La historia taurina del campo charro en la fotografía de Gombau

Por: | 14 de septiembre de 2013

Img_0002Encierro de toros. Fotografía de Venancio Gombau (1861-1929). Pertenece al fondo gráfico de la Biblioteca Digital Taurina de Castilla-León.

 

Llega septiembre, el final del verano y la feria taurina de Salamanca. Tras estos días de esplendor torero en los festejos de La Glorieta se da paso al recogimiento invernal en las abundantes ganaderías del campo charro. La afición del pueblo salmantino ha retoñado de las dehesas rebosantes de encinas, cercados, brumas frías y acogedoras lumbres. Que esta tierra sea extraordinariamente brava en toros y toreros, es un  hecho objetivo. Que además sea un reclamo turístico, es un empeño de la propia diputación porque “si hay alguna provincia que personaliza la definición de “piel de toro”, ésa es Salamanca”, en un espacio en el que hay registrados más de un centenar de hierros bravos. Que sea recia, firme, especial y virtuosa, da buena cuenta la larga lista de artistas que ha formado. Hoy, en el inicio del otoño, al abrigo de la intimidad del campo charro, se rinde homenaje a la gran figura del fotógrafo Venancio Gombau (1861-1929) y a su inmenso trabajo como entusiasta de los rincones de esta tierra. Amigo de Unamuno; conocedor de los secretos introspectivos de los ambientes universitarios y periodísticos; precursor de la fotografía comercial; autodidacta en la técnica; intuitivo en la verdad que retrató; Gombau fue además un hombre “al que le gustaban mucho los toros”, según relató su biógrafo Enrique de Sena a propósito de la primera exposición antológica de la obra fotográfica que tuvo lugar en Salamanca en 1989.       

 

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Parada de cabestros. Fotografía de Venancio Gombau (1861-1929). Pertenece al fondo gráfico de la Biblioteca Digital Taurina de Castilla-León.

 

Con esta muestra que recopilaba la gran obra del fotógrafo se publicó el libro Salamanca en las fotografías de Venancio Gombau, de Enrique de Sena y Jaime Peña, y que hasta el momento constituye el único resumen editado del archivo documental de este fotógrafo -comprado por Ayuntamiento de Salamanca y depositado en la Fototeca de Castilla-León-. Consta de más de cinco mil negativos, principalmente a partir del año 1904, casi todos en placas de cristal, con unas referencias inequívocas a la ciudad de Salamanca y sus gentes, sus pueblos y sus fiestas. Este extraordinario repaso a la obra de Gombau, a su significado y trascendencia, lo contextualiza el periodista Enrique de Sena en esta publicación sobre dos asuntos cruciales. El primero, como piezas extraordinarias que han permitido el “redescubrimiento del pasado, a través de la documentación privilegiada” como es el caso de la Plaza Mayor de Salamanca. El segundo, como un repaso “al amigo de todo el mundo, lo cual revela un alto grado de comprensión del fotógrafo”, tan meticuloso que “disfrutaba en los preparativos: colocación de la cámara, de la persona, o del grupo objeto de la fotografía, de la luz, de eliminar sombras o crearlas pero que contribuyen a singularizar los rasgos fisionómicos del retratado, las que conceden a la fotografía valores superlativos”.

 

Federico gombau belmonteJuan Belmonte en 1920. Fotografía de Venancio Gombau y publicada en Salamanca en las fotografías de Venancio Gombau. Salamanca, 1989.Enrique de Sena comenta de esta imagen: “Realizada en el estudio de la calle Prior, Juan Belmonte con los ojos expresivos de triste mirada, la huella que desde su niñez le acompañó… Había venido en febrero de 1920 a Salamanca, invitado por don Argimiro Pérez-Tabernero. Y en la finca de Padierno, como en otras placitas de ganaderos que le invitaron, el diestro se había placeado en el toreo escueto con numerosas vaquillas. El 27 de febrero se encontraba también en Padierno Manolo Granero, después de probar varias vacas y algún semental. Cuando todo el mundo se retiraba  Belmonte insistió en simular la suerte de matar con una banderilla. La vaca de sangre y casta Saltillo le empitonó por el muslo y le clavó seis centímetros de una de las astas…”

 

Venancio Gombau nació en Cabanillas de la Sierra (Madrid) y sus vivencias en Salamanca empiezan en los primeros años de su vida cuando una de sus hermanas se casa con José Oliván, autor de la primera fotografía que está registrada de la ciudad salmantina. Al frente del estudio familiar estará Gombau hasta 1904, fecha en el que se establece en la calle Prior número 18 y en el que permanecerá hasta su muerte en agosto de 1929. Tuvo tres hijos: Amalio, el mayor, continuará con el legado fotográfico y se hará cargo del archivo; el segundo, Gerardo, músico, compositor y catedrático del Conservatorio de Música de Madrid; y el tercero, Guzmán, periodista y fotógrafo de El Adelanto.

 

Gomabau chicuelo
Un jovencísimo Manuel Jiménez, Chicuelo. Fotografía de Venancio Gombau y publicada en Salamanca en las fotografías de Venancio Gombau. Salamanca, 1989.Enrique de Sena comenta (en un capítulo con nombre curioso: Cuando Salamanca olvidó a José y Juan):  “Hecha sin duda en 1920… Los aficionados de la capital se olvidaron de Joselito que habría de morir ese año en Talavera y Belmonte herido por una vaca en la finca de Padierno… el chicuelismo se tradujo en la creación del Club Chicuelo y su más entusiasta prosélito fue don Blas Santos Franco, procurador de los tribunales y redactor especializado en El Adelanto, que nació y murió con él. El personaje que acompaña a Chicuelo está sin identificar".

 

De la obra de Venancio Gombau realizada durante su permanencia como oficial del estudio de José Oliván, y después con su viuda, se pudo recuperar muy poco. Fue precisamente “el primer fotógrafo salmantino que se brindó a retratar los toros en el campo”, cuenta de Sena, porque era decidido y deseaba de adquirir técnica. Además “le gustaban mucho los toros y acudía a las dehesas a retratar las corridas que habían sido adquiridas para las plazas más importantes. Sin embargo, las imágenes que obtuvo de las ferias de comienzos de siglo, ofrecen una discreta calidad. No disponía Venancio de máquinas para el reportaje gráfico y cuando no están movidas, presentan deficiencias de luz”.

 

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Eladio Amorós. Fotografía de Venancio Gombau y publicada en Salamanca en las fotografías de Venancio Gombau. Salamanca, 1989.Enrique de Sena comenta de esta imagen: “No sabemos si don Venancio Gomabu, cuando pidió a Eladio Amorós que fuera al estudio de la calle del Prior para hacerle una foto, pensó en que el diestro pudiera utilizarla en carteles y reclamos de propaganda taurina. Si pensó eso, no dio en la diana… No es éste El chico de la Revoltosa de la afición taurina de Salamanca… Considerado salmantino, nació en Madrid en 1903 pero siendo un bebé sus padres se trasladaron a Salamanca y abrieron una zapatería en la Plaza Mayor, escalera de Pinto, y se aficionó por su padre y por los inviernos salmantinos donde las figuras venían a entrenarse… Dicen que era bueno con el capote. Los críticos aseguraban que “necesitaba decisión”. Toma la alternativa en Zaragoza en 1928 y al año próximo hizo “las Américas”. De regreso a Madrid en 1929 toreó una corrida que la recordaba con amargura porque supuso su final como torero… Un profundo deje de amargura le acompañó en los últimos años, sin alterar su talante de discreción y saber andar. Murió en la Residencia de San Rafael un día de 1987”.

 

La temática taurina constituye en el legado de Gombau “centenares de imágenes, que una vez clasificadas y en lo posible ordenadas, constituyen un material inapreciable para la historia taurina del campo salmantino”, asegura Enrique de Sena en la introducción que realiza a la descripción de los retratos de los toreros Manuel Jiménez, Chicuelo, Eladio Amorós y Juan Belmonte, y que se reproducen en este soporte digital. También, por su volumen y curiosidad, dentro de este gran archivo se encuentra la parte dedicada a la figura de Miguel Unamuno, ambos unidos por una buena amistad ya que eran asiduos a la tertulia del Casino, incluso improvisaban charlas distendidas en la casa del fotógrafo. Estas dos circunstancias que han marcado la obra de Gombau, su afición al mundo de los toros y su admiración por Unamuno, tan distantes “en la comprensión de lo taurino”, apunta el biógrafo en la descripción de la vida de Combau, es curiosa y lo suficientemente expresiva para entender la amplitud y humanidad de un fotógrafo con “predilección por las fotos de grupo, porque la composición, a la par de tener armonía, ocultaba el artificio del preparativo para trascender naturalidad”.

 

Br gombau unamuno
Miguel de Unamuno (en torno a 1906). Fotografía de Venancio Gombau y publicada en Salamanca en las fotografías de Venancio Gombau. Salamanca, 1989.Enrique de Sena comenta de esta imagen: “En el archivo de fotografías de don Venancio Gombau hay un número importante de retratos de Miguel de Unamuno. Varios son muy conocidos, han sido divulgados en libros, revistas y periódicos… Oímos en varias ocasiones referir a Guzmán, el hijo pequeño de los tres que tuvieron Venancio Gombau y Concha Guerra, que don Venancio y don Miguel se entendían muy bien. En realidad, para entenderse muy bien con don Miguel bastaba con escucharle, es decir, no hablar. Unamuno hacía todo el gasto de palabras. Pero Unamuno, al trabar amistad con don Venancio Gombau, descubrió circunstancias que abonaban un trato asiduo y cordial”.

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Sobre el blog

El mundo de los toros visto por los periodistas de EL PAÍS. Rigor, exigencia y sensibilidad para analizar un arte que vive uno de los momentos más complejos de su historia.

Sobre los autores

Antonio Lorca es crítico taurino en El País. Amante del toro en el campo, en la plaza y en el plato. Hijo del Capitán Trueno, venera a los héroes de carne y hueso ya vistan de oro o plata, vayan a pie o a caballo. Por favor, no le digáis a mi madre que soy periodista; ella, orgullosa de mí, cree que soy banderillero...

Rosa Jiménez Cano. Periodista de EL PAíS especializada en Tecnología, aficionada a los toros desde su niñez. Como cualquier abonado de Las Ventas reparte su corazón entre Chenel, Esplá y los hierros más duros. Se derrite cuando a Morante le da por torear.

Quino Petit es periodista de EL PAÍS. Desde 2006 escribe reportajes en El País Semanal. Durante la adolescencia sufrió un shock leyendo la biografía de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte y persiguió a Curro Romero y a Rafael de Paula hasta que ambos se cortaron la coleta. Desde entonces no persigue a nadie. Tampoco ha vuelto a ver torear tan despacio.

Paz Domingo, periodista de El País y admiradora de la portentosa belleza que atesora el toro de lidia, cuando se da con toda la integridad física y temperamental, con la fuerza descomunal que representa su genio, acometividad, defensa, y resistencia al sometimiento.

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