Un francés en Las Ventas: variaciones sobre la decadencia

Por: | 11 de junio de 2012

Por Claude Casteran
(Escritor y periodista francés)
Castella

Sebastián Castella en San Isidro de 2009. Desde entonces, el diestro francés, es uno de los más destacados en cada feria. Foto: EFE.
En Las Ventas, un francés acostumbrado a corridas a menudo coloristas de los largos fines de semana festivos de la primavera o de las vacaciones de verano, tiene la impresión de que al público madrileño le gusta frenar su placer. ¿Es porque en San Isidro a los aficionados madrileños les cuesta olvidar su jornada de trabajo? ¿Es porque están cansados, al final, de haber visto a lo largo de las décadas demasiados combates, demasiados triunfos, demasiados fiascos?
Este 24 de mayo de 2012, entre puro y gintonic, mi vecino, sentado sobre una impecable almohadilla roja y amarilla, me transmite su opinión:
-¡Mire las manos de los toros! ¡Debiluchos! ¡Y esos toreros sin personalidad! ¡Qué decadencia! ¡Es así desde hace años, lo peor es que nos acostumbramos!
-Es usted desesperante. Espero no doparme jamás con el discurso de la decadencia.
No hace falta explicar que, en una plaza, me contento con poco, aunque ese poco es a veces mucho: un juego de muñeca con la muleta, la calma un poco estirado del torero cuando todo va bien o incluso cuando todo va mal, unas banderillas posadas por un ángel. ¿Mi identidad taurina? Aficionado, tendencia hedonista. Sin duda, una falta de exigencia, lo sé.
Decadencia es una de las palabras más perezosas del arte taurino. Una figura compartida que tiene el mérito de unir a las generaciones impulsando la transmisión. Es una palabra que pronunciaba mi padre en Bayona, ese día de julio de 1964, a cuenta de unos toros cojos. Al día siguiente, Paco Camino triunfó y se olvidó del declive… durante 24 horas.
Ofendido, mi vecino continúa:
-¿Está usted ciego? La corrida vive una desafección, ha perdido la batalla de la modernidad, los antis de todos los sectores se movilizan. En 20 años, esto se acaba.
Tal vez tenga razón. O no.
En Francia, la cadena pública France 2 ofreció el 28 de mayo un reportaje sobre este tema en su telediario de mayor audiencia de la noche: primero, nos enteramos de que el declive está ahí, ha sido localizado, certificado, confirmado, las cifras son indudables. Pero, al final, estamos menos seguros de su existencia: el responsable de la plaza de Nîmes, Simon Casas, no parece pesimista y el público responde con su presencia en la tradicional Feria de Pentecostés.
De forma sorprendente, unos días antes, más de seis millones de franceses habían seguido en la cadena privada TF1, un telefilme policiaco titulado Matador, en el que los anti no son los buenos.
Ahora, me he puesto nervioso de dejarme distraer por mis propios pensamientos.
-Guarde silencio, por favor, Sebastián Castella se dispone a matar a su toro. Quizás vaya a recibir una oreja, la merece sin duda.
-Solidaridad entre franceses, se burla mi vecino.
Un intenso silencio sube por los tendidos, como diríamos de una música. Se prolonga durante un minuto largo y su magia borra con los sempiternos debates taurinos, los movimientos de los vendedores de bebidas, los gritos de entusiasmo o de asco de los turistas (estaba sentado junto a unos rusos).
Las Ventas mantiene el aliento: Castella fracasa en su primera tentativa y sólo mata en la segunda estocada. Ovación pero no hay oreja. Madrid siempre ha sido una plaza severa. Aquí uno no viene a hacer tonterías, pero seamos justos: si el éxito es indudable, el público sabe relajarse y esta alegría, que surge del rigor, es muy emocionante.
Al salir, hablo de todo ello con un profesor, al que conozco poco. Con aire alegre, me dice:
- El espectáculo hoy no fue muy bueno, pero la plaza estaba llena. La corrida no está en decadencia, a diferencia de lo que dicen. Justamente porque hay una crisis la gente necesita la fiesta más que nunca. ¿Que piensa usted?
- Desolado, pero no soy ni un experto ni un político, ni un ganadero, ni un apoderado. Ignoro si este declive es real o no.
Parece decepcionado. Me apiado y prosigo:
-En cualquier caso, sería absurdo hablar de declive solo porque el número de corridas está en baja desde hace cinco años. La calidad es más importante que la cantidad.
En un bar cercano a la plaza, un grupo de aficionados me acoge con calidez. Ven en mí al digno representante de un país que podría, según ellos, dar lecciones a España en materia de gestión taurina.
Me piden que evoque Nîmes y su anfiteatro romano. Digo con prudencia que se cortan muchas orejas. Un joven, cuya enorme sonrisa contrasta con su discurso fúnebre, estima que esta generosidad es un signo de ocaso. Sin duda.
Desde entonces, esta alegre banda debe tomarme por un adivino porque ignoraba el diluvio de recompensas que iba a producirse en la Feria de Nîmes. Javier Castaño iba a llevarse cinco orejas, sólo frente a seis toros. Además 11 orejas y tres rabos fueron cortadas durante una corrida de rejones y cuatro orejas en el cierre.
A mi pesar, el declive ocupó mis sueños. Me obligaban a decir si había decadencia o no. No era agradable. Pero rápidamente cambió a algo más dulce y me puse a soñar con una larga, muy larga, edad de oro que se prolongaba durante toda mi vida: comenzaba con las historias de mi padre sobre Manolete, al que vio torear en la España de la posguerra, seguía con mis recuerdos de Joselito, solo frente a seis toros en 1993 y 1996 en Madrid y luego mis relatos de otras tardes memorables que transmitía a aquellos que querían escucharme. Un sueño bonito, fluido.
Al despertar, me dije que nuestros hijos transmitirán sin duda, ellos también, una idea de la decadencia de la tauromaquia. Espero que lo hagan con ironía, porque predecir su propia muerte –sobre todo cuando uno está bien vivo, fuma y bebe gintonic–  proporciona unos escalofríos deliciosos.
Traducción de Guillermo Altares, redactor jefe de Internacional en EL PAíS.

Hay 5 Comentarios

Aficionado tendencia hedonista: me lo apunto.

Yo creo que llegaremos a verlo; el cierre de Las Ventas y demás centros de tortura.

¿Aficionado con tendencias hedonistas? serán sádicas en todo caso...

¿Hay algo más decadente que este espectáculo en sí?

¿Qué no está en decadencia en este país secuestrado que se nos cae a cachos en cada amanecer?
No estaría mal conocer en España esa película en que los antitodo no son los buenos. Parece asumida la división maniquea que los aficionados somos los violadores y torturadores, como los asiáticos son los asesinos o los africanos, los criados del buenismo de los estupendos antitaurinos. Defensores con mando a distancia de los animales porque hace tiempo que le dieron la espalda al mundo rural, lugar en el que deberían vivir en libertad, pero al mismo tiempo aniquiladores del toro de lidia, el animal más libre criado en el campo ibérico.

Los aficionados en Francia tienen más memoria que aquí. Me consta que se están llevando los mejores ejemplares de las ganaderías para sus ferias. Así nada es de extrañar que los festejos resulten más atractivos.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Primer Aviso

Sobre el blog

El mundo de los toros visto por los periodistas de EL PAÍS. Rigor, exigencia y sensibilidad para analizar un arte que vive uno de los momentos más complejos de su historia.

Sobre los autores

Antonio Lorca es crítico taurino en El País. Amante del toro en el campo, en la plaza y en el plato. Hijo del Capitán Trueno, venera a los héroes de carne y hueso ya vistan de oro o plata, vayan a pie o a caballo. Por favor, no le digáis a mi madre que soy periodista; ella, orgullosa de mí, cree que soy banderillero...

Rosa Jiménez Cano. Periodista de EL PAíS especializada en Tecnología, aficionada a los toros desde su niñez. Como cualquier abonado de Las Ventas reparte su corazón entre Chenel, Esplá y los hierros más duros. Se derrite cuando a Morante le da por torear.

Quino Petit es periodista de EL PAÍS. Desde 2006 escribe reportajes en El País Semanal. Durante la adolescencia sufrió un shock leyendo la biografía de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte y persiguió a Curro Romero y a Rafael de Paula hasta que ambos se cortaron la coleta. Desde entonces no persigue a nadie. Tampoco ha vuelto a ver torear tan despacio.

Paz Domingo, periodista de El País y admiradora de la portentosa belleza que atesora el toro de lidia, cuando se da con toda la integridad física y temperamental, con la fuerza descomunal que representa su genio, acometividad, defensa, y resistencia al sometimiento.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal