TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Una chocolatada

Por: | 27 de marzo de 2013

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Déjense llevar y disfruten esta noche de la adaptación que hizo Tim Burton de Charlie y la fábrica de chocolate (La Sexta. 22.25 horas), la estupenda novela del espléndido Roald Dahl. Un placer para los sentidos y la demostración de que el talento, la imaginación y la sensibilidad enriquecen al ser humano en mayor medida que la codicia. Y como todas las obras importantes tienen también su punto de visionarias.
Charlie Bucket, el protagonista, tiene un sueño en esta vida: conocer la fábrica de chocolates Wonka. Él y su humilde familia son la representación del pueblo llano y sencillo, el mismo que día tras día es esquilmado por los poderosos. Para más verosimilitud, su padre, el señor Bucket trabajaba en una fábrica que cerró. Charlie, y en general toda su familia, tiene en el abuelo Joe a un pilar fundamental para mantener vivas sus esperanzas.
Willy Wonka es el excéntrico dueño de la fábrica de chocolate. Investiga constantemente para mejorar sus productos y ha convertido su empresa en una especie de paraíso lisérgico. Aquí la ficción supera a la realidad pero ésta se impondrá de nuevo en algunos de los personajes de la trama. Por ejemplo en Augustus Gloop, un niño enormemente voraz, insaciable, que -sin que nos extrañe lo más mínimo- es alemán, de Düsseldorf para ser precisos. Su dieta es carne y chocolate y está tan satiesfecho y redondo como la Merkel, otra reconocida devoradora de países sureños.
Veruca Salt es una niña británica caprichosa y malcriada. Chapéau a la capacidad de autocrítica de Dahl. En España, país que coherentemente no se nombra ni en el relato ni en la película (no nos olvidemos que no tienen nada que ver con los esperpentos ni los sainetes), el equivalente de Veruca serían o Esperanza Aguirre o Ana Mato, por ejemplo, si bien es verdad que los decorados del film poco tienen que ver con las fiestas infantiles de nuestra ministra de sanidad. Violet Beauregarde es una niña estadounidense: mas ca chicle permanentemente y vive obsesionada por los récords. Mike Teavee es el representante de todos los niños de los países desarrollados: está completamente entregado a la televisión o a los video-juegos, es el hombre nuevo de la cultura audiovisual. Naturalmente, también hay ladrones: Arthut Slugworth, robó algunas de las recetas de Willy Wonka. La lista de presuntos ladrones españoles sería interminable. Baste decir que van desde miembros de la Casa Real a presidentes de la patronal, banqueros, alcaldes, empresarios, políticos y un inmenso etcétera. Probablemente el civismo de Dahl no le permitió imaginar una sociedad europea tan repleta de corruptos. Recuérdese que en Gran Bretaña hace una semanas dimitió un ministro por haber tratado de ocultar su responsabilidad en una infracción de tráfico.
En la película también surge algún atontalinado pero ninguno llega a la altura, por ejemplo, de Fátima Báñez que acaba de declarar que el objetivo de la reforma laboral no es crear empleo. Se puede y se debe ser exigentes con los creadores pero no hasta el punto de inventarse un personaje como el de la ministra de Empleo. Eso supondría demandar un esfuerzo titánico. Lo dicho: déjense llevar y disfruten, si les apatece, por supuesto.
P.D.- Si han llegado hasta éste punto, sólo me queda disculparme. Hay días (incluso semanas, meses y años) en los que la sobreexposición a los rayos catódicos fríe las escasas neuronas que puedan quedarle al comentarista.


Hay 10 Comentarios

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pregunta es que necesitan los ciudadanos para desasirse de esa identificación con que se unen a esta ideología que le impide mirar lo que está pasando. Preguntados varios seguidores sobre sus motivos, la respuesta es una evasión sobre el tema, equivalente a la del ventilador: un todos son iguales, como la manera de crear un universal que vele lo particular o, ¿a quién votar, si no?, como forma de crear un imposible que exima de toda responsabilidad –formas de evadir, reconocida la corrupción como un mal endémico del PP, el análisis de las causas de la crisis y el ataque que supone contra la mayoría el “austericidio”. Simplemente se realiza un gesto de rechazo, ante cualquier cosa que no sea lo que hay, que sirva para ocultar la realidad.

Nada que perdonar porque todo es, más que correcto, sangrante. Solo lamentar la falta de alguna mencion a la película original "Willy Wonka y la ...." en vez de "Charlie y la ..." interpretada por Gene Wilder para mayor gloria de la película en vez de estar hecha como la presente al "lucimiento" del protagonista (que en realidad no lo es, sino solo el actor estrella de la película).

oración a la santísima trinidad.
Prender una velador y hacer la oracion con fe.
confío en dios padre todo poderoso en su precioso hijo nuestro señor jesucristo yen espíritu santo con toda mi fe infinita santísima trinidad te pido estos 3 deseos
1- uno de negocios. tener mi propio almacén
2-uno imposible . que para este fin de mes mi cabello me haga crecido hasta la.cintura.
3.que jaah y yo kpmm nos podamos cazar y estar felices por siempre.
rezar 9ave marías por 9 días y publicar

La sobreexposición a los rayos catódicos, ciertamente, genera sus inconvenientes, sobre todo teniendo en cuenta la calidad de la actual parrilla televisiva. Ahora bien, el comentarista no tiene por qué disculparse. Sería inhumano exigirle nervios de acero o indiferencia frente a la realidad diaria a la que estamos expuestos. Este esperpéntico y surrealista callejón del Gato en el que nuestros políticos nos tienen recluidos no hay neuronas que lo resista. Ni el más avezado de los comentarista podría sustraerse a su influencia. Si por la contra, como es el caso,aprovecha para analizarlo con la coherencia de la que suele hacer gala, ¡qué más se puede pedir¡.

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Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

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