El complejo camino de rosas y espinas para Castaño y su cuadrilla

Por: | 04 de octubre de 2013

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Los miembros de la cuadrilla de Javier Castaño -de izquierda a derecha, Marco Galán, Tito Sandoval, David Adalid y Fernando Sánchez- dan la vuelta al ruedo al término del segundo tercio al quinto toro de la ganadería de Celestino Cuadri en pasado 1 de junio en la plaza de toros de Madrid. Nunca se había producido un acontecimiento torero igual. Fotografía de Kote Rodrigo (EFE)

Anotaciones reglamentarias (7)

La vuelta triunfal que protagonizara la cuadrilla del diestro Javier Castaño en Madrid provocó el entusiasmo de la afición y la suspicacia de una parte de la jerarquía taurina. Se trata de un hecho excepcional que no está regulado ni prohibido por la normativa vigente. 


El pasado día 1 de junio se produjo un acontecimiento extraordinario en la plaza de toros de Madrid y posiblemente en la historia de la tauromaquia. Por primera vez, cuatro miembros de una misma cuadrilla –en este caso de Javier Castaño- daban una vuelta al ruedo al terminar el segundo tercio de la lidia al quinto toro perteneciente a la ganadería de Celestino Cuadri. La petición de la vuelta al ruedo surgió en un acto espontáneo por parte de la mayoría del público que pedía el trofeo para los toreros David Adalid, Fernando Sánchez, Marco Galán y Tito Sandoval, que habían protagonizado los dos tercios bien ejecutados: el toreo a caballo en la suerte de las varas; la técnica de los subalternos que colocaron cuatro pares de banderillas con gracia y perfección; junto a la demostración de una brega tan inusual como dogmática. No hay un acontecimiento que se recuerde de estas características en la Plaza de Las Ventas, en la cual se habían concedido trofeos para algunos miembros de las cuadrillas, como la vuelta del picador Anderson Murillo junto al diestro Luis Francisco Esplá el 5 de junio de 2001, pero jamás se había producido en el transcurso de la lidia del animal, la cual fue interrumpida hasta que los toreros recibieron las aclamaciones en el recorrido del albero. 

Han pasado cuatro meses y Javier Castaño junto a su cuadrilla regresan a Las Ventas -este próximo domingo 6 de octubre-, durante el ciclo ferial de otoño para aspirar a esta sobresaliente eventualidad que provocó en la afición madrileña como si se tratara de un perfume de rosas. Lo que pudo ser para estos hombres la temporada abierta a la gloria se ha convertido en un camino de espinas por las insistentes críticas que han recibido de la jerarquía taurina que premeditadamente rebajan la excepcionalidad de dichos toreros y cuestionan la autorización por el presidente del festejo de la vuelta al ruedo. En este periplo por el recordatorio de la normativa taurina se pone el punto de mira en la concesión de trofeos, que unas ocasiones concede el público y en todas es el presidente del festejo quien permite. El escritor Víctor Pérez es el encargado de exponerlo: “si el reglamento nacional no precisa cualquier excepcionalidad no queda el hecho ni regulado ni prohibido y, por tanto si están de acuerdo el matador y público, no hay razón ni motivos para no dar dicha vuelta al ruedo”. El peligro pudiera estar en la estandarización de la singularidad como en otra ocasión ocurriera con la concesión de las orejas a los matadores cuando ningún reglamento las calificaba.



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Fotografía de Álvaro García.

El completo acuerdo sobre la vuelta al ruedo de la cuadrilla de Javier Castaño no se ha producido. Por un lado, están los aficionados y amantes de la fiesta que muestran un reconocimiento merecido para un conjunto de acontecimientos asombrosos en manejo, ejecución y resultado de las suertes y que reivindica la importancia de cada una de las facetas de que consta la lidia del toro. Por otro, los que consideran un exceso de protagonismo por parte de los diestros en esta actuación y se han reiterado en lo que creen una imprudencia del presidente del festejo en conceder el paseo de los toreros por el albero mientras la res estaba en el mismo. Víctor Pérez argumenta la tesis en la excepcionalidad y si existe acuerdo por parte del matador y público “no hay razón ni motivos para no dar dicha vuelta al ruedo”.

Existe un toreo de verdad por parte de estos hombres en la tarde primaveral madrileña. Pero, también, surgió la duda en el futuro y algunas preguntas. ¿Podría convertirse esta vuelta al ruedo histórica en un acto vulgar? ¿Podría ser aprovechado por los responsables de la organización de festejos para activar el entusiasmo en una fiesta devaluada en credibilidad y verdad? ¿Se hace necesario que los reglamentos la contemplen? La hipotética peligrosidad de crear jurisprudencia taurina ante la escasez de tipificación reglamentaria de los trofeos y que la aceptación de una media extraordinaria deje de serlo pueden convertirse en moneda de curso corriente. “A lo largo de la historia del toreo han existido múltiples acontecimientos que no han estado regulados ni prohibidos, siendo la más curiosa la concesión de orejas”, añade Víctor Pérez a propósito de la estandarización de este premio a los matadores a principios del siglo XX y que no estuvo regulado por un reglamento hasta que lo hiciera el del año 1962. “Las situaciones ni reguladas ni prohibidas han existido y existirán siempre dentro del mundo de los toros”, apostilla el escritor. Una reflexión que cada uno meditará según sus conocimientos, o presentimientos.  

Lo que dice la ley taurina 10/1991, de 4 de abril, sobre potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos.
Artículo 7. La Presidencia en las corridas.
1. El presidente, que será designado conforme se establezca normalmente, deberá garantizar el normal desarrollo del espectáculo y su ordenada secuencia; para ello estará asesorado por personas idóneas y será auxiliado por el Delegado gubernativo, que contará con la oportuna dotación de Fuerzas de Seguridad, con el fin de evitar la alteración del orden público y proteger la integridad física de cuantos intervienen en la fiesta o asisten a ella.
2. Corresponderá, en todo caso, a la Presidencia de la corrida:
a) Ordenar el comienzo de la lidia, así como los cambios de tercio.
b) Conceder los correspondientes trofeos.
e)  Adoptar cuantas medidas sean necesarias para el debido y pacífico desarrollo del espectáculo…

Lo que dice el Real Decreto 145/1996, de 2 de febrero, por el que se modifica y da nueva redacción al Reglamento de Espectáculos Taurinos.
Capítulo II.
De los espectadores y sus derechos y obligaciones.Art 33. Apartado 7. Los espectadores, mediante su exteriorización tradicional, podrán instar la concesión de trofeos a que se hubieran hecho acreedores los espadas al finalizar su actuación.


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Los diestros José Luis Palomar, Ruiz Miguel y Luis Francisco Esplá y el ganadero Victorino Martín dan la vuelta al ruedo al concluir la lidia del quinto toro en la llamada 'corrida del siglo' en la plaza de toros de Madrid el 1 de junio de 1982. Los diestros y el ganadero salieron a hombros por la puerta grande de Las Ventas. Fotografía de Mariza Flórez.

 


Ni regulado ni prohibido

Por Víctor Pérez

Algunas veces, en una corrida de toros, ocurren cosas extraordinarias no contempladas en el reglamento. En este último San Isidro la cuadrilla de Javier Castaño, tras una actuación sensacional, dio la vuelta al ruedo, en mitad de la lidia del toro, en la tarde del 1 de junio. Hecho excepcional, y que por excepcional, no está ni regulado ni prohibido.

Recordemos que el actual reglamento, en su artículo 33, sólo menciona a los espadas como acreedores de premios y trofeos y el artículo 82 considera la vuelta al ruedo un premio. En ninguna parte de dicha normativa se establecen los premios o trofeos que pudieran recibir los subalternos. Por lo tanto, si están de acuerdo el matador y público, no hay razón ni motivos para no dar dicha vuelta al ruedo.

Las situaciones alegales (según el diccionario del RAE, en un avance de la 23 edición, la palabra alegal la define como no regulado ni prohibido) han existido y existirán siempre dentro del mundo de los toros, recordemos la famosa corrida del siglo, el 1 de junio de 1982 donde salieron a hombros por la puerta grande los tres matadores y el ganadero Victorino Martín. ¿Lo protestó alguien?   

A lo largo de la historia del toreo han existido múltiples acontecimientos que no han estado regulados ni prohibidos. La más curiosa es la concesión de orejas. La primera referencia conocida sobre la concesión de oreja la encontramos en los anales de la plaza de Sevilla en el año de 1751. Es sabido, que la concesión de este premio quedaba reservado entonces a los espadas que, además del sueldo, les regalaban los toros si habían realizado un buen trabajo en el ruedo y podían disponer de la carne de los animales mientras simbólicamente cortaban una oreja para después reclamarlo. De ahí viene la ya establecida costumbre de conceder un premio a los matadores con este gesto. Así se puede contextualizar lo acontecido en la plaza de Madrid, el 29 de octubre de 1876, fecha en que se corta la primera oreja al grito del gentío: “que se lo den”; evidentemente pedían el toro. A principios del siglo XX se generalizó la concesión de orejas, patas y hasta las criadillas. En Madrid llegó a concederse una oreja al ganadero García Aleas por el buen juego de sus toros (25 de mayo de 1925). En esta etapa, en la capital, la primera oreja la cortó el diestro Vicente Pastor el 2 de octubre de 1910.

Todo ello ocurrió de forma no regulada ni prohibida, porque los sucesivos reglamentos vigentes entonces (1917, 1924 y 1930) nada decían sobre concesión de trofeos y estos de daban de forma aleatoria. En la normativa de 1962 se establece, por primera vez, los premios a los espadas. A modo de curiosidad, en Madrid, la primera oreja reglamentada la cortó Pepe Cáceres, el 29 de abril de 1962.

Víctor Pérez es aficionado y escritor.

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La tauromaquia se guía por el caudal de sensaciones que una faena es capaz de proyectar a los aficionados. Si los espectadores presentes en el tendido reclamaron ese premio, lo merecería. Desde la pantalla, se sintió la soledad del matador, que es quien verdaderamente se juega la vida, en combate con el toro bravo que también lo pone todo para impedir la propia muerte.

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Sobre el blog

El mundo de los toros visto por los periodistas de EL PAÍS. Rigor, exigencia y sensibilidad para analizar un arte que vive uno de los momentos más complejos de su historia.

Sobre los autores

Antonio Lorca es crítico taurino en El País. Amante del toro en el campo, en la plaza y en el plato. Hijo del Capitán Trueno, venera a los héroes de carne y hueso ya vistan de oro o plata, vayan a pie o a caballo. Por favor, no le digáis a mi madre que soy periodista; ella, orgullosa de mí, cree que soy banderillero...

Rosa Jiménez Cano. Periodista de EL PAíS especializada en Tecnología, aficionada a los toros desde su niñez. Como cualquier abonado de Las Ventas reparte su corazón entre Chenel, Esplá y los hierros más duros. Se derrite cuando a Morante le da por torear.

Quino Petit es periodista de EL PAÍS. Desde 2006 escribe reportajes en El País Semanal. Durante la adolescencia sufrió un shock leyendo la biografía de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte y persiguió a Curro Romero y a Rafael de Paula hasta que ambos se cortaron la coleta. Desde entonces no persigue a nadie. Tampoco ha vuelto a ver torear tan despacio.

Paz Domingo, periodista de El País y admiradora de la portentosa belleza que atesora el toro de lidia, cuando se da con toda la integridad física y temperamental, con la fuerza descomunal que representa su genio, acometividad, defensa, y resistencia al sometimiento.

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