Antonio Estella

Sobre el autor

es Catedrático Jean Monnet de Gobernanza Económica Global y Europea y Profesor Titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Es doctor en derecho por el Instituto Universitario Europeo y posee un master en Derecho Europeo por la Universidad Libre de Bruselas. Es promotor y miembro del Grupo de Trabajo 'Plan B', dedicado a realizar propuestas alternativas a las salidas de la actual crisis económica.

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La ley de hierro de las elecciones europeas

Por: | 26 de mayo de 2014

Yunque- copia

 

Se confirma lo que yo llamo la “ley de hierro” de las elecciones europeas: las fuerzas conservadoras han ganado, una vez más. En efecto, como examino en mi libro, “España y Europa: hacia una nueva relación” (Tirant Lo Blanch, 2014) de las siete ocasiones anteriores en las que ha habido elecciones al PE, en seis de ellas las fuerzas de la derecha se han impuesto. En esta (la octava) ha ocurrido exactamente lo mismo: de nuevo gana la derecha. El resultado global figura en el gráfico 1.

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Os explico brevemente cómo he hecho los cálculos para asignar partidos en el eje ideológico “izquierda-derecha”. He computado como fuerzas de la derecha a los siguientes partidos políticos: PPE (el Partido Popular Europeo); ADLE (Liberales); CRE (Conservadores y Reformistas Europeos, para quien no los conozca, forman parte de esta Alianza los Tories británicos) y EFD (Europa de la Libertad y la Democracia, de la que forma parte el UKIP británico). Todos ellos suman 362 escaños.

Por su parte, he computado como partido político perteneciente a la izquierda al PSE (Partido de los Socialistas Europeos) a los Verdes/ALE (movimiento ecologista) y al GUE/NGL (la izquierda europea, para que nos entendamos, el partido de Syriza). Juntos suman 284 escaños en el PE.

En esta ocasión, se elegían a 751 eurodiputados. La mayoría está en 376 eurodiputados. Según los cálculos que acabo de ofreceros, nadie tendría pues la mayoría. ¿Cómo es ello posible? Es posible porque he descontado a los NI (No Inscritos, diputados que no pertenecen a ningún grupo político; aquí estaría el Frente Nacional) y a OTROS (que son los NUEVOS diputados que no pertenecen a ningún grupo político del Parlamento saliente). Tanto en el caso de NI como de OTROS, se trata en general de partidos conservadores, cuando no ultraconservadores, pero es cierto que también aparecen aquí algunos partidos de extrema izquierda. Como no sabemos todavía 1) si serán capaces de formar grupo político o 2) en su defecto, en qué partido político se integrarán, lo que he hecho ha sido, teniendo en cuenta la diversidad de perspectivas ideológicas que se incluyen en estos dos “grupos”, dividirlos por mitades y asignar cada una de ellas a la izquierda y a la derecha. Dicho sea de paso, este cálculo es muy generoso con la izquierda, porque como digo, la mayor parte de los partidos que se incluyen en estos dos grupos tienen agendas ultra-conservadoras. En cualquier caso, haciendo esta operación, el resultado es que las fuerzas de la derecha obtendrían 414 escaños y las de la izquierda 336. Gana la derecha, por tanto, lo calculemos como lo calculemos.

Paradójicamente, los resultados que obtenemos en España (al menos en estas elecciones) son exactamente los contrarios, como muestra el gráfico 2.

Descargar GRAFICO 2

Os cuento, de nuevo, como he realizado los cálculos. He computado como partidos de la derecha los siguientes: PP, UPyP, CEU, y C’S y como partidos de la izquierda a PSOE, La Izquierda Plural, Podemos, EPDD, LPD y Primavera Europea. Entiendo que varias de estas adscripciones no dejarán contento a algunos pero no veo otra manera de hacerlas.

Tres reflexiones finales. Si hay una “ley de hierro” en las elecciones al parlamento europeo, en virtud de la cual gana siempre la derecha, habría que explicar por qué. Una segunda reflexión: cuidado con aquellos argumentos que apuestan ciegamente por “más democracia” en Europa como remedio a todos los problemas europeos: ya vemos qué es lo que pasa en las elecciones al PE, que gana invariablemente la derecha. Yo no querría estar en una democracia paneuropea en la que las posibilidades de que ganara la izquierda fueran muy remotas. Y tercera reflexión: se abre una nueva diferencia entre una Europa que es conservadora y una España en la que ganan las fuerzas de la izquierda. Imaginemos que en unas futuras elecciones nacionales todas estas fuerzas pudieran componer un gran gobierno de concentración pero progresista (al contrario de lo que nuestras élites parecen querer). Una España de izquierdas tendría que desenvolverse en una Europa cada vez más conservadora. En estas circunstancias, ¿de verdad que queremos seguir siendo europeístas, sin matices?

España y Europa: hacia una nueva relación

Por: | 09 de mayo de 2014

Portada

 

Hoy arranca la campaña electoral para las elecciones al Parlamento Europeo, casi al mismo tiempo que la publicación de mi libro “España y Europa: hacia una nueva relación” (Tirant Loblanch, 2014). Me gustaría dedicar estas breves líneas a comentar varias cuestiones en relación con este ensayo. Primero, cual es su propósito fundamental. Y segundo, cuáles son los argumentos más importantes del libro.

Me sigo quedando maravillado de la candidez de la mayoría de los políticos españoles cuando hablan de Europa. Dicho sea de paso, prefiero pensar que es candidez y no cinismo, prefiero pensar que realmente se creen lo que dicen cuando hablan de la Unión. ¿Y qué es lo que dicen? Pues lo que dicen es que Europa, la Unión Europea, sigue siendo un “valor” para España. Es decir, a pesar de la situación tan tremenda que está viviendo nuestro país, no solamente, pero sí en gran medida, como consecuencia de su pertenencia a la UE, deberíamos seguir pensando, según nuestros políticos, que Europa es un referente ético, un valor moral, un canon político y económico para nuestro país.

Los que me conocen saben que no estoy abonado en absoluto a la tesis que defiende ese grupito de políticos e intelectuales españoles según la cual José Luis Rodríguez Zapatero es el origen de todos los males y pecados que azotan a nuestro país. Y aunque le conozco poco, en realidad le tengo afecto personal y político. Pero no puedo dejar de citar una de las frases que incluye en su libro El Dilema para ilustrar correctamente esa posición tan metafísica y alejada de la realidad que nuestros políticos mantienen en relación con Europa. Zapatero dice en la página 377 de su libro ni más ni menos que “la UE y el euro son proyectos irrenunciables, y más aún en la era de la globalización. La fuerza de los valores que inspiran la unidad europea es superior a cualquier circunstancia, por muy adversa que esta sea”. Y todo ello, después de haber contado en las 376 páginas anteriores lo mal que se lo hicieron pasar Angela Merkel, Jean-Claude Trichet, y un largo etcétera de notables políticos europeos, quienes, por ejemplo, presionaron al expresidente del Gobierno hasta el vómito para que España pidiera un rescate soberano.

No se equivoquen. Este virus, que consiste en tener una visión europea estrictamente metafísica, no solamente contamina a los políticos españoles de izquierda. También a los de derecha. Nuestro actual Presidente del Gobierno, o alguno de sus acólitos, no se cansan de intentar convencernos un día sí y el otro también de lo maravillosa que es Europa. Y más allá de la política, también afecta a muchos de nuestros intelectuales y académicos, para los que no sé si España sigue siendo el problema, pero desde luego, Europa sí que es la solución. Por ejemplo, en un reciente libro firmado por José María de Areilza Carvajal, actualmente profesor en la Escuela de Negocios ESADE, el autor se propone el objetivo (segun sus propias palabras) de "formular una nueva utopía europea". El problema es que, salvo honrosas excepciones, este no es el único caso. La mayor parte de nuestra clase intelectual defiende, a veces con una fe casi religiosa, este tipo de perspectivas tan metafísicas.

El propósito fundamental de “España y Europa: hacia una nueva relación” es precisamente el de intentar generar un debate político e intelectual que acabe produciendo una desconexión entre valores e intereses cuando hablamos de la Unión Europea en nuestro país. Como todas las utopías, la que encarna la Unión europea es inalcanzable, nunca podrá realizarse. Pero el propósito fundamental de mi libro no es el de insistir en esa idea, que es obvia, y que otros defienden. El sentido fundamental del libro es señalar que si no cambiamos esa perspectiva, el insistir sobre ella no solamente producirá mucha frustración, sino que además nos acabará haciendo un daño irreparable como país. No es lo inalcanzable de la visión metafísica de Europa que defienden nuestros políticos y muchos de nuestros intelectuales lo que me preocupa; lo que me preocupa es que mantener esa visión estrictamente dogmática sobre la Unión nos conduce directamente a la catástrofe.

El libro defiende (haciendo un macguffin literario con una pequeña intervención de Machiavelli al principio y al final del mismo) que España debe pasar página y dejar a un lado la visión orteguiana de Europa y adentrarse con firmeza en una perspectiva mucho más claramente basada en el interés y en la defensa de nuestras preferencias cuando hablamos de la Unión Europea. Para ello, es fundamental intentar entender cómo funciona la UE desde una perspectiva política y económica. Políticamente, hay que dejar bien claro que la UE funciona sobre la base del principio que denomino “un euro, un voto”. Existe una obvia conexión, que es muy directa además, entre poder económico y poder político en la UE. El libro, sin agotar esta idea, se adentra en ella desde varias perspectivas. Lo segundo que hay que dejar claro es que, desde un punto de vista económico, el actual modelo de la UE (sobre todo desde el Tratado de Maastricht) está predeterminado institucionalmente hacia un tipo de soluciones que se materializan en la idea o el principio de austeridad. La UE no puede hacer políticas de estímulo no porque no quiera, sino porque institucionalmente no está preparada para ello. Habría que modificar muy profundamente el sistema institucional de la Unión para que cambiara su política económica.

A partir de ahí, España debe alterar su relación con Europa, haciendo un uso mucho más extenso de las cooperaciones reforzadas, replanteándose sus alianzas sobre la base de cómo queda cada país en materia de gobernanza económica europea, y también analizando de manera muy detenida cual debería ser nuestro grado de compromiso en relación con algunas políticas concretas, como por ejemplo, con la política monetaria.

¿Despertará nuestro país del ensueño europeísta? No lo sé, pero espero que este libro contribuya a que ello sea así.

El País

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