Antonio Estella

Sobre el autor

es Catedrático Jean Monnet de Gobernanza Económica Global y Europea y Profesor Titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Es doctor en derecho por el Instituto Universitario Europeo y posee un master en Derecho Europeo por la Universidad Libre de Bruselas. Es promotor y miembro del Grupo de Trabajo 'Plan B', dedicado a realizar propuestas alternativas a las salidas de la actual crisis económica.

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Vamos a definir un nuevo papel de España en Europa

Por: | 22 de julio de 2014

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El pasado 19 de Julio, en el Congreso extraordinario del PSC que tuvo lugar en La Farga de l'Hospitalet, el nuevo Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, dijo lo siguiente: “vamos a definir un nuevo papel de España en Europa, en otra Europa”.

Es la primera vez que oigo a un dirigente del PSOE pronunciar, alto y claro, estas palabras. Queda mucho trabajo por hacer en este camino que ahora abre el Partido Socialista en relación con Europa, lo sé. Pero la buena noticia, que debemos celebrar todos, es que al fin el PSOE, con su secretario general a la cabeza, se ha dado cuenta de que España no puede simplemente sentarse a esperar cómo Europa cambia en la dirección que los progresistas desearíamos. Ello puede ocurrir; pero en el interim, debemos “definir” el nuevo papel que le toca a España desarrollar en la Europa actual.

Los cambios llevan tiempo y cuestan sacrificios. No veremos al PSOE modificar su discurso y sus políticas sobre Europa de la noche a la mañana. Pero con el tiempo, se articularán las dos cosas, un nuevo discurso, y nuevas políticas de España hacia Europa. ¿Por dónde podrían ir los tiros? En lo que sigue, señalo algunos aspectos que podrían ser útiles en esta nueva reconfiguración:

 

  1. El PSOE va a definir un nuevo papel de España hacia Europa. Ya lo hemos dicho antes, pero hay que insistir machaconamente en esta idea. A partir de ahora, se pone un punto y final con la narrativa anterior. Ni Europa es un valor para España siempre, ni todo lo que venga de Europa es bueno para España siempre, ni “más Europa” es, siempre, la solución a todos nuestros problemas. La visión romántica e idealista que teníamos sobre Europa se ha terminado, y con ello, toda una época. Entramos en una nueva fase, en la que Europa debe interesar a España para que España se interese de verdad por Europa.
  2. España necesita, en este nuevo período que se abre, articular un nuevo conjunto de alianzas. No se trata tanto de aliarse con los países del sur, como dice Podemos, sino de aliarse con todos aquellos países que estén en una situación parecida a la que está España, y que compartan con ella intereses y preocupaciones. Ello incluye a muchos países del sur, pero no solamente. Puede incluir a otros países del norte de Europa que pueden tener muchos reparos en relación con cómo se están haciendo algunas cosas en Europa. Con cómo se están haciendo, ¿en qué materia? Sobre todo, en materia de lo que podríamos llamar gobernanza económica europea, es decir: las reglas y las acciones económicas que tienen que ver con el euro tanto de manera directa como indirecta. El área que más le interesa a España para reconfigurar sus alianzas ya no es la agricultura o los fondos estructurales: es la que tiene que ver con la gobernanza del euro. A partir de ahí, identificado qué es lo que nos interesa, debemos de acercarnos y trabar alianzas con aquellos que están o pueden estar en una situación similar a la nuestra.
  3. ¿Qué hacemos en materia de gobernanza del euro? No es este el lugar para atacar este punto con profundidad. Nos llevaría mucho tiempo y espacio. Pero lo fundamental es lo siguiente: el nuevo PSOE tiene que mandar un mensaje claro a Europa de que no todo valdrá para salvar al euro la próxima vez. A partir de ahora, nos pondremos enfrente, amenazando con todo aquello con lo que haya que amenazar, para obstaculizar aquellas medidas que para salvar al euro condenen a la mayor parte de la población europea pero sobre todo a la española. Salvar el euro a cualquier precio no puede ser una alternativa. Sobre todo, si ese precio lo va a pagar, de nuevo, la gente, los españoles. No con España, no con el PSOE.
  4. Necesitamos urgentemente reactivar nuestra industria en el área de la nueva economía, sin olvidar algunas sectores más tradicionales. Esto está directamente ligado a la gobernanza del euro, puesto que tal y como la misma está planteada en este momento, las políticas industriales son de muy difícil activación en la Unión Europea. Busquemos excepciones, opting-outs, derogaciones, flexibilizaciones, como queramos llamarlo, pero si no nos ponemos en serio con este tema, en la próxima crisis económica profunda que tengamos (y créanme: la tendremos) España se verá de nuevo sin herramientas para parar el golpe.
  5. Necesitamos volver a poner en el primer plano de nuestra agenda comercial, económica, cultural (lingüística sobre todo) y política las relaciones con América Latina y con el norte de África. Es fundamental para nuestros intereses, y para nuestra propia comprensión de nosotros mismos como país: nuestra identidad pasa por estos dos lugares del mundo. Si Europa nos da cuerda para ello, bienvenido sea. Pero si nos limita nuestras posibilidades de relación con estos dos polos del planeta, deberemos, una vez más, pedir excepciones, flexibilizaciones, opting-outs y lo que sea menester. Ambas partes del mundo van a jugar un papel esencial en lo que queda de siglo XXI, y España tiene que ir de la mano de lo que son sus alianzas naturales.

Estos son sólo algunos puntos. Hay muchos más. Pero el aparente giro que ha comenzado a dar el PSOE con su nuevo secretario general en materia europea es uno de los amarres fundamentales para que este partido político recupere la credibilidad perdida. Bienvenido sea.

Justificar lo obvio: Juncker, no

Por: | 18 de julio de 2014

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Hemos llegado a un momento de confusión tal que parece necesario justificar hasta las obviedades. Una de ellas es la explicación de la decisión que ha tomado el nuevo Secretario General del PSOE de que los diputados de este partido político, integrados en el PSE (Partido de los Socialistas Europeos) no voten a Juncker como Presidente de la Comisión Europea. En un mundo diferente, normal, explicar el motivo de esta decisión sería innecesario. Pero no vivimos en ese mundo: vivimos, más bien, en una dimensión para-normal,  en la que se hace necesario incluso explicar que dos más dos son cuatro.

La primera de las razones es tan obvia que casi no debería ni mencionarse, pero bueno, a ello voy. Los socialistas no podían votar a Juncker porque el grupo de diputados en cuestión es progresista y Juncker es conservador. ¿Se acuerdan, no? Izquierda, centro, y derecha. Esas son las dimensiones ideológicas que existen en democracia. El PSOE está a la izquierda. Juncker está a la derecha. Por tanto, dos más dos son cuatro: la izquierda no vota a la derecha, menos aún en cuestiones absolutamente fundamentales, como ésta.

Bien, hecha esta aclaración de primero de parvulario, vamos a recordar quién es Juncker y qué ha hecho Juncker. Esto necesita algo más de desarrollo, puesto que quizá la gente desconozca ambos aspectos. Juncker es un político luxemburgués que ha estado gobernando este país desde 1995 hasta 2013 como Primer Ministro. Durante este tiempo, se ha dedicado a hacer de Luxemburgo algo muy parecido a un paraíso fiscal (miren la lista de Forbes de los 10 paraísos fiscales "mejores" del mundo: Luxemburgo figura en tercer lugar). A finales de los 80, principios de los 90, la por entonces mustia economía de este país no tuvo más remedio que reinventarse a sí misma y hacer del suelo luxemburgués el lugar de destino de los activos de la mayor parte de las entidades bancarias importantes tanto europeas como mundiales. ¿Cómo lo hizo? Eliminando, o bajando muy drásticamente, los impuestos a las actividades de dichas entidades. ¿Quién le ayudó en ello? Por supuesto, la Unión Europea. Ser un paraíso fiscal no está prohibido por el derecho de la Unión. La Unión Europea ha llegado a intervenir incluso en materia de etiquetado de los yogures. Pero ha sido incapaz de ponerse mínimamente de acuerdo en una de las cuestiones más importantes sobre la que puede y debe decidir: en materia de armonización fiscal. El resultado es que el dumping fiscal está en la Unión Europea a la orden del día. Los países compiten en bajar los impuestos porque carecen de reglas comunes. Y también porque hay países-pirata que no dudan en jugar al máximo con esta carta. Luxemburgo es uno de ellos, y en su ejemplo se miran muchos otros más, como Holanda o la propia Irlanda.

¿Qué más ha hecho Juncker? Juncker, como Presidente del eurogrupo que ha sido desde 2005 hasta 2013, es uno de los hacedores de “la solución” que ha adoptado la Unión Europea para intentar salir de la crisis económica. Cuando en 2010 se empezó a atisbar el verdadero perfil que estaba adquiriendo la crisis, y que su capacidad de exterminación del propio euro era muy real, se pusieron dos posibles soluciones encima de la mesa de gente como Juncker (forman parte de este grupo Merkel, Schäuble y Weidmann, además de Lagarde). Las soluciones eran o bien la restructuración de la deuda de los países más afectados por la crisis, o bien el rescate financiero. Se apostó por la segunda. Pero ese rescate financiero podía tomar dos caras, o bien el “bail-out” es decir, el rescate desde fuera, o bien el “bail-in” es decir, el rescate desde dentro. ¿Quién debía pagar el rescate, quien debía generar ese cordón de seguridad para la eurozona, los ciudadanos o las propias entidades financieras? Los primeros, dijeron Juncker y sus acólitos. Evidentemente haber impuesto un rescate desde dentro, por las propias entidades financieras, hubiera generado muchísimas dificultades para muchas de ellas, y adicionalmente, hubiera creado gravísimos problemas para países como Luxemburgo (y Alemania, no lo olvidemos nunca). No, los bancos no rescatan bancos. Los ciudadanos, sí.

Bueno, creo que ya debería quedar más o menos claro por qué la decisión del nuevo SG del PSOE es un acierto, y por qué los socialistas no podían votar a Juncker. Pero cabe añadir varios puntos más. Primero, no han sido los únicos que no han votado a Juncker dentro del grupo de los socialistas europeos. Los laboristas británicos, por ejemplo, tampoco lo han hecho. Y exactamente por los mismos motivos que estoy señalando en este artículo. Segundo, el compromiso de no votar a Juncker era un compromiso de los tres candidatos a la SG del PSOE, no solamente del que finalmente resultó vencedor (cosa que honra a los tres, por cierto). Por tanto, nadie se podía llamar a engaño cuando el nuevo SG del PSOE dictó la orden de que no se votara a Juncker. Los otros dos, de haber salido elegidos, habrían hecho exactamente lo mismo. Y tres: ¿de verdad queda alguien por ahí fuera que todavía no se haya dado cuenta de que lo que le pasa al PSOE es que la gente tiene la percepción de que más a menudo de lo que sería explicable no hace lo que dice y dice lo que no hace? Maravíllense: sí, muchos.

El País

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