Traspasando la línea

Traspasando la línea

Una mirada constructiva y crítica sobre el impacto del mundo digital en la educación. Aunque su punto de partida es la educación en línea y todo el potencial que se suele desconocer, atraviesa esa línea para analizar y comentar la emergencia de nuevos y discutidos enfoques en el uso de las tecnologías digitales para la mejora de la educación.

Sobre el autor

Albert Sangrà Morer

ha transitado por la docencia y la organización de los distintos niveles educativos de nuestro país, y la evolución de la tecnología le ha ido acompañando en esa travesía. Profesor e investigador de la Universitat Oberta de Catalunya, UOC, estudia cómo hacer que las tecnologías aporten un valor añadido a la educación y a sus resultados en el marco del grupo Edul@b. Es Vicepresidente de la European Foundation for Quality in E-Learning (EFQUEL), y ha escrito diversos libros y artículos sobre esta temática.

Firmas nacionales

  • Jordi Adell (UJI Castellón)
  • Manolo Area (U. de La Laguna)
  • Mercedes González (U. de A Coruña)
  • Cristóbal Suarez (U. de Valencia)
  • Pablo Muñoz Carril (U. Santiago de Compostela)
  • Lourdes Guàrdia (UOC)
  • Marcelo Maina (UOC)
  • Montse Guitert (UOC)

Firmas internacionales

  • Mark Bullen (Commonwealth of Learning, Canada)
  • Larry Ragan (Penn State University, USA)
  • Rebbeca Medder (USA)
  • Terry Anderson (Athabasca University, Canada)
  • Tony Bates (Canada)
  • Insung Jung (ICU, Japón)

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¿Prefieres un MOOC o un SPOC?

Por: | 28 de octubre de 2013

Los MOOC están evolucionando. Si bien al principio los dividíamos entre cMOOC y xMOOC, ahora mismo están aumentando el número de siglas para referirnos a ellos y, lo que es más importante, bajo las mismas siglas vamos viendo que emerge la voluntad de encontrar respuestas a las preguntas que algunos –a los que nos llaman críticos- nos estamos haciendo desde que este fenómeno vio la luz. Una buena noticia es que desde el proyecto “MOOC research initiative” ya han seleccionado un conjunto de 28 experiencias sobre MOOC que serán convenientemente investigadas, y los resultados de las cuales serán compartidos con la comunidad. Ahí es posible que encontremos evidencias que ratifiquen o descarten algunas de las hipótesis que corren por las distintas tertulias actualmente.

Por otro lado, acabamos de saber de otra iniciativa en otro sentido que, como todas las referidas a este tema, ha sido anunciada a bombo y platillo como una gran novedad, demostrando de nuevo la gran ignorancia que subyace en algunos protagonistas del desarrollo de este fenómeno. Una importante editorial va a poner textos a disposición de una de las actuales plataformas de MOOC. Uno se pregunta si estas personas bromean o realmente no conocen nada de lo que ha sucedido hasta ahora en el mundo. Así, estos MOOC cada vez se parecen más a los cursos tradicionales de educación a distancia (textos, vídeos…) y cada vez menos a una verdadera innovación: ¿dónde está la creatividad de aquellos que los promueven?

Los creadores de los primeros MOOC rechazan el uso comercial que se está haciendo de ellos, así como el obsoleto modelo de aprendizaje que promueven. Lamentan que sean anticuados y poco imaginativos, creados por “personas la mayoría de las cuales no conocen la historia del aprendizaje en línea”. Consideran que se alejan de lo que deberían ser (abiertos, sociales), y para lo que fueron creados: generar redes y nuevo conocimiento.

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Fuente: www.about.me

A los profesores lo tientan con cantos de sirenas que dicen que los van a convertir en algo parecido y tan popular como las “estrellas del rock”. Si bien es cierto que solo aquellos con gran necesidad de autoestima, o con una cierta hiperplasia de ego, están dispuestos a ello.

Lo único que les queda es el anzuelo económico: te proveemos de información a cambio de nada. Pero eso ya lo intentaron los periódicos en sus versiones digitales, y están haciendo marcha atrás, fundamentalmente porque nadie puede sostener los costes de una empresa si únicamente regala su producto. Como ha indicado Dave Cormier, “se perciben las influencias comerciales, la división entre aquellos que creen que la educación es una experiencia cuantificable y aquellos de nosotros que creemos que es demasiado profundamente humana para que las mediciones nos dirijan.”

Quizás el objetivo final sea lo que el impulsor de Udacity ya ha manifestado: que en 50 años, solo existan 10 universidades en todo el mundo. Es posible. Y como muy inteligentemente ha añadido Audrey Waters, a quien ya me he referido en este blog, es posible que entre estas diez destaquen la Universidad de Pearson (que habrá adquirido Coursera en 2016), la Universidad  de Google (que habrá comprado Udacity en 2014), la Universidad de Walmart (que habrá absorbido la de Phoenix en 2017), además de otras quizás más esperables: Oxford, Cambridge, MIT, Harvard, Stanford and Princeton.

No deja de ser curioso que entre todas estas universidades, no está previsto que ninguna sea española, aunque España sea el país de Europa que más está abrazando los MOOC como herramienta de futuro.

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Fuente: https://blogmooc.iei.ua.es

Los MOOC están evolucionando. Aunque como vemos, los caminos de esta evolución son muy distintos. A las críticas de Siemens, Downes y Cormier, tenemos que añadir que algunas instituciones ya están empezando a promover los MOC (Massive Online Courses), con una sola “O”, que ya no son gratuitos, pues sus modelos de negocio no se aguantaban por ningún sito, y que, más interesante, EdX está llevando a cabo en Stanford una experiencia con otro tipo de MOOC: los llamados SPOC (Small Private Online Courses). Se trata de cursos en línea dirigidos a un pequeño grupo de estudiantes matriculados en su universidad. Probablemente, creerán que acaban de hacer un gran descubrimiento. Lástima que los miles de estudiantes matriculados en cursos en línea en muchas universidades, y felizmente graduados, tengan que sacarles de su error. Quizás será verdad que todos los caminos conducen a Roma. Solo que las experiencias de transitarlos puede que sean bien distintas.

Somos iguales, aprendemos distinto

Por: | 21 de octubre de 2013

Si paseamos por cualquier barrio de cualquier ciudad, especialmente de lo que llamamos el mundo occidental, podremos observar cómo se ha modificado su paisaje de unas décadas hacia aquí. No solo porque nos encontramos personas de razas diversas, sino porque esas personas son también distintas por lo que se refiere a sus costumbres, comportamientos en público y en privado, sus profesiones, sus horarios… Y su forma de actualizarse y aprender.

A medida que la sociedad avanza, la diversidad de nuestros estudiantes se incrementa y se pone cada vez más de manifiesto. Hace unos años decíamos que existían un número determinado de estilos de aprendizaje. Ahora mismo sería muy arriesgado limitarlos a un número concreto.

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Fuente: https://footage.shutterstock.com

Hace una década se empezó a hablar de la Generación Digital, o Net Generation, aquella que, según algunos autores como Prensky u Oblinger, conforman las personas nacidas a partir del año 1982. En sus trabajos, establecen un conjunto de atributos que definen esa generación de personas, entre los cuales están sus comportamientos ante el aprendizaje: alfabetizados digitalmente, conectados, experimentales, inmediatos, sociales, visuales, orientados a los resultados, trabajadores en equipo.

Sin embargo, otros estudios posteriores han demostrado que esas características no emanan del propio concepto de generación (es decir, el momento común en que han nacido dichas personas), sino del contexto en que han ido creciendo. A contextos digitalmente más ricos, mayor desarrollo de los atributos mencionados anteriormente. Sin embargo aún y con esto, todas estas personas no se comportan igual cuando aprenden. Por eso se levantan cada vez más voces que inciden en la necesidad de la personalización del aprendizaje. Solo que no todos entendemos personalización de la misma forma.

La personalización suele añadir costes a la educación. Y ese es el reto al que nos venimos enfrentando desde hace mucho tiempo, con un éxito relativo. La educación a distancia ha tenido como objetivo, históricamente, hacer llegar la formación a cualquier lugar del mundo. Pero siempre ha añadido dos elementos más a esa exigencia: reducir los costes de la educación para que esta sea sostenible, y adaptarla al máximo a las necesidades de cada estudiante. En los años 60, Otto Peters ya desarrolló los llamados modelos industrializados de educación a distancia, que consideraban como su piedra angular las economías de escala para esa educación. Pero el tiempo y sus resultados demostraron que era necesario un enfoque distinto, que respondiese más a la personalidad y al estilo de cada individuo.

Hoy en día estamos asistiendo a la explosión de los MOOC. Cierto que eso no sucede en todo el mundo, pues algunos estudios aún no publicados demuestran que la mayoría de MOOC se concentran en Norteamérica y en… ¡España!, mientras que en otros países se han mostrado mucho más cautos en su desarrollo. Pues bien, unos de los retos pendientes de los MOOC y de la educación en línea en general es el de responder a distintos tipos de estudiantes, responder a la diversidad mediante la personalización.

La personalización debe ir de la mano con la colaboración. Y eso es difícil. Lo que se está intentando, con los MOOC como campo de pruebas vinculado a las analíticas de aprendizaje, es establecer patrones de conducta que ayuden a prever el éxito o el fracaso del aprendizaje. No me voy a parar aquí a cuestionar algunos de los riesgos de determinismo social que pueden subyacer en esta intención. Simplemente pondré de manifiesto que esa línea de trabajo puede ser útil, aunque extremadamente compleja para ser utilizada éticamente y, sobre todo, insuficiente.

Los patrones de aprendizaje y la automatización de su realimentación pueden ayudar hasta un cierto punto. Pero tiene que quedar muy claro que los modelos Amazon o Napster sirven para comprar libros o elegir la música que quieres oír, pero no sirven para el aprendizaje. Te puede gustar más o menos una cosa, pero solo porque te guste no la vas a aprender mejor, suponiendo que sea lo que necesitas aprender. Solo disponer de datos de comportamiento en la red no garantiza ser capaces de dar el apoyo necesario a los estudiantes.

Nos estamos equivocando cuando pensamos que la gran mayoría de las personas quiere aprende solamente de manera informal, no programada y sin más apoyo que el de algunos de sus colegas.  Las preferencias de aprendizaje se distribuyen en una curva normal, donde en uno de los extremos un porcentaje que puede oscilar entre el 10 y el 15% desea ser completamente autónomo y no necesita el apoyo de prácticamente nadie. Son personas muy valiosas, capaces de conseguir aquello que se propongan, o de esforzarse hasta la extenuación para conseguirlo. Pero en la parte central de esa curva normal tenemos a un porcentaje de personas mucho mayor: las personas que necesitan apoyo y acompañamiento para aprender bien, para sacar el máximo partido de su potencial. Son tan válidas como las anteriores, solo que necesitan más de los demás, y necesitan soluciones para “su” propia manera de aprender, que puede ser muy distinta de la de su compañero/a con quien quizás incluso trabaja cada día en la misma organización.

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Fuente: https://cienciasempresariales.info

La solución es la diversificación en nuestras propuestas y aumentar la generación de oportunidades de aprendizaje. Las tecnologías expanden las oportunidades de aprendizaje, con lo cual nuestro espectro de actuación puede ser mayor. Pero quienes van a tomar las decisiones son las personas. Los estudiantes son los que eligen… de ahí el marco de las ecologías de aprendizaje al cual ya me he referido en un post anterior y al que voy a dedicar más tiempo en uno próximo.

Entretanto, pensemos cómo podemos personalizar de verdad la educación en línea sin que la tecnología nos convierta en autómatas en lugar de hacernos más autónomos.

Aprendemos juntos, incluso por separado

Por: | 14 de octubre de 2013

Juntamente con Hong-Kong, Taiwan y Corea del Sur, Singapur conforma el grupo de los llamados “tigres asiáticos”, los cuatro países de ese continente que destacan por su imponente desarrollo económico en los últimos años.

Además de por una arquitectura arriesgadamente innovadora, la ciudad del león (Singa-pura) destaca en también en muchos aspectos relacionados con la educación. Los distintos estudios que lleva a cabo la OCDE sitúan a Singapur como uno de los seis principales sistemas de educación, en especial en lo que se refiere a la llamada cultura matemática y a los conocimientos científicos.

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Fuente: Propia

Hace escasamente dos semanas se celebró en esa ciudad-estado la 63ª  edición del congreso del International Council of Educational Media (ICEM). Esta asociación nació en el año 1950 con un objetivo: facilitar el diálogo entre los realizadores cinematográficos –una tecnología consolidada entonces, pero cambiante- y los educadores (maestros, profesores y diseñadores educativos). Este año el tema de la conferencia ha sido “we-learning: Content, Community and Collaboration”.

El planteamiento de este título se basa en el hecho de que después del concepto de e-learning, y del de la Web 2.0, los modelos educativos están experimentando un cambio importante, evolucionando hacia un aprendizaje más combinado y más participativo, que debe relacionarse con el actual perfil de los estudiantes. Eso hace que todos seamos aprendices y maestros a la vez, y que debamos considerar el aprendizaje como un acto social y de colaboración. De ahí, el “we-learning” (nosotros aprendemos). Muchos de los ponentes en el congreso abordaron esta cuestión desde distintos enfoques.

Diana Laurillard, profesora del Institute of Education de la University of London, puso de manifiesto la necesidad de diseñar nuevas pedagogías que den respuesta a la necesidad de aprendizaje de grandes cantidades de personas, pero mediante el mantenimiento del acompañamiento y la guía de los docentes. Este es el reto verdadero, en el que la educación en línea está absolutamente implicada: ser capaz de atender grupos masivos de estudiantes con un alto nivel de calidad, y desde una perspectiva sostenible, sin abandonar el rol de los docentes en este proceso. Un rol fundamental, y que puede superar la experiencia de los actuales MOOC.

Para ello, Laurillard destacó la importancia que tiene el diseño educativo. Algo que últimamente parece algo olvidado, pero que incluso en aquellas experiencias tan innovadoras como los “no-cursos”, existe aunque intente convertirse en elíptico.

El concepto de “Learning Design”, que es el que ahora inunda la literatura, es un elemento clave para perseguir la calidad educativa. Eso es así especialmente en la educación en línea, donde la planificación previa es consustancial al éxito del curso y del aprendizaje que se lleva a cabo.

Laurillard hizo referencia a la Declaracion de Larnaca sobre diseño educativo. En ella se destacan aquellos aspectos en los que el diseño educativo tiene que incidir de manera decisiva para garantizar que el aprendizaje se va a producir, incluso en los casos en los que dejemos el mayor margen posible a la informalización y a la espontaneidad.

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Fuente: https://www.onedayinteract.se

Determinar qué es lo que los estudiantes tienen que hacer para aprender (el diseño de actividades); identificar cuáles son los resultados efectivos que pretendemos (cargas de trabajo realistas, evidencias); destacar los enfoques pedagógicos en cada caso (vinculados a los estilos de aprendizaje); compartir y reutilizar diseños anteriores; diseñar los entornos necesarios (adaptar las plataformas electrónicas); y hacerlo para cualquier disciplina o área (desde educación a medicina), son algunas de las acciones vinculadas a la aplicación del diseño educativo, que pueden permitir obtener mejores resultados de aprendizaje.

La educación en línea, pero también las aplicaciones tecnológicas que la soportan pueden innovar el propio proceso de diseño educativo, haciéndolo cada vez más eficiente y más efectivo. Pero sobre todo va a ser decisivo para diseñar aprendizajes colaborativos, conjuntos, para determinar las interacciones que van a ser significativas e el proceso, y para asegurarnos que esas interacciones -o al menos, muchas de ellas-, se llevan a cabo. Eso es lo que garantizará que las personas aprendan lo que quieren aprender y lo hagan con la necesaria calidad.

Universidades de piedra con campus en la nube

Por: | 07 de octubre de 2013

Manuel Area es catedrático del Departamento de Didáctica e Investigación Educativa en la Universdad de La Laguna. Dirige el grupo de investigación "Laboratorio de Educación y Nuevas Tecnologías", y ha escrito más de un centenar de libros, articulos y otras publlicaciones sobre esta temática.

Las universidades, al igual que las catedrales, tienen su origen a finales de la Edad Media y ambas instituciones siempre tuvieron querencia por los grandes edificios de piedra. Estas edificaciones siempre eran monumentales y grandiosas como si quisieran transmitirnos que el saber que había en ellos fuera estable, sólido y  eterno.

La sociedad del presente es cambiante, fluida y líquida -por utilizar la conocida metáfora de Z. Bauman- y las universidades en su afán por adaptarse a las nuevas exigencias de la sociedad digital, han realizado un notorio esfuerzo de integración de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) en su funcionamiento y organización. Actualmente cualquier universidad posee, además de sus edificios de piedra y cemento, de un portal o sitio web en Internet donde se puede realizar la matrícula electrónica, la consulta de calificaciones y expediente académico de los estudiantes, el acceso a sus fondos bibliográficos o la cumplimentación de los trámites administrativos sin necesidad de acudir a las oficinas físicas de la universidad. Es decir, la universidad también es visible y está presente en la nube o ciberespacio.

Estas universidades (llamadas presenciales porque la impartición de la docencia requiere el encuentro físico o presencial en un aula entre el profesor y sus alumnos) también disponen de lo que se conoce como “campus virtual” donde las actividades de enseñanza y aprendizaje de cualquier asignatura de una titulación pueden desarrollarse de forma online. El último informe de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, UNIVERSITIC, nos señala que casi el 90% de profesores y estudiantes ya utilizan estos campus virtuales. Pero, a pesar de estos enormes avances realizados en los últimos diez años en España, muchos de los mismos podemos caracterizarlos como meramente epidérmicos o formales.

Curiosamente se ha incrementado el tiempo en que los estudiantes deben estar dentro de los espacios físicos de su universidad. Los nuevos grados y ECTS obligan a tener que realizar numerosas y diversificadas actividades docentes (exposiciones magistrales, seminarios, tutorías, demostraciones, prácticas,…) bajo un estricto horario donde deben impartirse presencialmente estas enseñanzas. Si se analiza el horario académico se podrá comprobar que un estudiante tiene que estar diariamente cinco o seis horas en un aula o espacio físico del edificio universitario y si no está, le ponen falta.

Hay universidades donde incluso la docencia virtual está reglamentada para que sea “impartida” siguiendo el modelo de horario tradicional. Es decir, el profesorado –si dispone de un espacio virtual para su docencia- tiene que señalar en la guía docente de su asignatura el día y hora en que la misma se cursa de forma virtual. E incluso las horas concretas semanales en el que dicho profesor desarrolla tutoría online. ¿Cómo es posible querer establecer un horario rígido y acotado de la actividad docente y aprendizaje en espacios virtuales si precisamente el potencial de las TIC es ofrecer autonomía y comunicación a los estudiantes 24h/7d? Intuyo que en los responsables y gestores de muchas universidades de nuestro país sigue perviviendo una cierta obsesión por el control del tiempo y el espacio docente. Dicho de otro modo, siguen manteniendo en sus creencias un modelo de organización de la enseñanza propio de la universidad de piedra poco acorde con esta época digital.

El concepto de “horario”, es decir, de la asignación de segmentos de tiempo predefinidos para la oferta de servicios ubicados en lugares o espacios físicos está vinculado con un modelo de sociedad atada al territorio y organizada industrialmente. La aplicación del concepto de “horario” (según la RAE, “Cuadro indicador de las horas en que deben ejecutarse determinadas actividades”) al ciberespacio carece totalmente de utilidad y significado. Precisamente, la deslocalización y la atemporalidad son los rasgos que mejor definen al ecosistema digital y sería ridículo intentar organizar los servicios web con un horario cerrado. ¿Se imaginan que hubiera portales web, blogs, redes sociales o cualquier otro servicio de Internet que solo funcionaran o estuvieran disponibles en determinadas horas o momentos de una jornada? Además ¿en función de que uso horario del planeta?

Las universidades llamadas presenciales, a pesar de disponer y apoyar sus enseñanzas a través de campus virtuales, siguen configurando la organización de la docencia tal como se hacía hace cien años atrás: es decir, asignando determinados espacios físicos o aulas para ser ocupados por un profesor y grupo de estudiantes en días y horas concretas e inamovibles durante las semanas que dura la docencia. La novedad es que, hoy en día, además cuentan con un aula virtual a modo de apéndice o complemento.

Desde mi punto de vista el reto para las universidades presenciales debiera ser flexibilizar y reinventar nuevos modelos de organización espacio-temporal de la docencia. Sugiero que, en vez de existir un único horario oficial donde todas las asignaturas tengan la misma estructura organizativa de tiempo y espacio en función del tamaño de sus créditos, puedan coexistir variabilidad de tiempos y lugares en función de las necesidades de aprendizaje y del  planteamiento o proyecto pedagógico de cada materia. Lo que propongo tiene que ver con nuevos modelos educativos que adoptan nombres como aprendizaje entremezclado (blended learning), enseñanza al revés (flip teaching), aprendizaje ubicuo (ubiquitous learning) o aprendizaje sin fisuras (seamless learning), entre otros. Evidentemente esto implica desafiar, cuestionar y transformar el actual modelo de organización académica de las titulaciones de educación superior en las universidades de enseñanza presencial. El reto es reinventar la docencia universitaria. Para lograrlo, entre otras medidas, es necesario cambiar urgentemente el pensamiento de muchos docentes y gobernantes universitarios que parece que habitan en los tiempos de los edificios medievales de piedra más que en los territorios líquidos del ciberespacio.

El País

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