Pelos, y señales

Por: | 17 de abril de 2012

 

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por JOSÉ ANTONIO MILLÁN

En el Cantar de la afrenta de Corpes, el Cid interpela al Conde García Ordóñez: "¿Qué tenéis, conde, que decir de mi barba?... / que por hijo de mujer nunca jamás fue mesada" (versos 3283-5 y versión modernizada). Tirar de la barba de otro fue la máxima ofensa en la España medieval de raíces germánicas, aunque los aínos del norte de Japón se saludaban precisamente cogiéndose de ella. Valga este ejemplo para ver el abismo de significaciones al que se asoma Christian Bromberger en Trichologiques. Une anthropologie des cheveux et des poils.

PeloCidimagesCAJT15ZJLos "filamentos cilíndricos, sutiles, de naturaleza córnea, que nacen y crecen entre los poros de la piel" (DRAE) son una materia cultural ya desde la misma lengua. Cuando se traduzca al español, la "anthropologie des cheveux et des poils" quedará reducida a una simple "antropología de los pelos": el francés distingue entre cheveux (sólo de la cabeza humana) y poils (de otras partes del cuerpo humano), mientras que en español pelos lo son todos, aunque algunos sean -además- cabellos o vello.

¿Por qué las pilosidades humanas son objeto de tal acumulación de sentidos? En primer lugar, porque cabellos y barba están bien a la vista (o su ocultación es ya significativa). Y en segundo lugar, su manipulación es sencilla: corte, peinado, o incluso depilación. Pero quien quiera buscar significados universales en la melena o en el rasurado, en la ocultación del cabello o en el mantenimiento del entrecejo, errará por completo.

Bromberger es un antropólogo que ha realizado trabajo de campo en lugares exóticos como Irán, pero también en Marsella o Nápoles. Por otra parte ha estudiado aspectos centrales de nuestra sociedad (véase su libro Significaciones de la pasión popular por los clubes de fútbol, en español en Libros del Rojas, Universidad de Buenos Aires, 2001). Para la redacción de Trichologiques ha utilizado materiales etnográficos propios y ajenos, y además ha realizado trabajo de campo en ese lugar en el qué muchas personas se enfrentan contemporáneamente a qué significa la pérdida del cabello (incluido el vello púbico): las unidades de oncología.

PeloDeNiroimagesCAIMX2MVLa modificación del pelo es una forma de marcar diferencias sencilla y reversible (frente a los tatuajes o escarificaciones). Sin salir de la sociedad actual véase el pelo corto y cuidado de los varones en el mundo profesional, las rastas de los perroflautas, el cráneo pelado de los skins, el rapado lateral de los canis, las crestas y tintes de los punkis… y el velo de islámicas y monjas. Las grandes diferencias con frecuencia marcan posiciones opuestas: compárese el rasurado completo y cabello corto de los eclesiásticos cristianos occidentales con la exhuberancia pilosa de los sacerdotes ortodoxos griegos.

Pero las distinciones pueden ser más sutiles: un grupo de chiítas heterodoxos de Irán luce bigotes que desbordan por encima del labio superior, contra el mostacho recortado de quienes les rodean. La justificación es que, dado que los pelos no deben tocar los alimentos, llevarlo les exige un cuidado reverencial en la comida (y además postulan que el poblado bigote, la nariz y los ojos dibujan las letras que componen el nombre de su profeta Alí…). Extrañas encarnaciones pilosas de la fe, al igual quee la tonsura o coronilla de los sacerdotes católicos, vigente hasta hace pocas décadas, cuya forma y blancura me evocaba de pequeño la mismísima hostia... Luego volveremos sobre ella.

PelosPelucaimagesCAIW686ZLos cabellos de quita y pon plantean un universo aparte. Las pelucas se generalizaron en Europa entre las clases altas a partir del siglo XVII. Una buena peluca podía requerir tantos cuidados como el cabello propio, pero tenía la ventaja de que un criado podía llevarla (sin necesidad de arrastrar con ella a su portador o portadora) hasta el local del peluquero, que por cierto, anuncia en su nombre su dedicación primaria no a los pelos, sino a las pelucas. En la época de máximo esplendor de este constructo capilar, podían alcanzar en las mujeres tamaños y barroquismos extremados. Las de los hombres, sin embargo, eran más sencillas, con la notable excepción de las pelucas de los clérigos, que debían presentar un orificio en la coronilla que dejara ver la reglamentaria tonsura (!).

Las cualidades y orígenes de estas prótesis capilares demuestran cómo su artificialidad no las pone al margen de los grandes sistemas de significación: las de cabello francés pasaban por ser las mejores… en Francia. Las pelucas que llevan las judías ultraortodoxas bajo su cráneo rapado no deben provenir de cabello de gentiles, y si se descubre que es así, se deben quemar. Las pelucas que preparan quienes van a experimentar una terapia contra el cáncer pueden ser del propio pelo de la paciente, pero si no es así, hay un comercio mundial que las proporciona y que tiene una de sus fuentes de suministro en la India.

PeloVendetaimagesCAGLD8H1Precisamente esta práctica de las enfermas de cáncer en Occidente (uso el femenino porque, nos informa Bromberger, sólo el 6% de los hombres en tratamiento piden pelucas) nos recuerda que la identidad social está unida a la apariencia, y la pilosidad capilar tiene una gran importancia en ella. A lo largo de la historia ha sido muy frecuente la supresión forzada del cabello en los cautivos y esclavos (Egipto, Roma, pueblos germánicos, …), siendo uno de los últimos episodios el rapado obligatorio en los campos de concentración alemanes, que recuerda Primo Levi. El corte de pelo de las religiosas profesas en el acto de entrar en el convento recoge simbólicamente esta sumisión.

La longitud del cabello ha sido muchas veces un elemento distintivo entre hombres y mujeres. En la tradición cristiana tiene su raíz en las Escrituras (1 Corintios 11:14-15): “¿Acaso la misma naturaleza no nos enseña que es una vergüenza para el hombre dejarse el cabello largo, mientras que para la mujer es una gloria llevarlo así? Porque la cabellera le ha sido dada a manera de velo”. Sin embargo, la iconografía clásica de Cristo es con cabellos largos. Cuando en los años 60 las familias bienpensantes españolas nos reprochaban a los varones “llevar melenas”, siempre podíamos responder con tan elevado ejemplo…

El cabello largo de la mujer tiene sin embargo una consideración ambigua por parte de los cristianos. La mencionada fuente paulina declaraba “¿Les parece conveniente que la mujer ore con la cabeza descubierta?”. La clásica ocultación cristiana del cabello femenino —sobre todo relacionado con la religión: asistencia a misa, tocas de las monjas—, venía así a coincidir parcialmente con la islámica. Siempre me he preguntado si los carteles de la Santa Iglesia Catedral (antes Mezquita) de Córdoba, que prohiben entrar con velo, se refieren tanto a las islámicas como a las monjas…

PeloMagdalenaimagesCAAYPB74Si el cabello femenino oculto place a Dios, no cabe duda de lo que complace a los hombres: las exhuberantes melenas. Ahí la iconografía de una pecadora (eso sí, arrepentida): María Magdalena coincide con la de la demoniaca Lilith que pinta Dante Gabriel Rosetti. Ambas, por cierto, pelirrojas (Trichologiques presenta un encarte de fotografías en color que permiten apreciar este y otros hechos). Lo que nos lleva a los colores del pelo, entre los cuales es el rojizo el peor visto a lo largo del tiempo: los niños pelirrojos habrían sido concebidos en plena regla de sus madres, las mujeres pelirrojas, a causa de lo abundante y violento de sus humores, serían forzosamente lascivas; en el siglo XIII se ordena a las prostitutas en Francia que se tiñan de rojo, para diferenciarse de las mujeres honradas...

Si de la cabeza nos desplazamos hacia el cuerpo, la abundancia de pelo corporal es considerada como proximidad a la naturaleza, a la situación de los animales. Las primeras plasmaciones plásticas de los indígenas americanos los representan velludos, hirsutos, como salvajes que eran. Lo cual, además, chocaba frontalmente con las descripciones iniciales, que comentaban con asombro que no tenían pelo en el cuerpo, ni siquiera en las “partes vergonzosas” (extremo que, por cierto, fue interpretado como prueba del estado de inocencia primordial en que se encontraban). Los barbados y pilosos españoles, por su parte, despertaron la admiración de los indígenas. Pasado el tiempo ¾y en una demostración más del uso de los pelos para marcar diferencias¾, se dio el caso de que las mexicanas descendientes de españoles no se depilaban las piernas, para distinguirse de las que provenían de las indígenas, naturalmente lampiñas. Y es imposible, llegando a este tema, no recordar cómo las integrantes de los movimientos hippies de los 60 (que en cierto sentido suponían una vuelta a comportamientos naturales) no seguían la dominante depilación de piernas femenina.

En fin: estos y muchos otros detalles y reflexiones, ilustrados con abundantes imágenes, es lo que nos presenta Bromberger en Trichologiques.

Christian Bromberger. Trichologiques. Une anthropologie des cheveux et des poils (Bayard).

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José Antonio Millán es lingüista y experto en señalética.

 

Hay 6 Comentarios

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¡ponte peluca ya!


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A todos el pelo se nos caerá
más pronto o más tarde el otoño llegará
algunos en la cuna lo pierden ya,
otros en la tumba espera llegar
Ponte peluca,ponte la peluca ya


Si pierdes tu pelo es muy normal
los árboles pierden sus hojas también
tú no te preocupes por tal estupidez
pero si de ello te quieres curar
Ponte peluca, ponte la peluca ya


Cuando por la radio vayas a hablar
no te preocupes nena,no lo notarán
Salta a las ondas muy joven audaz
tú calvicie no la verán
Ponte peluca,ponte la peluca ya

Dentro de cien años todos igual
sin pelo,sin dientes,sin carne quizás
será muy gracioso, tú no lo verás
estarás sin pelo en la enternidad
y no habrá peluca,no habrá peluca ya

Ponte peluca
Ponte peluca
Ponte peluca
Ponte peluca
Ponte la peluca ya

Ponte peluca
Ponte peluca
Ponte peluca
Ponte peluca
Ponte la peluca ya

Te has olvidado del corte del pelo de la mili.

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