María Teresa Ronderos

Sobre el autor

María Teresa Ronderos es periodista colombiana, directora del sitio especializado en el conflicto armado de su país, VerdadAbierta.com y asesora editorial de la revista Semana, autora de los libros 5 en Humor (2007) y Retratos del Poder (2002)

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Desánimo

Por: | 26 de mayo de 2012

La última semana de noticias en Colombia desmoralizan al más optimista. Lo dejan a uno sin ganas de seguir escribiendo, ni denunciando, ni investigando: sin ganas de nada.  Revelan un país con una descompostura honda. El llanto de Sigifredo Lopez cuando lo liberaron
¿Cómo puede ser que no haya una protesta callejera, masiva, un cacerolazo airado, luego de que sin tener aún las pruebas suficientes, un fiscal resolviera capturar a Sigifredo López? Este es un sufrido ciudadano que se pasó siete años de su vida secuestrado por las Farc en la selva (del 2002 al 2009), y a quien le salvó la vida precisamente no ser del agrado de los desalmados guerrilleros que lo castigaron, separándolo de los otros doce diputados del Valle que fueron secuestrados con él (según se supo luego por el computador de Raúl Reyes, uno de los jefes máximos muertos por el gobierno). (Ver hermosa galería con la vida de sigifredo López en El Tiempo.com)
En un combate equivocado, donde dos grupos de las Farc se atacaron uno a otro, fueron asesinados los doce diputados que estaban juntos (2007) y por eso López salvó su vida. Ahora, sospecha la Fiscalía, que fue López quien le dio la información a la guerrilla para el secuestro de él y de sus colegas. Dice que tiene una grabación, un video borroso, un audio de una voz parecida… nada definitivo.
Los años de sufrimiento le deberían dar a Sigifredo López por lo menos el derecho de preservar su buen nombre y su libertad hasta tanto no se demuestre, sin duda alguna, si es en realidad culpable. ¿Cómo permitimos los colombianos que lo esposen, sin tener evidencias certeras? ¿Ver tanto dolor ya nos sacó callo, ya nada nos conmueve?

* * *
Esta semana también nos enteramos que alguien le robó el reloj al ex ministro Londoño, minutos después del atentado, cuando su cara herida aún chorreaba sangre. Londoño dijo que fue un paramédico que lo atendió que le pidió el reloj para cuidárselo. El paramédico defiende su honestidad a toda costa. Todo el episodio da vergüenza. ¿En qué clase de sociedad trastornada tiene un sobreviviente de una bomba que andarse cuidando además de un raponazo?

* * *

Y para culminar la semana, un sicario entró disparando a la casa del sindicalista Adolfo Devia y aunque le erró el tiro contra Devia, mató a su hermano e hirió a otros miembros de su familia. Un mes antes había sido asesinado Daniel Aguirre, presidente y fundador del Sindicato de Corteros de Caña (quienes habían hecho una larga huelga hace unos años) y dos meses atrás mataron al líder sindical de los trabajadores del transporte masivo de Cali.

Para conseguir la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el gobierno colombiano se comprometió a un plan de acción, que tenía como prioridad parar los asesinatos a sindicalistas. Sin embargo, en el primer año del plan de acción que se cumplió en abril pasado, fueron asesinados 28 sindicalistas, dos fueron desaparecidos y 500 habían recibido amenazas de muerte, según informó la Escuela Nacional Sindical. Desde 1986 hasta abril pasado iban 2.921 sindicalistas acribillados en Colombia.

¿Qué clase de democracia es la que sistemáticamente prohíbe, persigue, y mata a los trabajadores que se organizan para hacer valer sus derechos? ¿Y por qué las mayorías trabajadoras no se pronuncian?

Si después de todo lo que este país ha sufrido con el secuestro, no siente nada frente al abuso judicial contra un secuestrado; después de todo lo que ha  llorado por los atentados, corre a robar a las víctimas; después de toda la presión nacional e internacional para que cese la persecución a los sindicalistas, siguen matándolos impunemente, entonces uno pierde el aliento, y no le quedan ganas de volver a denunciar, ni de escribir; sin ganas de nada, en un país que ratos parece, como ha dicho tantas veces el escritor Fernando Vallejo, que no tiene composición.

Bombas de la paz

Por: | 18 de mayo de 2012

El sofisticado y miserable bombazo de antier contra el ex ministro Fernando Londoño Hoyos, hombre de derechas,abogado, periodista y empresario, es una poderosa señal de que en Colombia asustan más los vientos de paz que los de guerra. El atentado dejó dos muertos y herido a Londoño. Londoño hoyos después del atentado

En 1984, cuando Belisario Betancur se puso a negociar con las guerrillas, la resistencia violenta a una salida pacífica se hizo sentir dejando un reguero de víctimas en el Magdalena Medio y otras regiones del país. Entre 1989 y 1990, cuando nos alcanzamos a imaginar que Colombia podría estar en paz, pues con el anuncio de Constituyente, varios grupos guerrilleros y paramilitares dejaron las armas, los atentados a figuras políticas sobrepasaron todos los registros mundiales: tres candidatos presidenciales asesinados en una sola campaña, entre ellos, Luis Carlos Galán, que iba a ser el Presidente.

En 1998 y 1999, mientras el gobierno Pastrana intentaba convencer a las Farc y al ELN que dejaran las armas, éstas, el gobierno y el paramilitarismo elevaron la violencia a nuevas alturas del horror. Entre 1998 y 2002 hubo 914 masacres de civiles.

Y la única vez que Uribe habló de paz con las Farc, en un momento de optimismo, recién después de haber sido reelecto en 2006, otra bomba en instalaciones militares dejó la fugaz idea debajo de los escombros.

Ahora el presidente Santos puso la posibilidad otra vez sobre la mesa. Quizás pensó que por fin estábamos maduros para hacer una negociación que nos librara de manera rápida del fantasma de las Farc, y nos dejara ponernos a hacer un país en serio. Apoyó una reforma constitucional que le abre a las guerrillas una puerta posible de salida del conflicto y al país un marco legal para dejar atrás los pecados de la larga guerra si se firmara la paz. (Ver por qué). El día del atentado a Londoño este proyecto de norma estaba en sexto debate en el Congreso y le faltan dos. 

Se equivocó Santos. Todavía estamos en el mismo atolladero: intentar la paz en Colombia es lo mismo que sonar las trompetas de la batalla de atentados y terror. La revista Semana fotografi'o còmo quedò el carro de Londoño

El juego de los guerreros ya es claro. La cacareada inteligencia del Estado debería demostrar que ha progresado y descubrir pronto a los cerebros del ruin atentado. Le debemos esa justicia a las víctimas, pero también le debemos a los colombianos más sufridos darle un chance a una paz pronta.

Mal augurio

Por: | 11 de mayo de 2012

En este mismo blog celebré el anuncio de las Farc de que no volverían a secuestrar, como una evidencia sustantiva de voluntad de paz. Pero el pasado 28 de abril un frente de estas guerrillas colombianas Romeo Langlois- imagen de soitvsecuestró al periodista francés Romeo Langlois de la televisora France 24, y hoy, 13 días después aún no lo había liberado.

Después de unos días de confusión, las Farc aceptaron que lo tenía en su poder. Intentaron justificarse diciendo que el periodista vestía prendas militares y lo tomaron por combatiente, como prisionero de guerra. El periodista iba vestido de bluejeans y el casco y chaleco se los habían dado los militares con quienes había viajado para cubrir un operativo antinarcóticos al Caquetá al sur del país. Según los testigos, Langlois se quitó las prendas verde oliva, y les dijo a  los guerrilleros que era un civil y era periodista.

Se podría aceptar que las Farc se confundieron y por eso acabaron con el periodista en sus manos. Pero apenas supieron que era un periodista han debido soltarlo de inmediato, sin más. Lo que hicieron fue expedir un comunicado en el que dice que quien viaje con los militares no puede ser objetivo en su cobertura y por eso "creemos que lo mínimo que puede esperarse para la recuperación de su plena movilidad es la apertura de un amplio debate nacional e internacional sobre la libertad de informar".

Están del todo mal.

Mal porque después de haber prometido que no secuestraban más y de haber liberado secuestrados de hace doce años, habían despertado ilusiones a un país hastiado de guerra, de que realmente habían iniciado un camino de salida.

Mal porque quisieron justificar su error insistiendo el él. Así que en lugar de liberar al reportero de inmediato, resolvieron dejarlo preso y cuestionar por qué andaba con el Ejército, como intentando culpar a la víctima.

Mal porque están tan acostumbrados a secuestrar que no consideran un secuestro, “detener la movilidad” de Langlois, sabiendo que lo liberarán pronto.

Mal porque están poniendo en riesgo la vida de un reportero valeroso, quien además está herido, y que se ha jugado por contar lo que verdaderamente está pasando y por eso mismo tiene que viajar a zonas de guerra con la protección de la autoridad legítima de la fuerza pública.

Mal porque como guerrillas armadas que protegen actividades del narcotráfico, no tienen credibilidad alguna para convocar debates sobre libertad u objetividad de la prensa.

Mal porque con su acción, consiguen exactamente lo contrario. Menos periodistas colombianos o extranjeros se arriesgarán a meterse a contar lo que pasa en el conflicto armado en el campo colombiano.

Mal porque con su palabra de gelatina hacen cada día más difícil que una negociación rápida le ponga fin a una guerra que ha debido acabarse hace tiempos.

Mal augurio para un proceso de paz que apenas se empezaba a esbozar.

El País

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