Una tarea de doble filo

Por: | 13 de febrero de 2012

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Una tarea de doble filo:

pensar en Schiele y en la Viena finisecular en la actualidad

 

Por CARLA CARMONA

SchieleEgon-Jahrbuch_bigEl 18 de enero se presentó en la Albertina el primer volumen de la revista anual de corte académico Egon Schiele Jahrbuch (ESJB). Los editores de la revista, Johann Thomas Ambrózy, Eva Werth y yo misma, deseamos que se convierta en un foro de discusión interdisciplinar en torno a la cosmovisión y la obra de Egon Schiele, así como de aquellos aspectos de la Viena finisecular que pudieran contribuir a esclarecerlas. De hecho, el primer volumen recoge tanto artículos que enfocan directamente la vida y obra de Schiele como entrevistas a filósofos que examinan cuestiones artísticas y de pensamiento de gran importancia en aquella Viena.

De este último tipo es la contribución de Isidoro Reguera, una reflexión acerca de una serie de paralelismos y divergencias entre la obra y el pensamiento de Schiele y los de otras figuras de la Viena finisecular, especialmente con los de Ludwig Wittgenstein:

  Wittgenstein1-big“La sombra no creo que sea una metáfora típicamente wittgensteiniana (no puede haber sombras para un lógico, que ama la transparencia del cristal, o las sombras no son nada), ni creo que sea una realidad pictórica schieleana (en su pintura no hay fondo que dé sombra ni dónde darla, y sus cuerpos ni tienen músculos). No hay sombra relevante en ninguno de los dos, que yo sepa. ¿De qué o de quién?, repito. De nada. ¿De la nada, de la nada originaria? Podría ser: luz y sombra en el origen de todo (una metáfora de Jacob Böhme). ¿La luz es la sombra de la nada y la nada la sombra de la luz? (…) Pero ¿quién o qué da sombra?, insisto. La sombra es irrelevante, nada ni nadie puede hacer sombra a la luz pura. Sólo hay luz y oscuridad; mejor dicho: luz y falta (o turbiedad) de luz, consciencia o inconsciencia; no hay nada más que luz o lo demás no es nada más que luz: simples modulaciones caprichosas de la luz o falta de la capacidad para verla. (Schiele sólo pintaba “la luz que proviene de los cuerpos”, como decía, nada ni nadie puede hacerles sombra tampoco, los cuerpos son el absoluto Schiele, diríamos, esa era quizá su luz pura; en su pintura todo lo demás son inflexiones o torceduras, no sombras, de ella.)”.

A la pregunta acerca de posibles líneas de investigación de actualidad dentro del ámbito de la Viena finisecular responde Reguera sugiriendo la comparación entre el entresijo de preguntas e impulsos afines y multidisciplinarios de aquellos luceros que guiaron los últimos días de la humanidad desde la gran Kakania con la coetánea generación del 98 española. No es casualidad que tanto Reguera como Jean-Pierre Cometti (filósofo y traductor al francés de autores como Wittgenstein, Richard Rorty o Robert Musil) apuesten por no quedarse en el mundo de correspondencias que, por lo general, ha marcado los esfuerzos académicos (y los no tan académicos) a la hora de hacerle frente a aquella Viena, apuntando una serie de clichés que es necesario superar para seguir investigando con sentido en esas arenas.

Musil1_grLa entrevista a Cometti parte de una cadena de paralelismos entre la manera de ver y de interpretar el mundo de Schiele y determinados aspectos del pensamiento de Wittgenstein y de Musil que a veces pone de relieve divergencias iluminadoras de los trabajos de cada uno de ellos por separado. Así sucede con la comparación de Cometti entre las figuras de Schiele y las que pululan en El hombre si atributos de Musil. En ambos casos, dislocadas, sin centro:

“El personaje que me viene a la cabeza es Clarisse. Pero también hay otros, como el de Gerda, y quizás el de Hans Sepp. Esto está relacionado con el problema de la sintaxis del que veíamos hablando en relación a la pintura de Schiele. Estos personajes están particularmente dislocados. En su caso, el problema del yo surge de forma abrupta –si bien de maneras diferentes. Es diferente en el caso de Ulrich, pues la manera que tiene de lidiar con este problema no es existencial, sino intelectual e hipotética, es decir, como si se tratase de un experimento. Aunque El hombre sin atributos a veces esté lleno de emoción y sensualidad (en particular en la segunda parte de la novela), Musil es un escritor muy “cerebral”. En ese sentido, los aspectos de la novela que dan lugar a comparaciones con la inspiración artística de Schiele están principalmente vinculados a su descripción de la Viena finisecular”.

Este tipo de paralelismos artístico-literarios son muy interesantes a la hora de estudiar la obra de Schiele, dada su faceta poética. El artículo de Eva Werth incluido en el ESJB alumbra las correspondencias entre la pintura de Schiele y su obra poética, esta última no tan conocida en España, a pesar de que existe una traducción de una selección de sus poemas (eso sí, claramente mejorable, y no del alemán, sino del francés). Los poemas de Schiele ponen de relieve aspectos importantes de su Weltanschauung, como la idea de la interdependencia entre la vida y de la muerte (afín a otras figuras de la Viena finisecular, como Georg Trakl o el propio Wittgenstein) y sus consideraciones acerca de las relaciones entre lo divino y lo humano. 

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Es llamativo el interés que todavía hoy despierta la Viena finisecular. Particularmente por el público tan variado que alimenta esa disposición. Pero no es de extrañar si se tiene en cuenta lo que hay detrás de aquella afirmación de Kraus que convertía a Viena en “el campo de pruebas para la destrucción del mundo”. Los temas que tuvieron un lugar destacado en aquel momento están lejos de haber perdido vigencia; en cierto modo son atemporales, quizás por su carácter humano, demasiado humano. Esos asuntos han dado lugar en los últimos años a películas que han generado discusiones interesantes y alegrado el paladar de muchos aficionados al cine. Pienso, por ejemplo, en Un método peligroso de David Cronenberg o en Klimt de Raoul Ruiz. Estas películas, sin embargo, pecan de abusar de las profundidades de los temas de aquella Viena, explotándolos como para hacerse con un público que, de repente, se ve condenado a interpretaciones reduccionistas y sensualmente edulcoradas de problemas serios y figuras complejas de la cultura, el arte y el pensamiento.

KlimtCartelEste tipo de excesos, no restringido al ámbito cinematográfico, generalmente va acompañado de un olvido de uno de los ejes cartesianos que sostenían el trabajo de los grandes kakanios: la preocupación por la representación, la forma, la manera de organizar las cosas, ya fuera en la pintura, la arquitectura o la filosofía. ¿Por qué no hacer referencia una vez más a aquello que escribió Wittgenstein en relación al Tractatus, que la forma en que estaba escrito el libro era tan importante como su contenido? Fueron muchos los que apostaron por esta doble vía de acercamiento –a última hora convergente– a la comprensión de uno mismo y del mundo.

El primer volumen del ESJB se esfuerza por dar cuenta de este camino binario. Si bien incluye artículos especializados que alumbran problemas de contenido muy concretos dentro de la pintura de Schiele (como es el caso del artículo del historiador del arte Thomas Ambrózy, que decodifica el significado de las peculiares manos de algunos de los lienzos de Schiele, remontando las inclinaciones del artista a Bizancio y a Lutero), el texto de Allan Janik explora las correspondencias entre ética y estética en el pensamiento de Wittgenstein y el mío enfoca el lenguaje de Schiele, concretamente el uso que hizo de una serie de estructuras muy frecuentes en su pintura (la silla, la cuerda floja, la ropa, el halo y la prótesis), que tanto cuando están presentes como cuando latentes ejemplifican de forma envidiable la máxima wittgensteiniana de que el significado está en el uso. 

Este conjunto de esfuerzos sitúa la obra de Schiele en la misma órbita que otras figuras intelectualmente reconocidas de la Viena finisecular, como Wittgenstein, Kraus, Musil o Loos.

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CARLA CARMONA es autora del ensayo En la cuerda floja de lo eterno. Sobre la gramática alucinada de Egon Schiele, de próxima publicación en la editorial Acantilado.

El primer volumen de Egon Schiele Jahrbuch puede adquirirse en tiendas especializas o a través de la página web de la revista. El segundo número está previsto para setiembre de 2012.

 

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