Paco Fernández Buey: utopía contra la desigualdad

Por: | 14 de diciembre de 2012

Bueyn
La Universidad barcelonesa Pompeu Fabra, en la que Paco Fernández Buey era catedrático de Filosofía Moral, le rindió un homenaje el jueves 13 de diciembre. Era un acto académico, presidido por el rector, Josep Joan Moreso. Pero de Paco Fernández Buey es difícil hablar sólo académicamente. En él se fundían la persona y el personaje: el estudiante antifranquista, el profesor, el ensayista, el comunista, el hombre que estaba siempre a favor de los que más sufren, con la voluntad de mitigar hasta extinguir los sufrimientos, y el amigo. El formato mismo era poco académico. Estaba el rector, había profesores universitarios (Salvador López Arnal, Vera Sacristán), editores (Miguel Riera, de El Viejo Topo) y un doctorando (Jordi Mir). Eso, en la tribuna, en una especie de charla con los papeles repartidos, de modo que cada uno hablara de algún aspecto del homenajeado y todos de que fue, además, “una buena persona”. Entre el público, un centenar de amigos, compañeros de momentos y lugares diversos, alumnos y lectores.

Empezó el acto con un vídeo en el que Paco hablaba de la utopía como proyecto contra la desigualdad, de la conveniencia de mantener la armonía con la naturaleza, de los cambios en el mundo tras la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética. De que la derrota de esta utopía socialista no podía significar, en modo alguno, la muerte de las utopías. El fragmento proyectado pertenece a una entrevista hecha hace unos meses. La última filmada antes de su muerte el pasado verano, dijo luego su hijo, Eloy Fernández Porta.

Terminó la reunión con la intervención del historiador y activista Jaume Botey que contó una historia desconocida por la mayoría de los presentes: en 1975, Botey colaboraba con una escuela para la alfabetización de adultos en el barrio obrero de Can Serra, en l’Hospitalet del Llobregat. Un día llegaron dos personas a ofrecerse como voluntarios: Paco y Neus Porta, su mujer (fallecida unos meses antes que él). Allí estuvieron como voluntarios, dando clases de alfabetización, durante cuatro o cinco años. Unos meses después de su llegada, Paco le dijo a Jaume que tenía unos amigos que también querían colaborar. Eran el filósofo Manuel Sacristán y el poeta José María Valverde. Sacristán siguió enseñando a leer y a escribir durante un par de años, hasta que la enfermedad se lo impidió.

Así era Paco Fernández Buey y así eran algunos de sus amigos.

Moreso empezó evocando al estudiante antifranquista, el que estuvo en la Capuchinada, el discípulo de Sacristán, el difusor en España de la obra del pensador marxista italiano Antonio Gramsci. Pero también al hombre. Tras haber tomado, afirmó, la decisión más dura de su vida de rector (“pedir a los Mossos d’Esquadra que desalojaran el rectorado”), se fue a ver a Paco, que sabía que no aprobaba la medida, para charlar con el amigo. “Antes de irme, y después de haberme explicado por qué discrepaba, me dio un abrazo. No lo olvidare”.

“Si Paco pudiera estar ahora aquí seguramente nos diría que nos dejáramos de homenajes y nos dedicáramos a lo importante”, dijo Miguel Riera. Y lo importante es no resignarse: saber que el mundo no tiene porque ser un lugar pleno de injusticias, que los Gobiernos no tienen por función la defensa de los intereses de los poderosos. Riera, que ha editado algunos de los títulos de Paco Fernández Buey, evocó su pasado político, su voluntad de promover la confluencia de las izquierdas, la relación que tuvo con Julio Anguita y su presencia en la fundación de Esquerra Unida i Alternativa.

Muy diferente fue la intervención de López Arnal. La hizo a modo de guión de cine, un arte que encantaba al pensador. Una película en la que se abordaba la crítica de la filosofía especulativa, de la economía dominante, “su cinismo y sus supuestos”. Se recordaban los pensadores que habían influido en la formación de Paco: Sartre y Camus, Marx y Russell, Einstein y Gramsci, así como su voluntad de escribir “para lo seres humanos del futuro”, desde la conciencia de que “la vida no cabe totalmente en nuestras conjeturas”. El filme terminaba con letras rojas sobre fondo negro y el sonido, leve pero nítido, de la Internacional.

Vera Sacristán, profesora de Matemáticas en la UPC e hija del maestro de Paco que fue Manuel Sacristán, se centró en un libro del pensador, Por una universidad democrática, dedicado a reflexionar y comprender la situación de la institución docente, desde el convencimiento, explicó, de que “la Universidad vuelve a moverse por abajo”. Las universidades, señaló, tienen tres tipos de problemas. El primero, la dificultad de planificar a largo plazo (responsabilidad que recae en las administraciones públicas de las que dependen los centros); el segundo se debe a una gestión de recursos ineficiente (asunto imputable a los consejos sociales); finalmente, hay en las universidades una tendencia al corporativismo que se manifiesta en los planes de estudio y en los procesos de selección del profesorado. Este tercer aspecto es culpa de directa de la propia universidad. La respuesta a estos problemas, añadió, no puede ser la gestión empresarial, sino, como apuntaba el pensador glosado, más transparencia y participación democrática. Y, muy especialmente, dar a los estudiantes el tratamientos de las personas adultas que son y que tienen algo que decir.

Jordi Mir, que trabaja en una tesis doctoral que dirigía Paco Fernández Buey, resumió la trayectoria política y docente del maestro en cinco puntos.

  1. Relacionar la política con la ética de lo colectivo. En el fondo, sugirió, los logros deberán obtenerse de forma colectiva, es decir, políticamente.
  2. La conciencia de la especie. Una conciencia que sustituye a las antiguas nacionales o de clase, debido a la existencia de las armas de destrucción masiva.
  3. La tercera cultura: donde confluyan las humanidades y la ciencia. Sin perder de vista que no debería haber ciencia sin conciencia.
  4. Contemplar la democracia como un proceso en construcción, donde si no se avanza se va hacia atrás, con los peligros que ello supone.
  5. La noción de utopía y, sobre todo, no cejar nunca en el combate. Ser conscientes de que muchos de los derechos de hoy fueron conquistados por perdedores de ayer.

Aquí hubiera terminado la cosa de no ser por la presencia entre el público del rector de la Complutense, Carlos Berzosa, quien, tras definirse como representante de “la ciencia lúgubre” (la economía), volvió a evocar el libro de Paco sobre la universidad democrática para, posiblemente sin pretenderlo, dejar en el aire un severo diagnóstico de la Universidad española: “Lo recomendé en un consejo de rectores y la mayoría no lo conocía”. Para no terminar la intervención con tan mala noticia, lo hizo con un consejo que le envió Paco Fernández Buey por mensaje de móvil: “Tenemos que reaccionar contra la reacción”. Hercúleo trabajo.

Para quien quiera más, el sábado 15 de diciembre varios pensadores analizarán la obra de Paco Fernández Buey en Espacio Abierto. C/ Duque de Sesto, 40. Madrid.

Imagen tomada por Joan Sànchez.

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