TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

El zoo audiovisual

Por: | 25 de noviembre de 2011

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Tiene que haber un cierto punto de masoquismo para acabar cogiéndole gusto a programas como Acorralados. La gala. No es normal que desde una perspectiva racionalista, civilizada, y con pretensiones de tratar de entender el mundo, se deje uno arrastrar varias horas por la contemplación de un programa que, como elogiosamente diría Rupert Murdoch, siempre está por debajo del nivel intelectual de sus anuncios. Naturalmente, siempre hay coartadas para todo. En el caso del gusto por Acorralados les sugiero que relean los artículos que semanalmente publicaba sobre Gran Hermano en Interviú Gustavo Bueno, catedrático de Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos de la Universidad de Oviedo. Sus inquietudes ante tan preocupante inclinación televisiva quedarán moderadamente resueltas por la inteligencia del analista.
La gala del jueves de Acorralados ratificó algunas sospechas sobre el programa, su productora y una entelequia descontrolada a la que llaman "la audiencia". Todas las votaciones, incluso todas las repescas de los participantes expulsados, encajan a la perfección con los planes de la productora. Resulta sorprendente que "la audiencia" tenga tal sintonía con lo que los responsables del programa intuyen es beneficioso para el concurso. ¿Que María Angeles Delgado, la insoportable madre de la impresentable Aída Nízar, debe ser expulsada por pesada y mala? Se la expulsa. ¿Qué el programa pierde la posibilidad de que surjan grandes broncas y maniobras manipuladoras? Se la repesca aunque debe volver a la casona disfrazada de la bruja de Blancanieves, faltaría más. ¿Qué hay que expulsar o a Liberto López de la Franca, un friki con pretensiones intelectuales, o a Alvaro Escassi, el único que entiende de animales de granja? "La audiencia" ha decidido que debe abandonar el programa... Alvaro Escassi. ¿Cómo anular el que Liberto y María Angeles, enemigos irreconciliables, puedan llegar un día a tirarse de los pelos? Por favor...
¿Por qué hay dos millones y medio de ciudadanos que siguen el programa? Citando de nuevo al filósofo Gustavo Bueno, analista del primer Gran Hermano, éste explicó en su día que el programa "era una situación original de convivencia. La gente decía que era un experimento. No. Era algo para ver, igual que cuando se va al zoo". Y algo de eso hay. Al fin y al cabo el espectador asiste a una convivencia extrema de unos personajes que pasan hambre, incomodidades, que se pelean por lo más insignificante (una cucharada de aceite, media morcilla, etcétera), que viven momentos de amistad inmediatamente antes que grandes rechazos, en fin, que todo es intenso desde lo más absolutamente prosaico de la existencia humana, y, siempre, azuzados por la productora y el presentador. En realidad es un zoo de cristal cutre, elemental, sin el talento de Tennesse Wiliams y con todas las cámaras del mundo escrutando a estos Wingfield del siglo XXI.

Hay 3 Comentarios

Así que todo esto no ha hecho mas que meepzar, todavía va a ser peor la televisión en España

Si lo tienen es porque 3 millones de Españoles lo ven. No hay más tutía, si la televisión de calidad diera audiencia, la tendríamos. Nos dan lo que compramos.
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Yo no soy de los que opinan, que tenemos la televisión que merecemos. al contrario mereceríamos cosas todavía peores, si es que las hay. Ahora mismo se nos presenta un futuro completamente negro, con un Presidente, sin programa y vago. Así que todo esto no ha hecho mas que meepzar, todavía va a ser peor la televisión en España
Miguel Narros

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Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

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