Cañete, la leche y la gran distribución

Por: | 17 de septiembre de 2013

A partir de este mes, los consumidores que acudan a los grandes grupos de distribución podrán encontrar en los lineales leche con el logotipo y la leyenda Productos Lácteos Sostenibles (PLS) tras el acuerdo suscrito en su día entre Agricultura, las industrias y la gran distribución.

La existencia de esa leyenda y logotipo aseguran al consumidor que el contenido de ese envase es solamente leche española, que ha sido adquirida a un ganadero ubicado en España bajo contrato con la industria  y que, por la misma se ha pagado un precio suficiente que compense la actividad de los ganaderos. Sobre el papel, todo un compendio de condiciones en la defensa del sector lácteo nacional tras años de sufrir bajos precios, por debajo de los costes de producción, y que han dado lugar a un abandono masivo de ganaderos, a una producción que no cubría la cuota de 6,3 millones de toneladas y menos a una demanda de nueve millones, que se completaba con leche barata importada desde otros países comunitarios y muy especialmente desde Francia.

 Es justo reconocer el interés del ministro Arias Cañete para forzar acuerdos con industriales y la gran distribución para conseguir que la misma deje de tener la leche como un producto reclamo barato para la cesta de la compra; que en ese punto final de la cadena se le quite valor y se banalice el producto con unos precios del envase por debajo de un litro de agua.Una estrategia comercial que al final se ha  trasladado a unos precios de ruina para los productores que pagaban también los platos rotos de las industrias. En este objetivo, el ministro suscribía un protocolo hace ahora justamente un año con industriales y la gran distribución; repetía la puesta en escena el pasado mes de febrero con los mismos objetivos e interlocutores,  y ahora acaba de concluir todo ese trabajo con la puesta en marcha de ese logotipo  con las exigencias que deben cumplir los industriales y la gran distribución.

Yendo por delante esa valoración positiva de las intenciones de Arias Cañete para corregir esas prácticas de la gran distribución, algo que hasta la fecha no había intentado ningún ministro, hay valoraciones oficiales que han ido más lejos de lo que realmente son estos acuerdos y dudas sobre la eficacia de los mismos.

 En primer lugar, la actual subida de los precios de la leche responde única y exclusivamente a una caída en la oferta nacional y comunitaria, sin que en ello hayan jugado hasta la fecha un papel los protocolos y los convenios suscritos en los últimos doce meses con industriales y la gran distribución. Y más que  medallas, era más lógico entonar responsabilidades por haber dejado caer tan bajo a este sector, que la cosa no es de ayer.

Segundo, se trata de unos compromisos voluntarios por los que se exige que sea leche nacional, comprada bajo contrato y a un precio llamado justo. ¿Quién va a vigilar ese proceso para garantizar que todo eso se cumple? ¿Cuando una empresa importa una cuba  de leche de Portugal o Francia, la va a transformar aparte?. ¿Cuál es ese precio justo? ¿El medio de coste, 0,35-037 al ganadero en una PAC donde no hay ni puede haber precios mínimos de compra?

Tercero, la política de contratos no presupone que los acuerdos sobre precios sean a una cifra justa en cuanto las negociaciones han seguido dominadas por el mayor poder de las industrias frente a los ganaderos sin organizar, mientras Agricultura negaba  coyunturalmente la figura de un mediador para dar un mayor equilibrio a las negociaciones.

Cuarto.¿Se puede esperar que una gran distribución cumpla por un convenio,  al que se adhiere voluntariamente, lo que no ha cumplido en los tiempos anteriores, como por ejemplo, la venta prohibida a pérdidas por ley?. En los doce meses pasados, con un protocolo en vigor, la mayor parte de la gran distribución siguió vendiendo leche a precios de oferta, imposibles de justificar.

Quinto, para evitar la venta a pérdidas o la banalización de un producto, no hacía falta un convenio de adhesión voluntaria y bastaba que la Administración, Economía, hubiera aplicado la ley por la que se prohíben este tipo de prácticas.

Dicho todo esto, sin triunfalismos, es bueno que Agricultura siga metiendo de verdad, o al menos lo intente, el dedo en el ojo de esa cadena alimentaria, de esa gran distribución.Hay que elaborar los reglamentos de la Ley, para evitar que, con sus políticas de precios bajos, sigan destruyendo tejido industrial y agrario; que lo de la leche sea un éxito y que ese mismo proceso se pueda repetir con el aceite, el conejo, con los pollos que han sufrido o sufren  los efectos de  esos posibles pactos de la gran distribución y que están obligando a cerrar granjas o almazaras...

 

 

 

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Trigo Limpio

Sobre el blog

Hablaremos de la política agraria, de los políticos que la ejecutan, de los agricultores y ganaderos que la sufren o disfrutan, de la agricultura y la ganadería, de la agroindustria, el consumo y del mundo rural

Sobre el autor

Vidal Maté

Vidal Maté. Soy periodista y pequeño agricultor. Nací y viví pegado al campo y al mundo rural. Aprendí de agroindustria y la distribución para seguir el calvario (ahora se llama cadena alimentaria) que siguen los productos agrarios hasta el consumidor. Dicen que soy un histórico - he visto pasar a todos los ministros - y un tipo crítico. Nunca me he casado con nadie. Defiendo un futuro para el mundo rural. Soy trigo limpio.

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