En la Gipuzkoa de fiestas, aficiones, plazas, toros y toreros

Por: | 05 de diciembre de 2013

 

Entrevista con Antonio Fernández Casado

El autor de Diccionario Taurino de Guipúzcoa reafirma la tradición de los toros en la provincia vasca y plantea para el futuro de la fiesta una evolución comprometida e imaginativa del espectáculo

Este pasado verano la plaza de Illunbe no abría sus puertas a los toros. La decisión política antitaurina de la agrupación Bildu -que gobierna el consistorio de San Sebastián- quedó materializada en la posibilidad de no renovar el arrendamiento del coso. Se inició entonces un nuevo capítulo en la larga e intensa historia que vincula la vieja Gipuzkoa con la fiesta. Pero, en la capital vasca, en agosto, sí se dieron toros, aunque fuera en el recuerdo. Antonio Fernández Casado presentaba su último libro, Diccionario Taurino de Guipúzcoa. De la plaza de toros de Arrasate al torero-pintor Zuloaga, publicado por La Cátedra Taurina, en el que se da cuenta documental de la tradición de este rincón norteño con la tauromaquia.

Un estudio bien traído –dentro de la inexplicable coyuntura social de rechazar lo taurino en “uno de los primeros territorios en los que se practicó el toreo a pie”, asegura el autor- y bien llevado a través de la recopilación de abundantes ensayos antropológicos y culturales que relacionan el espectáculo de los toros con las costumbres del pueblo vasco. Es un recorrido ordenado y observador, en la que no olvida ningún tercio de la lidia. Desde la relación original entre hombre y animal; el ganado betizu, pues “parece evidente que existe una raza de toro fiero autóctono, un estilo y diversas suertes de la lidia de inequívoco origen vasco-navarro”, hasta la enumeración exhaustiva de los abundantes recintos fijos e improvisados en todos los rincones guipuzcoanos; la ganadería de San Nicolás de Lastur; la asociación privadísima del toro de cuerda o sokamuturra; la raigambre en su folclore; los afamados toreros como Martintxo y Mazzantini; la personalidad de la saga empresarial de los Chopera; incluso la particular entrega por la fiesta del púgil Paulino Uzkudun y el pintor Ignacio Zuloaga.

Para reconocer la importancia de este trabajo hay que explicarlo desde la afición desbordante del escritor y en los argumentos históricos que ofrece a través de los distintos escenarios y protagonistas. Se empieza por el autor, Antonio Fernández Casado. Nacido en Santurtzi, en1956. Quiso ser torero, aunque el destino le situara en “novillero y aspirante” primero, más tarde en alto ejecutivo empresarial hostelero; y después en investigador del fabuloso legado que representa la tauromaquia en nuestras vidas pasadas y presentes. De esta labor científica han surgido títulos esencialísimos como Cocherito de Bilbao (Bilbao Bizkaia Kutxa, 2005); Toreros de hierro. Diccionario de toreros vizcaínos (BBK, 1992); Guía histórica de fondas, posadas, hoteles, restaurantes, tabernas y chacolís de Bilbao (BBK, 2003); y Diccionario Taurino de Guipúzcoa (La Cátedra Taurina, 2013). Y a estos sabios trabajos seguirán nuevos títulos que publicará en breve y en la mencionada editorial La Cátedra Taurina -que él mismo ha fundado- para la divulgación de temas taurinos y ediciones antiguas con la recuperación de autores como el de reciente aparición estos días sobre Rufino San Vicente, Chiquito de Begoña, y que reúne los títulos de La alternativa de Chiquito por Antonio Niscuito Asenjo y Chiquito es grande de Victorio de Anasagasti.    

 

PeticionImagenCAM5G77A
Cástor Jaureguibeitia Ibarra, Cocherito de Bilbao.

Se hace necesario explicar los tiempos que establece Fernández Casado en la relación de Gipuzkoa con los toros. Aporta varios testimonios que sitúan históricamente esta vinculación. Desde el antropólogo José María Busca Isusi que afirmó: “la geografía tauromáquica vasca comienza en las montañas pirenaicas” y “que el burel de casta navarra, cruzado con reses andaluzas ofrecía unos resultados extraordinarios”; hasta el escritor José María de Cossío, quien avaló “la hipótesis acerca del origen del toreo a pie en suelos vasco-navarros”, y por José Ortega y Gasset apoyando esta figuración: “los andares, posturas, gestos del toreo son la proyección espectacular del repertorio de movimientos que los hombres ejecutan en su vida cotidiana” y que quedó incorporado en el toreo a pie con lances como la navarra desde sus inicios remotos. Hay más pruebas irrefutables. Las aportan Juan Ignacio Iztueta, investigador del folklore vasco en la referencia a la peculiar “puesta en escena, ambiente musical incluido, y a las características que conlleva la celebración de funciones taurinas, a finales del siglo XVIII, con motivo de las fiestas florales”, además de la puntualización de Telesforo Aranzadi ya que “desde tiempos muy remotos se practicaba el toreo de características atléticas en las fiestas de la mayoría de los pueblos vascos-navarros, basado en carreras, recortes y gran variedad de saltos, que era el estilo prevalente hasta la aparición de Pedro Romero.”

“Hace falta mucho más que afición para zambullirse en la historia”, insiste el periodista donostiarra Gorka Zumeta en el prólogo de esta primera edición. Precisamente, del análisis crítico de los acontecimientos pasados y presentes se le pregunta a este aficionado con vocación investigadora y Fernández Casado responde -mitad posibilista, mitad pesimista- sobre la urgente necesidad de ser imaginativos para abordar el futuro de la fiesta de los toros. Cree con ferviente carácter empresarial que los administradores y gestores deben innovar en fórmulas para los negocios taurinos y en la obligación de los aficionados a “manifestar su preocupación” por el desamparo en que se encuentran dentro de este complejo y deteriorado organigrama.

 

PeticionImagenEspectáculo de vaquillas en la plaza de toros de Deba (Gipuzkoa). Fotografía de Javier Hernández.


Andando en el tiempo, en su opinión, ¿hay similitudes sociales desde el punto de vista taurino entre el caso catalán y el vasco?
Hasta donde yo sé, Cataluña no tiene la raigambre del País Vasco. Objetivamente, mientras todas las plazas catalanas son de finales del XIX, en el País Vasco no sólo hay cosos taurinos en todos núcleos rurales importantes, fijos o creados para la ocasión, sino que en cualquier pueblo se montaba o improvisaba una placita y están documentados los recintos específicos para la organización de entretenimientos taurinos desde hace cinco siglos. Posiblemente el caso de Barcelona puede tener ciertas similitudes con el de Bilbao, donde el establecimiento de un proletariado considerable y, por tanto, con gente de todo tipo de aficiones, influyera en que salieran más aspirantes a ser matadores de toros.

Es muy interesante la contextualización de la raza betizu en Gipuzkoa y la motxina en Bizkaia, como variantes de la casta navarra. Es muy probable que el origen tenga que ver con la trashumancia del ganado bovino. Pudo ocurrir que en esos corrales improvisados de las rutas ganaderas se desmandara algún toro, incluso que se hubieran hecho ventas de reses a los lugareños. Y no pasaría una vez, sino muchas. La res betizu es un tipo de toro que en algún momento se ha mezclado, porque no es un toro bravo exactamente, a pesar de su lidia durante muchos años en plazas vascas. Incluso, hay una ganadería de larga historia que se llamaba San Nicolás de Lastur. En Lastur, barrio de Deba, sigue existiendo ganado betizu, y están documentados los muchos puntos donde fueron lidiados o corridos. Aquel propietario, Artetxe, trae en algún momento toros de Navarra y que mezcló después con ganado de Salamanca. Esta mezcla se ha quedado para suministrar algunas reses en la celebración de la sokamoturra. En la opinión de Joxe Mari Plazaola, que ha censado, investigado e identificado una a una todas las reses betizu de Guipúzcoa, afirma con rotundidad que esta raza ganadera es una variante del toro navarro, pequeño de morfología, con bastantes pitones, mucha movilidad, un animal muy ágil. Entonces, en lo autóctono, es lo más puro que había y ahora ya no debe quedar casi ninguno.

 

01 br toros guipuzcoa
El torero Joxe Mari Rekondo sale a hombros de la plaza de toros de Azpeitia (Gipuzkoa). Fotografía de archivo. 

 

También hace un acercamiento antropológico al origen del toreo a pie que Cossío y Ortega y Gasset sitúan en Navarra y en el País Vasco. Efectivamente, aunque es un tema poco documentado. Ortega y Gasset es el que más se aproxima. No he querido ahondar más pero existe la analogía, próxima en los orígenes, con los recortadores y la más especializada de la sokamoturra. En definitiva, la fiesta en la calle.

Se identificaba esa tradición taurina con lo más propio del pueblo vasco, por ejemplo, con los pelotaris... ¿Cuál era el gran espectáculo de masas hace un siglo? Pues eran los toros. No existía el fútbol, que se popularizaría de verdad después de la Guerra Civil. ¿Qué más había? Había frontones por todos sitios, algo del teatro y algo de música… y los toros conformaban en gran medida el divertimento común de la gente. Tanto, que era parte sustancial de las festividades religiosas. Ahora, en estos tiempos, las distracciones son ampliamente diversas y seguramente  la fiesta sigue siendo después del fútbol el espectáculo que más gente atrae.

La atracción de la gente por los espectáculos populares es evidente, donde sí parece que aún continúa ese vínculo generacional… Sigue habiendo espectáculos populares. Muchos. Lo que ocurre que la trascendencia de los mismos en los medios de comunicación se limita a una especie de regodeo en los encierros accidentados. 

¿Podría ser un argumento para prohibirlos? Es muy difícil precisamente porque es un espectáculo popular. La fiesta sin los encierros se va al carajo. ¿Tiene sentido la feria de San Fermín sin los encierros? No iría nadie. Por tanto, a nadie se le ocurre suprimirlos, incluso en Pamplona, los nacionalistas más radicales no se atreven a proponerlo. Es cierto, que hay que regularlos. Lo que sucedió este año no se había visto nunca: la imagen del toro aprisionado, entre la gente, era inimaginable porque se confía en la organización exhaustiva. Mira que soy aficionado y nunca se me ha ocurrido correr en Pamplona. Soy consciente de que los encierros tienen mucho peligro. Entiendo que hay que limitar de alguna manera la posibilidad de que participen miles de personas sin control. Que es difícil, seguramente.

 

04 br toros guipuzcoaAntonio Fernández Casado. Fotografía de Txetxu Berruezo.

 

A los encierros va cada vez más público pero las plazas de toros están también más vacías. ¿Cuál es su opinión? ¿Son aficionados a los toros todos los asistentes a los encierros? Seguramente, la mayoría no. Esta circunstancia se da también en las plazas. Si se llena el coso, ¿todos son aficionados? Pues no. Es importante el componente social, es decir, que te inviten o si hay que ir porque va todo el mundo. Mientras, al día siguiente hay una novillada con tres chavales desconocidos y asisten unos cuantos aficionados. Pero, ¿qué ocurre si anuncian a José Tomás? Pues que todas las plazas se llenarían. Entonces, ¿cuál es el problema? En mi opinión, es que el atractivo de las corridas de toros no existe. Yo, que pinto canas, recuerdo perfectamente el fenómeno de El Cordobés, que aunque no me gustaba artísticamente, reconozco que era muy atractivo para las masas, tanto que paraba las ciudades en las que toreaba. ¿Aquella gente iba a ver los toros? Pues no, iba a ver el espectáculo, como irían a ver a José Tomás allá adonde fuera a torear.

Entonces, ¿hay afición? Creo que hay afición y es la misma en todos sitios. En San Sebastián, en Madrid, en Bilbao… porque el público es muy parecido. Lo que no hay posiblemente es espectáculo. Los empresarios no han sabido evolucionar y los toreros se parecen unos a otros.  

Esta evolución, ¿en qué consistiría? Creo los empresarios taurinos no han proliferado porque casi nunca han existido. Es cierto, que sí ha habido dos ramas de empresarios importantes y trascendentales, los Chopera y los Balañá, y que a su vez controlaban los dos grandes ámbitos geográficos. Quizá, habría que tener en cuenta a Pagés, un personaje muy peculiar –catalán, periodista de origen, también escritor y que se convertiría en un buen empresario e iniciador también de una saga, pero estos dos entronques familiares citados definieron la fórmula que todavía persiste en los negocios taurinos.

En su experiencia profesional como empresario hostelero, ¿qué debería hacer el mundo empresarial taurino? Les falta un poco la imaginación. ¿Por qué no programan una ópera Carmen, por ejemplo? ¿Por qué no, corridas goyescas? ¿Una mezcla de toros y música? Debe haber un montón de cosas. Hay que revisar el modelo, creer en maravillosas oportunidades que da el mismo mundo de los toros. Sin embargo, son malos hasta vendiendo los abonos y las entradas. En muchas plazas, por ejemplo, comprar un abono te cuesta igual que si vas un solo día. Podría ser un abono de temporada completa, como hace el Real Madrid: equis número de corridas de toros, equis número de novilladas, equis de tal… y usted tiene la oportunidad de comprar un abono completo, o solo las correspondientes al ciclo de San Isidro, o un ciclo de rejoneo… Es decir, poder elegir en función de la programación y de distintas oportunidades económicas.

 

03 br toros guipuzcoaPlaza de toros de Ilunbe (San Sebastián). Fotografía de Fernando Domingo Aldama.

 

¿Se han olvidado los empresarios taurinos de los aficionados? Los empresarios taurinos se han olvidado de los aficionados que acudían a las plazas fuera del tronío de las ferias. El equilibrio que suponía la programación de ambos espectáculos para unos y otros se está perdiendo. Considero que es lo necesario, lo justo, que haya de todo. Al desdibujarse esta moderación, queda desvirtuada la programación de temporada y es precisamente esta crisis lo que está empezando a acusar, por ejemplo, la plaza de Madrid. Toda la organización debería plantearse íntegramente: pensar en algún tipo de competición y proponer aspectos que  motiven a la gente. Insisto, hay un montón de cosas que los empresarios taurinos no hacen porque han simplificado demasiado la fiesta y se han olvidado de reinvertir en ella. Siguen siendo muy conservadores.

Quizá quiera contar su impresión sobre los pasos que se están dando a nivel gubernamental para la protección de la tauromaquia… Intento abstraerme de todo esto.

¿No echa de menos las cifras ‘taurinas’ en estos tiempos de crisis? Evidentemente, es una realidad económica como cualquier otra. Se han hecho algunos estudios, aunque no está muy clara la fiabilidad de gran parte de los mismos. Entiendo que no hay camino en este plano económico, como tampoco hay nadie que diga dónde debemos poner el foco. De verdad, de verdad, quien se juega su dinero es el ganadero y ahora, en función de estos malos tiempos, se ha visto obligado a variar su explotación. La cría del toro de lidia cuesta dinero. Correspondería que todo el sector ganadero se pusiera de acuerdo y exigiera al gobierno una salida al negocio, que como he dicho, es el sector que se la juega de verdad.

¿Qué se puede hacer? Esta evolución que considero tan necesaria debe partir de la voluntariedad de ambos, aficionados y empresarios. Los clubes y asociaciones taurinas debían ser más activos y manifestar su preocupación por la indefensión social en la que se encuentran. Ambos deben asumir los cambios. Por ejemplo, firmar un manifiesto con pretensiones de llevarlo a las más altas instituciones; realizar congresos taurinos en San Sebastián o Barcelona para que sirvan de apoyo a los aficionados locales; o programar y aceptar variantes del espectáculo; o echar imaginación para atraer a otro tipo de gente… No hagamos sota, caballo y rey. Es muy necesaria esa evolución comprometida e imaginativa.

 

02 br toros guipuzcoa
Paseíllo, con El Cid, Manzanares y Aguilar, en plaza de toros de Azpeitia (Gipuzkoa) el 1 de agosto de 2010. Fotografía de Jesús Uriarte.  

 

Las administraciones públicas, propietarias de los cosos dejan en manos de los gerentes taurinos mediante los pliegos de adjudicación el llamado fomento de la fiesta. Por tanto, se liberan de esta obligación y olvidan cómo definirla para que se cumpla. Me gusta poner el ejemplo del fútbol cuando sale este debate. Mira, es muy sencillo. En un fin de semana cualquiera, ¿cuántos partidos puede haber entre juveniles, regional, femeninos…? ¿2.000? Seguro. Entonces, hay 1.000 equipos y 40.000 chavales practicando el deporte. ¿Cuántos equipos hay de Primera División? Cuatro. Significa que de 40.000 van a jugar 80 en lo más alto, suponiendo que todos jugaran en Madrid. Respecto a los toros, ¿cuántas novilladas sin picadores se han dado este año? Creo que prácticamente han desaparecido. ¿Cuántas con picadores? Muy poquitas. Entonces, ¿cómo van a salir matadores de toros si no está alimentada la base? Así que esta actitud está contribuyendo a cavar la tumba de la fiesta.

Es decir, que ve un divorcio en todos los frentes: los empresarios y el futuro; la fiesta y los aficionados; la necesidad de la información taurina con la ausencia de crítica… Soy pesimista y únicamente creo en la verdad que pueda venir del toro bravo. A los ganaderos con los que tengo cierta amistad les digo: “Vosotros sois los que tenéis que ganar esta batalla o perderlo todo. Los toreros pasan, los empresarios pasan. Mientras, en vuestras manos están los activos, desde los terrenos a los animales. En estos momentos de crisis debéis promover que si no hay toreros, haya toros”. Me parece acertado concretar que ese divorcio es consecuencia de un derrotismo total, de la ausencia de un proyecto, de la carencia de un líder que cambie las reglas del juego. Es cierto que echo de menos a esas soberbias plumas, que cada una con su personalidad, eran capaces de abarcar todos los criterios y posibilidades. Y que conste, que mantengo -por mi experiencia lectora de las crónicas de siglos pasados- la confianza en el futuro. Siempre el mundo de los toros estuvo en crisis, y siempre se salió. 

¿Se está politizando claramente la fiesta de los toros? Siempre lo ha estado, aunque ahora lo que se percibe es una creciente degeneración al respecto, por ejemplo y es evidente, en los casos de San Sebastián y Barcelona. Se comienza politizando y se termina en una situación sin sentido porque los políticos -que son muy oportunistas- saben que no tienen nada que ganar si se enfrentan al problema, y saben, por supuesto, que cuando cambie el alcalde, o la agrupación que gobierna, tendrán que abrir la plaza de toros. Para los políticos no existe un sentimiento puro, hay un interés secundario.

 

¿Hay futuro para la fiesta de los toros? Es una discusión que se ha mantenido en todas las épocas. “La fiesta está en crisis”, se ha dicho siempre. “Esto se va al carajo…” Y luego remonta. Seguramente, ésta es la época más compleja. En Bilbao, en 1975, con el cambio político, el espectáculo de los toros en la capital vasca estuvo a punto de desaparecer y sucedió que las circunstancias cambiaron y el público volvió a la plaza. Soy posibilista y creo que la gente seguirá acercándose a este espectáculo. Pero, también, me mantengo en ese pesimismo porque no veo la base de donde se tiene que sacar ese futuro. En términos generales, los toreros no tienen un bagaje como novilleros; los novilleros no ganan dinero para mantenerse en el aprendizaje; no hay espectáculos interesantes; no hay retrasmisiones televisivas; no se dan grandes escritores que fortalezcan la belleza del lenguaje… Está todo muy deshilachado.

Hay 2 Comentarios

EN PRIMER LUGAR:
EH Bildu (21 escaños) fue la fuerza más votada, por detrás del PNV (27) y por delante del PSE (16) y PP (10), en las pasadas elecciones autonómicas de 2012. Desde 2011, dirigen asimismo el Ayuntamiento de Donostia, San Sebastián, y la Diputación Foral de Gipuzkoa o Guipúzcoa, como se prefiera. ¿Minoritario? Poco o nada.

EN SEGUNDO LUGAR:
Que el artículo contenga en su primera línea "Este pasado verano la plaza de Illunbe no Habría sus puertas a los toros." una falta ortográfica, es vergonzoso. Muy.

EN TERCER LUGAR:
Personalmente, detesto el espectáculo taurino y sus rededores.

Pues a mi los toros me parecen una salvajada. Lo siento y lo digo con todo el respeto, pero no me parece bien hacer sufrir así a un animal. Me sobran las banderillas, el caballo con la lanza y la espada final. No me parecería mal si el toro después de la faena volviera al corral sin daños http://xurl.es/9ik46

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Primer Aviso

Sobre el blog

El mundo de los toros visto por los periodistas de EL PAÍS. Rigor, exigencia y sensibilidad para analizar un arte que vive uno de los momentos más complejos de su historia.

Sobre los autores

Antonio Lorca es crítico taurino en El País. Amante del toro en el campo, en la plaza y en el plato. Hijo del Capitán Trueno, venera a los héroes de carne y hueso ya vistan de oro o plata, vayan a pie o a caballo. Por favor, no le digáis a mi madre que soy periodista; ella, orgullosa de mí, cree que soy banderillero...

Rosa Jiménez Cano. Periodista de EL PAíS especializada en Tecnología, aficionada a los toros desde su niñez. Como cualquier abonado de Las Ventas reparte su corazón entre Chenel, Esplá y los hierros más duros. Se derrite cuando a Morante le da por torear.

Quino Petit es periodista de EL PAÍS. Desde 2006 escribe reportajes en El País Semanal. Durante la adolescencia sufrió un shock leyendo la biografía de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte y persiguió a Curro Romero y a Rafael de Paula hasta que ambos se cortaron la coleta. Desde entonces no persigue a nadie. Tampoco ha vuelto a ver torear tan despacio.

Paz Domingo, periodista de El País y admiradora de la portentosa belleza que atesora el toro de lidia, cuando se da con toda la integridad física y temperamental, con la fuerza descomunal que representa su genio, acometividad, defensa, y resistencia al sometimiento.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal