Sólo existe un Messi, pero hay 3.000 Guardiolas (por lo menos)

Por: | 07 de abril de 2010

No es que el buen talante, la ecuanimidad y la perfección del entrenador del Barça harte hasta al más buenrollista, que puede que sí, ni mucho menos que sea sustituible por cualquiera. En el engranaje del equipo el entrenador es fundamental, nadie lo duda. Pero ayer los entrenadores espontáneos se multiplicaron. Sólo tienes que bajar al bar y poner la oreja. Verás que en cada partido el 90% de los telespectadores se cree que está en el banquillo: esta actitud fue el trending topic de anoche.

Cuatro goles metió Messi. Cuatro. Eliminó al Arsenal por la mano. Pero cada espectador tenía algo que decir. "No aguantes ahí, sube"; "Eso hay que centrarlo antes"; "Sácale ya, que ha metido tres". Y el mejor, el entrenador salvaje: "Parar a Messi es muy fácil: una patada y lesionado toda la temporada. A ver quién mete goles en el Barça". Inútil tratar de explicarle que el fútbol no consiste en tumbar al rival, sino en sortearlo.

Todo lo que se ve a través de una pantalla tiene un aire de irrealidad. Parece un videojuego: sencillo y sin consecuencias palpables. En su versión más grave, como explica muy bien Pierre Hasky, de Rue 89, ocurre en el episodio de Irak en el que soldados americanos ametrallan a un grupo de irakíes entre los que hay dos niños y dos trabajadores de Reuters. El vídeo lo publicó el lunes WikiLeak y muestra la deshumanización de la guerra.

Pero en un plano mucho más prosaico el fútbol se lleva la palma. Cuando uno ve a Leo Messi regateando contrarios, avanzando con el balón como si llevara un coche teledirigido, parece que eso lo puede hacer cualquiera, como si estuvieras jugando al FIFA 2010. De hecho Arsène Wenger, entrenador del Arsenal y víctima del ansia goleadora del argentino, dijo ayer: "Es un futbolista de Play Station". Y claro, tan fácil parece que todos cuentan con ello. Así surge el 'entrenados espontáneo'. En el campo los espectadores también se animan a dar lecciones. Y la pregunta que siempre me ronda, supongo que como a cualquier no aficionado al fútbol es: si eres tan bueno, ¿por qué no estás tú ahí abajo organizando el equipo? Pues porque resulta que la acción es más complicada que la teoría.

Cualquier taxista de cualquier ciudad te puede elaborar un proyecto urbanístico en lo que dura un trayecto de 5 euros. En las reuniones de vecinos todos tienen la certeza de que el codo de la tubería carece de inclinación suficiente y que el ladrillo a matajunta deja pasar menos humedad. Y a cualquier hijo de vecino (yo misma) le sale un proyecto empresarial a la segunda caña. Lo difícil, como siempre, es llevarlo a cabo.

La bravuconería tiene una cosa buena: el absurdo, que siempre alegra un rato. Para curarte de tensiones mejor tirar de humor. Y al César lo que es del César. Meter cuatro goles en un partido de Champions no es suerte, nadie lo duda, organizar el equipo para que eso ocurra tampoco, mal que les pese a los miles de entrenadores espontáneos que ayer daban lecciones desde la banqueta.

Hay 4 Comentarios

¿"Deshumanización de la guerra"?

Por favor explícame eso de la 'deshumanización de la guerra'. ¿Acaso han habido guerras humanas? ¿O consideras que algunas lo son?

Creo que nunca has ido a un estadio de fútbol. En él, todos los espectadores somos entrenadores. En un bar, idem de idem, con la difencia de que es más entendido el aficionado de grada que el de taburete.
Por no decir que hay 40 millones de seleccionadores españoles

Sofía, aunque es difícil sorprenderse hoy en día, me aterra una frase en tu blog:" ... muestra la deshumanización de la guerra."

Supongo que para tí existen guerras con humanidad y bondad.
Saludos.

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