Trigo Limpio

Sobre el blog

Hablaremos de la política agraria, de los políticos que la ejecutan, de los agricultores y ganaderos que la sufren o disfrutan, de la agricultura y la ganadería, de la agroindustria, el consumo y del mundo rural

Sobre el autor

Vidal Maté

Vidal Maté. Soy periodista y pequeño agricultor. Nací y viví pegado al campo y al mundo rural. Aprendí de agroindustria y la distribución para seguir el calvario (ahora se llama cadena alimentaria) que siguen los productos agrarios hasta el consumidor. Dicen que soy un histórico - he visto pasar a todos los ministros - y un tipo crítico. Nunca me he casado con nadie. Defiendo un futuro para el mundo rural. Soy trigo limpio.

Acuerdo con Marruecos, tomates, peces y reyes

Por: | 17 de julio de 2014

Más de medio año después de finalizadas las negociaciones, según la información del gobierno español, el rey de Marruecos Mohamed VI acaba de ratificar con su firma el acuerdo de pesca entre la Unión Europea y ese país, que va a suponer en inicio en los próximos meses de la actividad de 120 barcos comunitarios de los que un centenar serán españoles. Oficialmente, la firma se ha producido coincidiendo con el viaje del rey de España, Felipe VI y la misma se ha presentado como el primer resultado positivo del monarca en visita a un país. Sin embargo, conociendo los entresijos que históricamente han envuelto las negociaciones en materia agraria y pesquera entre Bruselas y Rabat, hay argumentos para señalar que, además de la visita, han existido otras razones al margen de las relaciones de hermandad entre ambas familias reales y un gesto hacia un país hermano.

Tras la paralización de la flota en diciembre de 2011, Rabat y Bruselas suscribían en diciembre de 2013 un nuevo acuerdo, ratificado inmediatamente por las instituciones comunitarias. Para su entrada en vigor, solo faltaba su ratificación por las instituciones de Marruecos y, finalmente, por el rey Mohamed VI. Sin embargo, frente a la urgencia con la que los pescadores comunitarios y la propia Comisión reclamaban esa ratificación marroquí, Rabat, una vez más, se tomó las cosas con calma.

Dando un mensaje de optimismo al sector, en marzo de este año, el Ministerio de Agricultura señalaba, en una nota oficial, la satisfacción del gobierno español por la ratificación definitiva por parte del rey Mohamed VI de un acuerdo de pesca sostenible desde una perspectiva económica, social y medioambiental entre la UE y Marruecos. “Sólo a falta-decía- que se comunicara esa firma a Bruselas” para iniciar el proceso de vuelta de los barcos a los caladeros de ese país y a las aguas del Sahara administradas por Rabat. Los barcos siguieron amarrados. Pero no fue esa la única firma, sanción o ratificación por la corona antes de la actual. Dos meses más tarde, alimentando ya un clima de confusión,en junio pasado el mismo Ministerio de Agricultura volvía a señalar la satisfacción del gobierno por la sanción por parte del rey Mohamed VI del acuerdo de pesca entre Marruecos y la Unión Europea, reiterando nuevamente que, tras ese trámite, solo faltaba la comunicación a Bruselas para su entrada en vigor. Siguiendo con este proceso, el pasado 14 de julio la nueva ministra señalaba su confianza en una rápida ratificación del acuerdo por parte de Mohamed VI, confiando plenamente en que fuera uno de los temas planteados por el monarca Felipe VI, como así fue, y así se ha constatado en los resultados del viaje.

A la vista de las comunicaciones emitidas por el gobierno español en relación con esta firma, sanción o ratificación del acuerdo por el rey Mohamed VI, solo cabrían dos explicaciones. La primera, que sin informaciones fiables de Rabat, Agricultura se lanzara una y otra vez a la piscina para señalar la vuelta inminente de los barcos a esos caladeros, algo que, sin embargo, si no era cierto, iba contra la propia credibilidad de la administración, con riesgo de crear tensiones en el sector. Segunda, que Rabat diera informaciones no acordes con la verdad para mostrar su buena disposición ante otras negociaciones en marcha con la UE y que el Ministerio español  las diera por buenas.

Al margen de estas maniobras para la confusión sobre la firma o ratificación del último acuerdo, la realidad es que las negociaciones entre la Unión Europea y Marruecos han estado históricamente envueltas en una guerra cruzada de intereses. A Bruselas le interesa Rabat, además de por a la pesca, por otros aspectos como la seguridad o la inmigración en esa zona. A  Marruecos, por su parte, le interesa fundamentalmente el mercado comunitario para dar salida a unas producciones agrícolas en expansión que, en muchos casos, como el tomate, entran actualmente sin cuartel, sin respetar precios ni contingentes, hundiendo los mercados y, con España como el principal país perjudicado por coincidencia de campañas.Y, en esta, como en anteriores negociaciones de los acuerdos de pesca, Rabat ha tratado de llevar aparejada la pesca, donde considera tiene una posición de fuerza por la dependencia española de esas aguas, con las agrícolas donde se oponen los países del sur de la UE y tienen el apoyo de los del norte.

En los últimos meses escenario de este proceso de no ratificación del acuerdo pesquero, no estaba sobre la mesa la negociación de un nuevo acuerdo agrícola. Sin embargo, han sido un tiempo de negociaciones en Bruselas sobre la modificación del sistema de controles en frontera para imponer una mayor transparencia de los envíos de tomate desde Marruecos y poner coto al fraude en las importaciones, donde en medios comunitarios se ha llegado a hablar de presiones y hasta de chantaje de Rabat, con la pesca en la manga. Finalizadas esas negociaciones, es cuando el rey marroquí habría dado luz verde al acuerdo de pesca, para la Administración española, oficialmente por tercera vez en cuatro meses, en esta ocasión coincidiendo con el viaje de un rey amigo. A la tercera va la vencida y se supone que sea la buena. Además, la firma, ahora es palabra de reyes….

El pollo de la gran distribución

Por: | 09 de julio de 2014

 Granjeros, mataderos, industriales y las empresas integradoras en su conjunto, protagonizarán mañana en Madrid un acto de protesta contra la política de los grandes grupos de distribución en relación con la avicultura de carne, repartiendo miles de kilos e informando de la situación por la que atraviesa el sector. No se trata de la primera iniciativa de los productores de pollos, la carne más  barata del mercado. Contra la distribución ya se habían desarrollado anteriormente movilizaciones ante las puertas de algunos de estos establecimientos en varias Comunidades Autónomas. Ahora, las protestas no se han dirigido contra  un grupo en concreto, sin contra toda una filosofía de compras  y ventas sin que, desde las diferente Administraciones se hayan adoptado medidas para modificar este tipo de comportamientos que han afectado, no solo a la carne de pollo, sino a otras  producciones claves en la cesta de la compra como conejo,aceite o leche.

En sector del pollo plantea tres tipos de denuncias que bien podrían extenderse a otras producciones.

La primera, la imposición en origen de unos precios a la baja que no llegan a cubrir  los costes mínimos de producción y que, en los últimos tiempos, han provocado el cierre de cientos de  pequeñas granjas.

Frente a esta denuncia, la  posibilidad de que una  gran distribución, como otra gran empresa de cualquier otro sector, imponga sus precios  en origen al agricultor o ganadero, responde solamente a la ley de la oferta y la demanda  y la capacidad de negociar de cada una de las partes. En este caso, los grupos de distribución, indispensables para la comercialización de los productos agrarios y alimentarios, se cuentan con los dedos de una mano y sucede lo mismo con las grandes integradoras en el sector avícola, pero con un punto débil clave. El pollo, como otras producciones agrarias de carácter perecedero, no dispone de la posibilidad de resistencia de otras producciones y tiene la necesidad de salir de granja en unos periodos concretos para ofrecer una cierta rentabilidad que, si se mantiene en la explotación ganando peso y con  mayores costes, impide aún más la capacidad de negociación con la gran distribución desde donde se amenaza siempre con las importaciones de terceros países.

En este escenario de simple juego de fuerzas, solo cabria la posibilidad de una actuación desde la administración llamando a la responsabilidad a los actores de la cadena alimentaria y mantener un comportamiento equilibrado entre los intereses de todas las partes.

La segunda denuncia del sector de la avicultura señala la posibilidad de que la gran distribución esté vendiendo la carne de pollo a pérdidas, por debajo de los niveles de compra a los ganaderos o mataderos. Se trata de una práctica a la que la gran distribución acudiría con el objetivo de mantener barato un producto que pueda ser reclamo para  la cesta de la compra. Lo que el establecimiento pierde en un producto, tiene la posibilidad de cargarlo en otro, e igualmente la opción de imputar esas pérdidas  como gastos campañas de promoción.

La venta a pérdidas se halla prohibida por la actual regulación sobre comercio, no en la Ley de la Cadena Alimentaria y, sobre ese tipo de actuaciones, en principio, las competencias no se hallan en Agricultura, sino en el Ministerio de Economía. Descubrir una venta a pérdidas de un grupo de distribución es una tarea compleja, pero sobre la que tampoco se han volcado en su detección los hombres de Economía, a pesar de las muchas denuncias en ese sentido. En definitiva, vender a la baja  una serie de productos es algo que beneficia para un IPC a la baja, algo que ha sido uno de los objetivos de la Administración, aunque hoy sea muy grave el daño que este tipo de prácticas están causando a las industrias alimentarias  y, a la postre, al sector agrario como parte final de esa cadena.

Una tercera denuncia de esta guerra del pollo es la coincidencia en los precios entre establecimientos cercanos de diferentes cadenas. Es una práctica habitual que todas ellas se marquen muy de cerca cada día en sus políticas de precios en un momento de crisis en la demanda, por lo que se podría hablar de coincidencia para  quitar competencia, y no exactamente que hayan pactado precios, dadas sus batallas por ganar consumidores.

Vender un producto a bajo precio, aunque sea a costa de ese establecimiento, el sector entiende que acaba perjudicando la propia imagen de ese producto, en el caso del pollo de cría intensiva ya bastante deteriorada, aunque se acuda en masa a su consumo.

Finalmente, desde la producción se asegura, según el estudio sobre  la evolución de las cotizaciones hecho desde UPA, que, en muchos casos, subidas o bajadas de precios en origen no tienen esa repercusión en los precios en destino. No se entiende, además, que un mismo grupo de distribución pueda vender un kilo de pollo un euro más caro al sur de  Francia, pegado a la frontera, que en Irún, salvo que no sea por el miedo a los movimientos de protesta de los ganaderos en cada país.

Hace unos meses, una de las batallas más importantes  en la que unieron sus fuerzas las organizaciones agrarias, las cooperativas y la propia industria alimentaria, fue contra la posibilidad de elevar el IVA para una serie de productos agrarios y alimentarios por considerar que ello iba a retraer la demanda y causar problemas en empresas alimentarias y, a la postre, en el campo. Esa preocupación se le elevó al presidente del Gobierno en un momento cuando Rajoy sacaba pecho por el papel y el peso del sector agrario y alimentario como motor de las exportaciones en tiempos de crisis. Hoy, superada esa amenaza  del IVA, desde ambos sectores no se duda en señalar las estrategias de los precios a la baja de la gran distribución en relación con una serie de productos  alimentarios, como la gran amenaza para su viabilidad, sin que, hasta la fecha, hayan dado el resultado esperado las iniciativas voluntarias pactadas con la distribución para dejar de utilizar algunos productos agrarios como aceite o leche como productos de oferta permanente.  La gran distribución tiene marcada su linde en sus politicas de ventas y no responde a otros impulsos

El País

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