Cañete, elecciones en el campo,¿para qué?

Por: | 13 de marzo de 2013

 A diferencia de la ley  para mejorar la cadena alimentaria o la de integración cooperativa, que son dos cuestiones largamente demandadas por el sector agrario, la celebración de elecciones en el campo  no eran, ni una urgencia, ni algo que hubieran demandado las organizaciones agrarias. A pesar de ello, el ministro Arias Cañete lo incluyó en su programa para esta legislatura y, como con otros compromisos,  está decidido a sacar adelante las mismas en base a una futura ley cuyo anteproyecto lo están analizando las organizaciones agrarias y que el gobierno pretende aprobar en mayo para su tramitación par lamentaría. El objetivo es que esté listo para finales de año y que haya elecciones en el primer trimestre de 2014.

Sobre el papel,se trata de unas elecciones para medir la representatividad agraria a escala estatal en base a las cuales se designarán los miembros del Consejo Agrario como organismo consultivo de la Administración, junto a una normativa actual que permite a las comunidades autónomas convocar  elecciones a lo que eran la Cámaras Agrarias y donde cada gobierno regional ha hecho lo que más le ha apetecido. Algunas comunidades autónomas han celebrado ya varias elecciones y otras, ninguna. La nueva ley medirá la representación estatal, pero no impedirá que las comunidades autónomas puedan seguir convocando elecciones para medir la representatividad en sus demarcaciones, como hizo hace unos meses Castilla y León, ese grano popular, esa especie de astilla que le ha salido a Cañete en la cosa agraria.

Es obligado conocer la representatividad en  general, la agraria también. Pero, en relación con  este empeño del ministro y de su  secretaria general, Isabel García Tejerina, una primera reflexión es si las mismas sirven para algo, si van a aportar algo sobre lo conocido. No hay razones para oponerse, pero tampoco para ver en ellas la salida a la representatividad agraria.

De cara a los agricultores y ganaderos, ellos ya saben muy bien quiénes les representa, a quiénes  acuden cuando tienen un problema, una gestión y, sobre todo, quiénes son los que les prestan  servicios. No hacen falta elecciones. De cara a la Administración central, las elecciones sirven para  saber quién  tiene más representatividad para estar en una mesa, discutir un proyecto y, a la vez, para  el reparto, cuando había abundancia, de las ayudas destinadas a su funcionamiento.

Ya que se van a celebrar sí o sí, a pesar de la apatía de las organizaciones agrarias, es fundamental que las mismas sean realmente universales, que tengan la opción de votar todos los que tienen alguna relación de importancia con el sector agrario. Y eso significa que, no solamente puedan votar quienes se montan a diario en el tractor o echan el pienso a la cabaña  ganadera, sino  también quienes, en edad laboral, asumen riesgos en esa actividad. Para ello, es importante que se facilite el acceso a las urnas sin necesidad de desplazamientos largos y que los censos sean correctamente negociados para no dejar fuera a nadie. Agricultura baraja considerar  varios criterios, cada uno de los cuales ya debería ser razón para poder votar: estar dado de alta en el Régimen de la Seguridad Social por cuenta propia como agricultor, que en el conjunto de sus ingresos,  al menos un 25% sean de rentas procedentes de la actividad agraria. Para ello, se deberían disponer de los datos de la Agencia Tributaria que, parece ser, se ha negados a entregarlos; datos sobre las pólizas de seguros agrarios o perceptores de ayudas  comunitarias. Confeccionar ese censo debe ser una  tarea compleja y requiere negociar con todo el sector hasta lograr el máximo acuerdo, como le sucederá a  Cañete para la aplicación de la reforma de la PAC.

Las elecciones, en principio, van a suponer a las organizaciones agrarias, tiempo y dinero en un momento cuando las arcas están vacías y se han hecho recortes de personal para poder seguir adelante. Con las elecciones, Cañete va a tener unos meses al campo distraído. Es probable que las elecciones  le aporten al ministro algunos datos. Primero, que en el campo hay cierta apatía por votar. Segundo que, junto a las actuales tres siglas reconocidas a estos efectos, Asaja, Coag y Upa, podría aparecer como representativa una nueva, Unión de Uniones, producto de la integración de varias organizaciones escindidas de Coag. Tercera, ver de nuevo el placer de unas urnas para medir el voto agrario que, con este carácter estatal, no se veían desde hace varias décadas.

Servir para algo más, pues, poco. Eso sí, Cañete podrá decir algún día que en su mandato  se volvieron a celebrar elecciones en el campo…

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No se trata de que nos parezca más interesante y fructífero que se prime lo más urgente para los productores y lo que nos atañe también a los consumidores.
Lo que resulta tan extraño es que se obvie la situación crítica que protagoniza la vida económica y social en su práctica totalidad. Si no nos encontrásemos padeciendo una situación tan extrema, a nivel laboral, económico-empresarial y social, me parecería correcta la decisión de celebrar las elecciones antes que centrarse en la actividad económica-estrangulada por la financiera-, que acometer la mejora de la cadena alimentaria o la de la integración cooperativa

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Sobre el blog

Hablaremos de la política agraria, de los políticos que la ejecutan, de los agricultores y ganaderos que la sufren o disfrutan, de la agricultura y la ganadería, de la agroindustria, el consumo y del mundo rural

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Vidal Maté

Vidal Maté. Soy periodista y pequeño agricultor. Nací y viví pegado al campo y al mundo rural. Aprendí de agroindustria y la distribución para seguir el calvario (ahora se llama cadena alimentaria) que siguen los productos agrarios hasta el consumidor. Dicen que soy un histórico - he visto pasar a todos los ministros - y un tipo crítico. Nunca me he casado con nadie. Defiendo un futuro para el mundo rural. Soy trigo limpio.

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