Antonio Estella

La ley de hierro de las elecciones europeas

Por: | 26 de mayo de 2014

Yunque- copia

 

Se confirma lo que yo llamo la “ley de hierro” de las elecciones europeas: las fuerzas conservadoras han ganado, una vez más. En efecto, como examino en mi libro, “España y Europa: hacia una nueva relación” (Tirant Lo Blanch, 2014) de las siete ocasiones anteriores en las que ha habido elecciones al PE, en seis de ellas las fuerzas de la derecha se han impuesto. En esta (la octava) ha ocurrido exactamente lo mismo: de nuevo gana la derecha. El resultado global figura en el gráfico 1.

Descargar GRAFICO 1

Os explico brevemente cómo he hecho los cálculos para asignar partidos en el eje ideológico “izquierda-derecha”. He computado como fuerzas de la derecha a los siguientes partidos políticos: PPE (el Partido Popular Europeo); ADLE (Liberales); CRE (Conservadores y Reformistas Europeos, para quien no los conozca, forman parte de esta Alianza los Tories británicos) y EFD (Europa de la Libertad y la Democracia, de la que forma parte el UKIP británico). Todos ellos suman 362 escaños.

Por su parte, he computado como partido político perteneciente a la izquierda al PSE (Partido de los Socialistas Europeos) a los Verdes/ALE (movimiento ecologista) y al GUE/NGL (la izquierda europea, para que nos entendamos, el partido de Syriza). Juntos suman 284 escaños en el PE.

En esta ocasión, se elegían a 751 eurodiputados. La mayoría está en 376 eurodiputados. Según los cálculos que acabo de ofreceros, nadie tendría pues la mayoría. ¿Cómo es ello posible? Es posible porque he descontado a los NI (No Inscritos, diputados que no pertenecen a ningún grupo político; aquí estaría el Frente Nacional) y a OTROS (que son los NUEVOS diputados que no pertenecen a ningún grupo político del Parlamento saliente). Tanto en el caso de NI como de OTROS, se trata en general de partidos conservadores, cuando no ultraconservadores, pero es cierto que también aparecen aquí algunos partidos de extrema izquierda. Como no sabemos todavía 1) si serán capaces de formar grupo político o 2) en su defecto, en qué partido político se integrarán, lo que he hecho ha sido, teniendo en cuenta la diversidad de perspectivas ideológicas que se incluyen en estos dos “grupos”, dividirlos por mitades y asignar cada una de ellas a la izquierda y a la derecha. Dicho sea de paso, este cálculo es muy generoso con la izquierda, porque como digo, la mayor parte de los partidos que se incluyen en estos dos grupos tienen agendas ultra-conservadoras. En cualquier caso, haciendo esta operación, el resultado es que las fuerzas de la derecha obtendrían 414 escaños y las de la izquierda 336. Gana la derecha, por tanto, lo calculemos como lo calculemos.

Paradójicamente, los resultados que obtenemos en España (al menos en estas elecciones) son exactamente los contrarios, como muestra el gráfico 2.

Descargar GRAFICO 2

Os cuento, de nuevo, como he realizado los cálculos. He computado como partidos de la derecha los siguientes: PP, UPyP, CEU, y C’S y como partidos de la izquierda a PSOE, La Izquierda Plural, Podemos, EPDD, LPD y Primavera Europea. Entiendo que varias de estas adscripciones no dejarán contento a algunos pero no veo otra manera de hacerlas.

Tres reflexiones finales. Si hay una “ley de hierro” en las elecciones al parlamento europeo, en virtud de la cual gana siempre la derecha, habría que explicar por qué. Una segunda reflexión: cuidado con aquellos argumentos que apuestan ciegamente por “más democracia” en Europa como remedio a todos los problemas europeos: ya vemos qué es lo que pasa en las elecciones al PE, que gana invariablemente la derecha. Yo no querría estar en una democracia paneuropea en la que las posibilidades de que ganara la izquierda fueran muy remotas. Y tercera reflexión: se abre una nueva diferencia entre una Europa que es conservadora y una España en la que ganan las fuerzas de la izquierda. Imaginemos que en unas futuras elecciones nacionales todas estas fuerzas pudieran componer un gran gobierno de concentración pero progresista (al contrario de lo que nuestras élites parecen querer). Una España de izquierdas tendría que desenvolverse en una Europa cada vez más conservadora. En estas circunstancias, ¿de verdad que queremos seguir siendo europeístas, sin matices?

España y Europa: hacia una nueva relación

Por: | 09 de mayo de 2014

Portada

 

Hoy arranca la campaña electoral para las elecciones al Parlamento Europeo, casi al mismo tiempo que la publicación de mi libro “España y Europa: hacia una nueva relación” (Tirant Loblanch, 2014). Me gustaría dedicar estas breves líneas a comentar varias cuestiones en relación con este ensayo. Primero, cual es su propósito fundamental. Y segundo, cuáles son los argumentos más importantes del libro.

Me sigo quedando maravillado de la candidez de la mayoría de los políticos españoles cuando hablan de Europa. Dicho sea de paso, prefiero pensar que es candidez y no cinismo, prefiero pensar que realmente se creen lo que dicen cuando hablan de la Unión. ¿Y qué es lo que dicen? Pues lo que dicen es que Europa, la Unión Europea, sigue siendo un “valor” para España. Es decir, a pesar de la situación tan tremenda que está viviendo nuestro país, no solamente, pero sí en gran medida, como consecuencia de su pertenencia a la UE, deberíamos seguir pensando, según nuestros políticos, que Europa es un referente ético, un valor moral, un canon político y económico para nuestro país.

Los que me conocen saben que no estoy abonado en absoluto a la tesis que defiende ese grupito de políticos e intelectuales españoles según la cual José Luis Rodríguez Zapatero es el origen de todos los males y pecados que azotan a nuestro país. Y aunque le conozco poco, en realidad le tengo afecto personal y político. Pero no puedo dejar de citar una de las frases que incluye en su libro El Dilema para ilustrar correctamente esa posición tan metafísica y alejada de la realidad que nuestros políticos mantienen en relación con Europa. Zapatero dice en la página 377 de su libro ni más ni menos que “la UE y el euro son proyectos irrenunciables, y más aún en la era de la globalización. La fuerza de los valores que inspiran la unidad europea es superior a cualquier circunstancia, por muy adversa que esta sea”. Y todo ello, después de haber contado en las 376 páginas anteriores lo mal que se lo hicieron pasar Angela Merkel, Jean-Claude Trichet, y un largo etcétera de notables políticos europeos, quienes, por ejemplo, presionaron al expresidente del Gobierno hasta el vómito para que España pidiera un rescate soberano.

No se equivoquen. Este virus, que consiste en tener una visión europea estrictamente metafísica, no solamente contamina a los políticos españoles de izquierda. También a los de derecha. Nuestro actual Presidente del Gobierno, o alguno de sus acólitos, no se cansan de intentar convencernos un día sí y el otro también de lo maravillosa que es Europa. Y más allá de la política, también afecta a muchos de nuestros intelectuales y académicos, para los que no sé si España sigue siendo el problema, pero desde luego, Europa sí que es la solución. Por ejemplo, en un reciente libro firmado por José María de Areilza Carvajal, actualmente profesor en la Escuela de Negocios ESADE, el autor se propone el objetivo (segun sus propias palabras) de "formular una nueva utopía europea". El problema es que, salvo honrosas excepciones, este no es el único caso. La mayor parte de nuestra clase intelectual defiende, a veces con una fe casi religiosa, este tipo de perspectivas tan metafísicas.

El propósito fundamental de “España y Europa: hacia una nueva relación” es precisamente el de intentar generar un debate político e intelectual que acabe produciendo una desconexión entre valores e intereses cuando hablamos de la Unión Europea en nuestro país. Como todas las utopías, la que encarna la Unión europea es inalcanzable, nunca podrá realizarse. Pero el propósito fundamental de mi libro no es el de insistir en esa idea, que es obvia, y que otros defienden. El sentido fundamental del libro es señalar que si no cambiamos esa perspectiva, el insistir sobre ella no solamente producirá mucha frustración, sino que además nos acabará haciendo un daño irreparable como país. No es lo inalcanzable de la visión metafísica de Europa que defienden nuestros políticos y muchos de nuestros intelectuales lo que me preocupa; lo que me preocupa es que mantener esa visión estrictamente dogmática sobre la Unión nos conduce directamente a la catástrofe.

El libro defiende (haciendo un macguffin literario con una pequeña intervención de Machiavelli al principio y al final del mismo) que España debe pasar página y dejar a un lado la visión orteguiana de Europa y adentrarse con firmeza en una perspectiva mucho más claramente basada en el interés y en la defensa de nuestras preferencias cuando hablamos de la Unión Europea. Para ello, es fundamental intentar entender cómo funciona la UE desde una perspectiva política y económica. Políticamente, hay que dejar bien claro que la UE funciona sobre la base del principio que denomino “un euro, un voto”. Existe una obvia conexión, que es muy directa además, entre poder económico y poder político en la UE. El libro, sin agotar esta idea, se adentra en ella desde varias perspectivas. Lo segundo que hay que dejar claro es que, desde un punto de vista económico, el actual modelo de la UE (sobre todo desde el Tratado de Maastricht) está predeterminado institucionalmente hacia un tipo de soluciones que se materializan en la idea o el principio de austeridad. La UE no puede hacer políticas de estímulo no porque no quiera, sino porque institucionalmente no está preparada para ello. Habría que modificar muy profundamente el sistema institucional de la Unión para que cambiara su política económica.

A partir de ahí, España debe alterar su relación con Europa, haciendo un uso mucho más extenso de las cooperaciones reforzadas, replanteándose sus alianzas sobre la base de cómo queda cada país en materia de gobernanza económica europea, y también analizando de manera muy detenida cual debería ser nuestro grado de compromiso en relación con algunas políticas concretas, como por ejemplo, con la política monetaria.

¿Despertará nuestro país del ensueño europeísta? No lo sé, pero espero que este libro contribuya a que ello sea así.

Rojo, morado, verde

Por: | 31 de diciembre de 2013

7322004-bandera-colorido-es-hecha-de-varios-rectangulos-colores-posicionados-en-la-bandera-de-rectangulo-en-

 

No, no es una película de Kieślowski. Son los colores con los que la vice-secretaria general del PSOE identificó al nuevo partido socialista emergido de la Conferencia Política de 2013. Les recuerdo sus palabras: "El PSOE que saldrá de la Conferencia Política será más rojo, más morado y más verde".

Este blog se despide de ustedes y de este año 2013 deseándoles que el siguiente sea mucho mejor. No será necesario demasiado, la verdad, para que esto ocurra. Quizá una de las cosas que tengan que pasar para que ello sea así es que el principal partido de la oposición de este país se encuentre a sí mismo. Lo deseo de todo corazón, y escribo estas palabras desde el sentimiento, sin un ápice de ironía: realmente lo necesitamos mucho. Y les propongo, en lugar del rojo, morado y verde que encabeza este artículo (los nuevos colores del PSOE) estos pares de conceptos contrapuestos: “El PSOE que saldrá de este año 2013 estará más con:

 

los desahuciados

los explotados

los parados

los excluidos

los sometidos

los (…)

 

En lugar de estar con

 

los desahuciadores

los explotadores

los buitres

los mercados

los dominadores

los (…)

 

Es decir, el PSOE que saldrá de este año 2013 estará más con la gente de lo que lo ha estado en los últimos años. Sin importar si son rojos, morados, verdes o de cualquier otro color. E importando sólo que sean eso: gente.

Feliz año 2014 a todos los que sois seguidores de este blog, y a todos aquellos que sin serlo, también estáis comprometidos con una mejor gobernanza para el mundo y para Europa.

¿Reformamos la Constitución para devolver poder a la Gente?

Por: | 06 de diciembre de 2013

11-197  ELECCIONES

Foto: ciudadanos votando en el referendum del día 6 de diciembre de 1978

 

Hoy se cumple el 35 aniversario del referéndum que ratificó la Constitución de 1978 en nuestro país. En los debates que se están produciendo sobre la materia, hay múltiples propuestas de reforma de la Constitución. Esta es, por ejemplo, la de Rubalcaba, publicada ayer en las páginas de este periódico. Miren también las interesantes reflexiones de Rubio Llorente sobre la cuestión.

Sin embargo, ninguna de estas propuestas aborda de manera directa una cuestión que es fundamental: la de cómo le devolvemos a la gente una parte, al menos, del poder que no tanto (o no solo) la Constitución del 78, sino sobre todo la práctica constitucional, política y económica posterior, ha ido soslayando.

Propongo, concretamente, dos medidas, que podrían tener reflejo constitucional:

 

1)      Que los puestos de “controladores” de nuestro sistema político se elijan directamente por la gente. Me refiero a los siguientes órganos: Defensor del Pueblo, Fiscal General del Estado, Presidente del Tribunal Constitucional, Presidente del Tribunal de Cuentas, entre otros (pero estos son los fundamentales)

2)      Que se aborde en el marco constitucional la cuestión del derecho a decidir.

 

El hilo conductor de ambas propuestas es, precisamente, el de devolver el poder a la gente. El de limitar algunos de los efectos perversos de la democracia representativa. El de huir, al mismo tiempo, de propuestas populistas, que entienden que la democracia se puede reducir siempre, en cualquier caso, en cualquier circunstancia y condición, a un voto en las urnas.

Hay una cuestión adicional. Esta cuestión es la de cómo devolver el poder sustraído por los mercados financieros a la gente. Debería preocuparnos muchísimo. Pero en este campo reconozco mi incapacidad y mi frustración: no se me ocurre ninguna idea que sea realista, pragmática, factible, al mismo tiempo que ilusionante para la gente. En cualquier caso, las propuestas que he mencionado más arriba (en general ninguna propuesta) ni siquiera plantean el problema. Este va a ser, sin embargo, el tema fundamental en los próximos años: el de cómo hacemos que el Principal vuelva a ser la gente en lugar de los mercados financieros. Propuestas bienvenidas, se abre el debate.

Evitar el Rescate

Por: | 27 de noviembre de 2013

7238007-hombre-ahogado-tender-la-mano-para-obtener-ayuda

En las memorias de JL Rodríguez Zapatero, el expresidente del Gobierno señala que su intención fundamental, cuando adoptó las medidas del 12 de Mayo de 2010 (y las subsiguientes) fue la de “evitar el rescate”, que al parecer le fue sugerido por varios líderes políticos en distintas ocasiones. Esta es la motivación fundamental que parece haber inspirado también la política de Rajoy desde que en Noviembre de 2011, el PP ganara las elecciones en este país. Si ese era el objetivo fundamental, hay que reconocer que ambos han tenido éxito: el primero, porque evitó cualquier tipo de rescate. Y el segundo porque al plantear el rescate a la banca evitó un mal peor: el rescate de todo el país. Imagino que cuando Rajoy publique sus memorias también contará que en 2012 las presiones para que pidiera el rescate-país fueron incluso mayores que las que sufrió el propio Zapatero.

Todo esto arroja una paradoja fundamental: “rescatar” ha cambiado de sentido. Según el diccionario de la RAE, la palabra rescatar tiene una connotación positiva: “Liberar de un peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etc.”. Si yo me estoy ahogando, quiero que me rescaten, y no quiero evitar que me rescaten. Sin embargo, si me estoy ahogando económicamente, prefiero lo segundo: prefiero que no me rescaten. Rescatar ha adquirido, en el marco económico, y más específicamente en el financiero, una connotación totalmente negativa.

Hasta aquí, todo muy bien. Podíamos acabar este post aquí mismo, y finalizarlo con una frase redonda, planetaria, de esas que pretenden pasar a la historia: “gracias a la habilidad, altura de miras, liderazgo político y coraje de nuestros dos políticos, España no fue rescatada, y pudo, por fin, enderezar el rumbo”. Pero no lo vamos a hacer, claro que no.

Pensemos en lo siguiente. Si la palabra “rescatar” se ha transformado, y ha pasado de tener una connotación positiva a una absolutamente negativa en el marco económico, es porque hay algo malo en los rescates. Si hay que evitar a los rescates “como la peste”, como me decía hace pocos días una persona muy allegada al Presidente Rajoy, que defendía precisamente este mérito como el principal en la ejecutoria del actual Presidente del Gobierno, es porque los rescates son la propia peste. Si son la peste, deberíamos evitarlos, por supuesto. Pero quizá podríamos hacer otra cosa también: replantearnos los propios rescates. Si los rescates son tan negativos que se trata de evitarlos, al contrario de lo que diría el sentido común, ¿por qué no los estructuramos de otra manera? ¿No será que el problema está en la propia forma en la que hacemos los rescates?

Echemos un vistazo a los datos, a ver qué nos dicen. Como sabemos, los países que están sometidos a un programa de rescate son Irlanda, Grecia, Portugal, Letonia, Hungría, Rumanía y Chipre (además del nuestro, aunque de manera limitada a la banca). En el cuadro 1 damos algunos datos básicos sobre la situación de cada uno de estos países a día de hoy, y los comparamos con los de España.

 

 

 

CUADRO 1: FUNDAMENTALES DE LAS ECONOMÍAS DE LOS ESTADOS MIEMBROS RESCATADOS

ESTADO

MIEMBRO

CRECIMIENTO PIB REAL (% AÑO ANTERIOR)

%DESEMPLEO ANUAL

%DEFICIT PUBLICO ANUAL

%DEUDA 

PUBLICA

ANUAL

IRLANDA

0,6

13,7

-7,6

156,9 (2012)

GRECIA

-4,2

27

-4,1

175,5

PORTUGAL

-1,8

17,4

-5,5

127,8

LETONIA

4

11,3 (M06)

-1,3

40,6 (2012)

HUNGRÍA

0,7

10,1 (M08)

-2

79,8 (2012)

RUMANIA

2,1

7,2

-2,4

39,4

CHIPRE

-8,7

15,5

-6,5

109,5

ESPAÑA

-1,3

27

-6,5

91,3

 

Fuente: Comisión Europea, Revisión de los Programas de Rescate (2013) y Eurostat. Datos 2013 (salvo cuando se indique lo contrario).

 

La mera comparación de estos datos macroeconómicos básicos entre España y los demás Estados Miembros que han sido sometidos a un programa de rescate arroja una conclusión muy clara: la situación española es igual de mala (y en algunos casos, peor) que la de los demás países que sí que han sido sometidos a un programa de rescate. Así, en términos de crecimiento, España cerrará 2013 en números negativos, igual que Grecia, Portugal y sobre todo Chipre. En términos de desempleo, España tiene, junto con Grecia, el farolillo rojo, puesto que es el Estados Miembro de la UE con más desempleo. El déficit previsto para 2013 está muy por encima de los objetivos establecidos, y en cualquier caso, muy alejado del 3% de déficit establecido por el TFUE, al igual que le pasa a Irlanda, Grecia, Portugal, y Chipre. Y finalmente, en lo que a la deuda se refiere, la situación parece desbocada, aunque algo menos que en Irlanda, Grecia, Portugal, y Chipre. Conclusión: sin rescate, España presenta unos números tan malos como la mayor parte de los países que sí han sido sometidos a rescate.

A partir de aquí, sería interesante hacer un contra-factual: ¿qué números presentaríamos si hubiéramos sido rescatados? ¿Igual de malos, mejores, peores? Los datos de los países que sí han sido rescatados no son muy concluyentes: por un lado, aquellos que han sido rescatados ampliamente (Irlanda, Grecia, Portugal, Chipre) son los que presentan, con carácter general, peores datos. Es muy interesante observar además cómo son los que presentan peores datos de deuda pública. Por otro lado, los países que han sido sometidos a rescates menos intensos (Letonia, Hungría, Rumanía) presentan datos algo mejores, sobre todo Letonia, que es la que mejor sale parada de la comparación. De ahí a establecer una correlación entre amplitud de rescate y desempeño económico es arriesgado, por supuesto. Pero el caso es que los países que han sido sometidos a amplios procesos de rescate presentan unos datos pésimos en el momento actual.

Todo ello hace pensar que le tenemos que dar cuantas vueltas sean necesarias a la forma en la que estructuramos e implementamos los rescates. Quizá con ello los Presidentes del Gobierno del futuro puedan sacar pecho diciendo: “conseguí que nos rescataran”.

No sólo se ha hablado de espías

Por: | 25 de octubre de 2013

En el Consejo Europeo que se ha celebrado los días 24 y 25 de Octubre (hoy mismo), no solamente se ha hablado de espías. También se ha hablado de la Unión Bancaria, un tema capital en el actual contexto de crisis económica. Veamos el siguiente párrafo (42 de las Conclusiones del Consejo Europeo):

 

“In this context, the European Council recalls the urgency, for the Member States taking part in the Single Supervisory Mechanism, of establishing a coordinated European approach in preparation for the comprehensive assessment of credit institutions by the European Central Bank. Member States should make all appropriate arrangements, including national backstops, applying state aid rules. European instruments are available according to their agreed rules. The European Council asks the Council to develop this approach as a matter of urgency and to communicate it by the end of November, in line with the goal that the European Central Bank completes the comprehensive assessment of credit institutions in a timely manner. It also calls on the Eurogroup to finalise guidelines for European Stability Mechanism direct recapitalisation so that the European Stability Mechanism can have the possibility to recapitalise banks directly, following the establishment of the Single Supervisory Mechanism”.

 

Esto quiere decir, esencialmente, que las espadas siguen en alto entre la Comisión Europea y el BCE en lo que se refiere al tema más importante: cómo aplicar las normas sobre ayudas de Estado a las instituciones financieras. Ya sabemos que la Comisión Europea, guiada por una interpretación muy formalista del Tratado, quiere una aplicación ciega de dichas reglas en relación con las instituciones crediticias. Por el contrario, el BCE quiere “amoldar” la aplicación de esas reglas al contexto actual. ¿Quién tiene razón en este terreno? Claramente Draghi: tengamos cuidado con una aplicación ciega de las reglas del Tratado sobre esta materia, en estos momentos. Hay que ser mucho más finos. ¿Quién va a ganar en esta batalla? Almunia es vasco, Draghi romano, pero pasó unos diez años en Florencia, lo que le hace medio florentino. Con eso creo que está todo dicho.

CDU o SPD, ¿qué más da?

Por: | 24 de octubre de 2013

Algunos se preguntan si habrá cambios en la política de Alemania hacia el resto de Europa si se forma una Gran Coalición. La respuesta es un rotundo NO.

En este excepcional trabajo de Yotam Margalit y otros (Sharing the Pain: What Explains Public Opinion Towards International Financial Bailouts? Massachusetts Institute of Technology Political Science Department Working Paper No. 2012-5) se muestra de manera clara que las preferencias de los votantes de la CDU/CSU y del SPD son prácticamente iguales en cuanto a un tema clave, como es el de los bail-outs, los rescates financieros a los países en dificultades. Si acaso, lo que muestra la Figura 1 (vid. más abajo) es que los primeros están ligeramente más a favor que los segundos en relación con esta cuestión.

Si examinamos el resto de las variables, las conclusiones son similares. Los votantes de las dos formaciones políticas muestran un grado de coincidencia bastante llamativo cuando se les pregunta si quieren que Alemania contribuya menos al Fondo de Rescate Europeo, o si estarían de acuerdo en mandar un mensaje claramente identificable a eurodiputados a favor de que Alemania contribuya menos a dicho fondo.

Por supuesto, la coincidencia en relación con el tema de los rescates no significa coincidencia en todo lo demás. Pero sí que es una indicación que, de confirmarse con otros trabajos sobre la cuestión, parecería señalar que existe una posición muy similar entre los votantes de ambos partidos sobre la postura que Alemania tiene que tener en relación con los países periféricos en medio de la crisis. La conclusión parece clara: para los votantes de ambas formaciones, solidaridad de Alemania hacia el resto de los países sí, pero con cuentagotas. Ello es en gran medida lo que hace posible la Gran Coalición, una buena noticia quizá para Alemania, pero una pésima nueva para Europa y el resto de las formaciones socialdemócratas de la UE.

  Figura 1

 

Ayudas al sector naval: sepultados entre dos nacionalismos

Por: | 24 de julio de 2013

Urki466b

 

El debate público que se está produciendo sobre la decisión de la Comisión Europea, auspiciada por el Comisario español Joaquín Almunia, sobre las ayudas al sector naval español, es un clarísimo ejemplo de lo emponzoñada que está en nuestro país cualquier tipo de discusión que enfrente de alguna manera u otra a España con la Unión Europea. Podemos decir que ese debate está protagonizado por los representantes de dos tipos de nacionalismos: el nacionalismo españolista (Europa tiene la culpa de todo) y el nacionalismo europeísta (España tiene la culpa de todo). La lista de ejemplos no pretende ser exhaustiva, pero sí que es ilustrativa de estas dos corrientes.

Por un lado, Miguel Zubero, publicaba hace unos días El Doctor Almunia y Mr. Joaquín, artículo en el que se venía a decir que el Comisario europeo estaba movido por no se sabe muy bien qué oscuros intereses a la hora de decidir “perjudicar” a España. Por el otro, Vidal-Folch y Torreblanca, en El País, publicaron también hace unos días un artículo y un post, respectivamente, en donde ambos autores argumentaban que la culpa de todo lo ocurrido era, como siempre, de la pésima gestión española de las ayudas navales y de nuestros propios prejuicios. El título del primero de ellos no ofrece lugar a dudas: en “La culpa es de España”, el periodista de El País argumenta que “la (supuesta) cruzada (contra Almunia) falsea datos y olvida que Aznar creó un sistema ilegal, tolerado por Zapatero y Rajoy” (el texto entre paréntesis es mío). El remate lo proporciona el artículo de Torreblanca, quien viene a hacer una oda a la espléndida independencia de la Comisión europea, como si Bruselas fuera una galaxia rodeada por una especie de atmósfera-cero que la protegiera completamente de la influencia de cualquier interés concentrado. Me reservo mi opinión, por supuesto, sobre cuál de los dos nacionalismos hace más daño a España. Sí que diré, sin embargo, que puedo llegar a entender (aunque no a endorsar) el primero, pero me cuesta mucho no ya solamente endorsar, sino incluso entender, el segundo.

El caso es que nadie, repito, nadie, en este debate, intenta hacer caso a lo que acertadamente ha dicho el Comisario Almunia, que es que hay que discutir la cuestión desde el único punto de vista posible, que es el jurídico. Es decir, dando datos y aportando argumentos lógicos y racionales en pro o en contra de una u otra postura. Embutidos como estamos entre dos tipos de nacionalismos, a cual más rancio, es imposible aclararse en un asunto caracterizado por su alto grado de complejidad. Voy a ello, pero adelanto mi veredicto: desde un punto de vista técnico –como le gusta al Sr. Almunia- la decisión de la Comisión es directamente lamentable, y espero que el Tribunal de Justicia de la UE la anule.

 

1. Lo primero que hay que decir es que la Comisión europea tomó una decisión similar pero referida a Francia hace no muchos años, exactamente en 2006 (Decisión de la Comisión de 20 de diciembre de 2006, n° C46/2004 (ex NN65/2004)). En esa decisión, la Comisión señala textualmente:

 

“La Commission considère donc que la France ne doit pas récupérer les aides incompatibles illégalement octroyées depuis l’entrée en vigueur, en 1998, de la loi n° 98-546 dans le cadre d'opérations de financement concernant lesquelles les autorités nationales compétentes se sont engagées à accorder le bénéfice du régime de l'article 39 CA du CGI en vertu d'un acte juridiquement contraignant antérieur à la publication au Journal officiel de l’Union européenne, le 13 avril 2005, de la décision de la Commission du 14 décembre 2004 d’ouvrir la procédure formelle d’examen au titre de l’article 88, paragraphe 2, du traité”

 

De lo que se puede deducir un principio general, además de sentido común: el momento de recuperación de las ayudas se empieza a contar a partir de la fecha en el que la Comisión haya iniciado formalmente el procedimiento para examinar si la ayuda en cuestión es ilegal, cuando de hacerlo de otro modo se atentaría contra un principio superior del ordenamiento jurídico comunitario, como es el de la seguridad jurídica.

2. Vayamos al caso español. Según los datos que proporciona la propia página web de la Comisión europea (DG competencia) en el caso español la fecha de apertura formal de la investigación es de 29 de Junio de 2011. (Vid aquí). Por tanto, habría que devolver las ayudas, como mucho, a partir del 29 de Junio de 2011.

3. Sin embargo, la decisión de la Comisión sobre las ayudas al sector naval español obliga a la devolución a partir de abril de 2007 (vid. aquí).

4. Se podrá decir que en el caso francés concurrían circunstancias excepcionales, que hicieron que la Comisión europea decidiera retrasar la fecha a partir de la cual se debían, en ese caso, devolver las ayudas.

5. Pero seguramente esas circunstancias excepcionales concurren también en el caso español. Entre otras, por ejemplo, hay una que la propia decisión francesa tiene en cuenta, que es la tardanza, precisamente, en incoar formalmente el procedimiento contra Francia. Esa circunstancia se podría aplicar también al caso español (el sistema español de ayudas al sector naval se establece en 2002; es decir, el procedimiento se incoa formalmente ¡nueve! años después).

6. Otras circunstancias, si no excepcionales en el sentido jurídico del término, si “especiales”, que cabría tener en cuenta, son: la famosa carta de la Comisaria Kroes, y el propio hecho de que Joaquín Almunia es nacional español (desgraciadamente esto de la independencia es como lo de la mujer del César: no solamente se tiene que ser independiente, cosa que no pongo en duda; además hay que parecerlo. El Comisario se podría haber abstenido, por su nacionalidad, de adoptar esta decisión, como permite -y hasta aconseja- en estos casos el artículo 17.3º del TUE). A pesar de ello, la más importante de todas ellas es la que he señalado anteriormente.

 

En conclusión: esta decisión de la Comisión es probablemente una chapuza técnicamente hablando. Decir que la misma se ha producido por la falta de independencia de Almunia es tan patético como decir que todos los errores que se han cometido en su adopción son secundarios, puesto que Europa es Santa y España, claro, una pecadora sin redención posible.

¿Es el Programa OMT del BCE ilegal?

Por: | 20 de junio de 2013

5_big

El País publica hoy un excelente artículo de Guillermo de la Dehesa sobre la reciente demanda que el Presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha interpuesto ante el Tribunal Constitucional Alemán, relativo a la posible inconstitucionalidad del programa OMT (Outright Monetary Transactions), recientemente aprobado por el Banco Central Europeo. Me encanta el artículo de Guillermo. Y no me gusta nada Jens Weidmann, un verdadero halcón macro-económico. Pero siento decir que el programa OMT es claramente ilegal. Desgraciadamente, desde un punto de vista jurídico, aquí Weidmann tiene razón.

El mejor artículo que se ha escrito sobre la legalidad o ilegalidad del Programa OMT es este que os enlazo aquí de Petch (2013). Recomiendo su lectura, como digo, es excelente. Si os animáis a leerlo, pensaréis que me he vuelto directamente loco al recomendarlo, porque lo que veréis es que Petch argumenta precisamente que las OMT son legales, desde la perspectiva del derecho comunitario. De nuevo, me gusta el artículo de Petch. Pero de nuevo, pienso que no tiene razón. Y es sobre la base de sus argumentos como podemos llegar a observar que en realidad el OMT es ilegal.

Petch dedica mucho espacio en su artículo a analizar si un programa como el OMT violará el mandato fundamental que tiene encomendado el BCE, que es el de controlar la inflación en la zona euro. Como sabemos, el propio BCE estableció hace ya un tiempo un objetivo inflacionario anual para la zona euro, que es que ésta se sitúe un poco por debajo del 2%. Pues bien, Petch dice que el OMT no afectará a ese objetivo. Los argumentos son fundamentalmente tres. Primero, porque en un contexto de recesión, como el que sufren algunos países de la eurozona, o crecimiento muy modesto, como el que sufre toda la eurozona, las presiones inflacionistas “subyacentes” serán moderadas. Segundo, porque el BCE se ha comprometido a esterilizar, llegado el caso, cualquier exceso de liquidez que pudiera crear el OMT. Y tercero porque la evidencia de programas similares al OMT, desarrollados por otros bancos centrales, como los de quantitative easing de la FED o el Banco de Inglaterra, arrojan resultados no del todo concluyentes sobre la relación entre este tipo de programas y la inflación.

Analicemos uno por uno todos estos argumentos. Lo primero que hay que decir de manera clara (el propio Petch no niega este punto, aunque lo matiza mucho) es que el BCE tiene un único mandato, que es el de controlar la inflación en la zona euro. Todo lo demás son florituras. Es decir, la famosa frase que todos los que piden más flexibilidad al BCE citan según la cual ese mandato se debe ejercitar sin perjuicio de su apoyo “a las políticas económicas generales de la Unión” (art. 127 TFUE) no contradice en absoluto lo anterior. Está muy claro que este segundo objetivo está completamente subordinado al primero de ellos, al control de la inflación. Por tanto, en caso de discrepancia entre los dos objetivos, no es que el BCE tenga que intentar acomodarlos de alguna manera, llegar a un cierto compromiso entre los dos, sino que lo que tiene que hacer es, claramente, apostar por el primero y olvidarse del segundo. Una interpretación literal (que son las que yo siempre privilegio, desde una perspectiva del derecho como credibilidad) del art. 127 nos basta para llegar a esta conclusión: en efecto, la expresión “sin perjuicio de” del artículo 127 es una indicación que no puede ser más clara en este sentido.

Segundo, la referencia a la inflación subyacente que hace Petch. Es cierto que en el contexto económico depresivo que estamos viviendo en estos momentos en general en Europa y en particular en la eurozona, la inflación no parece un riesgo mayor. Pero fijémonos en varios datos. De acuerdo con Eurostat, 2012, un año pésimo desde un punto de vista económico, finalizó con una inflación del 2,5%, es decir, 5 décimas por encima del objetivo que el propio BCE se ha marcado. Este año, como indica este cuadro que os adjunto, la inflación de la zona euro parece estar más controlada, pero Mayo ya ha experimentado una ligera subida con respecto a Abril, de tal manera que la inflación interanual de la zona euro se ha situado en el 1,4%. Veremos por tanto si el objetivo de situar la inflación ligeramente por debajo del 2% se cumple también para este año. Lo que quiero decir con esto es que, si examinamos la situación macroeconómica de la eurozona solamente desde la perspectiva de la inflación, como debe hacer el BCE de acuerdo con su mandato, la conclusión es clara: cuidado con meter más presión a la inflación, incluso en estos momentos.

Tercero, el impacto del OMT en la inflación. Petch no niega que se pueda producir algún impacto. Y la evidencia que cita (Banco Central de Inglaterra, FED) no es concluyente, en el sentido de que el quatitative easing no produjo subidas de inflación importantes en USA, pero sí en RU, como el propio autor afirma. Por tanto, sobre la base de la evidencia que el propio Petch cita, hay un 50% de probabilidades de que el OMT impacte negativamente en la inflación. Es la probabilidad de este impacto lo que preocupa a Weidmann. Si no hubiera absolutamente ninguna evidencia de que este impacto se puede producir, podríamos argumentar de manera más clara que no hay peligro. Pero existe evidencia, como vemos, en sentido contrario.

Cuarto, esterilización. Petch habla de la esterilización (el conjunto de operaciones que una autoridad monetaria desarrolla para reducir la ampliación de la masa monetaria que se pueda haber producido por alguna razón en un determinado momento, por ejemplo, como consecuencia de un programa como el OMT) como si ésta fuera fácilmente implementable. Pero como indica Domínguez en este documento que os adjunto, la evidencia indica que no es tan fácil esterilizar como pudiera parecer a primera vista. En cualquier caso, para esterilizar es posible que se tenga que producir una subida de los tipos de interés que marca el BCE, lo que seguramente no es la mejor noticia que nos podría dar esta institución en estos momentos o incluso más adelante, teniendo en cuenta que las previsiones son de crecimiento anoréxico para algunos países de la zona euro, como el nuestro.

La conclusión es clara: el programa OMT es ilegal. Y es ilegal porque hemos diseñado un BCE de la manera en la que lo hemos hecho, es decir, de una forma absurda, irracional, y completamente al servicio de los intereses de algunos países muy determinados de la eurozona. Pero desde el punto de vista de su diseño actual, y si queremos que la UE y sus instituciones de gobernanza económica sean creíbles, el OMT es ilegal. Es decir, que o cambiamos el estatuto del BCE, cosa que recomiendo de manera encarecida, o a tragar.

Ya tenemos pacto: Y ahora, ¿qué?

Por: | 13 de junio de 2013

Images

Ya tenemos pacto PP-PSOE sobre política europea. Analizo en este post los puntos fundamentales de este pacto, sus connotaciones políticas y su posible recepción por parte de las instituciones europeas.

Con respecto al primer punto, el Pacto es poco más que un recordatorio (y además, muy general) de medidas que ya se han discutido, que la Unión Europea podría, en su mayor parte al menos, poner en marcha, pero que no se están aplicando por el marasmo en el que se encuentra sumida Europa en estos momentos. Así cabe entender las referencias a los programas de empleo juvenil, al Banco Europeo de Inversiones, o incluso al Acuerdo de Libre Comercio entre USA y la UE. Es decir: más de lo mismo. No está de mal recordarle a la UE que cumpla sus compromisos y se ponga las pilas. Pero llama la atención la dramática falta de ideas, de nuevas ideas, en materia europea, que exhiben las dos formaciones políticas más importantes de este país.

Ahí va una: se podría solicitar a la Unión Europea que el MEDE (que supone la mayor movilización de recursos financieros que ha conocido la UE en las últimas fechas) funcionara a modo de seguro, o garantía, de la deuda de los Estados Miembros en dificultades. Es decir, por ejemplo, la emisión de nueva deuda soberana española podría venir garantizada por parte del MEDE. De esta manera, los tipos de interés de nuestra deuda seguramente bajarían de manera estrepitosa y nuestra prima de riesgo también: con la garantía del MEDE, los mercados financieros estarían más dispuestos a apostar por nuestro país, y por otro lado Alemania no tendría que desembolsar dinero, solamente papel. También se podría pensar en aplicar un mecanismo similar para la deuda privada, aunque aquí probablemente el que tiene que jugar un papel más importante es el BCE y no tanto el MEDE.

En cualquier caso, esta propuesta (y otras más audaces que circulan por ahí) no tienen eco en el Pacto PP-PSOE, con lo que podemos plantearnos si han merecido la pena estas alforjas para tan poco viaje. Creo que la respuesta es negativa, incluso reconociendo que está bien recordarle lo obvio a la UE.

Con respecto a las connotaciones políticas del Pacto, creo sinceramente que ninguno de los dos partidos ha medido bien cuales pueden ser las mismas. La idea de que el PP y el PSOE son lo mismo se fragua sobre todo en materia de política económica. Y ¿qué es Europa, si no política económica? Si de alguna manera querían romper la imagen de que da igual apostar por alguno de los dos porque los dos favorecen las mismas soluciones en materia de política económica, el Pacto sobre Europa les hace un flaco favor en este sentido. Sobre todo a la izquierda, que más que escenificar un acuerdo en esta materia, lo que tendría que haber escenificado es un profundo desencuentro como forma de hacer ver al conjunto de los españoles que PP y PSOE ya no son lo mismo. Ocasión perdida, pues.

Esta impresión se refuerza si tenemos en cuenta que el Pacto no servirá para absolutamente nada. Las instituciones europeas, probablemente la Comisión y el Consejo Europeo, recibirán el Pacto diciendo que “toman nota” del mismo y con el consabido recuerdo de que las políticas de austeridad son la clave para salvar a Europa. Y la razón por la que nada cambiará es porque nada puede cambiar, de manera muy radical al menos, en materia de política económica: institucionalmente, la política económica de la UE está predeterminada hacia la austeridad.

A ver si nos vamos enterando ya de una vez por todas de que no bastarán enmiendas marginales al proyecto europeo para que siga funcionando, para que funcione sobre todo para un país como el nuestro. Lo que se necesita es mucho, mucho, mucho más.

Sobre el autor

es Catedrático Jean Monnet de Gobernanza Económica Global y Europea y Profesor Titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Es doctor en derecho por el Instituto Universitario Europeo y posee un master en Derecho Europeo por la Universidad Libre de Bruselas. Es promotor y miembro del Grupo de Trabajo 'Plan B', dedicado a realizar propuestas alternativas a las salidas de la actual crisis económica.

Archivo

julio 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal