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El chino, el paki y el kebab

Por: | 15 de septiembre de 2012

Euskokebab

 

El chino, el paquistaní y el kebab son establecimientos presentes en nuestro día a día urbano. Para algunos serían un ejemplo de la “invasión de los inmigrantes”, del diferente amenazante, siguiendo la idea del supuesto choque de civilizaciones representada en medios de comunicación hegemónicos (como este mismo) en las informaciones referentes a las más recientes protestas en el mundo arabo-islámico. En realidad, el chino, el paquistaní y el kebab (y su consumo frecuente) evidencian la falsedad de esta idea “naturalizada” de que estamos en constante conflicto cultural. Lo que ocurre en el día a día es una lucha mucho más económica que cultural. Comemos economía. Comemos kebab. Y paqui. Y chino.

    Vamos a hablar de dos grandes batallas: un choque (de civilizaciones) mediático y una lucha latente (de clases). El choque de civilizaciones fue ideado por Samuel Huntington, ideólogo de los EE.UU. más recientes y más racistas. Estos días han agitado una vez más el fantasma de este supuesto choque, que en el fondo no es más que islamofobia y una manera de intentar abrir abismos, generar odios y separar a los grupos humanos. La teoría de Huntington aspira a justificar las invasiones y el terrorismo de Estado encarnado en monstruos vestidos de militar. La lucha de clases viene, por lo menos, de los libros de Friederich Engels y Karl Marx, donde este conflicto se convertía en el motor de la historia hacia el comunismo. Esta lucha señalaría el enfrentamiento determinado por la economía entre dos grupos (o clases) antagónicos en sus intereses y en su forma de vida.

    El primero, una gran cortina de humo, intenta esconder la segunda.

   Parece que, según algunos, estamos entrando en una etapa de profundización de ambas líneas de separación. Por una parte, el mito del choque religioso y cultural entre la civilización occidental, portadora de la modernidad, y el resto, estandarte de la barbarie. Un discurso artificial materializado en el odio al diferente. Por la otra, la realidad de la pobreza creciente, la conversión de la sociedad en general en asalariado precario y el desclasamiento de mucha clase media hacia el empobrecimiento.

    El problema es que precisamente eso -lo que nos cuentan grandes ideólogos, comentaristas y políticos- entra en conflicto con la contraparte que vemos cotidianamente en las calles de nuestros barrios. Y ahí está lo interesante. Por ejemplo, en que el consumo más barato se ha generalizado y mantenido en España en gran medida gracias a los establecimientos -más o menos nuevos- de migrantes y a su fuerza de trabajo frecuentemente explotada.

    El chino, el paquistaní y el kebab han ampliado y complejizado la oferta. Al igual que lo ha hecho el aumento de ventas de las marcas blancas, imparables en medio de la contracción económica. Los bares están cada vez más regentados por personas de origen chino, antes lo fueron los ultramarinos, las tiendas de todo a un euro y los restaurantes. El paquistaní ha sustituido muchas de las fruterías de barrio e incorpora la integración de diversas fases del sector productivo (logística y venta, incluso muchas veces la propia recogida). El kebab se ha instaurado como una oferta muy barata para la comida fuera de casa y para llevar. Estos y otros tipos de establecimientos (las carnicerías musulmanas, los colmados latinos o rusos) han modificado el paisaje del pequeño comercio de nuestro entorno. Pero viven y trabajan a nuestro lado y muchas veces fingimos no saber que su jornada laboral es interminable e incluye festivos, que con frecuencia cobran menos que el salario mínimo o que a veces viven en pisos muy pequeños y abarrotados; y que son, en definitiva, uno de los colectivos que está más en peligro frente a los vaivenes económicos.

    El problema es que se incide en la diferencia cultural y religiosa más que en la económica, porque son los intereses de los pudientes los que son representados. Constantemente se nos señala la línea abismal de separación con los otros pueblos, culturas y religiones pero no se hace tanto con lo económico. ¿Por qué tenemos más en común con un embajador occidental que con un chino, un paki o un vendedor del zoco? La convivencia cotidiana en nuestros barrios triunfa sobre supuestos choques con el Otro migrante.

    ¿Por qué el peligroso es el migrante que no viene de un país rico y no el ladrón occidental de guante blanco? ¿Por qué es peor y más diferente el paki que Botín? Se intenta invisibilizar la lucha de clases, la creciente desigualdad social, pero se incide constantemente en el choque cultural. Está claro: es una cosmovisión que no entra en conflicto con los intereses de los poderosos e interesa difundirla, aunque impulse la violencia en todos sus sentidos.

 

 tuibasdeazul@gmail.com

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Hay 7 Comentarios

yo solo se los ricos mas ricos y nosotros matandonos entre nosotros

Estas culturas tan solo vienen a España por cuestiones económicas. No están interesadas en absoluto en absorber parte de nuestra cultura y ofrecer parte de la suya. Como ejemplo, en los kebabs de mi zona solo trabajan hombres de su país. Mantienen su ideales musulmanas no permitiendo a las mujeres trabajar en sus negocios, vendiendo a precios irrisorios casi por la comida y el alquiler. En cuanto a los chinos, más de lo mismo, abren casi 24/7 y el ayuntamiento no pone pies en el asunto, obligando al resto de comerciantes a adaptarse a sus condiciones, y en algunos casos presionándolos para que abandonen su negocio y así poder cogerlo ellos. Existe una normativa en cuanto a horas de apertura, pero como siempre, los entes públicos encargados de controlar estos horarios no hacen nada.

Nos queda mucho que ver, y estoy seguro que para peor. Los jóvenes formados y muy aptos se están marchando de nuestro país a países como Chile, Panamá, Perú, Europa, y a cambio nos está llegando un grupo muy definido que está destrozando el comercio minorista de nuestras ciudades reduciéndolo a negocios tercermundistas trabajando por el plato de comida.

En cuanto a la agricultura, el grupo de emigrantes rumanos ha conseguido que los sueldos estén actualmente a la mitad de lo que estaban años atrás. En Andalucía, la jornada laboral era desde las 8 hasta las 14 por cuestiones de temperatura, y por unos 43 € día. Actualmente, y hablo de esta misma semana, conozco casos de jornaleros que están trabajando por 23 € día, que en algunos casos no costea ni el transporte. En la cosecha de la naranja, se gana 43 €día camión, es decir, un camión cargado y se acaba la jornada laboral, que suele ser para las 14 horas. Sin embargo, y gracias a la competencia extranjera, este año se tienen que cargar dos camiones diarios por el mismo sueldo, es decir, se gana la mitad, y acaban a las 18 h (de sol a sol).

Por supuesto, no le vamos a echar toda la culpa a los inmigrantes, también hay que incluir las grandes cadenas de distribución que hacen con los precios lo que quieren, obligando al agricultor a regalar su cosecha y a exigir lo máximo posible al trabajador, la crisis económica, las administraciones públicas sobornadas por las grandes multinacionales, dejándolas sordas, ciegas y mudas y un largo etcétera que no merece alargar más. Lo que si que estoy seguro que nuestros hijos lo van a tener mucho más difícil que nosotros, y la principal culpa la tenemos nosotros por permanecer aborregados ante estos cambios sociales, y es que está claro, los españoles nos acomodamos muy rápido y no queremos complicarnos la vida. Toda sociedad evoluciona, es algo natural y positivo, pero siempre que sea para mejor, y no creo que sea el caso.

Puedo entender que Lector esté cansad@ del discurso de la conspiración, yo lo estoy. Por eso supongo que le ha parecido una simplificiación excesiva de un problema complejo.
La connexion de chinos, pakis y kebabs con el choque de civilizaciones esta un poco pillada por los pelos... Para empezar porque USA está repleta de ellos y a la vez són la cabeza del occidente que se topa con el islam. Poco tienen que ver con la riqueza cultural a la que se refiere el texto. esta claro que como són personas que vienen de otras culturas existe la potencialidad de un enriquecimiento cultural, pero no se da. Mas bien participan de un empobrecimiento de la cultura global. Chinos, pakis, y kebabs vienen a por negocio, con unos precios con los que parecen que no estamos dispuestos a competir, són puro mercado, todos hacemos la vista gorda como con las marcas "blancas". Aparecen como franquicias de MacDonalds, nada que ver con los establecimietos pioneros que se encontraban hace 15 años, que tenian algo de verdad.
Y es verdad que los medios hegemónicos dan asco, pero mejor atacarles con otro pretexto. Y también es verdad que hay intereses en los paises islámicos para redicalizar ciertas posturas y controlar a la gente, como los hay aqui.

Ojalà no hubiera chinos, ni kebabs, ni pakis, ni mercadonas.
Y benditos pakis que compran la fruta que esta a punto de hacerse mala para que la podamos aprovechar a precios tirados! que dificil...

Interesante reflexión. Estoy harta de oir críticas de gente que se queja de la "invasión" pero a la vez se van a comprar fruta a las 6 de la tarde un domingo porque les viene bien y es barato. En inglés el termino "paqui" es pejorativo, no sé si se supone que es cariñoso como mi apodo "güiri" pero dudo que un paquistani lo vea así.

Hola lector,
¿puedes hacer una crítica más compleja para que podamos debatirlo?

Qué simpleza de texto!!
¿Tan difícil es entender que en las sociedades complejas actuales hay diferentes lecturas sociales que van teniendo más o menos éxito en función de diversas circunstancias, como p.ej. la actualidad de los sucesos mundiales, sin que medie necesariamente una oculta "mano negra" que maneja los hilos para impedir volver a teorías del siglo XIX?
Para explicar la realidad conviene lavarse antes de lecturas conspiranoicas y paranoides.

Yo no lo veo como un ejemplo de invación de los inmigrantes sino como ganas de superación http://dineroyyo.blogspot.com/2012/06/el-vph-sabes-que-es.html

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Tú ibas de azul

Sobre el blog

Un espacio a pie de calle, desde los bordes de la sociedad valenciana. Este pretende ser un lugar colectivo, un altavoz de lo cotidiano, que también es político, pues la política no solo son las siglas y lo institucionalizado. Una encrucijada flexible donde todo pasa y todo queda, donde se intenta dar luz a las sombras de los muros que se han construido.

Sobre los autores

Mayka de Castro Rodríguez, Marc Delcan Albors y Jorge Ramos Tolosa

Los autores son jóvenes de una "generación perdida", estudiantes, trabajadores, activistas. Mayka de Castro Rodríguez (1988) es licenciada en Periodismo. Marc Delcan Albors (1986) aprende Periodismo e Historia. Jorge Ramos Tolosa (1986) es investigador de Historia Contemporánea en la Universitat de València. Los tres son de esta ciudad.

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