuelta al peso el país estaba creciendo (y de hecho ha crecido a una tasa media de más del 7% desde ese año hasta 2011). Además de ello, el país mejoró muchísimo sus tasas e igualdad (coeficiente Gini de 0,54 en 2003 hasta 0,44 en 2010). En el caso de Corea, este país estaba atado al dólar (aunque con más flexibilidad que en el caso argentino) antes de que estallara la crisis de septiembre de 1997. Como consecuencia de la misma, el won sufrió en los meses posteriores una fortísima depreciación, aunque la situación mejoró algo al inicio de 1998. En cualquier caso, Corea inició con ello la mejor época de su historia económica, que todavía sigue produciendo resultados hoy en día (crecimiento medio del PIB del más del 5%  desde 1999 hasta 2011). Con respecto a la igualdad, este país mejoró, pero no tanto como Argentina, puesto que partía de una situación mucho mejor (coeficiente Gini de 0,316 en 1998 hasta 0,310 en 2010). La comparación es útil porque si tenemos en cuenta la progresión económica de ambos países hasta la fecha, la conclusión que sacamos es que además de retomar el control de la política monetaria, las reformas estructurales hacen que el desarrollo sea más duradero y sostenible a lo largo del tiempo.

En tercer lugar, hay que tener en cuenta, según señalan Hausman y Velasco (2002), fundamentalmente tres aspectos para tomar decisiones sobre salirse de monedas (o arreglos similares): la tasa de cambio real, la capacidad de financiación de un país, y el comportamiento de sus exportaciones. En relación con los tres aspectos, España presenta malos datos: tiene un problema de competitividad que en gran medida le viene dado por estar el euro sobreevaluado, tiene un problema de financiación (los tipos a los que se financia en el largo plazo son insoportables) y aunque las exportaciones parecen tener un comportamiento algo mejor, los últimos datos con los que contamos nos dicen que, debido al frenazo que están sufriendo las economías de nuestro entorno, también aquellas están resintiéndose.

A todo ello hay que añadirle la parte del ajuste “social”: además de los más de seis millones de parados, que hoy conocemos, España se ha convertido en el segundo país más desigual de la eurozona y en el cuarto de toda la Unión Europea; pero si tenemos en cuenta la distribución del ingreso (índice S80/S20), España emerge como el país más desigual de la Unión Europea en su conjunto.

Es difícil proyectar a priori cuáles serían los resultados de una salida del euro para la economía española. Inicialmente ello supondría un empobrecimiento de la población, pero de toda en general, sin excepciones. Todo el mundo quedaría afectado, con lo que lo que la situación actual, en la que hay vencedores y perdedores claros del proceso de ajuste, se disiparía en alguna medida. Segundo, si atendemos a las experiencias que he citado antes, es posible que el país sufriera en los primeros compases, pero al menos lo que nos dice la teoría clásica es que la recuperación de la soberanía monetaria unida a la devaluación de nuestra nueva moneda empujaría a las exportaciones y por tanto al crecimiento, con lo que el país volvería a crear empleo. Y la vuelta a la senda de crecimiento y de creación de empleo sin duda repercutiría positivamente en la rebaja de nuestros actuales índices de desigualdad.

Las ataduras de ayer son diferentes a las ataduras de hoy. O quizá no tanto, depende de cómo se mire. ¿Sabremos liberarnos también de éstas?

Sampedro, o la importancia de los maestros

Por: | 09 de abril de 2013

Jose-Luis-Sampedro

Como reza el enunciado de este blog, The Screwdriver pretende hablar de la Gobernanza Económica Europea y Global de una forma más humana, comprensible, crítica y libre, de tal manera que tengamos unas instituciones y unas reglas en este fundamental ámbito que realmente sirvan a la gente y mejoren sus vidas. Una de las fuentes de inspiración del mismo ha sido José Luis Sampedro, gran maestro. La casualidad ha querido que muera más o menos el mismo día en el que ha muerto la que supongo será una de sus bestias negras a partir de ahora, allá a donde vayan: me refiero a Thatcher, claro. Qué gran contraste entre los dos.

Creo que la mejor manera de rendir homenaje a esta fundamental personalidad que es, que ha sido, JL Sampedro, es remitiéndoos a esta entrevista que le hicieron en la Cadena SER este último verano. Simplemente, os resumo los puntos fundamentales de la misma:

 

  1. La Iglesia está parada en el siglo XVI
  2. La economía está parada en el siglo XVIII. Sus fundamentos (utilidad marginal, mercantilismo, etc.) provienen de esa etapa y apenas se han modificado
  3. La política tal y como la conocemos proviene de finales del XIX. Está completamente desfasada. Cuando el 15-M dice “no nos representan”, tiene toda la razón
  4. La ciencia es lo único que es propio del siglo XXI, que es “moderno”. Ahí está la gran esperanza de la humanidad, en apostar por la ciencia y su prestigio social. Los mercados no pueden dirigir hacia donde evolucionará la física nuclear, por ejemplo. Europa es lo antiguo, la Ciencia es lo nuevo
  5. La receta más importante para cada ser humano es que cada persona “se haga quien es”. No me digas qué es lo que dijo, por ejemplo, Lenin: dime qué piensas tú.

 Adiós, maestro. Buen viaje.

El País

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