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Juventud 'tróspida': La Rana Gustavo contra Superwoman

Por: | 11 de octubre de 2012

Jia-clave-encontrar-principe-azul_CUAVID20121004_0072_17La escena cumbre del tercer capítulo de Quién quiere casarse con mi hijo. /CUATRO

Hubo un momento en la edición del cuatro de octubre (tercero de la temporada) de Quién quiere casarse con mi hijo -y, como denota el hecho de que tres de las etiquetas relacionadas con ella se mantuvieran en lo alto de los trending topics mundiales de Twitter, el de ayer fue un capítulo con hubo muchos momentos- en el que una de las aspirantes a casarse con uno de los concursantes dijo algo así como: "Si es que cuanto más intentes ir de perfecto, más se te va a notar que estas mintiendo". La frase, pronunciada Natalia, una dependiente de 24 años que intenta cortejar al inefable concursante Isidoro, no fue ni la más especial ni la más memorable del programa, pero sí la que mejor describe la hora en particular y el reality en general.

Twitter destacó a dos personajes marcados por el improvisado aforismo de la muchacha: el concursante Gabi, también conocido como Ken o directamente como El pijo, y la pretendiente Jia Liu, bautizada en la red social como La china. Uno es la encarnación de la autosuficiencia, el egocentrismo y las formas ranciamente cuidadas. Es el que intenta ir de perfecto. La otra es la espontaneidad y, quiero creer, la transparencia hechas mujer.

Dentro de un programa que funciona prácticamente solo cuando sus protagonistas se prestan a ser humillados, Gabi es una mina. Es absurdamente arrogante cuando las cosas salen como él quiere (ese momento en el que reunió a sus pretendientes para evaluarlas cual importante ejecutivo ante sus empleados, en plan "estoy muy contento con vosotras" porque había retozado con dos de ellas el día anterior) y dolorosamente frágil cuando se le tuercen. Es relamido e incapaz de a las chicas sin condescencia.

Es decir: es una extraña mezcla de Pete Campbell en las primeras temporadas de Mad men, Patrick Bateman en American psycho y, ya que esta seguridad en sí mismo parece provenir de su inquietante relación con Toñi, su madre, también tiene algo de Joffrey Baratheon en Juego de tronos.

Gabi cae, pongámoslo así, mal. Primero porque esa fachada de perfección se desmonta sola (no suele dar una con las frases hechas: solo ayer dijo como "quería ponerla a pruebas" o "se me ha venido abajo el mundo") y segundo porque, a pesar de esto, las cosas le salen bien: cuando cuenta sus chistes sin gracia, las chicas se ríen; cuando usa sus tácticas para ligar, caen en sus brazos; cuando las manipula para hacerse valer (ayer llamó Patricia a una chica llamada Priscila y luego reconoció haberlo hecho aposta, tal vez convirtiendo el nombre de Patricia en el nuevo insulto de la cultura tróspida), lloran como si les estuvieran amputando un brazo. Cae mal porque pretende tenerlo todo y cae peor porque lo consigue. Un pack, este chaval.

Una de las que le andan detrás es Jia Liu, profesora de chino y traductora de 26 años. Es china, no habla nada bien el español, pasa de apariencias ("No me habléis de besos, yo prefiero emborracharme") y, sobre todo, no participa en el drama que rodea a Gabi y cada vez que habla suena un gong de fondo que por algún motivo no pierde eficacia.

Es, por tanto, una de las grandes favoritas de los tuiteros tróspidos.

Normal, pues, que el punto álgido del programa fuera cuando estos personajes se encontraron en la misma escena, hacia el final del capítulo. No es que la noche estuviera carente de grandes momentos: también estuvo el "Dos horas entre cuatro [personas] no toca ni a cuarto de hora [por persona]" de la flamante protagonista de la semana pasada, Mary; los paños colgados en la cocina de Isidoro; los morbos de Dani, el concursante gay ("un diente roto, una muleta, una escayola...") y su filosofía vital ("La cara es el espejo del... pene"); el imposible pelo (des)teñido de Paqui... Pero el capítulo fue de estos dos.

Someramente contada, la escena fue asi: Gabi se citó con Jia Liu y, como estos dos poco tenían que decirse después de que este obligara a la china a decir que se estaba enamorado de él, empezaron a hablar del amor. Arrancó ella: "Dicen que para encontrar un príncipe azul hay que besar cien rabos", creando la frase más repetida en Twitter de toda la noche. Aún tardó Gabi en explicarle que lo que quería decir era, en realidad, sapo (ojo que Gabi, cosas de casualidad o del departamento de producción, venía de lucir una camiseta de la Rana Gustavo en la escena anterior) para luego, al poco, echarla del programa. Desolada, la china confesó que sentía "mucho dolor en el corazón" porque no era "Superwoman". Por supuesto, ahí estaba Toñi, por fortuna, dispuesta a acogerla como "asesora zen" (porque, por supuesto, esa familia puede contratar a personas por impulso).

Gabi quiere ser visto como un príncipe azul y termina resultando un sapo (o Rana Gustavo). Jia Liu niega de Superwoman y termina siendo alzada como la heroína del programa. Natalia tenía razón. En este reality -y en la vida, aunque no de forma tan latente- el que intenta ir de perfecto termina cayendo mal.

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Tuitología

Sobre el blog

Un blog sobre las ansiedades, ínfulas, confesiones y caprichos diarios que comparten las personalidades públicas en redes sociales. Lo más llamativo del mundo visto por los famosos, lo más delirante de los famosos vistos por el mundo y todo sobre ese insólito punto en el que ambos fenómenos se entrecruzan.

Sobre el autor

Tom C. Avendaño

es periodista. Se hace un lío con el país al que pertenece, si España o Estados Unidos, y suele resolverlo declarándose ciudadano de las redes sociales. Lo de los intereses lo tiene más claro: investigar cuánto dice la cultura popular sobre el mundo en que vivimos.

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