Antonio Estella

Sobre el autor

es Catedrático Jean Monnet de Gobernanza Económica Global y Europea y Profesor Titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Es doctor en derecho por el Instituto Universitario Europeo y posee un master en Derecho Europeo por la Universidad Libre de Bruselas. Es promotor y miembro del Grupo de Trabajo 'Plan B', dedicado a realizar propuestas alternativas a las salidas de la actual crisis económica.

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¿Es el Programa OMT del BCE ilegal?

Por: | 20 de junio de 2013

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El País publica hoy un excelente artículo de Guillermo de la Dehesa sobre la reciente demanda que el Presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha interpuesto ante el Tribunal Constitucional Alemán, relativo a la posible inconstitucionalidad del programa OMT (Outright Monetary Transactions), recientemente aprobado por el Banco Central Europeo. Me encanta el artículo de Guillermo. Y no me gusta nada Jens Weidmann, un verdadero halcón macro-económico. Pero siento decir que el programa OMT es claramente ilegal. Desgraciadamente, desde un punto de vista jurídico, aquí Weidmann tiene razón.

El mejor artículo que se ha escrito sobre la legalidad o ilegalidad del Programa OMT es este que os enlazo aquí de Petch (2013). Recomiendo su lectura, como digo, es excelente. Si os animáis a leerlo, pensaréis que me he vuelto directamente loco al recomendarlo, porque lo que veréis es que Petch argumenta precisamente que las OMT son legales, desde la perspectiva del derecho comunitario. De nuevo, me gusta el artículo de Petch. Pero de nuevo, pienso que no tiene razón. Y es sobre la base de sus argumentos como podemos llegar a observar que en realidad el OMT es ilegal.

Petch dedica mucho espacio en su artículo a analizar si un programa como el OMT violará el mandato fundamental que tiene encomendado el BCE, que es el de controlar la inflación en la zona euro. Como sabemos, el propio BCE estableció hace ya un tiempo un objetivo inflacionario anual para la zona euro, que es que ésta se sitúe un poco por debajo del 2%. Pues bien, Petch dice que el OMT no afectará a ese objetivo. Los argumentos son fundamentalmente tres. Primero, porque en un contexto de recesión, como el que sufren algunos países de la eurozona, o crecimiento muy modesto, como el que sufre toda la eurozona, las presiones inflacionistas “subyacentes” serán moderadas. Segundo, porque el BCE se ha comprometido a esterilizar, llegado el caso, cualquier exceso de liquidez que pudiera crear el OMT. Y tercero porque la evidencia de programas similares al OMT, desarrollados por otros bancos centrales, como los de quantitative easing de la FED o el Banco de Inglaterra, arrojan resultados no del todo concluyentes sobre la relación entre este tipo de programas y la inflación.

Analicemos uno por uno todos estos argumentos. Lo primero que hay que decir de manera clara (el propio Petch no niega este punto, aunque lo matiza mucho) es que el BCE tiene un único mandato, que es el de controlar la inflación en la zona euro. Todo lo demás son florituras. Es decir, la famosa frase que todos los que piden más flexibilidad al BCE citan según la cual ese mandato se debe ejercitar sin perjuicio de su apoyo “a las políticas económicas generales de la Unión” (art. 127 TFUE) no contradice en absoluto lo anterior. Está muy claro que este segundo objetivo está completamente subordinado al primero de ellos, al control de la inflación. Por tanto, en caso de discrepancia entre los dos objetivos, no es que el BCE tenga que intentar acomodarlos de alguna manera, llegar a un cierto compromiso entre los dos, sino que lo que tiene que hacer es, claramente, apostar por el primero y olvidarse del segundo. Una interpretación literal (que son las que yo siempre privilegio, desde una perspectiva del derecho como credibilidad) del art. 127 nos basta para llegar a esta conclusión: en efecto, la expresión “sin perjuicio de” del artículo 127 es una indicación que no puede ser más clara en este sentido.

Segundo, la referencia a la inflación subyacente que hace Petch. Es cierto que en el contexto económico depresivo que estamos viviendo en estos momentos en general en Europa y en particular en la eurozona, la inflación no parece un riesgo mayor. Pero fijémonos en varios datos. De acuerdo con Eurostat, 2012, un año pésimo desde un punto de vista económico, finalizó con una inflación del 2,5%, es decir, 5 décimas por encima del objetivo que el propio BCE se ha marcado. Este año, como indica este cuadro que os adjunto, la inflación de la zona euro parece estar más controlada, pero Mayo ya ha experimentado una ligera subida con respecto a Abril, de tal manera que la inflación interanual de la zona euro se ha situado en el 1,4%. Veremos por tanto si el objetivo de situar la inflación ligeramente por debajo del 2% se cumple también para este año. Lo que quiero decir con esto es que, si examinamos la situación macroeconómica de la eurozona solamente desde la perspectiva de la inflación, como debe hacer el BCE de acuerdo con su mandato, la conclusión es clara: cuidado con meter más presión a la inflación, incluso en estos momentos.

Tercero, el impacto del OMT en la inflación. Petch no niega que se pueda producir algún impacto. Y la evidencia que cita (Banco Central de Inglaterra, FED) no es concluyente, en el sentido de que el quatitative easing no produjo subidas de inflación importantes en USA, pero sí en RU, como el propio autor afirma. Por tanto, sobre la base de la evidencia que el propio Petch cita, hay un 50% de probabilidades de que el OMT impacte negativamente en la inflación. Es la probabilidad de este impacto lo que preocupa a Weidmann. Si no hubiera absolutamente ninguna evidencia de que este impacto se puede producir, podríamos argumentar de manera más clara que no hay peligro. Pero existe evidencia, como vemos, en sentido contrario.

Cuarto, esterilización. Petch habla de la esterilización (el conjunto de operaciones que una autoridad monetaria desarrolla para reducir la ampliación de la masa monetaria que se pueda haber producido por alguna razón en un determinado momento, por ejemplo, como consecuencia de un programa como el OMT) como si ésta fuera fácilmente implementable. Pero como indica Domínguez en este documento que os adjunto, la evidencia indica que no es tan fácil esterilizar como pudiera parecer a primera vista. En cualquier caso, para esterilizar es posible que se tenga que producir una subida de los tipos de interés que marca el BCE, lo que seguramente no es la mejor noticia que nos podría dar esta institución en estos momentos o incluso más adelante, teniendo en cuenta que las previsiones son de crecimiento anoréxico para algunos países de la zona euro, como el nuestro.

La conclusión es clara: el programa OMT es ilegal. Y es ilegal porque hemos diseñado un BCE de la manera en la que lo hemos hecho, es decir, de una forma absurda, irracional, y completamente al servicio de los intereses de algunos países muy determinados de la eurozona. Pero desde el punto de vista de su diseño actual, y si queremos que la UE y sus instituciones de gobernanza económica sean creíbles, el OMT es ilegal. Es decir, que o cambiamos el estatuto del BCE, cosa que recomiendo de manera encarecida, o a tragar.

Ya tenemos pacto: Y ahora, ¿qué?

Por: | 13 de junio de 2013

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Ya tenemos pacto PP-PSOE sobre política europea. Analizo en este post los puntos fundamentales de este pacto, sus connotaciones políticas y su posible recepción por parte de las instituciones europeas.

Con respecto al primer punto, el Pacto es poco más que un recordatorio (y además, muy general) de medidas que ya se han discutido, que la Unión Europea podría, en su mayor parte al menos, poner en marcha, pero que no se están aplicando por el marasmo en el que se encuentra sumida Europa en estos momentos. Así cabe entender las referencias a los programas de empleo juvenil, al Banco Europeo de Inversiones, o incluso al Acuerdo de Libre Comercio entre USA y la UE. Es decir: más de lo mismo. No está de mal recordarle a la UE que cumpla sus compromisos y se ponga las pilas. Pero llama la atención la dramática falta de ideas, de nuevas ideas, en materia europea, que exhiben las dos formaciones políticas más importantes de este país.

Ahí va una: se podría solicitar a la Unión Europea que el MEDE (que supone la mayor movilización de recursos financieros que ha conocido la UE en las últimas fechas) funcionara a modo de seguro, o garantía, de la deuda de los Estados Miembros en dificultades. Es decir, por ejemplo, la emisión de nueva deuda soberana española podría venir garantizada por parte del MEDE. De esta manera, los tipos de interés de nuestra deuda seguramente bajarían de manera estrepitosa y nuestra prima de riesgo también: con la garantía del MEDE, los mercados financieros estarían más dispuestos a apostar por nuestro país, y por otro lado Alemania no tendría que desembolsar dinero, solamente papel. También se podría pensar en aplicar un mecanismo similar para la deuda privada, aunque aquí probablemente el que tiene que jugar un papel más importante es el BCE y no tanto el MEDE.

En cualquier caso, esta propuesta (y otras más audaces que circulan por ahí) no tienen eco en el Pacto PP-PSOE, con lo que podemos plantearnos si han merecido la pena estas alforjas para tan poco viaje. Creo que la respuesta es negativa, incluso reconociendo que está bien recordarle lo obvio a la UE.

Con respecto a las connotaciones políticas del Pacto, creo sinceramente que ninguno de los dos partidos ha medido bien cuales pueden ser las mismas. La idea de que el PP y el PSOE son lo mismo se fragua sobre todo en materia de política económica. Y ¿qué es Europa, si no política económica? Si de alguna manera querían romper la imagen de que da igual apostar por alguno de los dos porque los dos favorecen las mismas soluciones en materia de política económica, el Pacto sobre Europa les hace un flaco favor en este sentido. Sobre todo a la izquierda, que más que escenificar un acuerdo en esta materia, lo que tendría que haber escenificado es un profundo desencuentro como forma de hacer ver al conjunto de los españoles que PP y PSOE ya no son lo mismo. Ocasión perdida, pues.

Esta impresión se refuerza si tenemos en cuenta que el Pacto no servirá para absolutamente nada. Las instituciones europeas, probablemente la Comisión y el Consejo Europeo, recibirán el Pacto diciendo que “toman nota” del mismo y con el consabido recuerdo de que las políticas de austeridad son la clave para salvar a Europa. Y la razón por la que nada cambiará es porque nada puede cambiar, de manera muy radical al menos, en materia de política económica: institucionalmente, la política económica de la UE está predeterminada hacia la austeridad.

A ver si nos vamos enterando ya de una vez por todas de que no bastarán enmiendas marginales al proyecto europeo para que siga funcionando, para que funcione sobre todo para un país como el nuestro. Lo que se necesita es mucho, mucho, mucho más.

El País

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