Por el capricho de aquellos toros

Por: | 21 de febrero de 2014

IMG_1600

Entrada al jardín de El Capricho donde se aprecia el el recinto circular original de su plaza de toros.

Los madrileños tienen un tesoro en las entrañas del distrito de Barajas desde hace algo más de dos siglos. El Capricho es un jardín histórico creado por la IX duquesa de Osuna, un espacio de recreo que constituía el buen gusto de una mujer poderosa con decidida voluntad de mecenazgo en todos los ámbitos culturales. También en los taurómacos. Y para ello construyó a la entrada de su bellísimo paraíso una placita para la lidia a pie con acceso directo a la cañada por la cual eran conducidos los toros desde las fincas junto al río Jarama hacia la calle Alcalá y a las plazas de Madrid que siempre han estado ubicadas en sus proximidades.

Recordar la historia de la fiesta de los toros y la relación con sus gentes es la iniciativa que ha puesto en marcha la asociación cultural Barajas Distrito BIC con el apoyo de la Junta Municipal del distrito madrileño. Será un recorrido intenso y se desarrollará en dos fases. En la primera jornada -que tendrá lugar este próximo domingo 23 de febrero- se rescatarán la leyenda de aquellos fieros toros criados en la vera del Jarama, el testimonio de la placita de toros del romántico jardín histórico de la Alameda de Osuna y el protagonismo de la finca La Muñoza que hizo las funciones de descansadero para los toros que serían lidiados en Madrid desde 1751 hasta 1970. María Isabel Pérez Hernández, Rafael Cabrera Bonet y Julia Rivera pondrán recuerdo a la vieja tradición por los toros y a las gentes que se aficionaron en este rincón de intenso brío taurino durante los siglos XVIII y XIX.

 

Julia Rivera en El Capricho (Alameda de Osuna, Madrid). 

 

María Isabel Pérez Hernández en la Plaza de Toros de El Capricho.

 

Al recinto circular que da acceso al espacio ajardinado de El Capricho "siempre se le llamó popularmente la plaza de toros, aunque en los documentos del propio recinto aparece mencionado como el lugar de las casetas de los guardas", explica María Isabel Pérez. Fue uno de los detalles que ha investigado esta arquitecta cuando abordó su tesis doctoral y realizar el estudio en profundidad del emblemático recinto mandado construir por María Josefa de Pimentel en 1779. La búsqueda ha dado como resultado la constatación que la IX duquesa de Osuna dispuso que se proyectara desde los inicios un espacio circular con una anchura de 43 metros de diámetro en la entrada y con acceso directo a la cañada por la que eran conducidos los toros desde las orillas del Jarama hasta la plaza de Madrid y que en la actualidad es la calle Alcalá. Hay más detalles: los fuertes barrotes de madera que circundan el ruedo han sido reconstruidos según el cerramiento del primer trazado, el contorno levantado sobre un muro de piedra con dos casetas originales de la época y colocadas en lados opuestos -que posiblemente podían haber servido de almacén de trastos para la lidia- y el suelo con características llanas y firmes.

“Está documentado que en este perímetro se dieron festejos taurinos, especialmente a finales del siglo XIX”, asegura María Isabel Pérez, y al que acudieron entonces a torear los diestros más reconocidos. “No es extraño la afición de la duquesa por los toros”, continúa Pérez, puesto que María Josefa de Pimentel era por nacimiento condesa-duquesa de Benavente y, por tanto, descendiente de una familia con gran arraigo taurino en la época. Considerada como un referente en las tendencias y gustos ilustrados -incluso en influencia social y nobiliaria por encima de Cayetana de Alba-, la duquesa de Osuna ejerció un mecenazgo claro a favor de los toros. Entre todas las protecciones artísticas que realizó María Josefa de Pimentel (Goya, por ejemplo), uno de sus más interesantes patrocinios fue hacia los toreros de la época Pedro Romero y José Delgado Guerra, Pepe-Hillo. Quizá sería poco justo banalizar la osadía de la aristócrata en este sentido ya que el empeño en sus gustos taurinos le llevó a desafiar abiertamente las prohibiciones que se impusieron en la época. La primera, en 1785, fue la pragmática real de Carlos III sobre la proscripción de los festejos de muerte -aunque con abundantes excepciones y dispensas- y, más tarde, la promulgación de Carlos IV en 1805 de “prohibir absolutamente en todo el Reino, sin excepción en la Corte, las fiestas de los toros”. 

 

Así María Josefa Alonso de la Soledad Pimentel y Téllez-Girón con su inteligencia e instinto y fantasía en su patrocinio por las artes se convirtió en la aristócrata más influyente de su tiempo, como se puede comprobar en varios retratos realizados por Goya. Fue muy longeva. Murió en 1834, un año más tarde del fallecimiento del rey Fernando VII y de ponerse a la venta la Real Vacada que el monarca había comprado a la testamentaría que se había hecho cargo de la afamada cabaña brava –ahora fundacional- de José Vázquez. La fecha que se referencia como válida de la compra por parte del XI duque de Osuna -nieto de María Josefa- y el duque de Veragua de una parte de la ganadería real es la del año 1835 y, por tanto, no se sabe con certeza si María Josefa de Pimentel podría haber influido previamente con sus empeños pues ya había demostrado a lo largo de su vida perseverancia en la cría de ganado de lidia.

De aquellos fieros toros del Jarama criados en los pastos barajeños se ha hablado desde hace tiempo. Hay muchas referencias al respecto tanto literarias –desde Lope de Vega, Tirso de Molina o Quevedo- hasta las referenciadas en sucesos y celebraciones en varias plazas de España. Un romance anónimo de finales del siglo XVI describe a los toros criados en tierras del Jarama como “bayo, el color encendido, / y los ojos como brasa, / arrugados frente y cuello, / la frente vellosa y ancha, / poco distantes los cuernos, / corta pierna y ancha anca, / espacioso el fuerte cuello, / a quien se junta la barba, / duro el lomo, el pecho crespo, / la piel sembrada de manchas. / Harpado llaman al toro / los vaqueros del Jarama, / conocido entre los otros / por la fiereza y la casta… Decían que eran las aguas del río las que proporcionaban su ferocidad y rebeldía al sometimiento.

Rafael Cabrera Bonet, escritor y especialista en la historia taurina del siglo XVIII explicará en su conferencia la tradición taurina de Barajas hace más de doscientos años y hará un recorrido histórico para la finca La Muñoza y las aldeas aledañas, así como los ganaderías que pastaron en sus límites -hoy desaparecidos tras la ampliación del aeropuerto de Barajas- y que estuvieron sirviendo de descansadero a las corridas que irían a lidiarse en las sucesivas plazas de Madrid hasta 1970. 

La duquesa de Osuna y La Muñoza son dos fabulosas historias que ahora exponen las voluntades de un grupo de aficionados a la historia de la tauromaquia desde este distrito rico en acontecimientos taurinos. Dos grandes fábulas y dos soberbias damas, tan románticas y tan añosas, tan protagonistas de la leyenda de los toros fieros que se dieron en Barajas.  

 

David Carrascosa, presidente de la Asociación Cultural Distrito Barajas BIC.


Barajas repasa su historia taurina durante los siglos XVIII y XIX
Domingo, 23 de febrero a las 11 horas. Centro Cultural Gloria Fuertes (Avenida de Logroño, 179).
Ponentes: Isabel Pérez Hernández y Rafael Cabrera Bonet. Moderará Julia Rivera.
Conferencia: El Señorío de Barajas. La Real Acequia del Jarama. Osuna-Veragua, una ganadería histórica. La Muñoza y los encierros. La Casa de Osuna y Benavente y la tauromaquia. Corridas de toros en El Capricho.
Asociación Cultural “Barajas, distrito, BIC”. 
barajasbic.blogspot.com.es

IMG_1595


IMG_1596

IMG_1597

IMG_1599


IMG_1605


Hay 0 Comentarios

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Primer Aviso

Sobre el blog

El mundo de los toros visto por los periodistas de EL PAÍS. Rigor, exigencia y sensibilidad para analizar un arte que vive uno de los momentos más complejos de su historia.

Sobre los autores

Antonio Lorca es crítico taurino en El País. Amante del toro en el campo, en la plaza y en el plato. Hijo del Capitán Trueno, venera a los héroes de carne y hueso ya vistan de oro o plata, vayan a pie o a caballo. Por favor, no le digáis a mi madre que soy periodista; ella, orgullosa de mí, cree que soy banderillero...

Rosa Jiménez Cano. Periodista de EL PAíS especializada en Tecnología, aficionada a los toros desde su niñez. Como cualquier abonado de Las Ventas reparte su corazón entre Chenel, Esplá y los hierros más duros. Se derrite cuando a Morante le da por torear.

Quino Petit es periodista de EL PAÍS. Desde 2006 escribe reportajes en El País Semanal. Durante la adolescencia sufrió un shock leyendo la biografía de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte y persiguió a Curro Romero y a Rafael de Paula hasta que ambos se cortaron la coleta. Desde entonces no persigue a nadie. Tampoco ha vuelto a ver torear tan despacio.

Paz Domingo, periodista de El País y admiradora de la portentosa belleza que atesora el toro de lidia, cuando se da con toda la integridad física y temperamental, con la fuerza descomunal que representa su genio, acometividad, defensa, y resistencia al sometimiento.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal