Consolidar la irreverencia

Por: | 04 de octubre de 2013

BEAT01B
Los años sesenta fueron años de transformación de valores. Mejor dicho: de socavación de valores. No hubo un cambio sino un abandono, un cuestionamiento, que refleja bien una expresión acuñada en las universidades occidentales: la contestación. Su máximo teórico fue el filósofo alemán afincado en California Herbert Marcuse. La contestación era una práctica estudiantil consistente en plantar cara a los profesores. Sobre todo a los más reaccionarios, aunque el propio Marcuse reconocía haber sido víctima de ella en alguna ocasión. Se trataba de algo inédito: el profesor había sido hasta entonces (con razón o sin ella) la voz de la autoridad, quien tenía algo que decir. Los estudiantes callaban y, a lo sumo, tomaban apuntes. Y, de pronto, los alumnos levantaban la mano y reclamaban su participación en el aula, en la universidad como elemento de la vida social. Tras esta crítica a la autoridad hay no pocos factores, pero uno de ellos, sin duda alguna, es el grupo musical de Liverpool Los Beatles. Si se prefiere decirlo en los términos de los bienpensantes (es una expresión acuñada) padres de los años sesenta: “los melenudos Beatles”. Marcuse fue el teórico: los Beatles pusieron la banda sonora.

La irrupción del conjunto en la vida pública tiene consecuencias musicales, claro. Hay quien los considera los compositores más importantes del siglo XX. Desde luego, fueron los más influyentes. Pero no sólo afectaron al devenir de la música, también influyeron ¡y de qué forma! en los comportamientos de sus contemporáneos.

Su principal impronta fue la irreverencia. Se reían de todo, lo ponían todo en solfa, lo cuestionaban todo. El pelo era la primera de las expresiones de disconformidad con los valores dominantes. La moda hasta entonces era el pelo cuidado y, como ponía en los carteles de las peluquerías (que entonces se llamaban aún barberías) el corte a navaja. En los más jóvenes se estilaba también un tupé pronunciado que exigía horas de trabajo y laca. Frente a todo eso, el pelo largo y, aparentemente, descuidado. No era una moda, era el rechazo a la norma. ¿Por qué hay que acatar normas que no aportan nada a la convivencia?, se diría que se preguntaban. Y la respuesta era: abajo con ellas.

En los años de su máxima producción (de 1962 hasta la disolución del grupo en 1970) los Beatles conectaron con buena parte del espíritu joven: desde el movimiento hippy y la crítica al consumismo que entonces (¡ay!) era incipiente, hasta la percepción y redifusión del orientalismo de inspiración india, tanto en música como en la forma de ver el mundo.

Esa irreverencia tiene dos momentos notables. Uno, menor, fue en 1966. Imelda Marcos, esposa del dictador filipino Ferdinand Marcos, invitó al grupo a su palacio. La negativa les supuso un pequeño problema porque los dictadores están poco acostumbrados a cosas así. El otro momento fue en marzo de ese mismo año, cuando John Lennon declaró a una periodista que el grupo era ya más popular que Jesucristo. Esta irreverencia fue muy mal recibida por los herederos de la Inquisición que consideran que no todo el mundo tiene derecho a decir lo que le dé la gana. Salvo ellos mismos, que pueden anatemizar a paganos y descreídos y, si hace el caso, imponerles leyes y penas perfectamente terrenales para ayudarles a ganar la vida eterna una vez muertos.

Las fotografías del grupo en aquellos años muestran esa irreverencia frente a todo. Todo puede ser cuestionado y quien se sienta ofendido dispone del excelente recurso de cuestionar el cuestionamiento. Pero no sólo las fotografías, también las letras de sus canciones y las películas que hicieron de la mano de un director capaz de explorar la mordacidad, Richard Lester. Son Help y Qué noche la de aquel día. Pero también Cómo gané la guerra, tan antimilitarista como corrosiva, si bien en ella no participa el grupo sino únicamente Lennon.

La música que hacían, por otra parte, combinaba letras de crítica abierta con el cuestionamiento de algo que parecía intocable: la duración de las canciones. La difusión de las obras en radio y televisión imponía duraciones máximas de tres minutos y medio. Quien quiera puede acudir a escuchar una pieza que rompe con formas expresivas y, también, la imposición comercial de una duración estándar: Revolution 9. Tiene una duración de 8,21 minutos y se halla en el llamado Album blanco aparecido en el año de gracia de 1968. En mayo había estallado Paris, pero durante todo el año y los siguientes ardieron los campus universitarios de occidente en una crítica acendrada de los valores dominantes, además del rechazo explícito a la concepción política del mundo que implicaba la presencia de Estados Unidos en Vietnam.

Quizás como ocurrió en el movimiento del mayo francés, lo característico de Los Beatles es su impulso crítico, su negación sistemática de valores cuestionables, empezando por el principio de autoridad. No obstante, ni el grupo ni los sesentayochistas acabaron por cuajar una propuesta diferente. Es, como bien vieron los herederos de la Escuela de Frankfort, entre los que destacaba Marcuse, la distancia que va de la rebeldía a la revolución. Lo que más se aproximó fue el grupo de los situacionistas, quienes cuestionaban la posibilidad de una revolución gestionada por individuos reprimidos. Pero tampoco ellos acabaron cuajando en un proyecto de transformación social.

Quizás era que no bastaba con levantar la mano y cuestionar al maestro (sin aceptar que buena parte de los profesores universitarios de entonces y de ahora) fueran realmente maestros. De todas formas, algunos sí tenían cosas que enseñar, pero el movimiento contestatario de aquellos años enfatizaba el papel de la crítica de la escoba y el barrido. Hay una anécdota que resulta significativa: en uno de los congresos de filósofos jóvenes celebrado en España en el cruce entre los sesenta y los setenta intervino Jesús Mosterín, que entonces no era aún catedrático, aunque ya apuntaba las maneras. Al terminar, un estudiante levantó la mano y le interpeló con osadía: “No he entendido nada, absolutamente nada de lo que has dicho”. Era una enmienda a la totalidad: tachaba a Mosterín de incomprensible y, además, lo tuteaba para dejar claro que no había reconocimiento a la autoridad intelectual del interpelado. Mosterín, gato viejo incluso cuando era joven, lo miró, sonrió y respondió: “No te preocupes, chico, estudia mucho y un día podrás entenderlo”.

Tenía razón: incluso para la crítica hace falta una cierta preparación. Salvo para quienes están convencidos de que el mundo empezó el día que ellos llegaron a la tierra. Que no son pocos. No es el caso de los Beatles. Puede que participaran de la falta de proyecto ideológico de sus contemporáneos. Pero en materia musical fueron perfectamente capaces de innovar partiendo de la tradición heredada. Entendieron lo que les decían y cantaban los primeros roqueros: se quedaron con algunos elementos y aportaron otros.

En el ámbito filosófico, en esos mismos años empezó a cuajar la afirmación de que ya no se puede pensar en términos de sistema. Marx había profetizado la muerte de la filosofía, si bien tuvo expreso cuidado en decir que moriría “como ideología”, que para él significaba una visión sesgada de la realidad, debido a la situación que el individuo ocupa en el sistema y que le impide, sin un notable esfuerzo, captar el todo. Pero el vaticinio de Marx fue tomado en sentido absoluto para criticar, precisamente, todos los absolutos: ya no había espacio para nuevos sistemas que explicaran el mundo de forma global. Todo son relatos de parte, visiones fragmentarias, pensamiento débil y debilitado: bellos proyectos sin futuro. Y es que, para decirlo en letra de los Beatles: “You say you want a revolution;
well, you know
we all want to change the world” (Dices que quieres una revolución. Bien, sabes que todos queremos cambiar el mundo). El problema que nos dejaron para ese cambio es cómo hacerlo. Por no añadir que hay hoy un segundo problema: no está nada claro que todos quieran cambiar el mundo. Y aún si la respuesta fuera afirmativa, no está nada claro que todos quisieran cambiarlo en la misma dirección.

Hay 9 Comentarios

Buenos tiempos.. la música invitaba a rebelarse contra todo lo establecido-.. luego vendría woodstock...3 días de paz y música .. había muchísima conciencia juvenil sobre la política .. pero ahora.. la gente joven prefiere un macrobotellon y mientras les recortan las becas .. hace falta una buena revolucion acompañada de musica protesta para que cambien algunas cosas de una vez -- y eso que tengo 20 años.. pero es que hay cosas que no me cuadran de esta sociedad

The Beatles eran unos niñatos cantando a la ñoñeria mas pegajosa e intragable que se recuerda. Surgidos de la clase media, de una atronadora e incombustible sociedad de Lords y snobs, tuvieron el viento a su favor y la infraestructura necesaria para dar el follon durante lustros. Sus primos, Rolling Stones, no se les alejan mucho. Y es que UK ha hecho muchisimo daño al arte, y sobre todo a la musica. nada que ver con USA o Sverige.

Rebelarse vende: el negocio de la contracultura (Nation of Rebels: Why Counterculture Became Consumer Culture), Joseph Heath y Andrew Potter

Tiempos que no volverán de respuesta al Sistema, estando como estamos hoy día más vulnerables al Sistema.

Pues yo no estoy de acuerdo con el articulo. Mis años de juventud fueron los años de la beatlemania. En la epoca de Hamburgo los beatles podemos decir que eran mas bien macarras, gamberros, iban con vestidos de cuero y tupes a lo Elvis, como cualquier rockero americano. Y allí su amiga Astrid (que pertenecia a la alta sociedad) les cambio el peinado y empezaron a dejarse el pelo largo pero no descuidado, luego los cogio Brian Epestein en el Cavern, y les cambio las cazadoras de cuero por trajes con corbata, en el fondo eran bastante conservadores, como en las chaquetas llevaban unos ribetes de pana la industria de la pana inglesa se revalorizo, y la reina gano mucho dinero gracias a esto y a todos los discos que vendian.
Fueron unos genios, o lo son, cambiaron la sociedad y yo tengo y sigo escuchando todos sus discos, pero Lennon dijo "siempre quise ser un asqueroso millonario y lo he conseguido"

Excelente artículo de Francesc Arroyo. Al hilo de su temática, recomiendo el libro "Esto no es música", de José Luis Pardo, un certero y sorprendente análisis de los entresijos de la cultura pop, así como del malestar que hoy impregna nuestra cultura, siguiendo surco a surco las canciones de "Abbey Road", el testamento musical de los Beatles.

"If you drive a car, I'll tax the street,
If you try to sit, I'll tax your seat.
If you get too cold, I'll tax the heat,
If you take a walk, I'll tax your feet."

"Taxtman", primer corte de "Revolver", agosto de 1966

Mas bien la mataron, movimientos como los de los años sesentas del s XX ya no existen gracias a contra-movimientos astutos del establishment para destruir a la jueventud como las drogas, las cuales ahora buscan legalizar, para perder mas a la juventud como aqui en España con EL BOTELLON de los dias viernes, el cobro de toda educacion a todo nuivel contribuye tambien a perder a estos jovenes para que se conviertan en empleados del FAST FOOD service, y su vida sea la de un Epsilon cualquiera.

ver este enlace

http://ernesto-consultoria.blogspot.com/2013/05/la-plutocracia-en-america.html

http://ernesto-consultoria.blogspot.com/2012/07/mitos-y-verdades-sobre-el-capitalismo.html

http://ernesto-consultoria.blogspot.com/2012/11/la-servidumbre-moderna-sistema.html


http://ernesto-consultoria.blogspot.com/2013/09/la-economia-del-mundo-en-crisis.html

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Tormenta de Ideas

Sobre el blog

Dedicado al pensamiento desde todas las perspectivas posibles –la ética y la estética; la antropología y la sociología; la física y la metafísica-, este blog es un espacio para razonar. Y para debatir.

Sobre los autores

Tormenta de ideas es un blog colectivo de información y opinión. La primera toma forma en la redacción de EL PAÍS. La segunda, en el cerebro de sus expertos y colaboradores.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal