Los 'mano a mano' de la vergüenza

Por: | 29 de julio de 2013

Es tal el desconcierto que padece la fiesta de los toros en estos momentos, que todo el sector -empresarios, ganaderos, toreros, apoderados y periodistas incluídos- está dando palos de ciego a la búsqueda desesperada de una luz al final de ese túnel oscuro en el que parece atrapado el espectáculo

Lo cierto es que ha vuelto a descender el número de festejos respecto al año pasado -según el portal Mundotoro, cien menos hasta finales del mes de junio-, y las plazas, a excepción de la de Pamplona, no se llenan sea cual sea el cartel que se anuncie. Andan desquiciados los empresarios, que no saben qué hacer para cuadrar las cuentas y obtener un legítimo beneficio; muchos ganaderos se ven obligados a destinar las reses bravas al matadero; y, mientras tanto, los toreros con más renombre han bajado a la calle para darse un baño de popularidad con los más pequeños, a los que inician en el manejo de los engaños.

Algo de todo esto sucede mientras este país sufre un proceso creciente de 'destaurinización' causado por múltiples factores, entre los que destacan una sorprendente sensibilidad hacia la 'humanización' del mundo animal -cada vez son más los programas televisivos dedicados a estos seres vivos, y los vertebrados e invertebrados animados que hablan, lloran, ríen, aman y se enfadan como cualquiera de nosotros-, una preocupante ausencia de liderazgo entre quienes se visten de luces, y, por encima de todo, la pérdida de la casta y la fortaleza del toro que determina, y de qué manera, que la emoción, inherente a la tauromaquia, sea un bien tan imprescindible como escaso.

Y ante tanta animalada televisiva, que conseguirá, a la postre, que todos nos convirtamos en veganos; el sillón vacío de quien nació para ser el redentor de la fiesta en el siglo XXI y prefiere la comodidad de la playa y el chiringuito, y la decadencia absoluta del otrora poderoso y desafiante toro bravo, a algunos empresarios se les ocurre la atractiva idea de anunciar en sus ferias carteles de dos diestros de postín, en un 'emocionante espectáculo de rivalidad' al objeto de revitalizar la depauperada taquilla.

Así ha ocurrido, por ejemplo, recientemente, en la feria de julio de Valencia, en la que se han visto las caras -porque de rivalidad, nada de nada- El Juli y Manzanares, una tarde, y Talavante y Morante, en otra; y ha quedado manifiestamente claro, primero, que las figuras actuales nada saben ni quieren saber de competencia; y, segundo, que no tienen empacho alguno en tomarle el pelo a los osados que decidan pasar por taquilla.

Es una auténtica desvergüenza que los señores Juli y Manzanares se anunciaran en Valencia con una corrida impresentable, como no lo es menos que Talavante y Morante acudiera cada uno con sus toretes bajo el brazo en una demostración colectiva y pública de que la fiesta les importa un pimiento, y que siguen sin entender que gran parte del futuro de la fiesta reside en el compromiso de las figuras por la autenticidad y la integridaddel del espectáculo.

No es extraño, ni lo más grave, que ninguna de la dos tardes se llenara la plaza; lo peor es la legión de desesperanzados que entre los cuatro toreros han dejado en Valencia y su comarca.

Y no pasa nada. Los cuatro seguirán hablando del arte, de la sensibilidad, de lo que sienten o dejan de sentir, y arremetarán contra los enemigos de la fiesta, sin querer ver que la paja que critican en el ojo ajeno es viga en los suyos.

Si alguna vez esta fiesta entra en coma, -que con actitudes como las de El Juli, Manzanares, Talavante y Morante, puede no tardar mucho- habrá que buscar responsabilidades en lo alto del escalafón. Ahí es donde, hoy por hoy, reina la desvergüenza y la comodidad gana siempre a la responsabilidad.

 

Hay 6 Comentarios

Lo mismo pasa con la caza (y con todo, pero por no salirnos de matar animales): cada vez es más falsa y más de plástico. Todo por el negocio, que caza y lídia son ante todo negocios. Cada vez hay menos cazadores y menos taurinos, y eso será en parte por los urbanitas, pero si la caza va de capa caída es por los propios cazadores, y con los toros pasa los mismo, que van en picado por los propios taurinos. Entre tantas, los de siempre se van llenando los bolsillos. Y esto lo dice alguien a quien no gustan ni la caza ni los toros. Ni presión ecologista, ni animalista, ni vegana ni nada: os la estáis cargando vosotros mismos. Eso sólo pasa en España. En Inglaterra podrán prohibir la caza del zorro, pero mientras se practique no se desvirtuará (=hará mierda), y habrá quien haga negocio de ello, pero sin estafar ni romper el negocio.

De ahì viene lo de "vergüenza torera".

fiesta nacional=verguenza nacional.

Lo más gracioso, lo de los documentales animalistas. Gracioso y revelador. A más interés por la naturaleza, menos afición por la la mal llamada fiesta.

Conicido con Lestes. Claro que el toreoes una vergüenza.

No soy defensor de las corridas aunque sé de chicuelinas o gaoneras. Me gustan los encierros pamplonicas bien corridos y consumo la carne de este animal. Estoy de acuerdo en que existe una abundante antropomorfización de animales y mascotas, que no necesariamente saca el lado más humano de sus dueños. Y deseo comentar que es una delicia leer sus crónicas. Saludos.

Por fin un títular con sentido para referirse a la tortura pública de animales por dinero: "Los 'mano a mano' de la vergüenza". Y es que es una vergüenza que tal salvajada siga existiendo en el siglo XXI.

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Primer Aviso

Sobre el blog

El mundo de los toros visto por los periodistas de EL PAÍS. Rigor, exigencia y sensibilidad para analizar un arte que vive uno de los momentos más complejos de su historia.

Sobre los autores

Antonio Lorca es crítico taurino en El País. Amante del toro en el campo, en la plaza y en el plato. Hijo del Capitán Trueno, venera a los héroes de carne y hueso ya vistan de oro o plata, vayan a pie o a caballo. Por favor, no le digáis a mi madre que soy periodista; ella, orgullosa de mí, cree que soy banderillero...

Rosa Jiménez Cano. Periodista de EL PAíS especializada en Tecnología, aficionada a los toros desde su niñez. Como cualquier abonado de Las Ventas reparte su corazón entre Chenel, Esplá y los hierros más duros. Se derrite cuando a Morante le da por torear.

Quino Petit es periodista de EL PAÍS. Desde 2006 escribe reportajes en El País Semanal. Durante la adolescencia sufrió un shock leyendo la biografía de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte y persiguió a Curro Romero y a Rafael de Paula hasta que ambos se cortaron la coleta. Desde entonces no persigue a nadie. Tampoco ha vuelto a ver torear tan despacio.

Paz Domingo, periodista de El País y admiradora de la portentosa belleza que atesora el toro de lidia, cuando se da con toda la integridad física y temperamental, con la fuerza descomunal que representa su genio, acometividad, defensa, y resistencia al sometimiento.

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